…en la escuela necesitamos integrar los valores…

La humanidad de los valores humanos

Hablar de valores humanos, no es cosa fácil ni que suceda al pasar, intentar trasladarlos en palabras o en acciones suele ser un poco más difícil, puesto que dependiendo del contexto se exhiben con la naturalidad que tienen en realidad, o por el contrario se perfilan tan lejanos como utópicos. Supongo que una y otra vez mirando a nuestro alrededor, nos preguntamos de qué manera se ha desvinculado la oportunidad de traer justamente lo humano, justamente…lo valioso.

Desde la más pequeña estructura social, a la más compleja organización educativa, política, económica de organismos nacionales e internacionales que ha sentado sus bases en un eje de ética, depositario de los propios valores que nos distinguen como humanidad, en el día a día nos cuesta encontrar ese reflejo de moralidad. De alguna forma parece haberse desvinculado ese eje de ética de cada persona real. La grieta que persiste entre el concepto en sí y la revalorización genuina y tangible de los valores humanos, teniendo en cuenta lo que en realidad significan, se hace evidente en cualquier ámbito que nos desempeñemos.

En sentidos muy beneficiosos nos acostumbramos a lo establecido, a lo ya pensado y estructurado. Formamos parte de un sistema, que ha tomado lineamientos para todo, que ha organizado, instituido e institucionalizado cuanto ha podido. Pero que sin embargo, a veces, parece empeñarse en separarse de lo humano, al dejar de contemplar con el dinamismo necesario los cambios que pide un tiempo que modifica las cosas a una velocidad indescriptible.

Muy de a poco cedimos el derecho y la necesidad de una regla que garantice un eje de moralidad y de ética válidas, tanto para la vida como para la coexistencia, por un paquete que ha olvidado que la función de lo reglamentario, de lo normativo, de lo legislado, es en función del hombre. A veces entre sí las leyes y reglamentos juegan pulseadas de contradicciones. Sabemos también que no es el ser humano para la norma, sino la norma para el ser humano. Hay un universo de distancia entre una cosa y la otra. La primera, nos pone frente a lo diario con la sumisión de lo impuesto, de lo reglamentado y acatado a favor de su original y legítima función, garantizar que los derechos de los seres humanos estén a salvo. Cuando podemos percibir que su lícita finalidad se ha desviado, es que necesitamos validarlos desde la segunda, retomando inequívocamente el camino que vuelva a conducir la moralidad y el bienestar en la vida de todas y cada una de las personas, las grandes y las pequeñas, muy en especial de las pequeñas.

Muchas veces nadamos contra la corriente intentando no romper lineamientos, normativas y regulaciones que no precisamente (ni a propósito tampoco) aportan soluciones. Sino que han de alejarnos de la necesidad real, del objetivo más importante que buscamos alcanzar. Tampoco se trata de resistir las reglas, sino de reivindicarlas desde el lado humano que les otorgó vigencia, de buscar qué soluciones reales aportamos a los problemas y las necesidades de todos los días. Habría intentado una lista que cualquiera confeccionaría, pero además de extensa se torna muy obvia.

Desde el rol jerárquico, la responsabilidad es clara y evidentemente mucho mayor. Puesto que pide además del conocimiento auténtico de las reglas, desde la más simple a la más compleja normativa, y aún desde la mismísima ética, la capacidad de mejorarla en la medida que el entorno lo pide. Lograr amenizar las diferencias no es una cualidad menor, integrarlas para encontrar soluciones y traer de verdad y seriamente ideas para enderezar las cosas, es una obligación de quien ha decidido tomar la responsabilidad de dirigir, buscando una dirección acertada y los medios adecuados para llevar adelante, lo que en realidad pertenece a muchos más.

Hoy nos desempeñamos en un contexto que pide de todas las maneras posibles retomar un camino de garantías reales, de una mirada seria a los valores humanos que han tejido a través de la historia innumerables cambios, y han beneficiado de tantas maneras a muchas culturas. Valores humanos inalienables, alcanzables en infinidad de casos con una facilidad casi absurda, dejamos que se nos vayan de las manos día tras día. Es incontable el tiempo que pasan un millón de necesidades que se pueden resolver en un segundo, trato, de una y mil maneras pero no lo puedo entender. Porque mucho más allá de intereses mezquinos y cosas un poco retorcidas que la misma humanidad no logra esquivar aún… ¿Por qué tantos seres humanos no logramos encaminar mejor algunas cosas? Hay seres increíbles que de verdad donde pasan dejan la huella del que simplemente resolvió haciendo, dando, ofreciendo, siendo bueno en lo suyo, o simplemente mirando alrededor y tendiendo una mano…

Los valores humanos no son de enciclopedia, no están en los libros, ni en las páginas Web, ni en los blogs, ni fuera de nosotros mismos. Los valores humanos son parte de la propia esencia, de la misma cualidad que nos lleva a crear de manera exquisita cada quien lo suyo, cada quien su trabajo, cada quien su día, donde posa su vista y donde presta su oído.

Son miles de maravillas las que nos pertenecen tan legítimamente, tanto las anhelamos y tanto las hemos de querer de vuelta…pero todavía las pedimos a tientas y con excusas, a veces sonrojados, a veces lo más tácitamente posible. ¿Por qué? Si no es más que lo que somos, si no es más que un reflejo de nuestra preciosísima vida y la de cuantos nos rodean…descontando nuestro más valioso y único medio de vida, la naturaleza que nos sostiene.

Hay valores fundamentales que no podemos perder, son humanos, son nuestros, somos nosotros, no necesitan una excusa y una explicación para ser, ni tampoco una cátedra para validarlos. La vida, la nuestra, la del entorno, el bienestar, eso no lo podemos perder, luchar por eso es vital, resguardar eso es esencial. Y en este aspecto han de tallar con la mayor minuciosidad todos los pequeños y grandes temas. Todo lo que hace en el día a día, en cualquier lugar del mundo, un espacio donde lo valioso se preserve, donde las soluciones lleguen, donde las mejoras evidencien cambios…y ninguna evidencia mejor que la realidad. Ninguna más mejorable que la misma, todo se puede hacer, todo se puede cambiar, todo se puede mejorar…

A veces sentimos que necesitamos excusas para hablar de algunas cosas, cuando en realidad es la misma vida, su valor, la integridad que ponemos en ella, lo que no declinamos…No es fácil encajar con las reglas y aceptar que muchas cosas simplemente son así y listo, a vista y conveniencia de alguna oportunidad de momento (léase entre líneas, por favor). Así tanto al hablar de educación, como de cualquier otra cosa, puesto que los valores humanos dan alcance a cuanto el hombre hace en su carrera evolutiva, y a veces no tanto, claro…Empieza a tallar la habilidad de desempeñarnos con más soltura, con más decisión. Como siempre, la responsabilidad es directamente proporcional a la actividad de cada uno, y cada quien sabe bien.

semillas de diente de leonHay un océano de conocimientos y de valores que es vital trasladar, que es vital vivir y enseñar. Y también hay un mar de carencias que esperan ser resueltas, desde el pequeño núcleo de cada familia y cada paso hacia fuera en un sociedad que necesita revisar sus códigos y sus formas de convivir, de impartir educación y de forjar una identidad más altruista. Hay una fortaleza de razones en la raíz de los valores humanos, una raíz desde la que podemos construirlo todo, no es ajena al hombre e impuesta como agregado, es lo que cada ser humano lleva en su esencia, es lo que nos diferencia y nos hace tan especiales. Al traerlos hablamos de nosotros mismos, hablamos de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que pretendemos ser, para nosotros mismos y para los otros.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.