…en la escuela necesitamos integrar los valores…

La responsabilidad, una virtud para asumir y compartir

Algunos valores y virtudes se destacan por incluir muchos otros, la responsabilidad, aún con sus distintas acepciones es uno de ellos. Entre sus usos particularmente se destaca el que se refiere a la conciencia. En tanto hablamos de la capacidad de medir y reconocer las consecuencias de ser y actuar de determinada manera. Tanto a nivel social como individual los alcances de la definición son inmensos, puesto que prácticamente todo cuanto sucede a nuestro alrededor está sujeto a una sucesión de consecuencias devenidas de la responsabilidad contraída o evitada por cada uno. La responsabilidad y la libertad se vinculan permanentemente, en un camino que ofrece la posibilidad de contemplar todos nuestros actos desde la moral que hayamos podido encontrar en ellos cada vez.

En el transcurso de los días podemos ver con mucha claridad donde están las dificultades. Particularmente en educación, aunque bien sucede en todos los ámbitos, todos somos capaces de encontrar una cuota importante de responsabilidades aún no asumidas con mucha claridad. Queremos cambios, estamos seguros de qué cosas necesitan una mirada nueva y un accionar consecuente, pero al traerlos a la realidad, puesto que allí es donde todo se encuentra, sin dudas nos hemos dado cuenta que la responsabilidad se ha transformado poco menos que en una pelota que nos lanzamos unos a otros. Al parecer, las reglas de juego se han convertido en un pase de responsabilidades nunca asumidas por nadie. Un poco inconcientemente…“Las responsabilidades son del otro menos mías”. Como adultos, entre tantas cosas que sabemos y queremos, todavía cuesta tomar decisiones, nos cuesta asumir la libertad de ejercer a placer nuestra propia responsabilidad. Incluso siendo un valor, una obligación y por qué no un derecho, a veces se la esquiva por temor. Los cambios dan trabajo, las mejoras también, y tienen su origen en la conciencia de la responsabilidad propia. Lo que cada uno hace y deja de hacer rinde sus frutos a corto y largo plazo.

Desde la educación principalmente se cimienta una educación que puede bosquejar desde la escuela, cómo será el futuro a nivel social y a nivel personal. Tenemos presente permanentemente que hay una seria crisis de valores a resolver, a ésta y quizás como resultado se han sumado una educación insuficiente en términos de rendimiento escolar, conocimientos y desempeño, aún con todos los niveles “¿debidamente?” aprobados.

Especialmente incluyo también el tema de la disciplina, en el que si bien la sanción existe y está sólidamente prevista, parece no poder utilizarse, sin dudas en muchos sentidos hemos quedado desarmados frente a chicos y no tanto, que piden límites, claridad, contención y señales de coherencia por parte de sus mayores, que garanticen una convivencia sana y un clima favorable para la aprehensión de conocimientos. La violencia, la agresión verbal y física se han vuelto demasiado corrientes, primero en los adultos, luego, claro, se ha reflejado en las nuevas generaciones. Tenemos suficiente conocimiento del tema y sus alcances. Responsabilidades no asumidas por doquier, con todo el daño que implica.

Hace mucha falta tomar conciencia desde todos los niveles de lo que sucede cuando nadie asume las cosas desde la responsabilidad. Si todos vemos lo mismo, si todos encontramos las mismas falencias, dificultades y carencias por qué no logramos construir con más solidez cambios reales. Con reales me refiero, por ejemplo, no a que los chicos aprueben, sino a que los chicos aprendan. Análogamente, no a evitar sanciones sino a mejorar la disciplina y la convivencia…

Son tiempos extraños, donde el decir, el hacer y la realidad, no logran encontrarse demasiado. Cada uno parece limitarse escasamente a lo suyo y sin compromiso, sin mucha conciencia real del valor que tiene el trabajo de cada quien, desde el discernimiento, desde la capacidad de reconocer las causas y las consecuencias de las decisiones que se toman día a día, año a año. Responsabilidad para decir sí, para decir no, para comenzar algo y para concluirlo, para continuar, para saber cuando basta, cuando siempre, cuando ahora o después. Para hacer, para construir, para enseñar, para asistir, para aprender…Para todo es necesaria la responsabilidad desde la ética que la sostiene, y la propia moral que pueda darle vida en acciones.

Me extendería demasiado si quisiera traer cuanto se hace a un lado, la conciencia dice una cosa, y nuestro temor nos deja en la pasividad de lo que pide hoy, ahora mismo, cambios y mejoras. Hacen falta palabras, decisiones y acciones, desde las más simples, esas que pasan casi desapercibidas hasta las más contundentes y profundas.

La responsabilidad es para todas las cosas, es para uno mismo, para cuanto se cuida y se preserva, y también para los demás. Para cuanto da alcance cada cosa que hacemos, cada vez que interactuamos, sobre todo cuando sabemos que hace falta más. Y esa responsabilidad también es compartida, es para todos los adultos, comenzando desde los que dirigen la educación desde un ministerio hasta los directivos, los docentes del aula, los que abren la puerta de la escuela, y cada uno de los padres. Sé bien qué lejos estamos de lograr amalgamar mínimamente un objetivo común entre todas las partes. Al respecto cada quien asume su responsabilidad así como su propia conciencia alcance…y entre otras cosas es exactamente como se dice: La mayor responsabilidad la tiene quien sabe hacer lo bueno y no lo hace.

Por cierto que hablando de compromiso, y siendo capaces de comprender los resultados del propio accionar, no alcanzaría el tamaño del planeta para jerarquizar la letra de este escrito, si quisiera resaltar la responsabilidad que significa tener en nuestras manos la vida de los pequeños para imprimir en ella cuanto necesitan. Primero como personas, antes que nada en afecto, en cuidados, en valores, con respeto, y luego con la misma importancia respecto del conocimiento y las capacidades que les ayudemos a descubrir y desarrollar. Sin palabras, en referencia a la responsabilidad que nos toca y a la conciencia que tenemos que tomar en correspondecia.

En cuanto a los pequeños, la mejor enseñanza sigue siendo la del ejemplo, es lo que somos que leen al vuelo y aprenden a imitar. Los chicos y los jóvenes necesitan indiscutiblemente asumir su responsabilidad, encontrar su parte de conciencia y libertad, su capacidad de observar y medir, de estimar y valorar las consecuencias de la propia forma de ver las cosas y actuar. En su casa, en la escuela, con amigos o solos, la responsabilidad aprendida siempre será suya. Y sin dudas…cuánto han de tallar aquí los valores, cuánto ha de mezclarse de la manera más sana y conveniente, su libertad, su fe, su empatía, su honestidad e integridad, aquí todo se pone en juego en un segundo. Y así debe ser, así está bien y así estarán bien ellos.

Entre muchos otros valores la responsabilidad juega un rol fundamental, es el primero que solemos ceder a los demás, pero también es nuestro, comencemos por cada uno. La responsabilidad se asume y se comparte, cada quien la suya, cada quien a lo suyo, con lo que sabe bien que debe hacer. La única forma de mejorarlo todo es tomando el propio rol, con la mayor humildad y responsabilidad posible, con el entusiasmo de lo nuevo, de lo que siempre traerá avances, pequeños o grandes, necesitamos ambos…Todo eso que queremos para los chicos, sólo tenemos que ponerlo a su alcance, desde la verdad, desde la acción y los valores que queremos reencontrar.

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