…en la escuela necesitamos integrar los valores…

La humildad para aprender y crecer

Con cada aprendizaje se produce un cambio, de hecho en cada progreso siempre habrá implícito un aprendizaje. La humildad viene estrechamente ligada al crecimiento porque abre de par en par las puertas de cuanto necesitamos saber. En la humildad encontramos sabiduría, porque atiende con la paz necesaria una verdad indiscutible: todos y cada uno de nosotros tenemos mucho que aprender y mucho que cambiar, para con nosotros mismos y para los demás.

En la humildad encontramos objetividad porque implica también la capacidad de reconocer las propias falencias, los pequeños o grandes desaciertos, aspecto mediante el cual alcanzamos la posibilidad de crecer y encontrar respuestas a cuanto humanamente se nos hace indispensable aprender. Supongo que nadie no se equivoca nunca, supongo que nadie…no tiene nada que aprender. Y aunque mi suposición tenga implícita cierto tono de gracia, ocasionalmente nos cuesta reconocer la dimensión real que ofrece la verdadera humildad, porque implica reconocer los propios errores y exponer las propias falencias sin excusas…sin justificaciones.

Por lo general, quienes no caminan de la mano de la humildad van atropellando, van devastando con su lógica y caprichos su pequeño o gran entorno…dependiendo de su función o responsabilidad, en lo pequeño y en lo grande. Se aplaudirán los aciertos, pero se lamentarán los equívocos con la consabida secuela de falsedades que arrastra no reconocer las fallas. Y en este intermedio es imposible aprender, mucho menos cambiar, ni mejorar.

humildadSin dudas también, cuando no alcanzamos a ver a tiempo y por propia voluntad cuanto nos llama a la reflexión, la vida se las arregla para ponernos delante el aprendizaje que necesitamos. Algunas veces duele, seguro, a veces poco, a veces duele mucho. Es una gimnasia constante, y análogamente…La fuerza que seamos capaces de desarrollar es directamente proporcional al ejercicio que hacemos, a veces parece imposible, a veces es absolutamente plácido, de una forma o de otra, no sólo habremos aprendido sino que al final nos sentiremos mucho más fuertes…

No es fácil cambiar, no es fácil reconocer y aceptar que las cosas cuestan, que no sabemos todo, que no sabemos nunca que viene luego, pero la humildad nos eleva cuando nos entregamos al aprendizaje. Cuando podemos abrir los ojos y el corazón con fe y permitir que nos sostenga la lección que tenemos que hacer propia, y sabernos a resguardo en cuanto creemos, en cuanto podemos, en cuanto somos, y en el Amor más grande que nos sostiene siempre.

En mucho los tiempos han cambiado enormemente, en mucho nos hemos expuesto en un mundo que apuesta casi siempre, y un poco brusco, a lo externo, a lo rápido, cómodo, fugaz, se ha perdido mucho el valor de lo de adentro. Un poco más lejos, la ambición desmedida hizo estragos en poquísimo tiempo con muchas cosas. Lo aparente ha cegado la capacidad de ver al otro, de ver al ser humano mismo, al propio y al prójimo. Ha lastimado, quitado y ofendido. Sé que lo he dicho muchas veces, pero no importa cual sea la reflexión que me invite a compartir, que no puedo olvidar insistir en que todos necesitamos más, un poco más de todos. Que hay una realidad que llama cada vez con más fuerza, pidiendo la humildad de saber reconocer los errores, la humildad de reconocer en el otro, lo mismo que hay en uno… un ser humano igual.

En este sentido tan amplio, la humildad también es maestra, porque no vivimos aislados, porque en mayor o menor medida todos necesitamos de todos, aprendemos de todos y enseñamos a otros en la medida que podemos reconocer necesidades reales. Y también quizás, bajarnos un poco del lugar en el que nos colocamos nosotros mismos, cuando creemos que no hay más por aprender en alguno de los sentidos.

Y claro que la humildad representa una aventura, un desafío al alma. La visión de una vida que desde el amor y la sencillez, espera destreza y más sabiduría para encontrar los pequeños aprendizajes o las grandes lecciones. Todos estamos de paso, nada comenzó aquí ni terminará aquí tampoco, hay un trayecto que estamos invitados a recorrer con la paz que nos da la humildad. Con la felicidad que nos da saber que podemos tener todos los nuevos comienzos que queramos y necesitemos, la grandeza la reviste la maestría que le demos a cada uno, y el amor que pongamos en él. Todo llega en su debido momento, y la humildad nos prepara para ello todo el tiempo. Un corazón humilde encuentra el descanso con paz y el trabajo con el entusiasmo de lo perfectible. Un corazón humilde estará más cerca de Dios, de uno mismo y los otros.

Sin importar cuanto tengamos, donde estemos, quienes seamos, la humildad es amiga y consejera porque otorga claridad. Es servicio, es acción, es excelencia, es sencillez, es alegría, es paz. No es sumisa, por el contrario, sino que va en pos de lo que necesitamos saber y viene de la mano de la libertad, porque es la dueña del aprendizaje y de los cambios genuinos, capaz completa y absolutamente de traer transformaciones verdaderas desde adentro, para compartirlas siempre con los demás.

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