…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Tan simple como la fe

La fe es un pequeñísimo indicio de cuanto somos, de cuanto no podemos percibir con nuestros sentidos, ni mucho menos escudriñar en un montón de ciencias y teorías. Podríamos analizarla volteando muchas veces la forma en la que se refleja en nosotros y la relación que tengamos con ella, pero no la fe en sí misma. Por mucho que nos cueste aceptarlo, hay cosas que no tienen para nosotros explicación.

Certeza es la única palabra que se le aproxima, porque proviene de esa certidumbre tan interior y tan propia, que excede absolutamente nuestros sentidos. Y aún así necesita tiempo para madurar, tiempo para crecer, tiempo para atender esa sabiduría que nos hace andar la vida de otra manera.

Cierto que es absolutamente imposible que intente un debate teológico, puesto que no sólo no tiene sentido por mi falta de erudición, sino que a mi entender, excede de manera colosal cualquier discusión. Mi fe, sigue siendo esa certeza que no soy capaz de explicar…

Quizás incluso, la fe sea la mejor demostración de cuanto no podemos ver, pero sabemos tan certeramente…

Quizás un día nuestros códigos de ciencia se revistan de la sabiduría de lo imperceptible pero presente, de lo evidente pero inescrutable al menos para nosotros hoy…Quizás con más osadía diría que esa apertura para lo que todavía no comprendemos existe, y convertiría mi fe inexplicable en una maravilla a ciencia cierta…

Así de la forma más simple, y menos convincente para cualquiera, la fe desafía todo cuanto podemos saber y explicar vehementemente.

La fe no es un valor agregado, sino un espacio donde cultivar la propia humanidad, donde encontrar respuestas y sentido, pero sobre todo una dirección real, una dimensión más cuidada de la propia existencia y la manera de transcurrir en la vida. Entendiendo a través de la intuición que no da lo mismo una cosa que la otra…

La fe necesita quietud y silencio, pero requiere también palabras y acción. Implica serenidad y pasión a la vez.  Enseña a abrir los ojos y también a cerrarlos con suavidad. La fe es sabiduría en sí misma, podemos transmitir el cuidado y el amor que le ponemos, pero es fundamental señalar el espacio en el que cada uno debe desarrollar la suya propia, puesto que es ni más ni menos, que el vínculo más personal y estrecho que tenemos cada uno de nosotros con Dios.

La fe no obliga porque va mucho más allá de la voluntad, ofreciendo a cambio libertad. Esa libertad verdadera que proviene únicamente del Amor. Y ese Amor se recibe únicamente en un acto de fe, en el que todas esas certezas viven en nosotros de la manera más simple. No importa cuántas veces no la podamos ver, no importa cuanto lo olvidemos, ni cuanto nos equivoquemos, ni cuanto nos cueste recuperarla. Su Luz y su Amor van mucho más allá, nos sostiene a nosotros, y no nosotros a ella…

la fe y los niñosEl tiempo de cultivarla, de cuidarla, es tan fundamental para nosotros y para transmitirla a quienes nos suceden. Muchas veces escuchamos decir a los padres que dejan la fe como una opción para cuando sus niños sean grandes, cuestión que representa una gran pérdida. Si no preguntamos a los niños si desean ir a la escuela, o aprender a leer y escribir… Por qué razón los privamos de una riqueza tan grande? La fe acompaña y templa con suavidad el carácter y el crecimiento de los pequeños.

Claro que no es fácil zambullirse en un mundo que desorienta, que arremete, que transgrede miles de veces, los valores más elementales, los derechos sustanciales de la vida de las personas. Realmente no creo que el Cielo sonría frente a muchas de nuestras acciones…sin embargo no deja de llamar, ese llamado es el que tenemos que escuchar, y enseñar a nuestros más preciados tesoros, nuestros pequeñitos, escuchar también. La fe es un puente, un lazo dulcísimo y de un amor infinito que es capaz de darlo todo…mucho, pero muchísimo más allá de lo que nosotros podamos comprender…

 …”Un poco más aquí y nos perdemos en los sentidos…así y todo,

casi invisible, pero inconfundible viniste mil veces a acariciar mis ojos,

Tus mil maravillas, Tu vida de milagros, Tu Amor, Tu inconmensurable Amor…

Tantas veces creí perderte… sereno esperaste a mi lado a que volteara,

Reíste conmigo y también secaste mis lágrimas sin cansarte…

Tendiste Tu mano mil veces, un millón…mil millones…más…

Te escondí y Te encontré sin querer, todas esas veces…más quizás…

Somos pequeños, no entendemos tanto Amor…

Tanta…tanta belleza no escondiste justo frente a nuestros ojos, que aún no la podemos ver…”

Sunrise Over the Caribbean Sea, Playa del Carmen, Mexico

 

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