…en la escuela necesitamos integrar los valores…

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El respeto ¿Un valor discutible?

En todos los niveles, en todos los ámbitos, la falta de respeto es una piedra de tropiezo permanente en el día a día. Muchísimas de las búsquedas relacionadas con los valores y la escuela comienzan o terminan con la palabra respeto:

“Los adolescentes y la falta de respeto”

“Los jóvenes y la falta de respeto”

“Los alumnos y la falta de respeto”

“El respeto y los valores en el colegio”

“Los adultos y la falta de respeto”

En fin…los contestadores, los irreverentes, los maleducados y los nunca educados…La lista de frases similares es extensa sino casi infinita, en la que en algún punto todos nos encontramos en expresiones parecidas. Más que nada, todos esperamos un trato amable, cordial, en el que el intercambio con los demás sea de manera tan fluida como armónica.

Prefiero saltarme mucho de lo que quisiera manifestar al respecto, para darle lugar a la raíz de la queja, que por momentos parece hacer claudicar a más de uno, cuando quizás sea un aspecto que más que un mal difundido, es un vector que señala aspectos que se nos pasan de largo todos los días.

Al fin y al cabo, ¿Qué es la falta de respeto? ¿Qué es el respeto? ¿Es lo mismo la agresión verbal que la falta de respeto? ¿Sólo en el trato se  manifiesta el respeto?  Hay más que preguntarse al respecto, puesto que no entran en el mismo enunciado conceptos que son diametralmente opuestos. El cuidado que necesitamos poner para comprender lo que sucede, implica siempre ir más allá de lo primero que vemos o escuchamos, para encontrar cuanto puede referir una mala respuesta.

 El respeto conceptualmente implica reconocimiento, validando cuestiones que hacen de manera fundamental a la moral y a la ética. A la consideración de cuestiones elementales, que entre otras limitan y preservan de manera positiva la integridad humana, de forma individual, y en términos de convivencia y coexistencia como humanidad.

Es tan amplio el tema y de una profundidad tan exquisita que es imposible aquí describir tales alcances. Sin embargo baste a quien intente proveer su significado el párrafo anterior, para comprender lo que se espera de su vigencia cuando cuenta como valor. Arbitrariamente destaco dos referentes fundamentales:

El respeto en la escuela: Como punto de apoyo fundamental en el que oscila la forma de relacionarnos con nuestros jovencitos, se vuelve sistemáticamente importante. Aunque de manera errónea se han confundido durante décadas el miedo infundido (relacionado a la jerarquía o autoridad) con la consideración, el respeto, y el reconocimiento.

Aquí en un segundo se trasluce la primera realidad: Nuestros niños y jovencitos hoy, están muy lejos de tenernos miedo, más, nunca tienen miedo de decir las cosas. De nuevo y por las dudas: no tienen miedo de decir las cosas, así como las piensan, así como las ven, así como las sienten…

Es éste un gran punto en el cual detenerse, puesto que todos, alguna vez, escuchamos proferir a adultos un enorme “¡Es un maleducado!” cuando sólo obtuvieron una respuesta educada de lo que pensaban los chicos en ese momento.

La falta de respeto en cambio, la exteriorización de términos o respuestas inadecuadas, puede implicar muchas cosas. Entre otras:

Falta de límites: lisa y llanamente nuestros chicos avanzan incansablemente hasta encontrar una línea divisoria. Un “hasta dónde” que les indique que está bien y que no. La contención de los exabruptos verbales, de las irreverencias, de los excesos es parte de la tarea de quien educa. En casa, los primeros límites, que incluso hacen a la maduración e integridad de su ser. En la escuela los límites de la convivencia, de lo que permito del otro, y de lo que el otro debe resguardar en favor de sí mismo.

Ignorancia: parece mentira, pero el vocabulario que utilizan nuestros jovencitos es cada vez más pobre. Muchas veces expresar lo que sienten o piensan implica exponer un vocabulario del que carecen. Aquí haga el alto cada quien, para encontrar la mejor manera de darles a los chicos un nuevo espacio para aprender lo más pronto posible lo que necesiten. Solos no aprenden, hay que enseñarles, hoy sin dudas, los chicos no saben ni hablar, ni escribir correctamente. ¿Cómo esperamos que se expresen de manera adecuada si no aprenden a hacerlo?

Falta de valores: Llegamos a la raíz…Si el respeto implica reconocimiento o consideración, necesitamos entender qué reconocemos y qué consideramos. El respeto en sí mismo no es un valor, sino la forma de reconocer y exteriorizar una infinidad de valores. Poniendo en juego cuestiones esenciales, valoraciones precisas e indiscutibles: la vida misma, la integridad, la bondad, la fe, la empatía, el afecto, la caridad, la mansedumbre, la propia paz.

El respeto es como la llave de un cofre donde se resguarda lo que somos en realidad, lo que queremos, lo que esperamos, las propias certezas, esa fe que nos caracteriza, ese amor que nos mueve, esa mirada que reconoce cuanto queremos para nosotros y para los demás.

Cuando encontramos que el respeto se ha perdido, cuando no recibimos la respuesta esperada no deberíamos sentirnos humillados. Debemos encontrar la paciencia y la capacidad de entender que el otro, que nuestros niños, que nuestros jovencitos carecen, aunque sea en parte, de cuanto el respeto expone.

Muy demás está decir que ellos mismos no han recibido muchas veces ese respeto, esos límites, esos valores y ese amor lo suficientemente capaz de contenerlos.

La crisis de valores que atravesamos es seria. En muchos aspectos nuestros sentidos están repletos de cosas, los avances, las modas, lo entretenido, lo veloz, lo cómodo y superficial han ocupado un lugar tan grande que sin querer nos hemos ido vaciando de otras cosas. Y nuestros pequeños, los herederos de cuanto hemos aprendido, de las respuestas vitales que ya no podemos dar porque las fuimos perdiendo, reflejan lo mismo… Ciertamente, aunque no nos guste, a su modo están señalando nuestros propios errores y falencias…

 El respeto en la sociedad: ¿Cuánto más podría decirse? Creo que poco, puesto que la escuela, aunque más pequeña, sólo es un espejo de lo que la sociedad va gestando. De cuanto necesita, de cuanto olvida…

Lo más importante de cada ser humano parece haber dejado de tenerse en cuenta, para hacer primar un sistema social, que en muchos sentidos ha borrado los nombres, los rostros, las necesidades reales, el alma de la humanidad. A Dios mismo lo ha puesto a esperar con una corta disculpa y con un escaso gracias. Así perdemos de vista una maravilla increíble, eso que nos pasa segundo a segundo, y segundo a segundo dejamos pasar: la vida misma.

Hay tanta belleza esperando ser vista, hay tanto que espera de nosotros y callamos tan hábilmente. No es difícil recuperar lo que hemos perdido, la pregunta es ¿Queremos realmente hacerlo? Si es así ¿Qué estamos haciendo para recuperarlo?

El respeto es sólo una envoltura, quizás si recuperamos cuanto debe contener, hallemos a diario eso que tanto necesitamos y esperamos encontrar en nosotros mismos y en los demás.Hasta el cansancio y en detalle el tema está expuesto aquí, nada sucede porque sí, hasta aquí llegamos todos juntos, desde aquí necesitamos retomar eso que anhelamos.

Siempre lo menciono porque es crucial, es una gran suerte poder llegar hasta donde lo hacemos, poder enseñar, poder aprender, y con el mayor compromiso y afecto devolver a las nuevas generaciones todo eso que olvidamos es nuestra responsabilidad proveer y enseñar.