…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.

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