…en la escuela necesitamos integrar los valores…

aprender a VER dentro del aula

profe sentado solo en el aulaQuizás no hace falta ser muy observador para notar cuáles y cómo son las vivencias de nuestros adolescentes alumnos, y su contexto general. Vale la pena registrarlo para saber hacia dónde  apuntar al trabajar los valores, y en cuáles es necesario poner énfasis.

De manera general vemos que algunos de ellos forman parte de una familia típica. Están realmente contenidos y educados por sus mayores, pudiendo brindarles contenido sin mayores dificultades, pues realmente vienen a buscarlo, y se les pide prueba de ello en sus hogares.

En las escuelas públicas, lo remarco porque en las privadas los problemas no son los mismos,  hay una gran parte de la población del aula que vive cuestiones diferentes, por ejemplo, son parte de una familia muy numerosa en la que no hay demasiada capacidad de contención. En éstas suele faltar el vector que señale de forma contundente valores, virtudes y conductas.

Así el progreso en la materia es más azaroso, depende más del estímulo del profesor que del reconocimiento del hogar, en el que no se los incentiva demasiado, o se les exige más sin darles apoyo ni herramientas de desarrollo. Suele haber en estas familias grandes inconvenientes económicos y los padres muchas veces se sienten superados por el tránsito por la adolescencia de sus hijos, a los que no saben bien cómo contener.

Incomprensiblemente también encontramos un grupo que vive prácticamente solo, de hecho tengo alumnos que no son mayores de edad y viven literalmente solos. Algunos otros que viven con una abuela, un tío o algún pariente que hace las veces de madre y padre, posiblemente poniendo mucho empeño, pero resultando la mayor parte de las veces, a simple vista insuficiente.

Nunca van a alcanzar las palabras para describir cómo se siente un adolescente al que no se le manifiesta afecto, que no se siente querido, ni importante para su ámbito familiar, demanda el tránsito por esta etapa de crecimiento, una cuota extra de afecto, contención y comprensión a la vez que límites con los que no se deba transigir. Equivocadamente la mitad de las veces se los deja en libertad aduciendo la imposibilidad de controlarlos, y por cómodo que resulte para los adultos soltarlos a su propia suerte, los chicos no dejan de sentir esa cuota de abandono. Es una etapa en la que ellos tampoco pueden hacerlo completamente solos, sin la guía responsable y afectuosa de sus mayores.

El último grupo y los que dependiendo de la situación geográfica de la escuela son los más o los menos, es el de los que viven en familias con grandes carencias económicas, y en los que para cubrir sus necesidades diarias se recurre lisa y llanamente a delinquir. Son familias en las que se carece de todo, ni siquiera me atrevo a mencionar la palabra valores, se manejan con códigos o reglas mediante las cuáles intentan protegerse entre ellos, que nada tienen que ver con valores, ni virtudes. Familias que en su mayoría son el resultado de aplicar determinadas políticas de literal abandono por parte de los sucesivos gobiernos. Así se encuentran sentados en nuestros pupitres jovencitos para los que robar, romper, lastimar, golpear, insultar y más, no son más que una forma de sobrevivir. Particularmente resulta más difícil llegar a ellos, hay una gran cuota de resentimiento y de extraño aire de victoria, no sé cómo ni de que manera están convencidos de que atropellar a los demás con cierto orgullo, es la forma correcta de superar problemas. Acotación aparte, convengamos que sus problemas son también los nuestros y de que como sociedad debemos comprometernos mano a mano, unos con otros para progresar.

La importancia de interpretar la variada problemática del salón de clases, es la única forma de convocar la solución adecuada, en tanto se enseñe exactamente a cada uno lo que necesita aprender.

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