…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Ser docentes hoy

Los cambios hacia un lado y hacia otro son para todos, sin embargo hay mucho de especial en la tarea de quien enseña. La vista desde el quehacer cotidiano es irreversiblemente objetiva. Va mucho más allá de los puntos de vista, porque describe la realidad así sin más…

Temprano por la mañana y casi un desafío, portar libros, más papeles, más palabras, tratar de presentarse entusiastas aunque estemos cansados, escudriñar de camino un sin fin de ideas que luzcan atractivas para introducir más contenidos. Estar un poco ansiosos de ver a uno u otro de los chicos para saber si están bien, dadas sus circunstancias personales. Llegar a horario, muchas veces correr de una escuela a la otra, otra vez el reloj…Y eso es poco, quien trabaja en la docencia lo sabe, hay mil cosas más. Quizás entre las más importantes se luzcan los de una sociedad tan transgresora como agresiva. Ciertamente las relaciones con los padres de nuestros alumnos no son fáciles, a veces tampoco lo son las relaciones con nuestros propios alumnos. No son todos, no son tan pocos…un millón de veces está escrito por aquí, realmente hay mucho que mejorar.

La tarea del docente, del maestro, del profesor, ha perdido mucho en el camino que fue tomando la sociedad. Ha perdido el reconocimiento y la compañía de las familias en muchos sentidos. Incluso no entiendo bien por qué es muchas veces señalado por los medios y la misma sociedad, cargando gratuitamente culpas que no le corresponden. Cuando un docente reclama se lo tilda de cómodo, cuando un docente avisa necesidades y expone razones casi nadie lo escucha… Sin embargo así y todo ha cargado una responsabilidad que no reconoce límites. Como docentes somos capaces de hacerlo todo, nuestros alumnos se convierten la mayor parte de las veces en una extensión de los propios hijos, de cuanto han vivido, de cuanto han comido y dormido, de cuanto han trabajado, disfrutado o sufrido. Antes de abrir un cuaderno hay un pequeño o joven rostro que espera siempre más, allí estamos…allí permanecemos. Los chicos lo saben, muchas veces van a la escuela para vernos a nosotros. Síntoma que el vínculo tan necesario entre quien enseña y quien aprende se ha creado, se fortalece y fortalece a ambos cada día.

pizarron

Ser docentes hoy implica palpar una realidad que aún los propios gobiernos no quieren reconocer. La verdad aquí se expone tan mansa, tan clara, tan evidente que no necesita palabras. Casi diría que es hasta difícil de explicar. Una realidad que está siempre lejos de los micrófonos, de los textos, una realidad que siente el calor y el frío, las carencias y los excesos en carne propia. Definitivamente es difícil de explicar, se puede sentir, no le cuadran bien las palabras.

Un docente no puede alejarse de la realidad, tiene la suerte de mediar el contexto, si mira hacia atrás encuentra razones y convive con las consecuencias. Si mira hacia adelante es capaz de proyectar el presente, y presiente y dirime qué es mejor para hoy. Si es capaz, señala caminos, y trata de colocar a los pequeños en un sendero seguro de transitar. Sin más se las rebusca para proyectar en este sendero la vida de sus alumnos, los valores, la capacidad de juzgar, la necesidad de saberlos a resguardo, de preservar su integridad, su vida, su alma, su libertad, su felicidad. No es poca cosa lo que un docente carga en su espalda…la responsabilidad que siente cuando lo hace con vocación, con amor, es gigante sin dudas. Aún así no somos genios, héroes ni mártires, lo sabemos bien, eso lo enseña también la docencia.

Sí sí…hay de todo, sin dudas y como en cualquier parte, no somos todos iguales, sin embargo el medio obliga, hasta el más duro recoge sus prejuicios y da más de lo que tiene. La empatía es prácticamente una obligación sin sugerencias previas. Aquí todo cuanto pudimos haber aprendido en un profesorado se queda corto. Cada niño es diferente y se llega a él de una manera diferente, cada quien comprende a su modo, tiene sus tiempos, sus comodidades e interferencias. Quien las reconoce las usa de comodín, y casi como en una partitura donde cada pentagrama tiene sus tiempos, su ritmo y sus pausas, quien enseña sabe hacer en un aula de clases, sonar su pequeña orquesta. No importan los tropiezos, no importa cuánto se demora, tampoco si hay que volver a comenzar cien veces…Enseñar implica reconocer los tiempos y darlos. Trabajo exquisito que se vuelve automático, lee los gestos al vuelo, tampoco necesita muchas palabras, presiente, ve venir y orienta.

Sucede mucho en una clase, se vive mucho en la docencia…amando y todo la profesión, nadie deja de ser humano. Y que poco se le pregunta, cuánto espacio fue perdiendo, y cuan necesaria es su tarea. A poco de comenzar un ciclo lectivo nuevo se me ocurren mil preguntas, sé que a la larga o a la corta nos desvalijamos de cuanto piensen los demás y en un segundo finalmente…finalmente estamos allí para los chicos, y volvemos a dar lo mejor que podemos. Hay mucho que cambiar en materia de educación, hay que pensar en serio, pero en serio…muchas cosas de nuevo. Hay que dejar de cambiar planes, nombres y currículas y atender mejor otras cosas que se van de las manos. Hoy muchas cosas de la educación formal, así como están no sirven.

La docencia también necesita responsabilidad, en cuanto a los propios saberes y la manera en que los transmitimos, la forma en la que evaluamos a nuestros chicos y también el propio trabajo. Requiere una seria autocrítica, puesto que los logros obtenidos son los cimientos del mañana. Revisar, guiar, avanzar, esperar, alcanzar, aprender, saber, proveer, descubrir, mediar… son verbos indispensables en la tarea de quien enseña.

Ser docentes hoy implica más que nada recuperar una meta que se ha desdibujado, un horizonte que se ha perdido, atender más a la persona que se ha olvidado, reconocer los problemas generados por la falta de educación desde distintos ángulos. Un ser humano tiene mucho que aprender, mucho que dar y mucho que recibir en un sentido absolutamente más amplio. Claro que aquí estoy obviando los valores, que deberían ser la base de la educación, la base de la vida, únicos capaces de darle un sentido, felicidad y coherencia a la existencia de cada uno. Esa educación que deviene primero del amor de casa, que debiera provenir de las familias y hacerse tácitamente extensiva a la escuela.

Quizás con un poco más de compromiso como sociedad toda nos vaya mejor, con suerte se nos escuche un poco más y sepamos exponer mejor. Es una tarea imprescindible, sin dudas requiere vocación, amor por lo que se hace, fe y fortaleza. Pero fundamentalmente capacidad de traer lo nuevo, de interferir cuando el camino se torna árido para delimitar espacios más seguros. Caminos más sensatos, conocimiento que garantice libertad de una manera más humana. Las cosas pueden mejorar, y eso es lo que tratamos de hacer cada uno de los días, aunque parezca difícil, aunque parezca imposible, aunque parezca que no importa, aunque nadie se de cuenta…Ser docentes hoy es uno de los desafíos más grandes y más lindos capaz de generar el cambio que necesitamos como humanidad, un camino de verdad, de virtud, de igualdad, de sensatez y de paz.

Dedicado con todo el amor del mundo a mi papá Manuel.

2 comentarios

  1. Anónimo

    que hermoso es encontrar estas palabras dirigidas a la más maravillosa de las profesiones, ser docente.

    13 octubre 2018 en 4:44 PM

    • Andrea

      preciosas palabras con las que coincido tanto, ” la más maravillosa de las profesiones…” Gracias..!

      14 octubre 2018 en 7:38 AM

Escribe aquí tus comentarios (no es necesario tu e-mail)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s