…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Educar con claridad ¿Qué está bien, qué está mal?

Enseñar la diferencia entre una cosa y la otra en este punto no parece ser fácil, aún cuando el límite entre las mismas muchas veces depende de la escala de valores personal y de la óptica y experiencias propias de cada individuo. Hay mucho aquí que se colorea desde lo cultural, familiar e incluso religioso. ¿ Cuál es la línea que ha de separar ambas? ¿Cuál es nuestra tarea al respecto? Puesto que enseñar sin dejar espacio para las dudas lo que está bien hacer y lo que es inaceptable, es parte del minuto a minuto en la escuela. Requiere esfuerzo desligar los matices que deslizan a un lado u otro los límites entre las dos, pero es indispensable como educadores alcanzar la claridad suficiente, para transmitir desde la moral que incluye a todos una definición certera, que precisa trace una línea entre lo que si y lo que no.

Posiblemente nadie tenga dudas de que lo que está bien y lo que está mal no sean relativos, sin embargo al respecto se han formado nuestros jovencitos cierta escala, con todos los matices posibles, de lo que está bien y lo que no lo está, sea de acciones, de omisiones, o palabras. Así dudan permanentemente sobre la línea que divide el propio accionar respecto de lo moralmente aceptable o no, relativizándolo casi todo.

De alguna manera no hemos logrado transmitirles claridad al respecto y mucho de lo que reciben es un gran más o menos, “no está bien pero tampoco mal…”, justificando casi todo en una gama de grises que no tiene una  relación real respecto de lo correcto e incorrecto. Incluso desde una óptica más novedosa hasta parece un tanto anticuado reservar cualidades de este tipo, ¿Qué puede estar bien y qué mal? ¿Quién lo sabe…? y desde ese mismo relativismo un tanto inicuo y pretencioso por considerarse racional, se pierde cierta sabiduría que nos preserva como seres humanos.

A la falta de nitidez en nuestras palabras sin querer agregamos el componente del ejemplo…al cabo que gran parte de nuestras acciones, que ven nuestros pequeñitos y jóvenes son en gran medida una muestra del mismo intermedio. Muy posiblemente hasta nosotros no nos sintamos muy seguros al respecto, nuestra propia escala de valores personal suele quedar desprovista de nuestro accionar consecuente demasiadas veces. Así nuestro ejemplo silencia sin excusas nuestras palabras, y cortos de palabras y ejemplos…tenemos algunas cosas que solucionar. Sin dudas no somos muy evidentes, me parece que tendríamos que mirar alrededor con más certezas y menos miedos, enseñar con más precisión, con toda la que haga falta la diferencia de ser y actuar de determinadas maneras. Nada se pierde en el tiempo, todo lo que hacemos y dejamos de hacer afecta a otros en mayor o menor medida. Esto pueden verlo en la escuela los chicos porque lo viven y lo hablan, pero en mucho no han de conocer todavía con claridad cuál es el eje moral que soporta una convivencia realmente sana, más aún en pos de sí mismos son muy pocos los que reciben cierta guía en casa.

Ciertamente por aquí nada es relativo, cuando hablamos de valores, cuando hablamos de moral, cuando hablamos de preservar ambas debemos transmitirlas como son, con su brillo original…sin acomodarlas, sin empañarlas, sin esperar. Un poco de moda se ha puesto cierta corriente que pretende dejar algunas cosas para la realización personal, para cuando sean grandes y entiendan, “¿Para qué ahora? Si mejor es que disfruten, ya van a ser grandes y se darán cuenta…” ¡El más triste de los errores!  Cuántas veces vemos que un poco después es tarde…no alcanza el tiempo para contar las veces que es tarde para muchísimos chicos.

¡A los niños hay que cuidarlos! ¡A los jovencitos hay que cuidarlos! sí educarlos, enseñarles, claro que sí, pero ante todo hay que cuidarlos, no saben hacerlo solos, nos necesitan. Allí justito coloco la franqueza, lo que está bien y lo que está mal. Una cosa y la otra no dan lo mismo, ni dependen de dónde se mire. En casa como padres, en la escuela como docentes y en cada lugar donde como adultos, sea cual fuere nuestra tarea, transmitamos esa forma de proteger y de educar. Eso es sano, no es antiguo, es sano. ¿Por qué ahora se supone que cada pequeño ha de construirse a sí mismo solito? No es vergonzoso educar, ni proteger, ni ayudar, no debemos invertir los roles.

Siempre la prisa quizás, el ritmo de vida que se nos exige da por tierra con mucho de lo que sabemos que tenemos que hacer, la tarea de educar es maravillosa, la tarea de resguardar, de cuidar es tan maravillosa como intransferible, se trata de nosotros mismos, se trata de lo que somos como seres humanos y de lo que nos corresponde asegurar. Para que el mundo evolucione nos toca proteger el vuelo de los que mañana van a ser capaces de superarnos en mucho, tenemos que asegurar ese mañana. No tengamos temor de ser claros y firmes en la educación de nuestros pequeños y jóvenes, la claridad abraza, contiene y da seguridad.

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