…en la escuela necesitamos integrar los valores…

¿Cómo recuperamos los valores?

La realidad y las formas en las que suceden los acontecimientos de la jornada se condicen con la necesidad generar cambios. Más allá del ámbito del que se trate, son muchas las cosas que piden un eje de razón y de virtud que traslade a lo cotidiano y a todo lo que como humanidad nos corresponde un cambio verdadero.

¿Cómo? Me lo he preguntado un millón de veces… ¿Cómo se cambia o se mejora? La escuela necesita mucho, la sociedad necesita más, sin embargo disponer una forma de acercar a la realidad, y profundizar dentro del contexto diario un eje moral que nos ayude a mejorar, algunas veces pareciera ser una utopía. Sin querer se nos han vuelto algo que necesitamos traer mediante definiciones o alguna historia que los señale, porque las formas sociales actuales los han ido desplazando de su lugar natural.

Más, no resulta fácil forzar la humanidad de nadie tratando de inculcar ciertos valores que debieran venir aprendidos o estimulados, y a nuestro pesar el acontecer diario suele venir teñido de lo que no nos gusta señalar, a nuestra mano nos faltan demasiado los ejemplos de la buena convivencia, donde las buenas ideas y el crecimiento prosperen sin mucho esfuerzo. Sin embargo pareciera haber mucho de costumbre en todo esto, mucho que se va volviendo más una cuestión cultural, y de queja social que una elección de vida. Realmente no apuesto a que alguien disfrute una vida opuesta a la integridad. Sí se ha vuelto una cuestión aprendida, un vicio de queja y malestar que es necesario revertir. Quisiera insistir en que se puede, si acaso se quiere.

Desandar ciertos caminos requiere mucho esfuerzo, sin dudas, aún así no es imposible. Creo que tanto un camino como el otro se hacen andando. Un paso a la vez, y el primero sobre el rumbo a tomar. Un paso a la vez, y la marcha lentamente se suaviza, el entorno si somos hábiles, se transforma en riqueza.

Quizás reconsiderar el punto de vista traiga respuestas, puesto que dar un par paso atrás para abarcar más con la vista, otorgue precisión, pensar más grande y más allá de lo que vemos a la primera y nos hace reaccionar de la misma forma, sea sustancial.

Mis ¿cómo? más reales caen siempre en la misma respuesta, vernos a nosotros mismos. Y ya deja de ser por dar el ejemplo, es la propia opción de vida, es cuánto disfrutamos lo mejor que podemos ser, sin timidez, sin rodeos. Las propias cualidades se exhiben en lo cotidiano o las guardamos puertas adentro, para confortarnos sólo a nosotros mismos, mientras excusamos nuestra falta de acción con una perezosa queja. Mil preguntas y… ¿Cuánto haremos en verdad?

Una sociedad es una suma de muchos nosotros mismos. Nadie cambia el mundo solo, ni de a dos, ni de a diez…Sin fórmulas mágicas cada uno desde su rol sabe bien lo que tiene que hacer. Quizás sea tan simple como eso.

Aquí los valores entran en juego naturalmente, y dejar los egoísmos para mirar desde el lugar del otro…empatizar con el medio, escuchar el reclamo para transformarlo, mostrar formas nuevas, promover los cambios desde adentro, desde cada uno, sin esperar sino forjando…esa es la gran diferencia, no podemos dejar de hacer. Son verbos los que necesitamos promover no adjetivos calificativos ni sustantivos abstractos.

Así necesitamos unirlos, unirnos y unir los valores hasta que vuelvan a fundirse en lo diario…unir las ideas, y los proyectos comunes. Estar dispuestos a mirar la realidad desde la verdad. Las soluciones vienen cuando los problemas pueden plantearse desde la humildad…y de eso se necesita mucho.

Se me ocurren muchos valores que necesitamos traer a la jornada pero en particular aprecio mucho éste porque expone mucho más: la integridad. Porque ofrece calidad a todo lo que hacemos, porque da lo mejor que puede tomar el prójimo, confianza. Nadie es perfecto, por algo las cosas se nos han puesto así, pero validar la integridad como medio de vida, acerca sin titubeos lo mejor a los demás. En la integridad se ponen en juego un abanico de virtudes que necesitamos para nosotros mismos y para construir una vida en comunidad diferente, por ejemplo, trasluce también la honestidad, los cambios verdaderos provienen de la mirada honesta. La realidad va mucho allá de las necesidades propias y de las palabras.  Integridad y honestidad de la mano con la humildad, alcanzan niveles de sabiduría impensables. Sin recetas mágicas la capacidad de cambiar las cosas para mejor se hace palpable en un instante.

Cuando queremos llevar a nuestra tarea, a nuestros alumnos toda una muestra de valores, debemos profundizar los propios y como frente a un espejo ver que valores y actitudes reflejamos nosotros. Revelar como propios la paz, la compasión, la bondad, la gratitud, el perdón, la fe, el amor, la sensibilidad, la nobleza, y tanto más es lo que damos en realidad. Ese es el verdadero aprendizaje que ofrecemos a nuestros chicos. ¿Cuánto más somos capaces de dar? Mucho sin dudas… ¿Cuánto han de tomar ellos? Todo cuanto sepamos dar desde lo que somos y promovemos con cada palabra, con cada gesto, con cada proyecto o idea que seamos capaces de proponer.

La lámina en el aula está bien porque promueve, adorna e inspira. La definición es necesaria porque le da precisión y agudeza a cada valor; el cuento es un ejemplo a imitar, y el juego y la táctica es ejercicio. Pero la vida es acción. Lo bueno es belleza que se ve, se escucha y se siente…

Proveer, promover, motivar, señalar caminos nuevos de mejoras para hoy, que  efectivamente se proyecten al mañana, necesitan de cada pequeño acto más una idea casi genial desde cada  uno, puesto que hay mucho por mejorar. Pero sobre todas las cosas un gran trabajo desde la propia humanidad para evidenciar en acciones eso que queremos enseñar.

¿Cómo se mejora? ¿Cómo se cambia? Transformando ambas preguntas en respuestas.  Mejorando y cambiando. Comenzando por uno mismo, de manera de exhibir desde la propia integridad la forma en la que elegimos deslizarnos por la vida, y ofreciendo todo cuanto como parte de esta inmensa humanidad seamos capaces de dar.

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2 comentarios

  1. Es de suma importancia volver a enseñar y que los padres/madres en la casa empezar a practicar los valores, nuestros jovenes principalmente, pero se empieza con los niños, estan tan perdidos, ya no hay ni idea de que son los valores y ponerlos en practica es del viejazo como dicen, pero todo se puede, yo estoy enseñando a un grupo de jovenes, me resulto super dificil al iniciar, pero voy superando y estoy ganando espacio entre ellos, estamos superando las barreras, como me dijeron, ya dimos muchos años esa materia y ya no nos hace falta, y si, lo que les hace falta es comprometerse a vivir los valores, a practicar, y es placentero ver cómo vivien dia a dia los valores, muchas gracias por este material, me hacia falta

    18 marzo 2012 en 8:39 AM

    • Andrea

      Hola Carmen, es cierto que todo se puede, y que quienes más necesitan son los niños. Gracias a vos por ocuparte de enseñarlos, y de mezclarte entre los jóvenes para demostrarles cuánto se puede y cuánta virtud pueden llevar a sus vidas. Los chicos son increíbles, es tarea nuestra poner en sus manos todo eso que les pertenece y les hace bien.
      Gracias por dejar tu lindo comentario. Mis saludos más cordiales!

      18 marzo 2012 en 10:53 AM

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