…en la escuela necesitamos integrar los valores…

¿Por qué es importante enseñar valores humanos?

¿Por qué es tan necesario enseñar hoy valores en la escuela? ¿Qué es lo que percibimos a simple vista y nos conmueve y preocupa con tanta fuerza? ¿Qué cambió tanto y tan rápido en los últimos años que nos lleva a replantearnos seriamente una forma urgente de acudir a la enseñanza de valores? ¿Qué es educar finalmente? ¿Puede separarse la educación de la mera capacitación y transmisión de conocimientos sin perder su esencia?

Una pregunta lleva a la otra a toda velocidad, y la lista de cuestionamientos a los que damos clases se nos hace interminable, con toda seguridad podemos quedarnos atónitos preguntando simplemente ¿Qué es lo que pasó? ¿De qué manera podemos lograr que los alumnos alcancen sin tantas dificultades los contenidos? ¿Cuál es la forma de incentivarlos? ¿Cómo podemos mejorar la convivencia en el aula  de clases y la forma de relacionarnos entre todos? ¿Cuál es la nueva manera de vincularnos con las familias?
Ninguna de las preguntas tiene una respuesta ligera, todas son parte de una reflexión  profunda, pasando por lo social y lo individual, incluyendo desde el contexto político hasta el económico, sumado al aspecto de que como seres humanos hemos perdido la vista de cuanto ha de señalarnos un norte hacia el cual dirigir nuestros pasos sin perder la esencia de las cosas, los aspectos más importantes, los que han de fortalecer los valores, la propia moral y un eje de virtud. Valga el debate y la explicación que ha de encontrar cada una de las preguntas. La más cierta de todas es la premura que nos impulsa a intentar resguardar lo que queda al respecto e intentar devolver y acrecentar los valores.

Como docentes es un gran desafío llevarlos entre los libros, puesto que no está previsto en ninguna parte de los contenidos curriculares que debemos enseñar. Sin embargo el vacío tanto conceptual como de interés por parte de los alumnos ha de ser cada vez mayor. Realmente es muy poco lo que les interesa en cuanto a lo que deben aprender en cada materia, cada vez aprenden menos de cada una de ellas, cada vez se los desliza con mayor ligereza por la escuela, desvirtuando en todos los sentidos la necesidad de que realmente salgan preparados de la escuela. Hay un mundo afuera que no sólo los espera, sino que los necesita con la capacitación necesaria, en contenidos y también en virtudes.

A todo esto sabemos reconocer que muchas de las falencias han de venir de casa, y adoptando la parte que nos toca, de todos nosotros como educadores. Tratamos de transmitir una currícula que pocas veces podemos cumplir, nuestras clases lentamente van empobreciéndose en explicaciones, en exigencia, en disposición y en sostener una estructura de valores en las que nuestros alumnos logren identificarse y entusiasmarse.¡Ya quisiera uno que aprendan con tanta ligereza y facilidad! Muchas veces nuestros chicos están desarmados, desanimados, poco los incentiva, poco conocen de sí mismos. No de cómo han vivido, sino de lo que son capaces. Vacíos de virtudes y valores, muchas veces de afecto y contención también…Tal es la prisa, tal es el espacio que cuesta ser reconocido dentro de la educación verdadera. Nuestros alumnos tienen a disposición mucha información y poco y nada de formación, y en plena era de la comunicación nos comunicamos bastante poco con ellos, aunque les hablemos mucho.

Educar en valores quizás no garantiza la aprehensión de los mismos, puesto que hay una innata tendencia en cada ser humano, que soy incapaz de explicar, que hace que para cada uno se demore su tiempo la profunda comprensión, aceptación y vivencia de los mismos.
Sin embargo jamás deja de ser imprescindible señalar el camino y permitir que se desarrolle la  convicción que deviene únicamente de la propia experiencia.

Las principales e inequívocas señales de la necesidad de educar en valores son principalmente las que tienen que ver con la apatía generalizada de los adolescentes y la pérdida de respeto por sí mismos, la vida misma no pareciera tener valor a través de sus ojos. No se saben valiosos ni capaces, demuestran permanentemente una gran necesidad de afecto y atención. Pienso que son estos los aspectos que más nos preocupan a la hora de interactuar con nuestros alumnos. Como casi todos los que respiramos el aula, no creo que educar sea informar, ni cumplir a tiempo una cantidad de contenidos solamente, hay mucho más que requiere atención y nos hace desviar permanentemente la mirada de los temas del programa. No tener miedo de enfrentar el desafío de proponerlos y enseñarlos es darle forma definitiva a una educación integral y mejorar indudablemente el presente y el futuro de nuestros alumnos, así como de la sociedad en general.

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