…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Para educar necesitamos límites

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

Creo que no hay duda al respecto, uno hace y dice lo que saca de adentro, cuanto expresamos proviene de la sumatoria de lo expresado anteriormente y muchísimo más, pero basta en éste para ilustrar la importancia de hacer alcanzable una educación verdadera, basada en los valores humanos primero, sin los que no hay la más pequeña posibilidad de alcanzar conocimientos.

Muy posiblemente coincidamos todos, en que en cada lugar se percibe la educación escolar de una manera diferente, cada escuela es una casa. Por más que todos dependamos del mismo sistema educativo, en cada escuela han de leerse e interpretarse las normativas, las currículas y los instructivos de manera parecida pero con diferencias subyacentes muy propias, que dependen en gran medida de la comunidad escolar, y eso está muy bien. Precisando un poco, eso está muy bien cuando realmente se apropia de las necesidades de la comunidad escolar y logra satisfacerlas. Claro, no me refiero a satisfacer caprichos, sino satisfacer las necesidades reales, poniendo educación donde no la hay.

Nuevamente vale destacar sobre los demás, el problema de la disciplina y la violencia en la escuela, no es necesario extendernos demasiado respecto de lo que se ha dejado a un lado para ostentar inclusión e igualdad, prácticamente sin traer ninguna de las dos en realidad. (En referencia al tema Inclusión educativa… )

El desafío más grande radica en encontrar el medio que otorgue congruencia entre el espacio para aprender y el aprendizaje efectivo. Y a la hora de gestionar las reglas y normas de convivencia, verdaderamente estamos desarmados frente a nuestros alumnos. Muchas veces no sólo es una dificultad la apatía que caracteriza de manera natural algunas etapas de desarrollo, sino la que deviene de una situación de marginalidad social y económica, incluso sea que provenga de una sumatoria de todas éstas. Cual fuere la razón, perdimos lo más valioso, el respeto, la armonía de la convivencia que promueve siempre buenas cosas, porque efectivamente un clima cordial siempre trae algo mejor. Porque da lugar a cuanto cada uno puede aportar de positivo, sean preguntas, respuestas, o un buen rato de compartir lo que surja de positivo, incluso también el silencio de la grata compañía y reconocimiento de los otros.

Como fruto de la manera en la que se han desarrollado los últimos tiempos, encontramos claramente que hay una situación social que nos supera, y como es la sociedad la que va a la escuela, lisa y llanamente ha de depositar en ella todas sus falencias, todas sus necesidades, los sueños, las derrotas, las frustraciones, la violencia excesiva…aquí nace el hoyo más grande y perjudicial, el del todo vale, el de la permisividad, el de la falta de autoridad. Detrás de los cuales desfilan casi haciendo alarde, un semianalfabetismo que preocupa, una violencia física y verbal en los chicos que realmente asusta, y una falta de límites que ellos mismos han sabido devolvernos con creces, cada uno de los días en el aula de clases y fuera de la escuela también. Hay mucho para hacer, no cabe ninguna duda…

Si hay una sincera voluntad de brindar educación a nuestros pequeños, van a tener que permitirnos educar de verdad, porque estamos perdiendo seriamente el terreno de la siembra, y perjudicando profundamente la posibilidad de que alcancen conocimientos.

Si no podemos hablar en clases para enseñar se complica muchísimo que los chicos aprendan. Como siempre el daño más grande lo recibe la educación pública, no hay vuelta que así como se corrompe la política, se corrompe todo su ámbito de influencia. Sería genial alejar un poco la educación de cada momento político, porque pierde racionalidad y coherencia, además de la posibilidad de sostener un plan flexible pero serio a corto y largo plazo, la educación necesita ser independiente de los intereses de cualquiera y en este sentido, debería ser intocable…incorruptible. Y evidentemente nuestro sistema educativo está corrupto puesto que ha alterado su finalidad original, se ha deteriorado. Está vendiendo certificados y perdiendo conocimiento por facilismo a cambio de poder y permanencia, ya no educa de verdad. Pero lo que es más triste, es que se nos dificulta cada día más a nosotros, los del aula, los de abajo de todo, sostener educación con un poquito más de coherencia, es muy difícil y por penoso que resulte decirlo, muy agotador.

No cabe conocimiento donde no hay disciplina, no se aprende donde no hay orden, no se convive sana ni alegremente donde la violencia verbal o física está la orden del día, necesitamos darle vigencia a un sistema que contemple primero la racionalidad a la hora de convivir. Esto no necesariamente significa concentrarse en el castigo por lo malo, sino en dar claridad a lo bueno, no importa si viene impreso en una norma o proviene de la aprehensión genuina de los valores. Tampoco significa que hay que saltear la sanción, porque así como dos más dos es cuatro, está claramente demostrado que una sanción imprime un límite, y los límites son imprescindibles en términos de derechos y obligaciones para convivir en comunidad, ni que hablar para aprender…

Tomemos tiempo para traer a conciencia las dos consecuencias más claras de la falta de límites y autoridad:

La violencia excesiva, esa que no encuentra un freno, que necesita contención real porque no sabe dónde cesar. Contener no significa sólo abarcar o abrazar, contener la violencia no es soportarla ni sostenerla, contener la violencia es saber decir NO, saber decir BASTA, saber decir HASTA AQUÍ.

Y por increíble que parezca, eso es lo que más valoran los chicos, tanto los autores de la violencia que no saben cuándo, ni cómo parar, como los que la reciben y la soportan sumisamente. Nos guste o no, los chicos también aprenden en la escuela a comportarse, y para eso es necesario exigir una norma y un reglamento acorde. La convivencia en la escuela es una pequeña práctica de la norma social, implica antes que nada sacar a relucir valores plasmados en normas éticas y morales. Y vale la pena reiterarlo, donde no hay orden no hay lugar para el conocimiento. La consecuencia evidente y clara es que los chicos no aprenden, y como falla el sistema esquivando cuestiones que no sabe o no quiere solucionar, trae a colación la necesidad de una aprobación ficticia. No hay méritos, no hay aprendizaje, no hay esfuerzo, no hay educación, no hay calidad, no hay inclusión, mucho menos igualdad.

Donde no hay igualdad no hay justicia, ni en lo pequeño ni en lo grande, donde no hay educación no hay oportunidades ni progreso. Donde no hay calidad no hay posibilidad de cambio, ni prosperidad, ni crecimiento, y en este punto podría volver a empezar exactamente en el mismo lugar…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

¿Qué expresan hoy nuestros chicos? ¿Qué expresamos hoy individual y socialmente?

De alguna manera necesitamos recuperar la posibilidad de dar todo eso que queremos, somos tantos los que pensamos igual, somos tantos los que queremos ver a los chicos más felices, más capaces y educados, con un horizonte de oportunidades más claro, lo piden de todas las maneras posibles, la sociedad también, podemos quedar perplejos a diario observando los límites de decadencia moral a los que llegamos. Si tenemos más suerte, nuestro sistema educativo tomará caminos que necesitan una revisión seria y profunda, mientras no suceda, acordemos cambios, vivamos los propios valores con la firmeza que necesita ofrecer educación a conciencia, impregnada de valores, esa es la seguridad de los chicos, ya se les ha quitado demasiado, seamos quienes les ayuden a recuperar todo cuanto necesitan aprender.

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