…en la escuela necesitamos integrar los valores…

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Guía para elaborar tareas desde casa, para los alumnos.

Aspectos valiosos a tener en cuenta en la confección de actividades durante la cuarentena.

¿Cómo comenzar..? Dado que hace unos días que le doy vueltas a la misma pregunta, intuyo que rendirme a la falta de respuesta será mas oportuno. Y es que si no estábamos preparados para esto… mucho menos lo estamos para preparar actividades y tareas en un contexto que nos preocupa y a veces nos quita capacidad de concentración. Sin embargo, nuestra cuarentena, la obligación de permanecer en los hogares, es ahora por lo que el desafío de acompañar y por qué no, contener un poco a nuestros estudiantes demanda un esfuerzo extra.

Me animo a decir que nunca hubiéramos imaginado una situación como la que hoy se vive en el mundo. La misma nos pone de cara a una infinidad de cuestionamientos, pensamientos y sentimientos. Lo mejor que sabemos hoy, es que la responsabilidad de cumplir las indicaciones que nos dan, serán decisivas en la evolución de los sucesos.  Y aunque me siento absolutamente diminuta como para hacer alguna clase de comentario al respecto, sólo te animo, estimado colega, a que apuestes de manera positiva a dar lo mejor de ti para acompañar a los estudiantes que tengas a cargo.

Muy posiblemente ya estés organizado para brindar algún apoyo extra a tus alumnos y cuentes con alguna plataforma o espacio en la que compartas habitualmente contenido con tus estudiantes. Si no es así, podrás encontrar cuando indagues, muchísimos servicios que se brindan a tal fin. Así que no me referiré a qué vehículo utilizar sino a algunos aspectos vitales a tener en cuenta a la hora de elaborar las actividades que propongas.

El primer y más importante de todos los aspectos, es comunicarte de manera amena. Si los adultos estamos angustiados, imaginemos los chicos. Sobre todo en los hogares en los que la sobreinformación o la circulación de toda clase de información (muchas veces falsa) roe la cabeza y el ánimo de sus adultos. Aquí juega un rol fundamental el lenguaje y la cercanía, incluida la calma, que transmitas a tus alumnos. Ofrecer una actividad que dice “Hola chicos, hagan esto…del punto 1 al 8 y me lo mandan el viernes” no ayuda mucho.

Tenemos clarísimo lo que les cuesta estudiar estando en la escuela, no hay que dejar volar mucho la imaginación para adivinar sus caras si están haciéndolo todo solos desde casa,  en un contexto abrumador. Por tanto, un par de palabras que hagan alusión a valores indispensables para este momento, que los anime a estudiar y sobreponerse al estrés que también los alcanza a ellos; serán ese ánimo y esa mirada de contención que les damos cuando estamos frente a frente.

Equilibra la cantidad de trabajo que das. A veces, de verdad… se nos va la mano. Todos en algún momento u otro a la hora de dar tarea, poco menos que esperamos la confección de una tesis. De esa manera los chicos tardan un minuto en desanimarse, descontando las quejas de la familia, que entre abuelos, padres y hermanos no hacen tiempo de terminar la tarea de todas las materias, de cada día (¿ lo han escuchado..?).

La cantidad de trabajo que pidas que realicen debe ser acorde a la edad, el contexto que sabes y conoces de tus alumnos, las habilidades que entiendes que han podido desarrollar, y el material o la ayuda a la que tengan acceso.

Intenta ser medido y justo, ni demasiada tarea, ni muy poca. No sobreexijas ni subestimes, ya sé que es demasiado pedir, pero sabemos hacerlo; sé que sabemos hacerlo, más que nada que nos asista la coherencia y el buen ánimo. Es la única manera de poner a funcionar la delicada misión de lograr aprendizajes oportunos, en un contexto diferente y complicado. Claro que no se trata de mantener a rajatabla cuanto contenido debamos dar, entendemos sobradamente qué es importante en este momento. Sin embargo, no podemos olvidar el rol que desempeñamos frente a ellos, no salir de casa no implica aislarlos de su espacio de estudio, al contrario, es una forma excepcional de sostener el vínculo con sus pares y docentes. Si hay un momento en que nos necesitan es cuando las cosas se ponen difíciles para todos. Somos parte de un engranaje social, que necesita más que nunca hacer funcionar un espacio de intercambio, aprendizaje y contención.

Sé exageradamente claro. Seguro que no hacía falta mencionarlo, pero insistamos, la claridad es fundamental. Si los chicos no entienden qué debían hacer, qué debían buscar, qué había que elaborar; resultará un ida y vuelta de preguntas y respuestas. Mejor una sola vez, lo más claro posible. Lo que nos lleva de paso a otro punto fundamental.

Deja espacios abiertos. Cuando sea posible, anima a tus alumnos a que construyan su propia manera de hacer la devolución de algún contenido. Díselos claramente, ofrece actividades o temas opcionales, dales oportunidad de enriquecer lo que propones o simplemente que puedan optar por algún aspecto  que les resulte particularmente curioso o valioso a modo personal.

Incluye material de apoyo. En este momento es un aspecto esencial, muchas veces nuestros alumnos no tienen las herramientas suficientes para encontrarse con el material apropiado. Mandarlos simplemente a que “averigüen en la web” puede ser para ellos tan agotador como frustrante. Si si, valiosísima herramienta, indispensable sin dudas. Pero tengamos en cuenta que nuestros criterios y conocimientos difieren de los suyos, no les resulta tan fácil elegir de entre miles de resultados justo el que pretendemos nosotros. De allí surje la importancia de ofrecer algún material de apoyo, documento, o explicación. Si es posible, intentemos también conectar con un bien tan grande como los libros, algo habrá en casa, sin ninguna duda. Todo es válido y necesario, aumentar las opciones dará riqueza y más oportunidades de mejorar las devoluciones.

Invítalos a pensar y a razonar más que a buscar información. Es genial salirse del esquema de preguntas y respuestas, intenta despertar su curiosidad. Contáctate con lo que piensan y sienten sobre algún aspecto de relevancia. Si bien la buena información es fundamental, lo que hacemos con ella la eleva al nivel de aprendizaje valioso y útil. Ayúdalos a razonar creando espacios para ello y eligiendo correctamente los temas que merecen la pena una atención especial o una mirada distinta.

Alienta el uso responsable de internet. Ponte al día con las indicaciones dadas por los organismos encargados en tu país. Habrás escuchado al respecto que se nos pide ser racionales en la utilización de un recurso tan valioso. Por ejemplo, se nos recomienda evitar la descarga de contenidos enormes e innecesarios. Utilizar las redes fijas disponibles para realizar comunicaciones de voz. Evitar, cada vez que sea posible, las videollamadas. No viralizar cuanta cadena se nos aparece en las redes sociales. Intentar mantener dentro del grupo familiar un esquema de utilización del servicio, etc. Recuerda que es un momento en el cual todos demandamos su uso, desde la actividad laboral, el estudio, el entretenimiento y las comunicaciones familiares. Explícaselo a tus estudiantes.

Una y otra vez saca lo mejor de ti. Si hay momentos para poner a flor de piel todos nuestros valores, éste, es uno de ellos. Los necesitamos frescos y vívidos para nosotros mismos y para los demás. Hoy más que nunca. Apelemos a la calma, a la racionalidad. Necesitamos ser dóciles y humildes para acatar cuanta indicación se nos provea de las autoridades correspondientes. La responsabilidad que nos alcanza, es infinita, estamos parados en mil lugares a la vez, como padres, como hijos, como hermanos, como vecinos, como profesores, como sociedad… Hoy todo nos alcanza y por qué no, también nos preocupa. Pero querido lector, que no nos supere. Desde un inicio nos hemos parado sobre cuanto ha de sostener nuestra frágil humanidad, nuestros valores, nuestra fe, nuestras certezas. Tal como he escrito a un costadito en el blog, que en tu hogar, no falte la esperanza, y más que nunca la oración. Que nos alcance un poco de esa sabiduría que olvidamos, para mantenernos fieles a nuestras convicciones. Que aprendamos a mirar mejor a los otros y ser tan altruistas como solidarios.

Que encuentres también en esta ocasión claridad y firmeza para estrechar ese vínculo tan personal y único con tus estudiantes. Que Dios te bendiga mucho, te de fuerzas y buen ánimo para ayudar a todos los que te rodean.

 


Construir el amor propio desde los valores

Construir una autoestima valiosa es un trabajo de toda la vida, el amor por sí mismos madura y se matiza hacia un lado u otro según el cardinal que sigamos y la forma en la que percibimos el entorno social, las pautas que va marcando la cultura y nuestro círculo cercano. Al igual que todos los demás aspectos que construyen nuestra humanidad, de manera individual y colectiva, hay vectores mejores que señalan caminos más sanos, valiosos y verdaderos para encontrarnos con ese amor propio, en contraposición a otros que empobrecen la calidad de ese amor y todo lo que resulta de él.

De esta forma, quedarían muchos aspectos incompletos sin referirnos a la manera en la que enseñamos a construir la autoestima y el amor propio a los niños y los jóvenes. Como adultos claramente podemos advertir que socialmente es un momento muy particular, en el que prima el egocentrismo, la autoridad de “yo, y lo que yo piense y sienta” por sobre todo lo demás. Y no es que no haya que quererse, muy por el contrario, verdaderamente hay que amarse. Pero para amarse realmente hay que abrir bien los ojos, y sobre todo el corazón, dado que este amor no deviene con ningún derecho ni reconocimiento social. Tampoco proviene de estar todo el día mirándose el ombligo para elogiarse, ni entretenido permanentemente en los deseos de un todo yo.

Aunque estas nuevas formas de “respetarse y quererse” aparenten ser para muchos la evolución extraordinaria de la cultura social y del individuo, en todos los sentidos no deja de ser un manojo de caprichos vacíos de racionalidad, de moralidad, de verdadera humanidad, y de amor genuino por uno mismo; mucho menos será capaz de encontrar el reflejo apropiado en los ojos del prójimo. La postura de yo y mi cuerpo, yo y mis gustos, yo y mis inclinaciones, y una interminable lista de “mis yo” denotan básicamente habilidades muy pobres de crecimiento, de madurez, y de búsqueda de verdaderos y valiosos aportes, descontando el prójimo…siquiera para sí mismos.

Sin duda alguna podemos responsabilizar a la ausencia de educación, de los meollos cada vez más penosos y profundos en los que insiste en sumirse esta nueva cultura del “vale todo” y “viva yo y mis verdades”. Es todo un mundo nuevo que arrasa (¿sin querer?) la coherencia, y que se apasiona por transgredir y por apetecer desmedidamente cualquier cosa; en una portentosa muestra de la fe y los valores fundamentales que fue perdiendo.

Claro que se entiende que sea infinitamente más fácil darle rienda suelta a los antojos y la flojera rindiéndose a cualquier idea o moda que se cruce, que tomar el trabajo de crecer y madurar en todos los sentidos. Pero en algún punto hay que darse cuenta, retomando un camino de dignidad y respeto muy diferentes. Como siempre, la credibilidad se demuestra andando, nos basta mirar de reojo los frutos de vivir de una manera y otra.

Es justamente aquí donde podemos ver que muy contrariamente a la forma de amor por uno mismo que se propone, hay una medida muy coherente y precisa de aprender el respeto y el amor por uno mismo, la de reflejarse en el respeto y el amor que realmente damos y sentimos por los otros, pero a la luz de verdaderos valores (muy lejos de “me das lo mismo”).

Consecuentemente, la autoestima que tenemos que enseñar a construir deviene detender la mano a los niños atender de verdad, no es lícito como adultos responsables desvincularse en ningún sentido del crecimiento de nuestros pequeños y jóvenes, sea cual fuere el rol que desempeñemos. Dejarles un hueco enorme porque no ponemos en ellos la necesidad de fortalecer sus virtudes, de no negociar valores intransigentes, de permanecer a su lado atentos para señalar el camino con mucho más acierto que “ve tranquilo por tus antojos”. Respuesta tácita de vanguardia en muchos adultos dado que: no me importa, no sé o estoy ocupado; triada común de excusas con soluciones breves tan obvias, que se leen entre líneas mucho más velozmente de lo que tardaría en escribirlas.

También tenemos que poner especial atención a lo siguiente, entretener a los jóvenes para evitar ocuparnos puede ser un negocio redondo para algunos, pero tenemos que ayudarlos a darse cuenta (con hechos) que valen mucho más que eso, que sus capacidades son ilimitadas, que no hay tiempo para perder si pudieran verse a sí mismos en la dimensión real de su valor. Necesitamos tomar tooodo el tiempo necesario para enseñarles a fortalecer sus virtudes, enseñarles la jerarquía de los valores humanos sobre cualquier corriente de pensamiento o ideología.

El verdadero amor por sí mismos, una autoestima valiosa, dista mucho de perseguir una y otra vez los propios antojos; porque que es fruto del conocimiento y del dominio de sí, de la coherencia de medir las propias inclinaciones a la luz de la razón y de la fe, conociendo de antemano qué cosas son buenas y qué cosas no, sin relativismos mediocres. Y en este punto los adultos somos los que tenemos que ajustar con más tino el calibre que usamos cuando creemos que estamos enseñando “nuevos y más amplios valores”, sin darnos cuenta de que pisoteamos verdades inmutables, tan valiosas como la vida misma.

Nunca olvidemos que nuestros pequeños son nuestra responsabilidad, que siendo sus adultos responsables, más oscuro y denso se pone el panorama, más luz necesitan que seamos capaces de reflejar. A propósito, no habría tanto espacio sin iluminar si estuviéramos más atentos para ellos, si pensáramos mejor cuanto espacio irreemplazable vamos dejando sin asumir.

Terminará siendo éste el reflejo más elocuente de cuánto valen, el tiempo que de verdad, en serio, estemos ocupándonos de ellos. No para llenarlos de cosas, ni tampoco de excusas, sino para darles ese amor, en valores, en palabras, en compañía. El amor por sí mismos crece en compañía del amor proveniente de los adultos.

Quizás, si ocupáramos más espacios de manera altruista, si construyéramos con ellos positivamente, con más seguridades nuestros valores y nuestra fe. Si educáramos con la alegría que refleja que sabemos qué cosas son realmente valiosas…

Quizás si simplemente dejáramos entrever que es a través de la mesura, de la templanza, que se conquista poco a poco la capacidad de aprehender para sí mismos lo bueno, lo verdadero e incluso lo realmente bello; seamos un buen ejemplo de la forma de construir una autoestima valiosa, capaz de proyectar para sí mismos, e incluso para los demás una genuina y preciada integridad.

El amor propio que deben aprender es el que sabe reconocerse a sí mismo a la vez único e igual a los semejantes. El amor que es capaz de reconocer para sí la necesidad de asirse de lo bueno con los pies en la tierra y los ojos en lo Alto. Siendo capaces de encontrar en la propia fragilidad la importancia de evaluar, medir y proyectar cuanto podemos mejorar, de aprender que el respeto verdadero deviene de valores verdaderos, sin subjetividades ni trampas. Ese amor por sí mismos está lejos de ser el número uno, ni el dos…ni el último, tampoco es capaz de observar remotamente algún aspecto físico que lo haga más pequeño o más grande. Por el contrario, su verdadera esencia se traduce desde dentro en la calidad de  lo que ofrecemos a los demás.

Quizás tenemos mucho para revisar, tomemos el tiempo necesario para ocuparnos, y más que nada pensar de verdad, la manera en la que estamos enseñando a construir este amor a nuestros pequeños.

padre e hijo

 


los valores desde la fe

Los valores humanos no sólo son indispensables, sino que debemos asirnos de ellos con todas nuestras fuerzas. Sin embargo, no deberíamos hacerlo de cualquier manera, dado que la libre interpretación de algunos de ellos hacen estragos, incluso algunos términos se han vuelto completamente ambiguos, confusos…Y es que humanamente …

Caemos con mucha facilidad en la idea de creer que una opinión es una verdad, que un punto de vista es la realidad pura y acabada, y que para ser tolerante hay que vaciarse de moralidad. Y vacío así cada uno y tan caudalosa la afluencia de “verdades” nuevas, pocas veces usamos en serio, pero de verdad lo que se nos ha dado para distinguir una cosa de la otra: la razón, a la luz de lo que tanto se nos exige omitir: la fe.

De todas las maneras posibles, la falibilidad de cuanto podamos escudriñar, defender y postular es infinita. Nos es tan lícito como sano pensar y repensar, intentar mejorar, ir por más, teorizar una y otra vez; todo es parte de nuestra esencia, de nuestra naturaleza humana. Pero hay un límite que hay que reconocer pronto y profundamente: el propio.

No hacerlo es pernicioso, no hacerlo implica muchos peligros; uno de los peores el del relativismo. El de la negación de verdades absolutas, inmutables, borronearlas con el codo caprichosa y apasionadamente trae miseria moral, pervierte el corazón, desanima espiritualmente… Se empobrece el mundo en manos de un relativismo tibio, con poca coherencia, tantas veces distanciado hasta de la lógica. Todo un mundo que corre en masa tras estas y aquellas premisas nuevas. Pocos se preguntan si son verdaderas o falsas, muchos menos las utilizan correctamente para llegar a darles su estructura lógica y llegar así a alguna valiosa conclusión.

¿Cuánto podríamos saber nosotros por nosotros mismos? Todo el conocimiento del mundo, de toda la evolución humana, quedaría en un instante sin aliento ante la magnificencia de la Verdad proveniente de Nuestro Padre. Y amorosamente puesta a nuestra disposición para encontrarnos cara a cara con El Amor, La Sabiduría y La Belleza en su real y acabada dimensión.

No podemos vivir arrojándonos una moralidad humanamente pobre; una suerte de cada quien haga lo que quiera que “todo vale”; que mi verdad, que la suya, que la del otro… Eso no es así, eso es ignorancia. Es pobreza de pensamiento, de corazón y de alma. No puede ser que todo nos de lo mismo. Que no se nos pierda el norte, usemos la inteligencia que se nos ha dado para pensar realmente, y discernir una cosa  de la otra. Posteriormente, claro, ofrecerlo también a los demás. No nos olvidemos que no se trata de “sálvese quien pueda” sino que la caridad nos exige mucho, muchísimo más. Y parte de esa responsabilidad está ligada al aprendizaje, al uso de la razón y a la coherencia, iluminadas por verdades absolutas, vacías de relativismo. Es un reto completo, en una sociedad que muchas veces nos pide tolerancia y respeto desvinculándolos de nuestros valores y nuestra fe. ¿Qué sería del mundo si así fuere realmente…?

Que nadie tema defender sus valores desde la fe, desde lo Alto siempre. El Amor y la Sabiduría de Dios nos sobrepasan, no cambian nunca. Lo abarcan TODO, y estamos, lo veamos o no, inmersos en Él. Proveernos de cuanto se nos ofrece sólo implica abrir el corazón, y aprender pacientemente. Personalmente y como he dicho antes encuentro la plenitud de la verdad en la Iglesia Católica.

Nutrir nuestra familia, nuestros hijos, nuestro entorno de ese Amor, conlleva ofrecer dulcemente de la fuente que hemos tomado, defender la vida SIEMPRE, amar y respetar pero no con una palmadita en la espalda de me da igual, sino departiendo con claridad lo que está bien y lo que no. Así se camina con conciencia y coherencia en la vida, eso es amor. No es amor, en cambio, que nos de igual si el otro cae por el barranco de puro capricho. Que no se nos olvide, eso no es te respeto, es me importas un comino; y eso es lisa y llanamente indiferencia. Contexto en el cual, ambas partes salen perdiendo.

No hay valores suficientes, no habrá nunca moralidad suficiente sin Dios. Nosotros, nuestros niños, nuestros jóvenes necesitan saber del Amor inconmensurable de Dios, y del camino que señaló de tantas maneras y con tanto Amor Su Hijo Jesús. No hay mayor sabiduría y amor más grande que podamos dar a nuestros hijos que hacerlos crecer en la fe. Estamos tan de paso aquí, que necesitamos asumir con la mayor plenitud y prontitud posible la belleza, la sabiduría y la paz desde la cual fuimos creados para encontrar verdadera felicidad.

Pero para ello necesitamos asirnos del bien, somos tan limitados y tan afines a buscar lo bueno “a la humana”, dándole mil vueltas peligrosas a valores indispensables, intentando acordar que tan bueno o malo puede ser determinado asunto, que esquivamos la verdad. La escondemos en un rincón, los que tenemos fe, muchas veces la maquillamos un poco o la interpretamos a nuestra perezosa medida sin dejar tiempo para saber de verdad.

Deberíamos acudir mucho más seguido a la verdadera fuente, dejamos a un lado lo sagrado, las enseñanzas de Nuestro Padre que ha sido absolutamente claro respecto de todas las cosas… Por mucho que nos cueste aceptarlo, solos no podemos, basta mirar alrededor, basta escuchar atentamente, basta “mirar los frutos” de hacerlo todo como se nos antoja. Y al colmo de lo antedicho vamos a los porrazos guiándonos unos a otros tan sueltos de conciencia, y tan hábiles para causarnos dolor. ¿Qué orgullo no nos permite abrir los ojos y el corazón para encontrarnos pronto con un bien capaz de manifestarse de infinitas formas? ¿Cuánto tiempo seremos capaces de añadir a las excusas de buscar y encontrar un camino de verdadera paz y felicidad? Ambas, por supuesto, fruto de la templanza, del silencio, de la oración y de la sincera voluntad de entrega.

De nuevo, solos, no podemos, solos no estamos, solos no hemos de encontrar cómo y quiénes debemos ser. Realmente no hay valor más grande que la fe, no hay mayor sabiduría que la de Dios, hacia allí tenemos que dirigirnos siempre.


Los valores y la educación sexual, desde la escuela y la sociedad

Acercar valores morales implica tener la mirada puesta en todo cuanto humanamente pueda hacerse de una manera altruista, que atesore en su esencia calidad y las mejores cualidades. El desarrollo de la sexualidad en nuestros jóvenes no está ajeno a la posibilidad de atesorar una forma buena de ser vivida. En la que puedan proyectarse aspectos que para muchos son obsoletos, como el amor, la virtud, la fidelidad, la confianza… A cambio, se los induce con una prisa inexplicable a todo lo que los aleja de una madurez más acertada de la afectividad, y de su propia integridad.

Cualquiera de nosotros podría afirmar que cada vez son más los espacios en los cuales podemos observar la liviandad con que se proponen nuevas formas de concebir la vida, los derechos y las costumbres. Ciertos aspectos de las nuevas propuestas transgreden burlonamente no solo valores éticos y morales, sino que sobrepasan la aprobación y el consenso de los padres cuando se hacen extensivas al ámbito educativo. Vulnerando (supongo que sin querer) el consentimiento de las familias; tal como está sucediendo en las escuelas en la forma de encarar algunos aspectos de la educación sexual en todos los niveles. Disiento profundamente al respecto y quisiera, entre cosas, deslizar el porqué desde distintas ópticas.

Realmente es en el sentido de la moralidad un mar de confusiones que se les plantea a los chicos, más allá de lo politizado y tan progresista de la cuestión como se plantea muchas de las veces. A la delicada evolución y desarrollo sexual propios de cada edad, se les avienta al libertinaje, a la iniciación sexual temprana y vacía, al vale todo y a la promiscuidad, en contraposición a la calidad de las virtudes. Dejando así de lado el conocimiento y dominio de sí, la construcción altruista de la autoestima, la consolidación de la propia integridad y respeto por sí mismos. Las nuevas formas que se proponen de encarar su sexualidad los deja confundidos, agotados, con una autovaloración muy pobre y dolorosa. Estamos cada vez más lejos de educarlos realmente en tal sentido, y me parece sumamente irresponsable de parte de los adultos, plantear “educación” en estos términos.

En tal sentido, el meollo del asunto se encuentra muchas veces en la cobardía de responder con una moralidad que no podemos perder; y dejarnos arrastrar por falacias enmascaradas en palabras que pretenden acercar nuevas verdades; cuando no son más arrojar viejas mentiras y vicios, en un contexto tan flamante como moralmente peligroso.

Por un lado resulta cómodo simplemente callar, por otro se ha vuelto cada vez  más difícil defender  oportunamente las convicciones, para evitar la violencia del insulto, la burla o la agresión gratuita y desmesurada. De un tiempo a esta parte, a la verdad que sostiene valores humanos genuinos se la ha llamado “intolerancia”; a las virtudes más imprescindibles “costumbres anticuadas”; a las obligaciones mínimas que sostienen los derechos “abusos”, y podríamos seguir un buen rato más, pero bastan los ejemplos para reconocer que se han ido sigilosamente de las manos  muchas cosas esenciales.

Gran parte de la habilidad manifiesta de avanzar incongruentemente sobre el límite entre lo que está bien y lo que no, es mezclar los términos, deslizar sigilosamente el significado real de las palabras y  proponer “nuevas verdades”. Estará de más decir que no hay verdades a medias, pero vale recordarlo. No se puede fragmentar la verdad y construir una nueva combinando trozos de verdades y mentiras. El debate de aseveraciones construidas sobre ambas, es una pérdida de tiempo absoluta para unos, pero una ganancia de espacio inmediata, aunque poco genuina, para otros.

No es posible sostener una estructura lógica correcta, mezclando palabras y sacándolas de su contexto real. Los términos como valores, derechos, vida, amor, no se pueden extraer del contexto genuino que expresa un bien, una virtud, un valor real para obtener en una macabra ecuación “derechos” nuevos, incluso en contra de la misma vida. Entonces, las cosas por su nombre, la vida no tiene discusión, sobre el derecho a la vida no hay nada que discutir. La promiscuidad, el vicio, la desviación, la vagancia, la delincuencia, la violencia en cualquiera de sus formas son lo que son, guste o no. No podemos cambiar la acepción y el valor real de las palabras por capricho, no puede someterse la humanidad entera a la distorsión de las palabras y de un camino de verdad y de bien, sólo por antojo. Todos tenemos derechos, todos merecemos respeto, todos tenemos la libertad de elegir, pero no hay intermedios entre lo que está bien y lo que no. Un poquito mal, no es bien. Un poquito de verdad y un poquito de mentira… no es verdad.

¿Qué verdad? La que no prescribe, la que resguarda la vida, la que reconoce valores éticos y morales permanentes, que con precisa magnitud orientan la calidad de nuestras acciones. Esa verdad que se reconoce en el amor verdadero y desinteresado (tan alejado del egoísmo que se propone) capaz de dar de sí sin cansarse. Tenemos que dejar de confundirnos y de confundir las cosas, sobre todo cuando llevamos educación, ni hablar desde el punto de vista de la fe.

Personalmente, encuentro una sola manera de hallar verdad, y es a través del amparo de la sabiduría proveniente del Amor de Dios. Como cristiana católica, encuentro en el amor infinito de Nuestro Señor Jesús todo lo que realmente es bueno, verdadero y bello, tal como ve nuestra fe las cosas de Nuestro Padre.

Por las dudas, todos cometemos errores y todos necesitamos ayudarnos unos a otros a crecer. Por eso no se trata de no equivocarse, tampoco de juzgar, sino de ser capaces de volver a la fuente a buscar verdad, encontrando la forma buena y correcta de hacer cada cosa. Tampoco se trata de quien es mejor, sino de enfocarnos en buscar el bien. Y como todo lo bueno está ligado al amor entre hermanos que somos, intentemos llevar lo que sabemos bueno a los demás, más que nunca cuando se trata de cuestiones tan sustanciales, para nosotros y nuestros hijos.

Sin dudas no es fácil defender algunos valores cuando se propone tanta confusión del otro lado, la violencia tan manifiesta de la mentira, es fruto de un orgullo muy difícil de entender y confrontar. Compartimos un ambiente que socialmente se viene cada vez más vacío de valores y virtudes, para ceder sin mucho esfuerzo ante la necedad, la mentira y la decadencia moral y espiritual.

El crecimiento y la paz son fruto de la templanza y no de la consecución de cualquier deseo o exceso. Y si bien cada uno tiene la libertad de elegir, no es lícito llamar bueno a lo malo, y viceversa, muchísimo menos incorporarlo en una nueva “educación sexual integral” en las escuelas, muchísimo menos pretender cambiar leyes a puro tropiezo de mentiras y errores. Mas desgraciadamente, a fuerza de ver lo que sufren los jovencitos que se dejan arrastrar por todas estas “nuevas formas” de concebir la sexualidad, mis certezas sobre las virtudes que se oponen a tales cosas son cada vez mayores.

Nuevamente, somos los adultos responsables, tenemos obligación de educar en valores, virtudes y verdad. A buscar lo bueno también se aprende, y muchas veces no es pequeño el esfuerzo que demanda aprehender tales cosas para sí. Claro que no esforzarse es más fácil, ceder a la pereza, incluyendo la espiritual, como ceder a cualquier otro vicio o deseo es cómodo, sencillo, está de moda y sirve al instante para encajar socialmente. Pero su fin es tan ruin como pobre, y su carrera tan desgastante como dolorosa. Ayudemos a nuestros pequeños y jóvenes a no transitar por allí, la libertad es de cada quien, pero la responsabilidad de avisar, enseñar y poner a resguardo es nuestra. Como siempre, Dios mediante, encontremos la forma. Desde la humildad, pero con la firme convicción de lo que es bueno y mejor.

Los mejores valores y virtudes, lejos de caducar son para traerlos cada vez que sea necesario, tiñendo nuestra existencia de calidad y una magnitud real que anima a procurar virtud. No nos quedemos sólo mirando atónitos, seamos siempre parte de los cambios que son para mejor. Cada uno desde su lugar, sobre todo desde el amor, hay contextos y situaciones que esperan, más que nunca, coherencia, valores y virtud de verdad.


Feliz Nochebuena y Navidad !

    Cuánto deseaba que pudiéramos acercarnos unos instantes! Ya 24 de Diciembre, increíblemente rápido transcurren los días y los meses, realmente anhelaba tomar el tiempo necesario antes que nada para agradecer la compañía, la búsqueda, el trabajo que toma cada quien y el compromiso impregnado de cariño que evidentemente toman en su tarea diaria. Como siempre mis respetos, mi abrazo gigante. Llegan aquí de muchísimas partes del mundo, todos tras la misma finalidad, aportando, dando, creciendo y ayudando a crecer, mi mayor afecto y admiración, hay tanto para hacer y tanto para dar..!

Que esta Nochebuena traiga paz, este mundo inquieto de verdad la necesita, que el amor inconmensurable de Nuestro Jesús transforme y fortalezca nuestros corazones. La Navidad es una oportunidad excepcional de pausar las cosas de todos los días para alimentar el amor verdadero, para fortalecer los lazos más importantes, para aprender a agradecer, a perdonar, a dar, a pedir lo que realmente vale la pena. Es tiempo para apreciar, para reconocer, para valorar, para mirar a los otros con el mismo amor con que somos vistos nosotros, con la misma paciencia, con igual ternura. Mi más afectuoso deseo de Nochebuena y Navidad en paz, que logremos colmar ambas de ese amor de verdad que puede todas las cosas. Dios mediante, encontremos siempre sabiduría para agradecer y fortaleza para aprender y dar.

Excelente 2018!!!

¡¡¡Muy, muy feliz Nochebuena y Navidad!!!

Pesebre

Gracias siempre…

Andrea

 


Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.


Aprender la paz

Ciertamente la costumbre nos hace asumir ciertas realidades sin objetarlas, cuestión de economía de esfuerzo que se torna muy valiosa para agilizar el día sin necesidad de cuestionarse demasiado. Sin embargo, sería una gran pérdida no renovar y enriquecer la forma en la que nos desempeñamos como padres o formadores en el aula, más aún, en nuestra vida (toda) sea cual fuere nuestra tarea.

Por mucho que ame mi trabajo, la vuelta a casa es un momento no solo de alegría, sino de un silencio que agradezco infinitamente, la escuela es naturalmente un lugar donde puede haber de todo menos silencio, claro. Sobre todas las cosas es cada vez más notoria la aceleración que tienen los chicos, la disrupción permanente durante las horas de clases, y la poca capacidad de concentración que tienen los chicos. Sería injusto decir que las nuevas generaciones se ha inventado solitas esta aceleración, a veces, bastante desmedida; se la han aprendido de sobra de todo cuanto les hemos puesto a la mano, incluyendo el ritmo de vida que nuestras propias aspiraciones demandan de nosotros.

Todos lo hemos sentido en carne propia, es el precio del mundo en su auge insaciable de estar en todas partes, conectados con todo, haciendo lo que se supone debemos hacer y sabiendo todo cuanto sucede en cualquier parte del planeta (y fuera de él también). Aclaro que los avances tecnológicos no sólo me encantan, sino que son realmente geniales en muchos sentidos. Mas no son las cosas, claro, sino lo que hacemos con ellas, y lo que ellas son capaces de hacer de nosotros.

Corrigiendo un poco… Queremos estar en todas partes, sin estar en realidad en ninguna. Estamos demasiadas veces aquí, pero con la cabeza por allá, y el corazón por otro lado, tanto espacial como temporalmente. Generalmente no acabamos de aterrizar en un lugar en cuerpo y alma, nos dimos a la tarea de aprender a hacerlo y pensarlo todo a la vez, hartos de habilidad y destreza para hacer, pero con un gran hueco en la fecundidad de lo que necesitamos ser y transmitir. Dejamos muy poco tiempo para el ahora, para el presente, cuando es lo único que tenemos en realidad, y lo único que podemos modificar. Es de lo más valioso que se nos ha dado, a modo de oportunidad tangible, a modo de regalo para disfrutar sin más, a modo de tiempo verdadero para crecer.

Hay una ilimitada riqueza que se pierde cuando no estamos conectados con lo que hacemos, y con el otro. Todo roza demasiadas veces lo superficial, lo que se pasa por arriba a toda velocidad y al rato siguiente se olvida. La riqueza real deviene de la paz que se adquiere en una percepción más auténtica, de vivencias más acabadas y menos fraccionadas. Es tomar el tiempo y el espacio necesarios, convocando casi sin sin querer una convivencia más serena, pero inmensamente más rica.

Es en paz que se encuentran los medios más apropiados para trabajar por un futuro realmente mejor. ¿Nunca se han planteado que el futuro será mejor sólo cuando logremos que el día de hoy lo sea? ¿Cuánto hacemos para que eso suceda?

No es un eslogan de motivación personal, es lo que construimos a la luz de lo que verdaderamente somos, y nos guste o no, no podemos reconstruir un sólo día del calendario para vivirlo de nuevo. Aquí hay un inmenso darse cuenta de lo que realmente vale la pena, del agradecimiento por el hoy, añadida la oportunidad de crecer y ayudar a crecer, cosas que sin una perspectiva desde un presente mucho más sereno, no pueden llegar.

Un corazón en paz, construye un rato y un lugar de paz, en el que hay espacio donde colocar muchas cosas buenas. Afortunadamente no sabemos a ciencia cierta nada sobre el mañana, pero tenemos en las manos un hoy que nos espera siempre, y que la mayor parte de las veces se va en un ayer incompleto y planea un mañana sin haber concluido verdaderamente su hoy. Ojalá también aprendamos a buscar más que nada el tiempo de encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con Nuestro Jesús cada día. Se nos ha perdido la humildad de reconocer que no somos nosotros la fuente de todo, que solos no podemos con nada, y que hay un Amor infinito que espera ese tiempo de calma para ofrecerlo todo.

Únicamente en paz, encontraremos la fuerza para sostener la mirada en el otro, para pensar mejor, para construir con firmeza solamente sobre lo bueno y para cumplir con madurez nuestra responsabilidad de enseñar un no o un si en paz. Son tiempos en los que se usa mucho un amiguismo y complicidad extraños entre padres e hijos y entre docentes y alumnos, sin embargo no se nos han dado en responsabilidad nuestros pequeños para trabar amistad, sino para amarlos, guiarlos, cuidarlos y preservar su integridad en el más amplio de los sentidos.

humildadCuando estemos listos para relajarnos un poco del ritmo de vida que se nos ofrece, cuando nos acerquemos más a la gratitud, a la buena disposición, a la capacidad de seleccionar en que cosas y de que manera invertiremos nuestro tiempo; encontraremos las respuestas que necesitamos, incluyendo las sonrisas y los abrazos que olvidamos, la calidad y la calidez de las palabras que hablamos, y la paz en el corazón que necesitamos.

Nuestros pequeños aprenden lo que ven ¿…les has preguntado que ven?

La paz es una puerta, una oportunidad inmensa. Si no se construye dentro carece de sentido y significado, es tiempo de convocarla, no como ausencia de conflictos, sino como cualidad esencial de aquello a lo que pertenecemos verdaderamente; y tenemos la dulcísima responsabilidad de transmitir, sobre todo desde el ejemplo, a cada uno de nuestros pequeños.


Los conflictos en el sistema educativo

Cada principio de año salen a relucir todas las cuestiones pendientes, las que son propias del sistema educativo no son la excepción. Más aún, son tan antiguas las falencias del sistema, que inevitablemente cada año se pierde tiempo en intentar “resolver” las mismas cuestiones, salario e infraestructura son los ejes principales. Nunca se resuelven, sino que se acuerdan con más o menos conformidad de parte de unos y otros. Sabemos muy bien lo lejos que estamos de un sistema educativo ideal, o siquiera realmente mejorado.

Se tiñe cada año del mismo color debido a la informidad de una sociedad que parece no estar muy segura de lo que busca, muchísimo menos de lo que encuentra a medida que los acontecimientos se suceden; puesto que aún funciona sin medir demasiado objetivos, causas y consecuencias. Un día los reclamos, al otro las medidas adicionales a los reclamos, como los paros; y al otro los acuerdos sin más. Un tiempito más y parece que aquí no paso nada. Un año, otro, y otro, pero seguimos sin comenzar a resolver de verdad. La culpa será de que siguen siendo más fuertes los intereses parciales que la conciencia de la necesidad del bien común, de un plan de verdad, un proyecto a mediano y largo plazo que exige cambios de calidad ahora, hoy mismo. Tomará muchos años sin dudas, pasará mucho tiempo hasta que se concreten los primeros logros, pero valdrá la pena, es un proyecto ambicioso pero necesario. Cuando suceda será sin perder ni ganar ninguna de las partes, todos ganamos… o todos perdemos, esa es la conciencia del bien común. No es una utopía, es un camino que no conocemos, pero que deberíamos aprender a transitar.

Sin dudas hoy podemos coincidir en que nadie defiende la educación perjudicándola, que nadie está gestionando mejoras si no mejora. Sigue siendo la educación lo más vulnerable, puesto que en medio de una lista de reclamos y devoluciones completamente válidas, se terminan perjudicando siempre los chicos.

Por las dudas, los valores que convocaron este blog surgieron como una necesidad evidente y apremiante de trasladar a la escuela. Los mismos una y otra vez han puesto en evidencia los mismos reclamos, por lo tanto, no se trata de estar en contra de los mismos, sino de cambiar las formas para ambas partes.

Será que siempre la vía de reclamo incluye perjudicar al otro? Y en educación…ni más ni menos…no se nos ocurre otra cosa? De parte del estado igual, quienes nos representan, quienes gestionan para todos y cada uno de nosotros el sustento, el crecimiento, la paz, el mínimo orden para que esto funcione…Cuántas veces se tropieza con la misma piedra?

Indefectiblemente para que la educación mejore hay que invertir, hay que cambiar en serio, hay que crecer. Es completamente cierto que los sueldos docentes son una calamidad, adicionado un sistema que no funciona, y nos deja sin cobrar muchas veces durante meses y meses, nadie puede dar educación de calidad corriendo todo el día con 12 o 15 cursos además del trabajo extra para el que necesitaríamos un día que dure mucho más que 24 hs. Ni hablar de la infraestructura, porque mejor ni hablar, es vergonzoso, sino roza lo inhumano muchas veces. Pero seamos realistas que este no es un tema nuevo. No nacimos ayer, vamos..! Pero en algún momento hay que ocuparse EN SERIO, DE VERDAD. Sino nos exponemos a lo mismo cada inicio de clases, y cada ciclo lectivo entero.

La educación en su sentido más amplio y profundo y la justicia, no pueden fallar, son dos pilares fundamentales en cualquier lugar del mundo. Basta un segundo para ver cuales son nuestros dos grandes flagelos. Somos muchos docentes los que tímidamente sentimos vergüenza por ambas partes desde hace muchos años. No nos sentimos representados ni por los sindicatos, ni por los gobiernos. No es el modo de dirigir un sistema educativo, no puede ser siempre la educación lo más vulnerable que tiene un país que aspira a crecer, sobre todo humanamente. Más allá de las horas de estudio, la calidad del sistema necesita revisar muchas cosas. La escuela necesita evolucionar, pero no lo hará sin una sociedad y una dirigencia que la acompañe. A las buenas intenciones hay que darles forma y vida cuanto antes.

Los reclamos sindicales (permítanme insistir: válidos todos) necesitan también una vía distinta, si el reclamo es justo no hay necesidad de perjudicar a quienes más queremos defender. No hay dudas de que los chicos tienen que estar en la escuela, todos estamos equivocados cuando creemos que los cambios y mejoras se gestionan así. No podemos abandonar a los chicos, y el estado no puede abandonar un sistema de educación que necesita tantísimo más que un presupuesto mucho más digno. Hay que pulir todas las cosas, los salarios docentes, la preparación de los mismos, la infraestructura escolar, y la responsabilidad de la calidad del trabajo de la comunidad educativa entera. En la forma en que se presentan todos estos aspectos, el trabajo docente tiene un alcance excesivamente limitado.

Realmente deseaba que el primer encuentro aquí del ciclo, hubiese sido otro, pero dada la prolongación de un conflicto que se ve extraño de todos lados, deseaba compartir este punto de vista. Agradezco también los comentarios que han dejado al respecto, entiendo bien cada disgusto, y de alguna manera lo comparto, sólo preferí no publicarlos para no iniciar un debate y discusión, no es el ánimo del blog importunar ni ofender a nadie, sino tomar las reflexiones como tales y obrar cada quien según su conciencia.

Dios mediante encontremos pronto una solución para beneficiar verdaderamente a todas las partes que alcanza este conflicto. Pero más que nada, nos despierte la realidad de que las que se escuchan, no son todas voces, de un lado y del otro hay tanto, tanto para cambiar que no hay tiempo que perder. Bajo todo el ruido de los reclamos y discusiones hay un silencio que espera el tiempo de aula, las horas de educación, el ejemplo de los valores a los que aspiramos, la paz  y la conciliación inteligente que necesitan ver los chicos de parte de sus adultos responsables, los representantes de los docentes por un lado, y un estado que debe ocuparse de representarlos a ellos y a sus docentes también. No debería ser una guerra entre ambos que desautoriza e ilegitima a las dos partes, sino la unidad en el bien del fin que se persigue, sino es así, es porque estamos faltando a la verdad.


Navidad…Navidad..!

Sólo por exagerar un poco (un poquito nada más…) parece que fue hace unas cuantas semanas que subí una imagen aludiendo al nuevo año 2016, casi inexplicable que me encuentre aquí finalizándolo juntos…

En lo personal fue un año de muchísimo trabajo así que siento, en primer lugar, que me hubiera gustado compartir más cosas, de hecho las he comenzado en varias oportunidades, sin tener tiempo de concretarlas. De todos modos, sé que más allá de los cambios en el calendario, habrá ocasión de compartirlas, y eso es genial.

A propósito de calendario, los viejos amigos habrán notado que me trae cada año la Navidad, ya saben cuánto me encanta y disfruto junto a mi familia. Intento valorarla con el espíritu y la alegría real que amerita, como la expresión más elevada del Amor Verdadero, Amor hecho Hombre, y al cual se nos convoca con tanta mansedumbre y dulzura. Una vez más los invito a vivirla con la misma alegría, mucho más allá de las corridas, las compras enormes como si fuera a acabarse el mundo, y las comidas interminables. Que no se nos olvide que es otra cosa, se trata del cumpleaños de Nuestro pequeño y dulce Niño Jesús, y del mismísimo Amor expresado en Su abrazo gigante hasta el final. Recordemos que Su Amor nos alcanza a todos, reservemos un rato a corazón abierto para recibirlo a Él, y que de la misma manera lo convoquemos para nuestros niños, ese es el regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos.

La relación que tenga cada uno de nosotros con Dios, con Nuestro Jesús o Su Mamá es tan única como el tiempo que necesita fortalecerla. Dedicamos tanto tiempo a tantas cosas y evocamos con tanta ligereza otras, que nunca nos avergüencen las cosas del alma, antes mejor pongamos las cosas en su lugar. No nos lleva a ninguna parte ser eternamente los reyes de las justificaciones, aprendamos de los frutos del Amor la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz y una infinidad de virtudes que son lo que más necesitamos en realidad.

Ojalá esta Navidad logremos darle verdadera vida al Pesebre en nuestro corazón, y nos enamoremos de La Pequeña Familia que allí nos espera.

¡¡Que todas las bendiciones los acompañen siempre. Feliz, muy Feliz Navidad…!!

pesebre07

 

Sí, es ciertamente un clásico estresarse mucho para las fiestas, que quiénes con quiénes de la familia, la corrida, compras y más compras, gastos de lo que no se tiene para cumplir, comida por doquier y poco tiempo, si acaso algunos segundos para frenar y tomar conciencia de la celebración. La Navidad es una fiesta, un agasajo desde el alma, es excepcional vivirlo como tal, sonreír y disfrutar con todo el corazón. No importa lo que digan o piensen los demás, esas son las pocas cosas reales que se pueden atesorar, y para quien las sepa ver, las más hermosas que podemos compartir.


Conectados

Desde el punto de vista de las comunicaciones estamos parados en un mundo nuevo, no sólo ha cambiado la forma de comunicarnos sino las razones por las que lo hacemos. Sin querer encontramos entre las primeras consecuencias, que lo que se ha modificado sustancialmente también, es la percepción de nuestro entorno, y la manera en la que nos implicamos o no, en todas las cosas.

La cantidad de información que obtenemos, en promedio, ha crecido exponencialmente, incluso muchas veces recibimos simultáneamente una gama infinita de mensajes. Si bien la calidad de la información recibida no suele ser compleja ni difícil de asimilar, nos pone en una situación singular caracterizada por la pasividad, enfriamos la reacción, perdemos en gran medida el valor real del mensaje, si acaso realmente lo tiene, y evitamos procesos e interacciones más acertados, sean de convivencia, de resolución o de asimilación.

Muy posiblemente como educadores, lo que más nos conmueve es la generación de jovencitos que ha sincronizado su vida con esta nueva manera de recibir sus vivencias (casi diría de evitarlas, por el tiempo que permanecen en su informatizado mundo) dado que simultáneamente a lo que acontece en su día a día, realizan la transmisión de lo acontecido, en una mezcla de atención diferida, con una actitud pasiva frente a lo que se presenta, entremezclándose el actor, el espectador y el relator de cada suceso. Pueden contar lo que están haciendo, dónde lo están haciendo, con quienes están e incluso cómo, sin embargo y contradictoriamente no es mucho lo que realmente están, ni hacen, ni conviven, tampoco disfrutan de tantas vivencias con la profundidad que amerita el tiempo compartido, e incluso a solas. Hay una excesiva disponibilidad para comunicar en tiempo real, y una escasa atención verdadera, cada momento se vive más para la selfie que para atesorar, es poco lo que se habla mirándose a los ojos. Hay que reconocer también que gente de mucha más edad se ha adaptado perfectamente a ese estado de conexión permanente.

Particularmente y entre muchas otras cuestiones, la que más hay que cuidar es el valor real de lo que transmitimos y recibimos, estar comunicamos de la forma en que lo estamos puede ser absolutamente genial y valioso, o completamente vacío y una excesiva pérdida de tiempo. Tiempo perdido que se denota en cuanto no sabemos o hacemos, en lo poco que compartimos momentos verdaderos y de calidad con los nuestros, o en nuestras respectivas tareas, incluso el invaluable espacio del silencio y de encontrarnos con cuestiones esenciales que se nos pasan por alto cada día.

En el lugar opuesto, hay un desafío añadido para nosotros, competir desde la conexión más trascendente y enriquecedora, esa que necesitamos recuperar: conectar a la humana. Con todos, en todas partes, desde la buena educación y la cordialidad, levantar los ojos de las pantallas y mirar al otro, al que pasa por nuestro lado, al que viaja en el mismo transporte, al que comparte una jornada laboral o nos vende el pan, a nuestros compañeros de ruta, a todos…

Socialmente la riqueza más grande que podemos evidenciar es la forma en la que nos tratamos como comunidad, nos escandalizamos cuando vemos en las noticias diciendo: “…pobre aquel que pasó tal cosa…” o “…tal y cual otra…y otras tantas…” pero cuando pasa a nuestro lado no lo vemos, cuando alguien que pasa a nuestro lado necesita algo…no estamos, no escuchamos. Obviamente no queremos pensar que no nos importa, entonces ¿Será que estábamos distraídos? Porque de estas distracciones daremos cuenta más de una vez, porque no nos cuidamos entre nosotros. Tampoco queremos descubrir las razones, pero las mismas necesitan una rápida y real atención, quizás salida de un tiempo nuevo, del que tome vivir a conciencia, siendo consecuentes y coherentes de verdad, con lo que somos, con lo que queremos y con lo que hacemos.

¿Y cómo son las relaciones en familia? ¿Qué tan conectados estamos con los nuestros? ¿Sabemos de verdad disfrutar un tiempo nuestro de verdad, de intimidad familiar?

Otra de las relaciones que necesitamos revisar en sus formas es cómo conectamos con nuestros alumnos en la escuela. Si la comunicación on line vía redes sociales es como lo describimos arriba, tenemos que encontrar la forma de crear nuestra conexión en vivo y de absoluta exclusividad. Nadie más que ellos y nosotros, antes que los contenidos, antes que los conocimientos, antes que el reloj y la pizarra están las personas. El saludo cara a cara, el interés mutuo, la calidez de la presencia y el tiempo que compartiremos seguidamente. El vínculo entre quien enseña y quien aprende no es una cuestión al pasar. No somos un delivery de conocimientos específicos. Muy por el contrario, nos guste o no, estamos creando un vínculo exquisito, fundamentalmente de relaciones humanas, que luego de lo aprendido en el hogar, se proyectará sin límites en la vida de cada uno. Recordemos siempre que el tiempo de aprender es en ambos sentidos, y que la habilidad de encontrar a tiempo una manera especial y única de conectar es principalmente nuestra. Aquí la calidad de la educación surgirá únicamente de la cualidad de la conexión que logremos establecer entre nuestros alumnos y nosotros.

Está demás hablar de los valores, porque es aquí donde los valores hablarán por sí mismos. Hay una grieta gigante en los vínculos, en todos, y la superficialidad que le ha otorgado el permanecer conectados no precisamente a la realidad, no precisamente al otro. Coincidiremos en que no es lo mismo escribir ” ja ja” que reír juntos, tampoco escribir “abrazo” que abrazar. “¿Cómo estás?” mirando a los ojos necesita muchas menos palabras cara a cara que por escrito y… sí sí, una belleza las redes cuando no queda otra, pero no es lo común…

Entre los mejores y verdaderos, hay vínculos que no necesitan mucha más conexión que la del corazón, sin importar cuales fueren las razones, el valor de los vínculos más reales supera las redes, las palabras y el tiempo, después de todo es lo que somos.

La vida es mucho más que buena, y necesita de nosotros una receptividad mucho más amplia, es una inmensa oportunidad además de un regalo que sin querer desperdiciamos insistentemente en poco. Sin embargo, cuando lo recibimos con la disposición adecuada, descubre que el valor que atesora es de la más delicadísima perfección. Tenemos que aprehender una manera de conectarnos diferente, una conexión real. Redimensionar los vínculos verdaderos, en el hogar primero y cuanto se presenta en cada jornada, en cada tarea. Hay tanta riqueza, tanta belleza y tanta capacidad de cambiar y mejorar que dejamos pasar, viendo la oportunidad sólo cuando está a la distancia y no podemos hacer mucho, pero esquivándola cuando se trata de nuestro prójimo inmediato.

No necesitamos mas revoluciones en la velocidad de transmisión de datos, lo que verdaderamente necesitamos es una revolución dentro, buscando a la mayor velocidad posible todo lo bueno que podamos sacar para compartir, para hacer, para crecer y dar. Estar comunicados es genial, pero no sólo se sobrevive al silencio sino que es fundamental, para que no se nos pierda la conexión con el alma, porque no habrá proveedor de internet que encuentre eso que sólo nosotros, y únicamente Dios mediante, podremos hallar.

Es muy fácil distraernos, nos basta un enorme circo montado en una pequeña pantalla para olvidarnos de la infinidad de cuanto está esperando por nosotros, somos seres de relación, de relaciones más tangibles, no un hueco receptivo de un alud de palabras e imágenes que poco se relacionan con lo que buscamos, lo que hacemos y queremos. No nos baste aprender a vincularnos de una manera diferente, sino que enseñemos a nuestros hijos y nuestros jovencitos a hacerlo también.

Sería una pena no descubrir la belleza de establecer relaciones mucho más humanas y trascendentes, de valores reales y tangibles, no de palabras en el vacío. La necesidad de aprender, el tiempo real de estudio, el tiempo real de estar, el de hacer las tareas que nos tocan a conciencia, con una atención menos diferida, no sólo nos daría más satisfacciones por los resultados obtenidos, sino también menos stress. Es demasiada exigencia el nivel de atención que se nos propone, porque se vacía de la capacidad de acción, de encontrar soluciones y cambios reales. Con un poco de sentido común, no se trata simplemente del tiempo que no necesitamos perder, sino del maravilloso tiempo que podemos encontrar.