…en la escuela necesitamos integrar los valores…

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Guía para elaborar tareas desde casa, para los alumnos.

Aspectos valiosos a tener en cuenta en la confección de actividades durante la cuarentena.

¿Cómo comenzar..? Dado que hace unos días que le doy vueltas a la misma pregunta, intuyo que rendirme a la falta de respuesta será mas oportuno. Y es que si no estábamos preparados para esto… mucho menos lo estamos para preparar actividades y tareas en un contexto que nos preocupa y a veces nos quita capacidad de concentración. Sin embargo, nuestra cuarentena, la obligación de permanecer en los hogares, es ahora por lo que el desafío de acompañar y por qué no, contener un poco a nuestros estudiantes demanda un esfuerzo extra.

Me animo a decir que nunca hubiéramos imaginado una situación como la que hoy se vive en el mundo. La misma nos pone de cara a una infinidad de cuestionamientos, pensamientos y sentimientos. Lo mejor que sabemos hoy, es que la responsabilidad de cumplir las indicaciones que nos dan, serán decisivas en la evolución de los sucesos.  Y aunque me siento absolutamente diminuta como para hacer alguna clase de comentario al respecto, sólo te animo, estimado colega, a que apuestes de manera positiva a dar lo mejor de ti para acompañar a los estudiantes que tengas a cargo.

Muy posiblemente ya estés organizado para brindar algún apoyo extra a tus alumnos y cuentes con alguna plataforma o espacio en la que compartas habitualmente contenido con tus estudiantes. Si no es así, podrás encontrar cuando indagues, muchísimos servicios que se brindan a tal fin. Así que no me referiré a qué vehículo utilizar sino a algunos aspectos vitales a tener en cuenta a la hora de elaborar las actividades que propongas.

El primer y más importante de todos los aspectos, es comunicarte de manera amena. Si los adultos estamos angustiados, imaginemos los chicos. Sobre todo en los hogares en los que la sobreinformación o la circulación de toda clase de información (muchas veces falsa) roe la cabeza y el ánimo de sus adultos. Aquí juega un rol fundamental el lenguaje y la cercanía, incluida la calma, que transmitas a tus alumnos. Ofrecer una actividad que dice “Hola chicos, hagan esto…del punto 1 al 8 y me lo mandan el viernes” no ayuda mucho.

Tenemos clarísimo lo que les cuesta estudiar estando en la escuela, no hay que dejar volar mucho la imaginación para adivinar sus caras si están haciéndolo todo solos desde casa,  en un contexto abrumador. Por tanto, un par de palabras que hagan alusión a valores indispensables para este momento, que los anime a estudiar y sobreponerse al estrés que también los alcanza a ellos; serán ese ánimo y esa mirada de contención que les damos cuando estamos frente a frente.

Equilibra la cantidad de trabajo que das. A veces, de verdad… se nos va la mano. Todos en algún momento u otro a la hora de dar tarea, poco menos que esperamos la confección de una tesis. De esa manera los chicos tardan un minuto en desanimarse, descontando las quejas de la familia, que entre abuelos, padres y hermanos no hacen tiempo de terminar la tarea de todas las materias, de cada día (¿ lo han escuchado..?).

La cantidad de trabajo que pidas que realicen debe ser acorde a la edad, el contexto que sabes y conoces de tus alumnos, las habilidades que entiendes que han podido desarrollar, y el material o la ayuda a la que tengan acceso.

Intenta ser medido y justo, ni demasiada tarea, ni muy poca. No sobreexijas ni subestimes, ya sé que es demasiado pedir, pero sabemos hacerlo; sé que sabemos hacerlo, más que nada que nos asista la coherencia y el buen ánimo. Es la única manera de poner a funcionar la delicada misión de lograr aprendizajes oportunos, en un contexto diferente y complicado. Claro que no se trata de mantener a rajatabla cuanto contenido debamos dar, entendemos sobradamente qué es importante en este momento. Sin embargo, no podemos olvidar el rol que desempeñamos frente a ellos, no salir de casa no implica aislarlos de su espacio de estudio, al contrario, es una forma excepcional de sostener el vínculo con sus pares y docentes. Si hay un momento en que nos necesitan es cuando las cosas se ponen difíciles para todos. Somos parte de un engranaje social, que necesita más que nunca hacer funcionar un espacio de intercambio, aprendizaje y contención.

Sé exageradamente claro. Seguro que no hacía falta mencionarlo, pero insistamos, la claridad es fundamental. Si los chicos no entienden qué debían hacer, qué debían buscar, qué había que elaborar; resultará un ida y vuelta de preguntas y respuestas. Mejor una sola vez, lo más claro posible. Lo que nos lleva de paso a otro punto fundamental.

Deja espacios abiertos. Cuando sea posible, anima a tus alumnos a que construyan su propia manera de hacer la devolución de algún contenido. Díselos claramente, ofrece actividades o temas opcionales, dales oportunidad de enriquecer lo que propones o simplemente que puedan optar por algún aspecto  que les resulte particularmente curioso o valioso a modo personal.

Incluye material de apoyo. En este momento es un aspecto esencial, muchas veces nuestros alumnos no tienen las herramientas suficientes para encontrarse con el material apropiado. Mandarlos simplemente a que “averigüen en la web” puede ser para ellos tan agotador como frustrante. Si si, valiosísima herramienta, indispensable sin dudas. Pero tengamos en cuenta que nuestros criterios y conocimientos difieren de los suyos, no les resulta tan fácil elegir de entre miles de resultados justo el que pretendemos nosotros. De allí surje la importancia de ofrecer algún material de apoyo, documento, o explicación. Si es posible, intentemos también conectar con un bien tan grande como los libros, algo habrá en casa, sin ninguna duda. Todo es válido y necesario, aumentar las opciones dará riqueza y más oportunidades de mejorar las devoluciones.

Invítalos a pensar y a razonar más que a buscar información. Es genial salirse del esquema de preguntas y respuestas, intenta despertar su curiosidad. Contáctate con lo que piensan y sienten sobre algún aspecto de relevancia. Si bien la buena información es fundamental, lo que hacemos con ella la eleva al nivel de aprendizaje valioso y útil. Ayúdalos a razonar creando espacios para ello y eligiendo correctamente los temas que merecen la pena una atención especial o una mirada distinta.

Alienta el uso responsable de internet. Ponte al día con las indicaciones dadas por los organismos encargados en tu país. Habrás escuchado al respecto que se nos pide ser racionales en la utilización de un recurso tan valioso. Por ejemplo, se nos recomienda evitar la descarga de contenidos enormes e innecesarios. Utilizar las redes fijas disponibles para realizar comunicaciones de voz. Evitar, cada vez que sea posible, las videollamadas. No viralizar cuanta cadena se nos aparece en las redes sociales. Intentar mantener dentro del grupo familiar un esquema de utilización del servicio, etc. Recuerda que es un momento en el cual todos demandamos su uso, desde la actividad laboral, el estudio, el entretenimiento y las comunicaciones familiares. Explícaselo a tus estudiantes.

Una y otra vez saca lo mejor de ti. Si hay momentos para poner a flor de piel todos nuestros valores, éste, es uno de ellos. Los necesitamos frescos y vívidos para nosotros mismos y para los demás. Hoy más que nunca. Apelemos a la calma, a la racionalidad. Necesitamos ser dóciles y humildes para acatar cuanta indicación se nos provea de las autoridades correspondientes. La responsabilidad que nos alcanza, es infinita, estamos parados en mil lugares a la vez, como padres, como hijos, como hermanos, como vecinos, como profesores, como sociedad… Hoy todo nos alcanza y por qué no, también nos preocupa. Pero querido lector, que no nos supere. Desde un inicio nos hemos parado sobre cuanto ha de sostener nuestra frágil humanidad, nuestros valores, nuestra fe, nuestras certezas. Tal como he escrito a un costadito en el blog, que en tu hogar, no falte la esperanza, y más que nunca la oración. Que nos alcance un poco de esa sabiduría que olvidamos, para mantenernos fieles a nuestras convicciones. Que aprendamos a mirar mejor a los otros y ser tan altruistas como solidarios.

Que encuentres también en esta ocasión claridad y firmeza para estrechar ese vínculo tan personal y único con tus estudiantes. Que Dios te bendiga mucho, te de fuerzas y buen ánimo para ayudar a todos los que te rodean.

 


Construir el amor propio desde los valores

Construir una autoestima valiosa es un trabajo de toda la vida, el amor por sí mismos madura y se matiza hacia un lado u otro según el cardinal que sigamos y la forma en la que percibimos el entorno social, las pautas que va marcando la cultura y nuestro círculo cercano. Al igual que todos los demás aspectos que construyen nuestra humanidad, de manera individual y colectiva, hay vectores mejores que señalan caminos más sanos, valiosos y verdaderos para encontrarnos con ese amor propio, en contraposición a otros que empobrecen la calidad de ese amor y todo lo que resulta de él.

De esta forma, quedarían muchos aspectos incompletos sin referirnos a la manera en la que enseñamos a construir la autoestima y el amor propio a los niños y los jóvenes. Como adultos claramente podemos advertir que socialmente es un momento muy particular, en el que prima el egocentrismo, la autoridad de “yo, y lo que yo piense y sienta” por sobre todo lo demás. Y no es que no haya que quererse, muy por el contrario, verdaderamente hay que amarse. Pero para amarse realmente hay que abrir bien los ojos, y sobre todo el corazón, dado que este amor no deviene con ningún derecho ni reconocimiento social. Tampoco proviene de estar todo el día mirándose el ombligo para elogiarse, ni entretenido permanentemente en los deseos de un todo yo.

Aunque estas nuevas formas de “respetarse y quererse” aparenten ser para muchos la evolución extraordinaria de la cultura social y del individuo, en todos los sentidos no deja de ser un manojo de caprichos vacíos de racionalidad, de moralidad, de verdadera humanidad, y de amor genuino por uno mismo; mucho menos será capaz de encontrar el reflejo apropiado en los ojos del prójimo. La postura de yo y mi cuerpo, yo y mis gustos, yo y mis inclinaciones, y una interminable lista de “mis yo” denotan básicamente habilidades muy pobres de crecimiento, de madurez, y de búsqueda de verdaderos y valiosos aportes, descontando el prójimo…siquiera para sí mismos.

Sin duda alguna podemos responsabilizar a la ausencia de educación, de los meollos cada vez más penosos y profundos en los que insiste en sumirse esta nueva cultura del “vale todo” y “viva yo y mis verdades”. Es todo un mundo nuevo que arrasa (¿sin querer?) la coherencia, y que se apasiona por transgredir y por apetecer desmedidamente cualquier cosa; en una portentosa muestra de la fe y los valores fundamentales que fue perdiendo.

Claro que se entiende que sea infinitamente más fácil darle rienda suelta a los antojos y la flojera rindiéndose a cualquier idea o moda que se cruce, que tomar el trabajo de crecer y madurar en todos los sentidos. Pero en algún punto hay que darse cuenta, retomando un camino de dignidad y respeto muy diferentes. Como siempre, la credibilidad se demuestra andando, nos basta mirar de reojo los frutos de vivir de una manera y otra.

Es justamente aquí donde podemos ver que muy contrariamente a la forma de amor por uno mismo que se propone, hay una medida muy coherente y precisa de aprender el respeto y el amor por uno mismo, la de reflejarse en el respeto y el amor que realmente damos y sentimos por los otros, pero a la luz de verdaderos valores (muy lejos de “me das lo mismo”).

Consecuentemente, la autoestima que tenemos que enseñar a construir deviene detender la mano a los niños atender de verdad, no es lícito como adultos responsables desvincularse en ningún sentido del crecimiento de nuestros pequeños y jóvenes, sea cual fuere el rol que desempeñemos. Dejarles un hueco enorme porque no ponemos en ellos la necesidad de fortalecer sus virtudes, de no negociar valores intransigentes, de permanecer a su lado atentos para señalar el camino con mucho más acierto que “ve tranquilo por tus antojos”. Respuesta tácita de vanguardia en muchos adultos dado que: no me importa, no sé o estoy ocupado; triada común de excusas con soluciones breves tan obvias, que se leen entre líneas mucho más velozmente de lo que tardaría en escribirlas.

También tenemos que poner especial atención a lo siguiente, entretener a los jóvenes para evitar ocuparnos puede ser un negocio redondo para algunos, pero tenemos que ayudarlos a darse cuenta (con hechos) que valen mucho más que eso, que sus capacidades son ilimitadas, que no hay tiempo para perder si pudieran verse a sí mismos en la dimensión real de su valor. Necesitamos tomar tooodo el tiempo necesario para enseñarles a fortalecer sus virtudes, enseñarles la jerarquía de los valores humanos sobre cualquier corriente de pensamiento o ideología.

El verdadero amor por sí mismos, una autoestima valiosa, dista mucho de perseguir una y otra vez los propios antojos; porque que es fruto del conocimiento y del dominio de sí, de la coherencia de medir las propias inclinaciones a la luz de la razón y de la fe, conociendo de antemano qué cosas son buenas y qué cosas no, sin relativismos mediocres. Y en este punto los adultos somos los que tenemos que ajustar con más tino el calibre que usamos cuando creemos que estamos enseñando “nuevos y más amplios valores”, sin darnos cuenta de que pisoteamos verdades inmutables, tan valiosas como la vida misma.

Nunca olvidemos que nuestros pequeños son nuestra responsabilidad, que siendo sus adultos responsables, más oscuro y denso se pone el panorama, más luz necesitan que seamos capaces de reflejar. A propósito, no habría tanto espacio sin iluminar si estuviéramos más atentos para ellos, si pensáramos mejor cuanto espacio irreemplazable vamos dejando sin asumir.

Terminará siendo éste el reflejo más elocuente de cuánto valen, el tiempo que de verdad, en serio, estemos ocupándonos de ellos. No para llenarlos de cosas, ni tampoco de excusas, sino para darles ese amor, en valores, en palabras, en compañía. El amor por sí mismos crece en compañía del amor proveniente de los adultos.

Quizás, si ocupáramos más espacios de manera altruista, si construyéramos con ellos positivamente, con más seguridades nuestros valores y nuestra fe. Si educáramos con la alegría que refleja que sabemos qué cosas son realmente valiosas…

Quizás si simplemente dejáramos entrever que es a través de la mesura, de la templanza, que se conquista poco a poco la capacidad de aprehender para sí mismos lo bueno, lo verdadero e incluso lo realmente bello; seamos un buen ejemplo de la forma de construir una autoestima valiosa, capaz de proyectar para sí mismos, e incluso para los demás una genuina y preciada integridad.

El amor propio que deben aprender es el que sabe reconocerse a sí mismo a la vez único e igual a los semejantes. El amor que es capaz de reconocer para sí la necesidad de asirse de lo bueno con los pies en la tierra y los ojos en lo Alto. Siendo capaces de encontrar en la propia fragilidad la importancia de evaluar, medir y proyectar cuanto podemos mejorar, de aprender que el respeto verdadero deviene de valores verdaderos, sin subjetividades ni trampas. Ese amor por sí mismos está lejos de ser el número uno, ni el dos…ni el último, tampoco es capaz de observar remotamente algún aspecto físico que lo haga más pequeño o más grande. Por el contrario, su verdadera esencia se traduce desde dentro en la calidad de  lo que ofrecemos a los demás.

Quizás tenemos mucho para revisar, tomemos el tiempo necesario para ocuparnos, y más que nada pensar de verdad, la manera en la que estamos enseñando a construir este amor a nuestros pequeños.

padre e hijo

 


los valores desde la fe

Los valores humanos no sólo son indispensables, sino que debemos asirnos de ellos con todas nuestras fuerzas. Sin embargo, no deberíamos hacerlo de cualquier manera, dado que la libre interpretación de algunos de ellos hacen estragos, incluso algunos términos se han vuelto completamente ambiguos, confusos…Y es que humanamente …

Caemos con mucha facilidad en la idea de creer que una opinión es una verdad, que un punto de vista es la realidad pura y acabada, y que para ser tolerante hay que vaciarse de moralidad. Y vacío así cada uno y tan caudalosa la afluencia de “verdades” nuevas, pocas veces usamos en serio, pero de verdad lo que se nos ha dado para distinguir una cosa de la otra: la razón, a la luz de lo que tanto se nos exige omitir: la fe.

De todas las maneras posibles, la falibilidad de cuanto podamos escudriñar, defender y postular es infinita. Nos es tan lícito como sano pensar y repensar, intentar mejorar, ir por más, teorizar una y otra vez; todo es parte de nuestra esencia, de nuestra naturaleza humana. Pero hay un límite que hay que reconocer pronto y profundamente: el propio.

No hacerlo es pernicioso, no hacerlo implica muchos peligros; uno de los peores el del relativismo. El de la negación de verdades absolutas, inmutables, borronearlas con el codo caprichosa y apasionadamente trae miseria moral, pervierte el corazón, desanima espiritualmente… Se empobrece el mundo en manos de un relativismo tibio, con poca coherencia, tantas veces distanciado hasta de la lógica. Todo un mundo que corre en masa tras estas y aquellas premisas nuevas. Pocos se preguntan si son verdaderas o falsas, muchos menos las utilizan correctamente para llegar a darles su estructura lógica y llegar así a alguna valiosa conclusión.

¿Cuánto podríamos saber nosotros por nosotros mismos? Todo el conocimiento del mundo, de toda la evolución humana, quedaría en un instante sin aliento ante la magnificencia de la Verdad proveniente de Nuestro Padre. Y amorosamente puesta a nuestra disposición para encontrarnos cara a cara con El Amor, La Sabiduría y La Belleza en su real y acabada dimensión.

No podemos vivir arrojándonos una moralidad humanamente pobre; una suerte de cada quien haga lo que quiera que “todo vale”; que mi verdad, que la suya, que la del otro… Eso no es así, eso es ignorancia. Es pobreza de pensamiento, de corazón y de alma. No puede ser que todo nos de lo mismo. Que no se nos pierda el norte, usemos la inteligencia que se nos ha dado para pensar realmente, y discernir una cosa  de la otra. Posteriormente, claro, ofrecerlo también a los demás. No nos olvidemos que no se trata de “sálvese quien pueda” sino que la caridad nos exige mucho, muchísimo más. Y parte de esa responsabilidad está ligada al aprendizaje, al uso de la razón y a la coherencia, iluminadas por verdades absolutas, vacías de relativismo. Es un reto completo, en una sociedad que muchas veces nos pide tolerancia y respeto desvinculándolos de nuestros valores y nuestra fe. ¿Qué sería del mundo si así fuere realmente…?

Que nadie tema defender sus valores desde la fe, desde lo Alto siempre. El Amor y la Sabiduría de Dios nos sobrepasan, no cambian nunca. Lo abarcan TODO, y estamos, lo veamos o no, inmersos en Él. Proveernos de cuanto se nos ofrece sólo implica abrir el corazón, y aprender pacientemente. Personalmente y como he dicho antes encuentro la plenitud de la verdad en la Iglesia Católica.

Nutrir nuestra familia, nuestros hijos, nuestro entorno de ese Amor, conlleva ofrecer dulcemente de la fuente que hemos tomado, defender la vida SIEMPRE, amar y respetar pero no con una palmadita en la espalda de me da igual, sino departiendo con claridad lo que está bien y lo que no. Así se camina con conciencia y coherencia en la vida, eso es amor. No es amor, en cambio, que nos de igual si el otro cae por el barranco de puro capricho. Que no se nos olvide, eso no es te respeto, es me importas un comino; y eso es lisa y llanamente indiferencia. Contexto en el cual, ambas partes salen perdiendo.

No hay valores suficientes, no habrá nunca moralidad suficiente sin Dios. Nosotros, nuestros niños, nuestros jóvenes necesitan saber del Amor inconmensurable de Dios, y del camino que señaló de tantas maneras y con tanto Amor Su Hijo Jesús. No hay mayor sabiduría y amor más grande que podamos dar a nuestros hijos que hacerlos crecer en la fe. Estamos tan de paso aquí, que necesitamos asumir con la mayor plenitud y prontitud posible la belleza, la sabiduría y la paz desde la cual fuimos creados para encontrar verdadera felicidad.

Pero para ello necesitamos asirnos del bien, somos tan limitados y tan afines a buscar lo bueno “a la humana”, dándole mil vueltas peligrosas a valores indispensables, intentando acordar que tan bueno o malo puede ser determinado asunto, que esquivamos la verdad. La escondemos en un rincón, los que tenemos fe, muchas veces la maquillamos un poco o la interpretamos a nuestra perezosa medida sin dejar tiempo para saber de verdad.

Deberíamos acudir mucho más seguido a la verdadera fuente, dejamos a un lado lo sagrado, las enseñanzas de Nuestro Padre que ha sido absolutamente claro respecto de todas las cosas… Por mucho que nos cueste aceptarlo, solos no podemos, basta mirar alrededor, basta escuchar atentamente, basta “mirar los frutos” de hacerlo todo como se nos antoja. Y al colmo de lo antedicho vamos a los porrazos guiándonos unos a otros tan sueltos de conciencia, y tan hábiles para causarnos dolor. ¿Qué orgullo no nos permite abrir los ojos y el corazón para encontrarnos pronto con un bien capaz de manifestarse de infinitas formas? ¿Cuánto tiempo seremos capaces de añadir a las excusas de buscar y encontrar un camino de verdadera paz y felicidad? Ambas, por supuesto, fruto de la templanza, del silencio, de la oración y de la sincera voluntad de entrega.

De nuevo, solos, no podemos, solos no estamos, solos no hemos de encontrar cómo y quiénes debemos ser. Realmente no hay valor más grande que la fe, no hay mayor sabiduría que la de Dios, hacia allí tenemos que dirigirnos siempre.


Los valores y la educación sexual, desde la escuela y la sociedad

Acercar valores morales implica tener la mirada puesta en todo cuanto humanamente pueda hacerse de una manera altruista, que atesore en su esencia calidad y las mejores cualidades. El desarrollo de la sexualidad en nuestros jóvenes no está ajeno a la posibilidad de atesorar una forma buena de ser vivida. En la que puedan proyectarse aspectos que para muchos son obsoletos, como el amor, la virtud, la fidelidad, la confianza… A cambio, se los induce con una prisa inexplicable a todo lo que los aleja de una madurez más acertada de la afectividad, y de su propia integridad.

Cualquiera de nosotros podría afirmar que cada vez son más los espacios en los cuales podemos observar la liviandad con que se proponen nuevas formas de concebir la vida, los derechos y las costumbres. Ciertos aspectos de las nuevas propuestas transgreden burlonamente no solo valores éticos y morales, sino que sobrepasan la aprobación y el consenso de los padres cuando se hacen extensivas al ámbito educativo. Vulnerando (supongo que sin querer) el consentimiento de las familias; tal como está sucediendo en las escuelas en la forma de encarar algunos aspectos de la educación sexual en todos los niveles. Disiento profundamente al respecto y quisiera, entre cosas, deslizar el porqué desde distintas ópticas.

Realmente es en el sentido de la moralidad un mar de confusiones que se les plantea a los chicos, más allá de lo politizado y tan progresista de la cuestión como se plantea muchas de las veces. A la delicada evolución y desarrollo sexual propios de cada edad, se les avienta al libertinaje, a la iniciación sexual temprana y vacía, al vale todo y a la promiscuidad, en contraposición a la calidad de las virtudes. Dejando así de lado el conocimiento y dominio de sí, la construcción altruista de la autoestima, la consolidación de la propia integridad y respeto por sí mismos. Las nuevas formas que se proponen de encarar su sexualidad los deja confundidos, agotados, con una autovaloración muy pobre y dolorosa. Estamos cada vez más lejos de educarlos realmente en tal sentido, y me parece sumamente irresponsable de parte de los adultos, plantear “educación” en estos términos.

En tal sentido, el meollo del asunto se encuentra muchas veces en la cobardía de responder con una moralidad que no podemos perder; y dejarnos arrastrar por falacias enmascaradas en palabras que pretenden acercar nuevas verdades; cuando no son más arrojar viejas mentiras y vicios, en un contexto tan flamante como moralmente peligroso.

Por un lado resulta cómodo simplemente callar, por otro se ha vuelto cada vez  más difícil defender  oportunamente las convicciones, para evitar la violencia del insulto, la burla o la agresión gratuita y desmesurada. De un tiempo a esta parte, a la verdad que sostiene valores humanos genuinos se la ha llamado “intolerancia”; a las virtudes más imprescindibles “costumbres anticuadas”; a las obligaciones mínimas que sostienen los derechos “abusos”, y podríamos seguir un buen rato más, pero bastan los ejemplos para reconocer que se han ido sigilosamente de las manos  muchas cosas esenciales.

Gran parte de la habilidad manifiesta de avanzar incongruentemente sobre el límite entre lo que está bien y lo que no, es mezclar los términos, deslizar sigilosamente el significado real de las palabras y  proponer “nuevas verdades”. Estará de más decir que no hay verdades a medias, pero vale recordarlo. No se puede fragmentar la verdad y construir una nueva combinando trozos de verdades y mentiras. El debate de aseveraciones construidas sobre ambas, es una pérdida de tiempo absoluta para unos, pero una ganancia de espacio inmediata, aunque poco genuina, para otros.

No es posible sostener una estructura lógica correcta, mezclando palabras y sacándolas de su contexto real. Los términos como valores, derechos, vida, amor, no se pueden extraer del contexto genuino que expresa un bien, una virtud, un valor real para obtener en una macabra ecuación “derechos” nuevos, incluso en contra de la misma vida. Entonces, las cosas por su nombre, la vida no tiene discusión, sobre el derecho a la vida no hay nada que discutir. La promiscuidad, el vicio, la desviación, la vagancia, la delincuencia, la violencia en cualquiera de sus formas son lo que son, guste o no. No podemos cambiar la acepción y el valor real de las palabras por capricho, no puede someterse la humanidad entera a la distorsión de las palabras y de un camino de verdad y de bien, sólo por antojo. Todos tenemos derechos, todos merecemos respeto, todos tenemos la libertad de elegir, pero no hay intermedios entre lo que está bien y lo que no. Un poquito mal, no es bien. Un poquito de verdad y un poquito de mentira… no es verdad.

¿Qué verdad? La que no prescribe, la que resguarda la vida, la que reconoce valores éticos y morales permanentes, que con precisa magnitud orientan la calidad de nuestras acciones. Esa verdad que se reconoce en el amor verdadero y desinteresado (tan alejado del egoísmo que se propone) capaz de dar de sí sin cansarse. Tenemos que dejar de confundirnos y de confundir las cosas, sobre todo cuando llevamos educación, ni hablar desde el punto de vista de la fe.

Personalmente, encuentro una sola manera de hallar verdad, y es a través del amparo de la sabiduría proveniente del Amor de Dios. Como cristiana católica, encuentro en el amor infinito de Nuestro Señor Jesús todo lo que realmente es bueno, verdadero y bello, tal como ve nuestra fe las cosas de Nuestro Padre.

Por las dudas, todos cometemos errores y todos necesitamos ayudarnos unos a otros a crecer. Por eso no se trata de no equivocarse, tampoco de juzgar, sino de ser capaces de volver a la fuente a buscar verdad, encontrando la forma buena y correcta de hacer cada cosa. Tampoco se trata de quien es mejor, sino de enfocarnos en buscar el bien. Y como todo lo bueno está ligado al amor entre hermanos que somos, intentemos llevar lo que sabemos bueno a los demás, más que nunca cuando se trata de cuestiones tan sustanciales, para nosotros y nuestros hijos.

Sin dudas no es fácil defender algunos valores cuando se propone tanta confusión del otro lado, la violencia tan manifiesta de la mentira, es fruto de un orgullo muy difícil de entender y confrontar. Compartimos un ambiente que socialmente se viene cada vez más vacío de valores y virtudes, para ceder sin mucho esfuerzo ante la necedad, la mentira y la decadencia moral y espiritual.

El crecimiento y la paz son fruto de la templanza y no de la consecución de cualquier deseo o exceso. Y si bien cada uno tiene la libertad de elegir, no es lícito llamar bueno a lo malo, y viceversa, muchísimo menos incorporarlo en una nueva “educación sexual integral” en las escuelas, muchísimo menos pretender cambiar leyes a puro tropiezo de mentiras y errores. Mas desgraciadamente, a fuerza de ver lo que sufren los jovencitos que se dejan arrastrar por todas estas “nuevas formas” de concebir la sexualidad, mis certezas sobre las virtudes que se oponen a tales cosas son cada vez mayores.

Nuevamente, somos los adultos responsables, tenemos obligación de educar en valores, virtudes y verdad. A buscar lo bueno también se aprende, y muchas veces no es pequeño el esfuerzo que demanda aprehender tales cosas para sí. Claro que no esforzarse es más fácil, ceder a la pereza, incluyendo la espiritual, como ceder a cualquier otro vicio o deseo es cómodo, sencillo, está de moda y sirve al instante para encajar socialmente. Pero su fin es tan ruin como pobre, y su carrera tan desgastante como dolorosa. Ayudemos a nuestros pequeños y jóvenes a no transitar por allí, la libertad es de cada quien, pero la responsabilidad de avisar, enseñar y poner a resguardo es nuestra. Como siempre, Dios mediante, encontremos la forma. Desde la humildad, pero con la firme convicción de lo que es bueno y mejor.

Los mejores valores y virtudes, lejos de caducar son para traerlos cada vez que sea necesario, tiñendo nuestra existencia de calidad y una magnitud real que anima a procurar virtud. No nos quedemos sólo mirando atónitos, seamos siempre parte de los cambios que son para mejor. Cada uno desde su lugar, sobre todo desde el amor, hay contextos y situaciones que esperan, más que nunca, coherencia, valores y virtud de verdad.


Feliz Nochebuena y Navidad !

    Cuánto deseaba que pudiéramos acercarnos unos instantes! Ya 24 de Diciembre, increíblemente rápido transcurren los días y los meses, realmente anhelaba tomar el tiempo necesario antes que nada para agradecer la compañía, la búsqueda, el trabajo que toma cada quien y el compromiso impregnado de cariño que evidentemente toman en su tarea diaria. Como siempre mis respetos, mi abrazo gigante. Llegan aquí de muchísimas partes del mundo, todos tras la misma finalidad, aportando, dando, creciendo y ayudando a crecer, mi mayor afecto y admiración, hay tanto para hacer y tanto para dar..!

Que esta Nochebuena traiga paz, este mundo inquieto de verdad la necesita, que el amor inconmensurable de Nuestro Jesús transforme y fortalezca nuestros corazones. La Navidad es una oportunidad excepcional de pausar las cosas de todos los días para alimentar el amor verdadero, para fortalecer los lazos más importantes, para aprender a agradecer, a perdonar, a dar, a pedir lo que realmente vale la pena. Es tiempo para apreciar, para reconocer, para valorar, para mirar a los otros con el mismo amor con que somos vistos nosotros, con la misma paciencia, con igual ternura. Mi más afectuoso deseo de Nochebuena y Navidad en paz, que logremos colmar ambas de ese amor de verdad que puede todas las cosas. Dios mediante, encontremos siempre sabiduría para agradecer y fortaleza para aprender y dar.

Excelente 2018!!!

¡¡¡Muy, muy feliz Nochebuena y Navidad!!!

Pesebre

Gracias siempre…

Andrea

 


Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.


Aprender la paz

Ciertamente la costumbre nos hace asumir ciertas realidades sin objetarlas, cuestión de economía de esfuerzo que se torna muy valiosa para agilizar el día sin necesidad de cuestionarse demasiado. Sin embargo, sería una gran pérdida no renovar y enriquecer la forma en la que nos desempeñamos como padres o formadores en el aula, más aún, en nuestra vida (toda) sea cual fuere nuestra tarea.

Por mucho que ame mi trabajo, la vuelta a casa es un momento no solo de alegría, sino de un silencio que agradezco infinitamente, la escuela es naturalmente un lugar donde puede haber de todo menos silencio, claro. Sobre todas las cosas es cada vez más notoria la aceleración que tienen los chicos, la disrupción permanente durante las horas de clases, y la poca capacidad de concentración que tienen los chicos. Sería injusto decir que las nuevas generaciones se ha inventado solitas esta aceleración, a veces, bastante desmedida; se la han aprendido de sobra de todo cuanto les hemos puesto a la mano, incluyendo el ritmo de vida que nuestras propias aspiraciones demandan de nosotros.

Todos lo hemos sentido en carne propia, es el precio del mundo en su auge insaciable de estar en todas partes, conectados con todo, haciendo lo que se supone debemos hacer y sabiendo todo cuanto sucede en cualquier parte del planeta (y fuera de él también). Aclaro que los avances tecnológicos no sólo me encantan, sino que son realmente geniales en muchos sentidos. Mas no son las cosas, claro, sino lo que hacemos con ellas, y lo que ellas son capaces de hacer de nosotros.

Corrigiendo un poco… Queremos estar en todas partes, sin estar en realidad en ninguna. Estamos demasiadas veces aquí, pero con la cabeza por allá, y el corazón por otro lado, tanto espacial como temporalmente. Generalmente no acabamos de aterrizar en un lugar en cuerpo y alma, nos dimos a la tarea de aprender a hacerlo y pensarlo todo a la vez, hartos de habilidad y destreza para hacer, pero con un gran hueco en la fecundidad de lo que necesitamos ser y transmitir. Dejamos muy poco tiempo para el ahora, para el presente, cuando es lo único que tenemos en realidad, y lo único que podemos modificar. Es de lo más valioso que se nos ha dado, a modo de oportunidad tangible, a modo de regalo para disfrutar sin más, a modo de tiempo verdadero para crecer.

Hay una ilimitada riqueza que se pierde cuando no estamos conectados con lo que hacemos, y con el otro. Todo roza demasiadas veces lo superficial, lo que se pasa por arriba a toda velocidad y al rato siguiente se olvida. La riqueza real deviene de la paz que se adquiere en una percepción más auténtica, de vivencias más acabadas y menos fraccionadas. Es tomar el tiempo y el espacio necesarios, convocando casi sin sin querer una convivencia más serena, pero inmensamente más rica.

Es en paz que se encuentran los medios más apropiados para trabajar por un futuro realmente mejor. ¿Nunca se han planteado que el futuro será mejor sólo cuando logremos que el día de hoy lo sea? ¿Cuánto hacemos para que eso suceda?

No es un eslogan de motivación personal, es lo que construimos a la luz de lo que verdaderamente somos, y nos guste o no, no podemos reconstruir un sólo día del calendario para vivirlo de nuevo. Aquí hay un inmenso darse cuenta de lo que realmente vale la pena, del agradecimiento por el hoy, añadida la oportunidad de crecer y ayudar a crecer, cosas que sin una perspectiva desde un presente mucho más sereno, no pueden llegar.

Un corazón en paz, construye un rato y un lugar de paz, en el que hay espacio donde colocar muchas cosas buenas. Afortunadamente no sabemos a ciencia cierta nada sobre el mañana, pero tenemos en las manos un hoy que nos espera siempre, y que la mayor parte de las veces se va en un ayer incompleto y planea un mañana sin haber concluido verdaderamente su hoy. Ojalá también aprendamos a buscar más que nada el tiempo de encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con Nuestro Jesús cada día. Se nos ha perdido la humildad de reconocer que no somos nosotros la fuente de todo, que solos no podemos con nada, y que hay un Amor infinito que espera ese tiempo de calma para ofrecerlo todo.

Únicamente en paz, encontraremos la fuerza para sostener la mirada en el otro, para pensar mejor, para construir con firmeza solamente sobre lo bueno y para cumplir con madurez nuestra responsabilidad de enseñar un no o un si en paz. Son tiempos en los que se usa mucho un amiguismo y complicidad extraños entre padres e hijos y entre docentes y alumnos, sin embargo no se nos han dado en responsabilidad nuestros pequeños para trabar amistad, sino para amarlos, guiarlos, cuidarlos y preservar su integridad en el más amplio de los sentidos.

humildadCuando estemos listos para relajarnos un poco del ritmo de vida que se nos ofrece, cuando nos acerquemos más a la gratitud, a la buena disposición, a la capacidad de seleccionar en que cosas y de que manera invertiremos nuestro tiempo; encontraremos las respuestas que necesitamos, incluyendo las sonrisas y los abrazos que olvidamos, la calidad y la calidez de las palabras que hablamos, y la paz en el corazón que necesitamos.

Nuestros pequeños aprenden lo que ven ¿…les has preguntado que ven?

La paz es una puerta, una oportunidad inmensa. Si no se construye dentro carece de sentido y significado, es tiempo de convocarla, no como ausencia de conflictos, sino como cualidad esencial de aquello a lo que pertenecemos verdaderamente; y tenemos la dulcísima responsabilidad de transmitir, sobre todo desde el ejemplo, a cada uno de nuestros pequeños.


Los conflictos en el sistema educativo

Cada principio de año salen a relucir todas las cuestiones pendientes, las que son propias del sistema educativo no son la excepción. Más aún, son tan antiguas las falencias del sistema, que inevitablemente cada año se pierde tiempo en intentar “resolver” las mismas cuestiones, salario e infraestructura son los ejes principales. Nunca se resuelven, sino que se acuerdan con más o menos conformidad de parte de unos y otros. Sabemos muy bien lo lejos que estamos de un sistema educativo ideal, o siquiera realmente mejorado.

Se tiñe cada año del mismo color debido a la informidad de una sociedad que parece no estar muy segura de lo que busca, muchísimo menos de lo que encuentra a medida que los acontecimientos se suceden; puesto que aún funciona sin medir demasiado objetivos, causas y consecuencias. Un día los reclamos, al otro las medidas adicionales a los reclamos, como los paros; y al otro los acuerdos sin más. Un tiempito más y parece que aquí no paso nada. Un año, otro, y otro, pero seguimos sin comenzar a resolver de verdad. La culpa será de que siguen siendo más fuertes los intereses parciales que la conciencia de la necesidad del bien común, de un plan de verdad, un proyecto a mediano y largo plazo que exige cambios de calidad ahora, hoy mismo. Tomará muchos años sin dudas, pasará mucho tiempo hasta que se concreten los primeros logros, pero valdrá la pena, es un proyecto ambicioso pero necesario. Cuando suceda será sin perder ni ganar ninguna de las partes, todos ganamos… o todos perdemos, esa es la conciencia del bien común. No es una utopía, es un camino que no conocemos, pero que deberíamos aprender a transitar.

Sin dudas hoy podemos coincidir en que nadie defiende la educación perjudicándola, que nadie está gestionando mejoras si no mejora. Sigue siendo la educación lo más vulnerable, puesto que en medio de una lista de reclamos y devoluciones completamente válidas, se terminan perjudicando siempre los chicos.

Por las dudas, los valores que convocaron este blog surgieron como una necesidad evidente y apremiante de trasladar a la escuela. Los mismos una y otra vez han puesto en evidencia los mismos reclamos, por lo tanto, no se trata de estar en contra de los mismos, sino de cambiar las formas para ambas partes.

Será que siempre la vía de reclamo incluye perjudicar al otro? Y en educación…ni más ni menos…no se nos ocurre otra cosa? De parte del estado igual, quienes nos representan, quienes gestionan para todos y cada uno de nosotros el sustento, el crecimiento, la paz, el mínimo orden para que esto funcione…Cuántas veces se tropieza con la misma piedra?

Indefectiblemente para que la educación mejore hay que invertir, hay que cambiar en serio, hay que crecer. Es completamente cierto que los sueldos docentes son una calamidad, adicionado un sistema que no funciona, y nos deja sin cobrar muchas veces durante meses y meses, nadie puede dar educación de calidad corriendo todo el día con 12 o 15 cursos además del trabajo extra para el que necesitaríamos un día que dure mucho más que 24 hs. Ni hablar de la infraestructura, porque mejor ni hablar, es vergonzoso, sino roza lo inhumano muchas veces. Pero seamos realistas que este no es un tema nuevo. No nacimos ayer, vamos..! Pero en algún momento hay que ocuparse EN SERIO, DE VERDAD. Sino nos exponemos a lo mismo cada inicio de clases, y cada ciclo lectivo entero.

La educación en su sentido más amplio y profundo y la justicia, no pueden fallar, son dos pilares fundamentales en cualquier lugar del mundo. Basta un segundo para ver cuales son nuestros dos grandes flagelos. Somos muchos docentes los que tímidamente sentimos vergüenza por ambas partes desde hace muchos años. No nos sentimos representados ni por los sindicatos, ni por los gobiernos. No es el modo de dirigir un sistema educativo, no puede ser siempre la educación lo más vulnerable que tiene un país que aspira a crecer, sobre todo humanamente. Más allá de las horas de estudio, la calidad del sistema necesita revisar muchas cosas. La escuela necesita evolucionar, pero no lo hará sin una sociedad y una dirigencia que la acompañe. A las buenas intenciones hay que darles forma y vida cuanto antes.

Los reclamos sindicales (permítanme insistir: válidos todos) necesitan también una vía distinta, si el reclamo es justo no hay necesidad de perjudicar a quienes más queremos defender. No hay dudas de que los chicos tienen que estar en la escuela, todos estamos equivocados cuando creemos que los cambios y mejoras se gestionan así. No podemos abandonar a los chicos, y el estado no puede abandonar un sistema de educación que necesita tantísimo más que un presupuesto mucho más digno. Hay que pulir todas las cosas, los salarios docentes, la preparación de los mismos, la infraestructura escolar, y la responsabilidad de la calidad del trabajo de la comunidad educativa entera. En la forma en que se presentan todos estos aspectos, el trabajo docente tiene un alcance excesivamente limitado.

Realmente deseaba que el primer encuentro aquí del ciclo, hubiese sido otro, pero dada la prolongación de un conflicto que se ve extraño de todos lados, deseaba compartir este punto de vista. Agradezco también los comentarios que han dejado al respecto, entiendo bien cada disgusto, y de alguna manera lo comparto, sólo preferí no publicarlos para no iniciar un debate y discusión, no es el ánimo del blog importunar ni ofender a nadie, sino tomar las reflexiones como tales y obrar cada quien según su conciencia.

Dios mediante encontremos pronto una solución para beneficiar verdaderamente a todas las partes que alcanza este conflicto. Pero más que nada, nos despierte la realidad de que las que se escuchan, no son todas voces, de un lado y del otro hay tanto, tanto para cambiar que no hay tiempo que perder. Bajo todo el ruido de los reclamos y discusiones hay un silencio que espera el tiempo de aula, las horas de educación, el ejemplo de los valores a los que aspiramos, la paz  y la conciliación inteligente que necesitan ver los chicos de parte de sus adultos responsables, los representantes de los docentes por un lado, y un estado que debe ocuparse de representarlos a ellos y a sus docentes también. No debería ser una guerra entre ambos que desautoriza e ilegitima a las dos partes, sino la unidad en el bien del fin que se persigue, sino es así, es porque estamos faltando a la verdad.


Navidad…Navidad..!

Sólo por exagerar un poco (un poquito nada más…) parece que fue hace unas cuantas semanas que subí una imagen aludiendo al nuevo año 2016, casi inexplicable que me encuentre aquí finalizándolo juntos…

En lo personal fue un año de muchísimo trabajo así que siento, en primer lugar, que me hubiera gustado compartir más cosas, de hecho las he comenzado en varias oportunidades, sin tener tiempo de concretarlas. De todos modos, sé que más allá de los cambios en el calendario, habrá ocasión de compartirlas, y eso es genial.

A propósito de calendario, los viejos amigos habrán notado que me trae cada año la Navidad, ya saben cuánto me encanta y disfruto junto a mi familia. Intento valorarla con el espíritu y la alegría real que amerita, como la expresión más elevada del Amor Verdadero, Amor hecho Hombre, y al cual se nos convoca con tanta mansedumbre y dulzura. Una vez más los invito a vivirla con la misma alegría, mucho más allá de las corridas, las compras enormes como si fuera a acabarse el mundo, y las comidas interminables. Que no se nos olvide que es otra cosa, se trata del cumpleaños de Nuestro pequeño y dulce Niño Jesús, y del mismísimo Amor expresado en Su abrazo gigante hasta el final. Recordemos que Su Amor nos alcanza a todos, reservemos un rato a corazón abierto para recibirlo a Él, y que de la misma manera lo convoquemos para nuestros niños, ese es el regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos.

La relación que tenga cada uno de nosotros con Dios, con Nuestro Jesús o Su Mamá es tan única como el tiempo que necesita fortalecerla. Dedicamos tanto tiempo a tantas cosas y evocamos con tanta ligereza otras, que nunca nos avergüencen las cosas del alma, antes mejor pongamos las cosas en su lugar. No nos lleva a ninguna parte ser eternamente los reyes de las justificaciones, aprendamos de los frutos del Amor la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz y una infinidad de virtudes que son lo que más necesitamos en realidad.

Ojalá esta Navidad logremos darle verdadera vida al Pesebre en nuestro corazón, y nos enamoremos de La Pequeña Familia que allí nos espera.

¡¡Que todas las bendiciones los acompañen siempre. Feliz, muy Feliz Navidad…!!

pesebre07

 

Sí, es ciertamente un clásico estresarse mucho para las fiestas, que quiénes con quiénes de la familia, la corrida, compras y más compras, gastos de lo que no se tiene para cumplir, comida por doquier y poco tiempo, si acaso algunos segundos para frenar y tomar conciencia de la celebración. La Navidad es una fiesta, un agasajo desde el alma, es excepcional vivirlo como tal, sonreír y disfrutar con todo el corazón. No importa lo que digan o piensen los demás, esas son las pocas cosas reales que se pueden atesorar, y para quien las sepa ver, las más hermosas que podemos compartir.


Conectados

Desde el punto de vista de las comunicaciones estamos parados en un mundo nuevo, no sólo ha cambiado la forma de comunicarnos sino las razones por las que lo hacemos. Sin querer encontramos entre las primeras consecuencias, que lo que se ha modificado sustancialmente también, es la percepción de nuestro entorno, y la manera en la que nos implicamos o no, en todas las cosas.

La cantidad de información que obtenemos, en promedio, ha crecido exponencialmente, incluso muchas veces recibimos simultáneamente una gama infinita de mensajes. Si bien la calidad de la información recibida no suele ser compleja ni difícil de asimilar, nos pone en una situación singular caracterizada por la pasividad, enfriamos la reacción, perdemos en gran medida el valor real del mensaje, si acaso realmente lo tiene, y evitamos procesos e interacciones más acertados, sean de convivencia, de resolución o de asimilación.

Muy posiblemente como educadores, lo que más nos conmueve es la generación de jovencitos que ha sincronizado su vida con esta nueva manera de recibir sus vivencias (casi diría de evitarlas, por el tiempo que permanecen en su informatizado mundo) dado que simultáneamente a lo que acontece en su día a día, realizan la transmisión de lo acontecido, en una mezcla de atención diferida, con una actitud pasiva frente a lo que se presenta, entremezclándose el actor, el espectador y el relator de cada suceso. Pueden contar lo que están haciendo, dónde lo están haciendo, con quienes están e incluso cómo, sin embargo y contradictoriamente no es mucho lo que realmente están, ni hacen, ni conviven, tampoco disfrutan de tantas vivencias con la profundidad que amerita el tiempo compartido, e incluso a solas. Hay una excesiva disponibilidad para comunicar en tiempo real, y una escasa atención verdadera, cada momento se vive más para la selfie que para atesorar, es poco lo que se habla mirándose a los ojos. Hay que reconocer también que gente de mucha más edad se ha adaptado perfectamente a ese estado de conexión permanente.

Particularmente y entre muchas otras cuestiones, la que más hay que cuidar es el valor real de lo que transmitimos y recibimos, estar comunicamos de la forma en que lo estamos puede ser absolutamente genial y valioso, o completamente vacío y una excesiva pérdida de tiempo. Tiempo perdido que se denota en cuanto no sabemos o hacemos, en lo poco que compartimos momentos verdaderos y de calidad con los nuestros, o en nuestras respectivas tareas, incluso el invaluable espacio del silencio y de encontrarnos con cuestiones esenciales que se nos pasan por alto cada día.

En el lugar opuesto, hay un desafío añadido para nosotros, competir desde la conexión más trascendente y enriquecedora, esa que necesitamos recuperar: conectar a la humana. Con todos, en todas partes, desde la buena educación y la cordialidad, levantar los ojos de las pantallas y mirar al otro, al que pasa por nuestro lado, al que viaja en el mismo transporte, al que comparte una jornada laboral o nos vende el pan, a nuestros compañeros de ruta, a todos…

Socialmente la riqueza más grande que podemos evidenciar es la forma en la que nos tratamos como comunidad, nos escandalizamos cuando vemos en las noticias diciendo: “…pobre aquel que pasó tal cosa…” o “…tal y cual otra…y otras tantas…” pero cuando pasa a nuestro lado no lo vemos, cuando alguien que pasa a nuestro lado necesita algo…no estamos, no escuchamos. Obviamente no queremos pensar que no nos importa, entonces ¿Será que estábamos distraídos? Porque de estas distracciones daremos cuenta más de una vez, porque no nos cuidamos entre nosotros. Tampoco queremos descubrir las razones, pero las mismas necesitan una rápida y real atención, quizás salida de un tiempo nuevo, del que tome vivir a conciencia, siendo consecuentes y coherentes de verdad, con lo que somos, con lo que queremos y con lo que hacemos.

¿Y cómo son las relaciones en familia? ¿Qué tan conectados estamos con los nuestros? ¿Sabemos de verdad disfrutar un tiempo nuestro de verdad, de intimidad familiar?

Otra de las relaciones que necesitamos revisar en sus formas es cómo conectamos con nuestros alumnos en la escuela. Si la comunicación on line vía redes sociales es como lo describimos arriba, tenemos que encontrar la forma de crear nuestra conexión en vivo y de absoluta exclusividad. Nadie más que ellos y nosotros, antes que los contenidos, antes que los conocimientos, antes que el reloj y la pizarra están las personas. El saludo cara a cara, el interés mutuo, la calidez de la presencia y el tiempo que compartiremos seguidamente. El vínculo entre quien enseña y quien aprende no es una cuestión al pasar. No somos un delivery de conocimientos específicos. Muy por el contrario, nos guste o no, estamos creando un vínculo exquisito, fundamentalmente de relaciones humanas, que luego de lo aprendido en el hogar, se proyectará sin límites en la vida de cada uno. Recordemos siempre que el tiempo de aprender es en ambos sentidos, y que la habilidad de encontrar a tiempo una manera especial y única de conectar es principalmente nuestra. Aquí la calidad de la educación surgirá únicamente de la cualidad de la conexión que logremos establecer entre nuestros alumnos y nosotros.

Está demás hablar de los valores, porque es aquí donde los valores hablarán por sí mismos. Hay una grieta gigante en los vínculos, en todos, y la superficialidad que le ha otorgado el permanecer conectados no precisamente a la realidad, no precisamente al otro. Coincidiremos en que no es lo mismo escribir ” ja ja” que reír juntos, tampoco escribir “abrazo” que abrazar. “¿Cómo estás?” mirando a los ojos necesita muchas menos palabras cara a cara que por escrito y… sí sí, una belleza las redes cuando no queda otra, pero no es lo común…

Entre los mejores y verdaderos, hay vínculos que no necesitan mucha más conexión que la del corazón, sin importar cuales fueren las razones, el valor de los vínculos más reales supera las redes, las palabras y el tiempo, después de todo es lo que somos.

La vida es mucho más que buena, y necesita de nosotros una receptividad mucho más amplia, es una inmensa oportunidad además de un regalo que sin querer desperdiciamos insistentemente en poco. Sin embargo, cuando lo recibimos con la disposición adecuada, descubre que el valor que atesora es de la más delicadísima perfección. Tenemos que aprehender una manera de conectarnos diferente, una conexión real. Redimensionar los vínculos verdaderos, en el hogar primero y cuanto se presenta en cada jornada, en cada tarea. Hay tanta riqueza, tanta belleza y tanta capacidad de cambiar y mejorar que dejamos pasar, viendo la oportunidad sólo cuando está a la distancia y no podemos hacer mucho, pero esquivándola cuando se trata de nuestro prójimo inmediato.

No necesitamos mas revoluciones en la velocidad de transmisión de datos, lo que verdaderamente necesitamos es una revolución dentro, buscando a la mayor velocidad posible todo lo bueno que podamos sacar para compartir, para hacer, para crecer y dar. Estar comunicados es genial, pero no sólo se sobrevive al silencio sino que es fundamental, para que no se nos pierda la conexión con el alma, porque no habrá proveedor de internet que encuentre eso que sólo nosotros, y únicamente Dios mediante, podremos hallar.

Es muy fácil distraernos, nos basta un enorme circo montado en una pequeña pantalla para olvidarnos de la infinidad de cuanto está esperando por nosotros, somos seres de relación, de relaciones más tangibles, no un hueco receptivo de un alud de palabras e imágenes que poco se relacionan con lo que buscamos, lo que hacemos y queremos. No nos baste aprender a vincularnos de una manera diferente, sino que enseñemos a nuestros hijos y nuestros jovencitos a hacerlo también.

Sería una pena no descubrir la belleza de establecer relaciones mucho más humanas y trascendentes, de valores reales y tangibles, no de palabras en el vacío. La necesidad de aprender, el tiempo real de estudio, el tiempo real de estar, el de hacer las tareas que nos tocan a conciencia, con una atención menos diferida, no sólo nos daría más satisfacciones por los resultados obtenidos, sino también menos stress. Es demasiada exigencia el nivel de atención que se nos propone, porque se vacía de la capacidad de acción, de encontrar soluciones y cambios reales. Con un poco de sentido común, no se trata simplemente del tiempo que no necesitamos perder, sino del maravilloso tiempo que podemos encontrar.


Para incluirte mejor…

Es tanto cuanto escuchamos y decimos sobre la educación inclusiva que un paso atrás y con un poco más de perspectiva, reconocemos tantas interpretaciones como veces escuchamos la palabra inclusión. Por aquí también hemos ocupado un buen rato en reflexionar sobre las diferentes dimensiones en las que se concibe, y también en su real significado desde el origen de su concepción.

La educación inclusiva ha puesto en palabras concretas, un aspecto indispensable de la educación: la absoluta legitimidad del derecho a educarse de cada quien, según sus capacidades y necesidades, en un contexto cultural propio. Pero más que nada, como parte indiscutible de la dignidad humana que cada pequeño sostiene para sí, y que como verdadera responsabilidad habremos de revelar en la integración verdadera.

Una sola manera existe de incluir, y es reconociendo la propia individualidad y otorgando desde la calidad, las herramientas necesarias a cada niño y jovencito para desplegar al máximo sus cualidades y habilidades. Sin embargo, no basta el reconocimiento de la existencia de por sí y las capacidades individuales, sino la vocación verdadera de ayudarlos a encontrar más. Sin dudas, es un proceso de intercambio permanente, casi un desafío a las propias capacidades de quien educa…”¿Cómo podré ayudarte a alcanzar todo el conocimiento posible?”

Es entonces que reconocemos que necesitamos más que los conocimientos, más que la aprehensión de las propias normas y currículas, necesitamos flexibilidad para encontrar las formas conforme cambian los tiempos, las necesidades, las caritas, y el contexto en todas sus dimensiones. Así, hay pequeños valores que necesitamos retomar y que se traducen naturalmente en hechos. Es entonces que todo cuanto hacemos cada día, proviene del fruto de cuanto podríamos decirles desde la auténtica vocación de enseñar…

“Para incluirte mejor tomaré como punto de partida la verdad, y reconociendo juntos la realidad, encontraremos la manera de alcanzar no sólo lo que debes aprender, sino todo lo que necesites saber para lograrlo.

Para incluirte mejor tomaré el tiempo necesario para conocerte, y te invitaré a conocerme como un acto de respeto y reconocimiento mutuos, solo así valoraremos el significado un espacio tan único, como el tiempo de aprender.

Para incluirte mejor no te aburriré dejándote fuera de la comprensión de los contenidos, pero no me evitarás con tu indiferencia, deberás comprender esto muy bien. Quiero tus ojos y tus oídos puestos en mí cada vez que sea necesario. Te necesito atento, despierto, ávido de desafiarme con preguntas y listo para exponer tus habilidades.

Para incluirte mejor, podrás sentirte seguro, puesto que voy decirte “no” las veces que sea necesario, y te daré explicaciones al respecto sólo si es oportuno. Sé que hay cosas que aún no puedes comprender, pero estaré ahí para que encuentres cada uno de los límites. El resto llegará a su tiempo y será fruto de tu propia comprensión.

Para incluirte mejor te enseñaré a estudiar dándote suficientes trabajos y tareas, con práctica aprenderás a valorar tu tiempo, a disfrutarlo y a organizarte.

Para incluirte mejor, te desaprobaré todas las veces que sea necesario. No eres una calificación, pero ésta reflejará tus avances, será una herramienta valiosa para ambos. Prometo no mentirte, te diré cuando estás listo y cuánto es suficiente, porque sé de cuanto eres capaz.

Para incluirte mejor, te incentivaré cuanto sea necesario, aplaudiré tus logros, en definitiva los disfruto como si fueran míos, un día reconoceremos que ambos lo hicimos juntos, atesoraremos eso, ya lo verás…

Para incluirte mejor intentaré ver a través de tus errores también los míos, así no quedarán dudas de que ambos podemos mejorar, tu aprenderás mejor, yo aprenderé a mejorar mi forma de enseñar.

Para incluirte mejor, más que nada voy enseñarte a pensar y a razonar, también utilizaré todas las herramientas tecnológicas de que disponga, pero doy por sentado de que sin lo primero, lo segundo será perder el tiempo.

Para incluirte mejor, aprenderemos a ver desde distintos ángulos, pondremos en perspectiva una y otra vez todo el conocimiento que pase por nuestras manos, y tomaremos de él sólo para seguir construyendo, te necesito activo, te necesito ahí, te prefiero inquieto que absorto en un mundo que entretiene, manteniendo tus capacidades, tus gustos, y tus sueños demasiado tiempo al margen.

Para incluirte mejor sé hacer parte de mí tus carencias, te las devolveré satisfechas lo mejor que pueda, esperando que hagas igual con todos los que pasan por tu lado. Te lo recordaré una y otra vez, aprenderás mejor que todo, que cuanto pueda ofrecerte en conocimientos, es apenas nada para interactuar en el mundo, porque el valor más grande deberá aportarlo la forma en la que, Dios mediante, temples tu alma.

Conozco bastante tu risa, reconozco las dudas de tus silencios, para incluirte mejor prefiero encontrar en tus ávidos ojos pequeños, tus ganas de volar alto. No voy a pedirte que olvides tus sueños, ni tu origen, prefiero darte más para que vuelvas a ellos enriquecido, y aportes lo tuyo con seguridad, con alegría, con empeño, todas las veces que lo desees.

Para incluirte mejor, sentirás indudablemente cuánto podrás contar conmigo, mas estamos juntos todos los días y entiendo tu forma de cuestionarlo todo. A conciencia, tampoco has heredado un mundo resuelto, pero deberás estar listo para él, porque no quiero saber lo que el mundo puede hacer de ti, sino cuanto tú eres capaz de cambiar el mundo.”


Nuevos desafíos

2016La experiencia adquirida con una buena cuota de sentido común, se enriquece si la colocamos en perspectiva y la utilizamos para construir.

Particularmente, cada año que comienza nos invita a proponernos nuevas metas, nuevos desafíos. Sé que para muchos no tiene gran sentido esta óptica, simplificando su significado a un cambio de calendario, un año más…Sin embargo, con mejor ánimo, representa también una genial oportunidad. Una oportunidad que no se puede despreciar, dado que hayamos podido verlo o no, son muchas las cosas que cambian en el tiempo.
Individualmente y para cada quien, es infinita la cantidad de cuestiones que podemos replantear y mejorar. Indudablemente, cada uno de los aspectos que nos atañen es perfectible en innumerables sentidos. Si hablamos de la sociedad se multiplica esa infinidad por el número de personas que la conformamos. ¿Qué hicimos? ¿Qué esperamos? ¿Qué queremos realmente? ¿Cuánto somos capaces de dar, de crecer, de ofrecer…?
Muy especialmente podríamos encontrar acertado desafiar muchas de las formas convencionales para vincularnos con una realidad mucho mejor. Me atrevería a decir más adaptada a necesidades reales, a cuestiones verdaderas que deslizamos sigilosamente a un lado. Sabemos cuáles son, casi diría que intuimos bien cómo resolverlas. Lástima que la moda es hablar de los problemas, opinar mucho sobre ellos, pero no tomar el compromiso de resolverlos, siquiera a veces, de ayudar a mejorar un poco las cosas…

Todos somos capaces de hacer nuestro descargo, en lugar de hacernos cargo de la parte que nos corresponde. Y eso es parte del problema, pero quizás también sea un buen punto de partida para redoblar el desafío este nuevo año. Hagamos más, hagamos mejor, cuidemos más las formas para con nosotros mismos y para con los dos demás.
Demos paso a palabras nuevas, palabras que unen y fortalecen, palabras que curan y cambian a las personas, demos y seamos paz, respeto, amor, perdón, integridad. Sepamos salir de lo convencional sin tener temor de ser distintos, los cambios más grandes provienen de personas que no han temido marcar diferencias. Necesitamos un poco más de coraje y alegría para no dejarnos arrastrar por una corriente que en muchos sentidos no nos convence. Lo que es bueno, hace bien, y lo que hace bien es fruto del esfuerzo que realizamos.

Somos seres humanos, dejemos que lo mejor de nosotros provenga del alma, del interior, y no de afuera. Hasta que no nos encontremos desde nuestra humanidad, increíblemente capaz de forjar cambios y encontrar sabiduría, no hallaremos demasiado que nos satisfaga. Es tanta la belleza que no se oculta, y nos empeñamos en buscarla donde no está…mejoremos de verdad. Caminemos cada día con más seguridad en las pequeñas certezas que hayamos podido encontrar.

Hagamos el bien sin dudar, desde nuestros gestos, nuestras palabras, nuestras acciones. No sólo hacia afuera, sino también para con nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene, pero cuando realmente lo aprehende para sí, no ha de encontrar otro camino más que ofrecerlo.
Hasta aquí, mi bienvenida a este 2016, que sea de grandes cambios, de paz, de encuentro, de nuevas alegrías, de valores vividos. Antes de compartir otros temas aquí, y como primer deseo, va mi desafío a encontrar cada quien dentro y fuera de sí nuevos aspectos que iluminar y mejorar. Claro que no podría decir cuáles, dado que los más valiosos los encontrará cada uno desde lo que es tiempo de aprender y lo que es tiempo de dar.
Como padres, como guías, como educadores, como comunicadores, somos parte de un eslabón indispensable, el que señala caminos, el que da el ejemplo, el que encuentra formas nuevas y mejores…

Buenos desafíos y mejores logros, excelente comienzo de año..!!

 


Muy cercanos a las fiestas..!

arbol de navidadHola! Casi casi sobre la hora, pero ni diminuta posibilidad de que llegara fin de año sin haber hecho tiempo de desearles una excelente Navidad y comienzo de Año Nuevo.

Como mencionara más de una vez, el alma del blog es compartir ideas, experiencias, puntos de vista…abrir una ventana para mirar juntos, si la vista es prometedora cada quien sabrá encontrar la puerta para ir al encuentro de cuanto podamos descubrir de positivo y valioso. Y claro, guiar, compartir, dar y enseñar de la mejor manera todo cuanto hemos aprendido o tenemos para aprender.

Realmente siento que son más las cosas que cambiaron que las que hubiera imaginado, hay más para comprender y asimilar que nos ha dejado a muchos expectantes, quizás un poco ansiosos, pero absolutamente repletos de esperanza. Estamos parados en un lugar distinto.

Inevitablemente se siente la necesidad de respirar profundo y detenerse para pensar, para recalcular los caminos, las formas, los deseos y las posibilidades. Aquí ha pasado mucho y se siente, fue un año diferente, repleto de expectativas para todos, de un lado y de otro inexorablemente había mucho para pensar. Eso se notó, y también fue bueno.

Tácitamente me refiero a cuestiones que nos incumben a todos, pero dejo la interpretación a la libertad del amigo lector para extender la sensación a todo lo que nos sucede, social e individualmente, aquí y en cualquier parte del mundo.

No quiero escribir mis conclusiones, es una invitación a pensar, seria, pero relajadamente. De manera inteligente pero con el acabado de una sensación de paz y alegría.

Me quedo con eso, y el intento de traducir en estas letras mi sincero deseo para estas fiestas, he dicho que me gusta mucho la Navidad. La disfruto con el corazón, creo que de eso se trata.

Deseo que puedas sentir lo mismo y sobre todo que el regalo de Amor más grande que nos ofrece la Navidad te envuelva y guíe tus palabras y acciones. Te otorgue siempre fuerzas para realizar tu propia obra de amor. Te brinde paz, a través de la oración, para encontrar la forma precisa de realizarla. Y te regale mucha alegría y bondad suficientes, para compartir cada día con los demás.

¡¡Muy, pero muy Feliz Navidad y excelente Año Nuevo !!

Pesebre

Gracias siempre…!

Andrea


Para educar necesitamos límites

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

Creo que no hay duda al respecto, uno hace y dice lo que saca de adentro, cuanto expresamos proviene de la sumatoria de lo expresado anteriormente y muchísimo más, pero basta en éste para ilustrar la importancia de hacer alcanzable una educación verdadera, basada en los valores humanos primero, sin los que no hay la más pequeña posibilidad de alcanzar conocimientos.

Muy posiblemente coincidamos todos, en que en cada lugar se percibe la educación escolar de una manera diferente, cada escuela es una casa. Por más que todos dependamos del mismo sistema educativo, en cada escuela han de leerse e interpretarse las normativas, las currículas y los instructivos de manera parecida pero con diferencias subyacentes muy propias, que dependen en gran medida de la comunidad escolar, y eso está muy bien. Precisando un poco, eso está muy bien cuando realmente se apropia de las necesidades de la comunidad escolar y logra satisfacerlas. Claro, no me refiero a satisfacer caprichos, sino satisfacer las necesidades reales, poniendo educación donde no la hay.

Nuevamente vale destacar sobre los demás, el problema de la disciplina y la violencia en la escuela, no es necesario extendernos demasiado respecto de lo que se ha dejado a un lado para ostentar inclusión e igualdad, prácticamente sin traer ninguna de las dos en realidad. (En referencia al tema Inclusión educativa… )

El desafío más grande radica en encontrar el medio que otorgue congruencia entre el espacio para aprender y el aprendizaje efectivo. Y a la hora de gestionar las reglas y normas de convivencia, verdaderamente estamos desarmados frente a nuestros alumnos. Muchas veces no sólo es una dificultad la apatía que caracteriza de manera natural algunas etapas de desarrollo, sino la que deviene de una situación de marginalidad social y económica, incluso sea que provenga de una sumatoria de todas éstas. Cual fuere la razón, perdimos lo más valioso, el respeto, la armonía de la convivencia que promueve siempre buenas cosas, porque efectivamente un clima cordial siempre trae algo mejor. Porque da lugar a cuanto cada uno puede aportar de positivo, sean preguntas, respuestas, o un buen rato de compartir lo que surja de positivo, incluso también el silencio de la grata compañía y reconocimiento de los otros.

Como fruto de la manera en la que se han desarrollado los últimos tiempos, encontramos claramente que hay una situación social que nos supera, y como es la sociedad la que va a la escuela, lisa y llanamente ha de depositar en ella todas sus falencias, todas sus necesidades, los sueños, las derrotas, las frustraciones, la violencia excesiva…aquí nace el hoyo más grande y perjudicial, el del todo vale, el de la permisividad, el de la falta de autoridad. Detrás de los cuales desfilan casi haciendo alarde, un semianalfabetismo que preocupa, una violencia física y verbal en los chicos que realmente asusta, y una falta de límites que ellos mismos han sabido devolvernos con creces, cada uno de los días en el aula de clases y fuera de la escuela también. Hay mucho para hacer, no cabe ninguna duda…

Si hay una sincera voluntad de brindar educación a nuestros pequeños, van a tener que permitirnos educar de verdad, porque estamos perdiendo seriamente el terreno de la siembra, y perjudicando profundamente la posibilidad de que alcancen conocimientos.

Si no podemos hablar en clases para enseñar se complica muchísimo que los chicos aprendan. Como siempre el daño más grande lo recibe la educación pública, no hay vuelta que así como se corrompe la política, se corrompe todo su ámbito de influencia. Sería genial alejar un poco la educación de cada momento político, porque pierde racionalidad y coherencia, además de la posibilidad de sostener un plan flexible pero serio a corto y largo plazo, la educación necesita ser independiente de los intereses de cualquiera y en este sentido, debería ser intocable…incorruptible. Y evidentemente nuestro sistema educativo está corrupto puesto que ha alterado su finalidad original, se ha deteriorado. Está vendiendo certificados y perdiendo conocimiento por facilismo a cambio de poder y permanencia, ya no educa de verdad. Pero lo que es más triste, es que se nos dificulta cada día más a nosotros, los del aula, los de abajo de todo, sostener educación con un poquito más de coherencia, es muy difícil y por penoso que resulte decirlo, muy agotador.

No cabe conocimiento donde no hay disciplina, no se aprende donde no hay orden, no se convive sana ni alegremente donde la violencia verbal o física está la orden del día, necesitamos darle vigencia a un sistema que contemple primero la racionalidad a la hora de convivir. Esto no necesariamente significa concentrarse en el castigo por lo malo, sino en dar claridad a lo bueno, no importa si viene impreso en una norma o proviene de la aprehensión genuina de los valores. Tampoco significa que hay que saltear la sanción, porque así como dos más dos es cuatro, está claramente demostrado que una sanción imprime un límite, y los límites son imprescindibles en términos de derechos y obligaciones para convivir en comunidad, ni que hablar para aprender…

Tomemos tiempo para traer a conciencia las dos consecuencias más claras de la falta de límites y autoridad:

La violencia excesiva, esa que no encuentra un freno, que necesita contención real porque no sabe dónde cesar. Contener no significa sólo abarcar o abrazar, contener la violencia no es soportarla ni sostenerla, contener la violencia es saber decir NO, saber decir BASTA, saber decir HASTA AQUÍ.

Y por increíble que parezca, eso es lo que más valoran los chicos, tanto los autores de la violencia que no saben cuándo, ni cómo parar, como los que la reciben y la soportan sumisamente. Nos guste o no, los chicos también aprenden en la escuela a comportarse, y para eso es necesario exigir una norma y un reglamento acorde. La convivencia en la escuela es una pequeña práctica de la norma social, implica antes que nada sacar a relucir valores plasmados en normas éticas y morales. Y vale la pena reiterarlo, donde no hay orden no hay lugar para el conocimiento. La consecuencia evidente y clara es que los chicos no aprenden, y como falla el sistema esquivando cuestiones que no sabe o no quiere solucionar, trae a colación la necesidad de una aprobación ficticia. No hay méritos, no hay aprendizaje, no hay esfuerzo, no hay educación, no hay calidad, no hay inclusión, mucho menos igualdad.

Donde no hay igualdad no hay justicia, ni en lo pequeño ni en lo grande, donde no hay educación no hay oportunidades ni progreso. Donde no hay calidad no hay posibilidad de cambio, ni prosperidad, ni crecimiento, y en este punto podría volver a empezar exactamente en el mismo lugar…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

¿Qué expresan hoy nuestros chicos? ¿Qué expresamos hoy individual y socialmente?

De alguna manera necesitamos recuperar la posibilidad de dar todo eso que queremos, somos tantos los que pensamos igual, somos tantos los que queremos ver a los chicos más felices, más capaces y educados, con un horizonte de oportunidades más claro, lo piden de todas las maneras posibles, la sociedad también, podemos quedar perplejos a diario observando los límites de decadencia moral a los que llegamos. Si tenemos más suerte, nuestro sistema educativo tomará caminos que necesitan una revisión seria y profunda, mientras no suceda, acordemos cambios, vivamos los propios valores con la firmeza que necesita ofrecer educación a conciencia, impregnada de valores, esa es la seguridad de los chicos, ya se les ha quitado demasiado, seamos quienes les ayuden a recuperar todo cuanto necesitan aprender.


7 maneras simples de enseñar valores humanos en la escuela

Proponerse trasladar valores humanos a la escuela no necesariamente incluye la incorporación de una nueva materia, o la inclusión de actividades puras y exclusivas de cuestiones éticas o morales. Por el contrario, cuando podemos incorporarlos a cualquier materia, en todas y cada una de las clases, es cuando toman la dimensión más valiosa de lo cotidiano, de lo real, trascendiendo un marco puramente teórico para incorporarlos a la realidad de todos los días.

Creo así que vale reflexionar sobre las maneras más simples de llevar los valores humanos a la escuela para enseñarlos, sin perder la esperanza cuando no hay materias ni actividades específicas en la mayoría de las escuelas.

La primera y principal de las cuestiones sobre la que necesitamos reflexionar, es la relación que mantenemos con nuestros alumnos. Ésta necesita una seria reflexión personal, cada maestro, cada profesor ha de asumir un vínculo sano para ambas partes, tanto quien enseña, como quien aprende necesitan un espacio de respeto y confianza mutuos.

En el proceso de aprender y enseñar se exhiben permanentemente todas las cuestiones que de cada una de las partes necesitan atención. Un vínculo sano y valioso entre ambas partes incluye entre otras cuestiones empatía, respeto y confianza como herramientas básicas de comunicación, convivencia y coherencia.

Todas ellas antes de presentar cualquier materia, todas necesitan vincularse a nuestra tarea cada uno de los días, difícilmente sin ellas se pueda enseñar o aprender algo. Más aún, no es un lugar apropiado donde pasar la jornada, un clima que no sea capaz de sostenerlas.

Es necesaria la empatía como el reconocimiento único y fundamental del otro, a través de la empatía somos capaces de salir de nosotros mismos para reconocer la valiosa humanidad del otro, y cuanto como guías y educadores necesitamos encontrar y reconocer para brindar oportunamente la enseñanza apropiada.

El respeto es una consecuencia de la empatía, sólo así será real. En el respeto se funden incondicionalmente una serie de valores y actitudes que exhiben cuanto ha de requerir un profundo aprendizaje. (Más en El respeto…)

La confianza es el único puente que posibilita el proceso de enseñar y aprender, si esperamos que nuestros alumnos aprendan necesitamos que confíen en que podemos enseñarles algo. Y esto también implica enseñarles la disciplina, el orden, la tolerancia, la paciencia, el esfuerzo y la claridad de las reglas.

La fortaleza del vínculo con nuestros alumnos está precisamente reflejada en estos aspectos, en la calidad y en la cualidad de la relación. Y lo hayamos asumido o no aún, somos como educadores parte de los vínculos más importantes que han de tener nuestros pequeños y jóvenes aprendices en su vida. No somos simples transmisores de conocimientos, puesto que no sólo le damos vida a los mismos en nuestro énfasis, en la propia mirada y perspectiva, en el entusiasmo y calidez que propongamos frente a los contenidos, sino que los ponemos en perspectiva para construir con ellos.

Buscamos en el conocimiento humanidad, buscamos vigencia, buscamos proyectar la vida y las habilidades de cada uno a través de lo que ponemos en las pizarras, en los cuadernos, en las palabras. Eso es un educador, puesto que no estamos creamos robots programados, buscamos valores y la proyección de cada una de las vidas que pasan por nuestras manos a través del conocimiento. Eso le da una dimensión real a la tarea de educar, eso es lo que necesitamos que nuestros alumnos reciban. Tal es la importancia de revisar de qué manera nos relacionamos nosotros con ellos, de qué manera nos relacionamos nosotros con el conocimiento, y cómo haremos para que nuestros aprendices reciban ambas cuestiones amalgamadas. Calidad y cualidad… no es sólo conocimiento, no es sólo una relación vacía de humanidad, por el contrario, la riqueza y la profundidad de ambas ha de guiar procesos nuevos y valiosos por donde se vea.

El primer aspecto entonces es quizás el más relevante, puesto que enlaza de muchas maneras los que seguirán. Sin necesidad de explicaciones precisas las otras formas de enseñar valores humanos y exponerlos cada uno de los días implican:

* Enseñar y sugerir permanentemente lo que sí está bien, lo que sí esperamos de los chicos. Es vital confiar en que son capaces de sostener con muchísima coherencia una convivencia más sana, cuando les señalamos el camino. No sólo corregir, sino además de corregir…

* Ser congruentes con lo que decimos y hacemos, tanto sobre las normas establecidas, sobre lo que beneficia el orden, el respeto y la disciplina como con la manera en la que reflejamos nosotros mismos la propia discursiva. Los chicos se asegurarán una y mil veces, de todas las maneras posibles que lo que dijimos es lo que hacemos, en premios, en sanciones, en objetivos cumplidos y en los plazos pautados. Los chicos necesitan claridad, y la contradicción entre una cosa y la otra los desorienta. La congruencia no es más que la palabra llevada a la acción, cuando existe sin lugar a dudas hay confianza, claridad y consistencia.

* Ser precisos con nuestra actitud, nuestras palabras, nuestros gestos y la forma en la que se sienten percibidos por sus docentes es fundamental. Aportamos cosas positivas y enriquecemos y amenizamos el clima de trabajo o somos un lastre, un tiempo que se pierde en calidad y una infinita gama de cualidades nombradas un poco más arriba. Así como nos gusta o nos disgusta la actitud de nuestros alumnos, seamos ejemplo de una actitud más positiva, más clara. La confianza necesita un vínculo ameno, claro y consciente de lo que se expone cada día desde la humanidad de cada uno.

* Valorar el tiempo compartido, invertido y necesario, tanto como parte de la convivencia como vehículo del aprendizaje. El estímulo evidente y claro sobre el buen tiempo trabajado, el buen rato compartido en el que cada quien puede hacer su aporte, y en el que todos pueden enriquecerse permanentemente es el primer paso para aprender el respeto. Para valorar los propios tiempos y los del otro, además de fortalecer la autoestima y proyectar para cada uno más de eso que “estuvo muy bien”. Es una forma ideal de terminar cada clase y proyectar la siguiente.

Los últimas dos maneras de llevar valores a la escuela, van de la mano y se ligan más a la tarea del docente, valen tanto para los contenidos específicos de cada materia como para todo cuanto queremos enseñar a nuestros alumnos, estos son la paciencia y la revisión. La mayoría de nosotros (aunque depende mucho del lugar donde se trabaje) podemos tocar el colmo de la indignación y la incertidumbre preguntándonos dónde iremos a parar con estos jovencitos que no atinan demasiadas veces ni con sus actitudes, ni con sus estudios. La piedra de tropiezo más grande está disputada permanentemente entre la falta de educación desde casa, la falta de límites, la decadencia del sistema educativo que contradictoriamente cercena la educación de muchas maneras, las carencias de todo tipo, y es aquí donde caemos en la cuenta una y otra vez que la crisis de valores es muy seria. En respuesta muchos intentamos cargar con la cuenta y hacer algo al respecto…¿Si vale la pena…? Claro que sí! Un millón de veces. Sabemos que no es trabajo de un día, ni de un rato, hay mucho que se ha puesto tácitamente en contra de la educación en muchos aspectos, es simple hacer el análisis. Sin embargo, sentimos la responsabilidad de ir por más, eso está muy bien y es muy necesario.

Como siempre, “cada maestrito con su librito…” pero lo que lea y escriba cada maestro o profesor en su propio libro de enseñanza y aprendizaje, cambia vidas. Nuestro propio librito debe estar impreso con cariño, con responsabilidad y con respeto, en un exquisito y delicado tono de revisión y paciencia.

Estamos allí para algo, hagamos que valga la pena cada vez, y sin que medie una materia especial y específica, cada día podremos llevar valores humanos a la escuela.


Pausa

Con una mano en el corazón, me atrevería a confesar que el título resume cuanto se podría leer aquí, y es quizás más que nada porque hace referencia a la pausa que muchas veces necesitamos hacer para mirar mejor e intentar trasladar el granito de arena propio, nuestro aporte positivo y necesario de cada día.

Ningún aspecto escapa a los valores humanos cuando necesitamos un replanteo serio, un momento para recalcular los objetivos, los medios y la invaluable capacidad de ver la realidad sin subjetividad. Así las causas y sus consecuencias mansamente se vuelven evidentes, y sin más se aclara el rol que cada uno debe desempeñar para mejorar las cosas.

Abrir los ojos de verdad y ver lo que está pasando especialmente a nivel social, necesita también una seria pausa de revisión. Cuanto más si nos referimos a la educación, que intenta justamente colocar en el camino de la vida de cada uno, la capacidad de aprender, de tomar conciencia, de adquirir no sólo destrezas y conocimiento, sino imprimir en ellos la calidad de lo humano y valioso. Eso le da un sentido real a cada uno, encontrando afinidad en la forma de relacionarse con los demás y cualidad en el desarrollo individual. Creo que ningún educador ha de privarse de tal menester, puesto que debe transformarse muy a menudo en una herramienta fundamental. Sin ella, no hay cambios ni progreso.

Una pausa otorga siempre claridad, porque es la única capaz de desconectar la influencia de la prisa diaria, de la rutina de la obligación y la imposición de los deberes, del exceso de información más una extensa lista de añadidos extras. Es aquí, donde la necesidad de un intervalo, es la única posibilidad de importar señales de coherencia, de credibilidad y responsabilidad, por ser capaz de otorgar un alto a lo común, a lo que está sucediendo justo frente a nuestros ojos y lo usual, nos lo ha vuelto normal.

La repetición ha adormecido la conciencia de lo humanamente inaceptable y la capacidad de rebelarnos contra ello. La falta de reacción que hemos adquirido se ha vuelto en contra de lo bueno, de los cambios que sabemos que necesitamos generar hoy, para dejar de recibirlo todo inercialmente. Tampoco hay forma de que la educación alcance sus objetivos sin que nosotros, día a día demostremos que somos capaces de no desviarnos de ellos.

Necesitamos una pausa para mirar de verdad, para no dormirnos, para no quejarnos sin despertar, para no caer en el asombro y el olvido una y otra vez cada día… Cambiar es cambiar, que lo común no se convierta en bueno por repetición. La violencia, la decadencia, la comodidad, la falta de autoridad y sobre todo la falta de congruencia no pueden coexistir con la educación. 

Con certeza necesitamos que el silencio nos de la objetividad necesaria, para que la fe que nos mueve se traslade en fortaleza para enseñar la paz en lo cotidiano, única capaz de darle lugar al conocimiento. No está bien perder la alegría de todo lo bueno que podemos dar y recibir, por rendir nuestra capacidad de ofrecer y exigir todo cuanta humanamente nos corresponde. Exigir, bregar, demandar, cuestionar, exhortar, además de hacer, también son verbos íntimamente ligados a nuestra tarea de proteger y preservar la integridad de cualquiera de las personitas que nos rodean y nos necesitan.

Sobre todo, que la frecuencia de lo que no deseamos ver, no nos quite el poder de cambiarlo, hay gente increíble haciendo cosas realmente maravillosas, eso es lo que necesitan ahora y más que nunca ver los chicos reflejado en cada uno de nosotros, para crecer seguros, para construir la paz, para aprender de verdad y encontrar todos esos valores que deseamos que aprehendan para sí.

Los valores humanos necesitan el reflejo de la acción, tanto de la calidad como de la calidez del tiempo que tomemos para sembrarlos, para cuidarlos cada día, para mencionarlos y para protegerlos activamente. Nuevamente, no son sólo palabras, es la vida misma en su real y delicada dimensión. No hay tiempo más valioso que el que se toma para dar, éste es el tiempo que necesita el espacio de la pequeña pausa para razonar, sentir y hacer el bien, en cada pequeño y gran espacio que nos convoque.

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¿Cómo mejoramos la educación?

Cómo actuaríamos si reconociéramos que la lógica capaz de obrar semejante propósito fuera tan simple, como realmente desear hacerlo. ¿Mejorar la educación es tan simple como desear realmente hacerlo…? En gran medida sí, en uno de los aspectos más importantes, es simplemente desear hacerlo, con toda la labor, a conciencia, que conlleva tal fin.

Asegurar semejante afirmación merece una explicación, o más de una, sin dudas. Y es que no se puede pretender enajenar semejante bien, de la responsabilidad que atañe a cada uno de nosotros, sea cual fuere, el lugar en la sociedad que ocupemos.

Quizás la crítica más severa logre llevarla un interrogante de controvertida respuesta: ¿Por qué como sociedad no exigimos educación? Educación de verdad, de calidad, no horas de escuela. Porque sabemos exigir muchas cosas que son parte del proceso educativo, pero que a veces quedan un tanto disociadas de la educación en sí misma. Reclamar sobre la infraestructura, sobre los sueldos, sobre la asistencia de unos y otros, sobre los comedores, sobre los boletos estudiantiles, sobre los derechos de ambos, y una extensa lista de etcéteras necesarios está muy bien. Pero un reclamo severo sobre la calidad educativa, resumirían a nada la necesidad de protestar por la falta de todos los otros recién mencionados. Más todavía, protestamos rigurosamente por muchos males sociales y económicos que tienen su sólida raíz en la falta de educación, pero aún así no la nombramos mucho, no la cuidamos, ni la anhelamos demasiado. Antes y mejor preferimos garantizar que estaremos cómodos, incluso entretenidos, antes que  bien educados.

El trabajo de la educación formal, maltratado en muchos sentidos, y falto de un camino serio y coherente por donde se vea, se quedó en el olvido. Y éste es un trabajo que pocas personas se animan a tomar con seriedad, una jornada escolar, en un contexto que se ha corrido de su norte original, puede ser tan agotadora, como poco productiva. Y como los frutos no caen lejos del árbol, aquí hay mucho, sino todo que replantear, en el proceso de educar. En este punto, todos los que somos parte, sea cual fuere la escala jerárquica que nos toca, del sistema educativo formal, necesitamos hacer replanteos muy serios. Como he mencionado un par de veces antes, hoy, muchas cosas del sistema educativo formal, así como están no sirven. ¿A quién no le sirven? A la educación, pueden servir muy bien otros intereses, pero a la educación no le sirven.

Está muy claro que resolver, desde su origen, un tema tan delicado y vital como éste, llevará muchísimo tiempo, tiempo ahora que se proyecte en los años venideros. Acá no hay solución de un día para el otro. Sin embargo, lo que es capaz de resolver cada día, cada pequeño espacio que se gana hoy, tiene un valor incalculable. Por eso también, podría afirmar que en muchos sentidos, a la escuela la sostenemos los docentes que estamos cada día frente a nuestros chicos. A los que con pequeñas diferencias, estamos viendo esto mismo con toda claridad, y sabemos que a la vocación tan imprescindible a la hora de pisar el aula, hay que ponerle conocimiento y responsabilidad. No es firmar asistencia, no es hablarle a las paredes, no es sólo pasar el rato. Tampoco es rendirse frente a un sistema educativo que al no presentar demasiadas soluciones, y aún a veces aportar más problemas, hay que acoplar y se acabó. ¿Quién sostendrá la educación si no lo hacemos nosotros, de verdad, con todas nuestras fuerzas, con todo lo que sabemos que encontraremos cara a cara en nuestros alumnos si sabemos llegar a ellos?

La educación de calidad, sólo puede provenir de docentes preparados desde la educación de calidad…supongo que ninguna duda al respecto. Sólo de allí puede devenir el proceso de enseñanza y aprendizaje que enriquezca a ambas partes permanentemente.

Una sólida base formativa, proviene antes que nada del conocimiento de lo humano, de la necesidad de los valores y principios capaces de sostener todo el conocimiento que viene después. Si el primero no ha fallado, entonces el segundo se alcanza en la plenitud de la sensatez y la coherencia. Necesitamos alcanzar ambos, por tanto ambos han de ser las herramientas de trabajo fundamentales de cada educador.

Los padres y en casa, al deber y al compromiso que corresponde desde el amor y la contención del hogar, deben agregarle presencia y acompañamiento al proceso de aprender de los hijos. Otro de los vicios que ha expuesto la sociedad es la contraposición entre los padres y los educadores. Muchos de los enfrentamientos tienen una raíz muy válida, puesto que en muchos casos, ambas partes, no han de asumir su rol de manera efectiva ni comprometida.

La primera fuente de la que los niños y jovencitos han de tomar sus hábitos y sus responsabilidades, es de la familia.

No hay dudas de que la primera educación es la del hogar, y aquí vuelvo sobre la aseveración del inicio, mejorar la educación que tenemos es realmente querer hacerlo. En casa, antes que nada, los primeros valores, la necesidad de demostrar afecto, de contener y guiar. Los padres han de ser los primeros educadores, los únicos capaces de llegar al alma de los pequeños. Y en su guía, en su abrazo, han de proveerlos de todo cuanto necesitan para desempeñarse y desenvolverse con seguridad, con esperanza, al margen de todos los riesgos a los que los expone una sociedad que se ha puesto bastante complicada.

Guiar el aprendizaje de los hijos, requiere presencia, en el hogar y en la escuela, acompañarlos en el hábito del cumplimiento de las tareas, de jerarquizar el aprendizaje de muchas otras cosas que incluso no se enseñan en la escuela. Fomentar la práctica de deportes, asistirlos en su desarrollo espiritual y moral con otros pares, la educación que proviene de la fe, son todos aspectos que deben cuidarse y protegerse en primer lugar, en cada momento, y son bienes que ha de aportar cada familia para cada uno de sus integrantes. Las cosas no llegan solas, nada se hace solo, crecer de tamaño es parte de la naturaleza del hombre, pero todo lo demás requiere tiempo y esfuerzo. Eso es educación, eso es ocuparse de los hijos, es sanar lo que vemos con tanto desagrado en la sociedad.

Volviendo a la educación formal, todos sabemos que las escuelas se han transformado muchas veces en un refugio social, pues bien, que lo sean, pero que provoquen una transformación tal que cada vez necesiten serlo menos. Otra vez tengo que decir que me da vergüenza el estado en el que estamos damos clases a veces, sin sillas, sin mesas, sin puertas, sin ventanas, sin material didáctico, y dejo aquí porque de verdad es espantoso. Sin embargo, necesitamos creer en lo que hacemos, necesitamos la esperanza de saber que los niños que están frente a nosotros, podrán dar a sus propios niños en el futuro, un espacio diferente. Tenemos que asumir el compromiso de que aprendan el valor de saber, de conocer, de amalgamar una serie de valores imprescindibles que se conviertan en sus propias herramientas de trabajo, y en su propia esencia de calidad de vida. Que anhelen saber y conocer, que completen estudios y se desarrollen en todos sus aspectos con la mayor integridad, eso es lo que los hará diferentes, y lo que hará diferente su futuro.

A esto me refiero cuando sostengo que no importa si estamos dando clases bajo un árbol o cómodamente sentados en una infraestructura lujosa, hay una riqueza inherente en la calidad de lo que estamos ofreciendo, que no depende sólo del lugar en el que se imparte el conocimiento. Sino que los diferenciará del resto, por lo que habremos de sembrar y cosechar de valioso, para que desde la verdadera libertad y la conciencia sepan dar lo mejor de sí, primero para sí mismos, y luego para la demás.

Finalmente y para pensar mucho hacia dónde nos dirigimos, hacia dónde estamos llevando todos este proceso, tenemos que asumir que la escuela es sólo uno de los engranajes del sistema educativo, los otros son la familia y la sociedad. Uno se alimenta del otro permanentemente, no cabrían aquí todos los planteos que debemos hacernos al respecto, pero que cada quien puede resolver para sí, tomando un valor nuevo. Dentro del rol que ocupe cada quien en su lugar, en su sociedad, en su trabajo, y descubrir que la educación se cimienta y se revierte desde la primera gran pregunta del principio. En muchos, muchos sentidos mejorar la educación, es sólo desear hacerlo. Todos podemos ser excelentes educadores desde nuestro lugar. Todos necesitamos serlo, en un momento que nos pide antes que nada, un acto de conciencia. Luego un acto de responsabilidad, desde la cual asumir ser parte del cambio más importante que necesitamos, la educación que tenemos y la que queremos tener de aquí en más.


La responsabilidad de educar

Encontrar formas reales de alcanzar todo cuanto nos proponemos como educadores implica, en todas sus dimensiones, ser consecuentes con las propias convicciones, y efectivos a la hora de asumir las propias responsabilidades.

Incluso afirmaría que abstrayéndonos un poco del contexto al que podemos atribuir muchas culpas sin temor de equivocarnos, hay una, que cargamos con mucha ligereza por no tomar real conciencia de su alcance. La responsabilidad de educar, corregir, enseñar, guiar y prevenir con la mayor sensatez y seriedad posibles. Esto es, sin disimulos, sin deslizar ni esquivar detalles que somos capaces de juzgar como valiosos en algún aspecto.

¿Hasta dónde alcanza la responsabilidad de cada uno? Hasta donde tenemos la capacidad de reconocer un problema. Hasta donde encontramos la certeza y la seguridad de saber qué es lo correcto en cada lugar.
Se ha vuelto un hábito muy dañino el criticar sin aportar lo propio, sin construir cambios o sin darle una dirección genuina al trabajo que se realiza. Somos muy valientes para demostrar en contra de cuantas cosas podemos estar, pero si nos pidieran una lista de las que llevamos a la práctica por estar a favor, poco tiempo nos llevaría confeccionarla.

Justo aquí es donde la responsabilidad toma casi la jerarquía de la sabiduría que contempla. Puesto que no se mejora si no se enseña, no se transforma si no se educa, no se progresa si no se aprende, y no se evoluciona si no se crece. En cambio, se mejora cuando se enseña y cuando se educa, se construye cuando se aprende y cuando se crece…Y no me refiero a la retórica del discurso idealista que se emplea a veces desde muchos organismos nacionales e internacionales, dedicados entre otros a la educación. Sino que su alcance real ilumina mucho más allá, puesto que no sólo los sostiene, sino que los alimenta con cuanto ha de proveer de verdad y correspondencia, a medida que los tiempos van cambiando.

Sin necesidad de indagar demasiado podemos notar que la sociedad se ha quedado huérfana de quienes sean capaces de sostener la moralidad y la ética de sus certezas no sólo para sí, sino que como parte imprescindible de las mismas, guíen el crecimiento de los demás. Entonces…¿A quiénes acudir más que a los educadores de alma, de vocación? Más aún…a los educadores del alma, a los educadores de la vocación, en manos de quién sino podría ponerse el presente y el futuro…? ¿Qué dejamos para después si en lugar de poner la mayor precisión hoy, en todo cuanto atañe al proceso de educar y guiar, sólo somos capaces de lanzar una crítica relajada de cuanto vemos en franca decadencia?

Sólo asirnos de una insignia de disgusto es desidia y pereza. Abrir la boca para quejarnos de lo mal educados que están nuestros pequeños y jovencitos, a sus espaldas, pero no abrir la boca para contenerlos y corregirlos cara a cara, es traicionar y desertar los principios que se alardean.
Esto tiene un doble costo, ambos del mismo peso. Uno de ellos es eludir la responsabilidad de asistir, de enseñar y corregir a nuestro prójimo, en tanto reconocemos fielmente el error. Diluyendo así la posibilidad de cambio, de colaborar en el crecimiento de los otros, sobre todo y cuanto más cuando nos referimos a la educación de nuestros niños.
El otro costo, es el de la justificación que difícilmente encontraremos al no actuar de la manera correcta, evitando la responsabilidad que nos atañe por los demás como seres humanos que somos, sea tanto desde los valores morales y éticos fundamentales, como desde la fe.

Es muy claro que este mundo tiene mucho para mejorar. Eso nadie lo duda. ¿Por qué dudar entonces cuando sabemos diente-de-leonqué es lo que hay que hacer o decir? Es esencial no vacilar tanto de la racionalidad y del trabajo que merecen los cambios genuinos, si están sólidamente cimentados en los valores, en lo verdadero y valioso. En lo que nos hace humanos y no tiene precio ni medida, porque no distingue colores, posiciones económicas, sociales o de función, y que cómo único vector exponen con tanta sencillez la fragilidad y la maravilla de la vida. Incluso de la delicadeza que debiera haber en su transcurrir, de la sabiduría que no puede perder como única depositaria de una raza humana que se está apagando harta de presumir sus propios errores. Muchas veces, incluyendo banderas de respetos y derechos que contradictoriamente atentan contra la misma vida.

El cuidado de no perder un norte real hacia el cual dirigir cuanto habremos de enseñar, abarca todos y cada uno de los aspectos que nos hacen seres humanos. Tenemos que aprender a proveer educación verdadera, necesitamos enseñar incluso, a exigir educación verdadera. Es extraño, pero por lo general, es muy poco lo que se exige tal bien, sabemos quejarnos de todo, pero pocas veces encontramos la respuesta de una sociedad que necesita antes que nada educación, educación de verdad. Sé que muchos, casi me atrevo a decir que la mayoría de nosotros, pensamos así. No tropecemos con la duda de actuar consecuentemente, o dejar pasar oportunidades de cambio. No es fácil, sin dudas, y también da un trabajo increíble, pero los frutos son directamente proporcionales.

Educar de verdad, educa de verdad. Cuando enseñamos algo a conciencia, con convicción, con esmero, alguien lo aprende a conciencia, con convicción y con esmero. Eso no se puede pasar por alto. Es trabajo que vale la pena, una y un millón de veces. Recordemos siempre que para eso estamos, más…eso es lo que somos en realidad, todo el resto pasará de muchas maneras.

Como quien ha tomado la responsabilidad de enseñar, no dejemos desprovistos a nuestros alumnos de todo cuanto seamos capaces de señalar y ofrecer. Como padres, no podemos dejar a nuestros hijos huérfanos de una guía presente, sensata y orientada hacia los valores, que evidencie coherencia y sentido en cada aspecto de su crecimiento. Y como integrantes de la sociedad, asumamos la responsabilidad de ser verdaderamente lo que decimos ser, y brindarnos al resto sin medida. Hay tanto a la vista que expone la responsabilidad de ser genuinamente parte de lo que reconocemos como bueno y valioso…no se necesita temeridad para alcanzar cambios, basta el respaldo de la fe que nos guía, de la esperanza que denota la alegría de ser consecuentes con lo más valioso que somos.

Nuevamente, criticar no cambia nada, las justificaciones tampoco lo hacen. Que quede muy claro que todo eso que evocamos en una queja, denota sólo, y casi exclusivamente, falta de educación. En primer lugar desde la fe y la coherencia de la verdad y el amor que asume como tal, luego desde todos los valores humanos que seamos capaces de proveer y convocar. Que no se confunda el respeto y la libertad que cada quien goza desde la razón de su existencia, con la falta de compromiso de sus pares o maestros en cada momento de la vida. Roles que todos desempeñamos permanentemente en la vida. Roles que necesitan la misma cuota de humildad para aprender y de amor para enseñar.

Es ésta sin dudas, la mayor responsabilidad que necesita asumirse a conciencia en todos los ámbitos, puesto que todas las relaciones, desde el rol social que cada quien desempeña, hasta el núcleo familiar, o de amistad y de afecto que cada quien posea, no escapa la riqueza que cada quien aporte para el crecimiento de los demás. Eso es amor e interés verdaderos, esa es la auténtica vocación y compromiso.


Inclusión educativa, educación inclusiva. Parecido no es igual…

Los cambios más significativos durante los últimos tiempos en materia de educación giraron en torno a la inclusión. En un principio, la acoplación del término tenía como objetivo fundamental contraponerse a la exclusión de alumnos con necesidades especiales. Con el tiempo esta inclusión fue más allá de las raíces para contemplar aspectos que en realidad son tan profundos como el primero.

Esto significó bregar por el derecho de todos los niños y jóvenes a la igualdad de oportunidades de aprendizaje, independientemente de su origen social y cultural, además de las diferencias que obvia y naturalmente, existen en las habilidades y capacidades de cada uno de ellos. Con todos los debates y planteos lógicos que buscan la consecución de un fin tan loable y necesario, han sido así planteados por la UNESCO en diversos congresos, caminos más afines al acceso de la mayor cantidad posible de niños a la educación. Quizás el mayor debate lo ofrece la forma en la que asume cada país, sus políticas en materia de educación en torno al eje “inclusión educativa”. Así lo que en un inicio se pone a rodar como algo sustancial en la vida de las personas, el filtro de la intención política de cada período, termina muchas veces jugando en contra de una educación que se presente promisoria, no para un futuro idealizado o inmaterial, sino para la vida presente y futura real de cada uno de los pequeños que hoy no acceden a una educación de calidad. Sea por mal entender, o por tergiversar el significado real en su origen, de una educación que busca con toda coherencia y derecho inclusión.

La trama de cada sistema educativo se hila entrelazando una gama fundamental de aspectos, entre los principales contamos los contextos culturales y sociales, y aunque poco anunciados, muchos matices en torno a etapas gubernamentales y procesos económicos diferentes. Al respecto, mientras la evolución de los sistemas educativos estén tan ligados a las determinaciones políticas momentáneas, sin un margen importante de autonomía que logre el desarrollo de un proceso educativo a largo plazo, que busque la excelencia y calidad en todos los aspectos, es poco lo que puede cambiar verdaderamente la historia de cada país. Sobre todo los que estamos en vía de desarrollo, que necesitamos soluciones lógicamente más alcanzables desde las virtudes de una sociedad madura y mejor educada.

La vía de la asistencia social y la infinidad de planes y subsidios (mencionados antes aquí) son una obligación del estado y un derecho de las personas en tanto se presentan distintas necesidades. Pero deben cumplir una función transitoria, la de subsanar a corto y mediano plazo la responsabilidad de procurar la inserción a un sistema económico capaz de producir, generar y autoabastecerse. De formar parte de la cadena de intercambio en un mundo que necesita de las mejores habilidades y cualidades que de cada lugar puedan aportarse.

Tan elemental es encontrar el encuadre justo a las necesidades de la educación, que no puede limitarse en ninguna forma, tal es el alcance de entender que un sistema inclusivo, como se ha planteado busque darle un sentido no sólo más amplio, sino más adaptado a la realidad de cada pequeño sector, dentro de cada contexto, intentando atender la mayor cantidad de necesidades posibles y evitando tanto la deserción como la dificultad de acceso de todos a la educación.

Con una primera idea del concepto al cual nos referimos, vale la pena tomar el tiempo de poner todo en la balanza para ofrecer con más aciertos un proceso de enseñanza-aprendizaje más acorde al origen del significado de “inclusión educativa”. En poco más retomamos un ciclo lectivo nuevo, ciclo que se tiñe de los pros y contras lógicos de cada sistema educativo, y una de las cuestiones que hemos tomado muchos docentes como una carga es la de tener que lidiar con una serie de imposiciones que se nos han puesto a título de “inclusión” pero que en realidad no se le parecen en nada, sino que muy por el contrario. Son determinaciones y decisiones poco serias desde el punto de vista formativo, que no sólo perjudican el proceso de enseñar y aprender, sino que atentan contra el derecho legítimo que atañe a ambas partes desde todas las aristas. Incluso he llegado a escuchar de personal jerárquico cosas como “Si no crees en esto, deberías hacer otra cosa. Esta es la norma y hay que cumplirla.” Si bien es común que se produzcan estos encuentros, lo que preocupa es la falta de intención de mejorarlo. Preocupa que tan poco puedan leerse los resultados de una práctica pobre y nociva para la educación.

Aprender y enseñar no se pueden perder de vista, y son en realidad los parámetros fundamentales donde se ha cimentado la verdadera y original educación inclusiva. Tampoco deben olvidarse las serias necesidades de infraestructura, material adecuado, mínimo y necesario de cada establecimiento y de cada uno de los participantes del proceso escolar, ni hablar de cubrir las necesidades vitales y básicas de cada uno de los pequeños. Para no ser repetitiva respecto de todo cuanto pueda referir al respecto, he volcado mucho aquí en otros post…

En primer lugar necesitamos aliviar la presión de sostener algunas cuestiones que muchísimos de nosotros sabemos que provocan un gran daño en el proceso educativo, descontando la frustración que conlleva sostener determinadas prácticas que sólo conducen a que nuestros alumnos aprendan cada vez menos. Más aún, que no logren sostener normas de convivencia que sean apropiadas y saludables, puesto que mucho de la imposición en cuanto a la permanencia de todos en la escuela (cueste lo que cueste, menos educación) invalida los procesos correctivos, desvía la autoridad mínima y necesaria que garantiza la armonía de la convivencia y desvirtúa la posibilidad de alcanzar un aprendizaje efectivo, dada la imposibilidad de sostener con coherencia un clima de estudio apropiado.

Hasta aquí, estoy segura de que los congresos internacionales en los que se ha tratado con muchísima seriedad y altura la inclusión en torno a la educación, no han planteado ni por asomo lo que se ha hecho en algunos sistemas educativos en nombre de la inclusión, sino que muy por el contrario, lo que vamos gestando en algunos aspectos, es tan cuestionable como condenable, puesto que los resultados de lo que hacemos arriban a la orilla opuesta de lo que la inclusión en materia de educación propone en realidad.

Con resultados que con tanta sencillez y simpleza exhiben los errores, que en tema de educación tienen un altísimo costo en todos los sentidos, urge cambiar la dirección en la que marchamos hoy. Está muy claro que las decisiones políticas son las que marcan los primeros trazos en los sistemas educativos, por tanto cada momento político y económico en cada lugar del mundo, ofrece lo que le parece, lo que puede, lo que le conviene…y es evidente que es mucho más fácil ofrecer una educación facilista, de poco esfuerzo, permisiva, fácil de transitar en cuanto a una paupérrima adquisición de contenidos, que supera el semianalfabetismo a las claras, pero que entrega al final del camino un certificado escolar oficial, que de la palabra inclusión se ha olvidado y sólo ha adjuntado serias carencias en cuanto a conocimientos, y una base educativa de un fracaso casi épico.

De nuevo, a las pruebas me remito. No hay que ser adivino para descubrir los conocimientos, el desempeño y las habilidades sociales que han adquirido la mayoría de los chicos al egresar de la escuela. Como resultado final, sólo los habremos incluido en la lista de personas que no han desarrollado sus capacidades, conocimientos ni habilidades para desempeñar trabajos que requieran mínimos conocimientos y desempeño, lo mismo respecto de la seria dificultad de sostener una carrera universitaria, dada la falta de preparación. Ni hablar del estruendo que están haciendo algunas universidades públicas y centros educativos terciarios en la abrupta caída de nivel y exigencias, atendiendo a la poca preparación previa de los estudiantes, que no sólo obliga a la deserción sino que muchísimas veces impide el ingreso a estudios superiores. La solución no es seguir ofreciendo más planes y subsidios con los que perdemos todos, con los que nadie queda incluido en ninguna parte…la cuenta cierra mirando por la ventana, cada vez hay menos que repartir, cada vez las necesidades de todos son mayores. Si la educación entre otras cosas ha de proveer también bienestar, capacidad de solvencia y crecimiento, no se puede educar menos, ni un poquito menos. La educación inclusiva original habla de excelencia…

El llamado de atención, lo tenemos nosotros también, los que educamos. Los que pisamos el aula cada día con la intención de volcar conocimientos con el respeto y la atención que merece cada alumno. Esto es lo que nos hace en cuanto a la vocación que tenemos y necesitamos sostener. Los que vemos cada día el reflejo de una infinidad de necesidades, podemos entender que lo que más necesitan nuestros niños es un sistema educativo que los contenga desde la coherencia, que sostenga en realidad su derecho de aprender, la posibilidad real de mejorar la vida de cada uno de ellos y de que ellos mismos sean en un futuro cercano un bien preciado para sí mismos y para la sociedad. De ninguna manera se pueden excluir valores fundamentales en los procesos escolares, como la capacidad de sostener una convivencia sana, un eje de respeto que incluya calidad que se materialice en lo humano. Que garantice libertad verdadera, libertad que ofrece el conocimiento atendiendo a todos los aspectos que nos hacen persona, únicos e irrepetibles, dueños de pleno derecho de la posibilidad de encontrar conocimiento que nos permita evolucionar verdaderamente desde la dignidad.

Y la dignidad no la da una bandera que ofrece facilismo y comodidad a cambio de permanecer, la dignidad nace con cada uno, permanece y se fortalece en el conocimiento y desarrollo de las habilidades únicas de cada quien. Tenemos que tener mucho cuidado, porque si bien somos el último eslabón en la cadena jerárquica del sistema educativo, somos los que mejor que nadie vemos y proveemos a nuestros pequeñitos de sus necesidades reales, incluyendo muchas veces, y lo sabemos bien, parte de sus necesidades básicas que no llegan por ningún otro lado. Sé que lo digo cada vez, pero hay mucho que revisar y pensar, mucho para mejorar y no dormirnos en una secuencia de directivas que porque están escritas en mil instructivos se supone que las tenemos que cumplir sin pensarlas, sin pensar en los chicos, ni en lo que queda después de seguir sosteniendo un sistema que no atina con grandes aciertos.

Con intención de seguir desmitificando algunas aberraciones de lo que se nos propone a veces a título de “inclusivo” en los sistemas educativos locales, comparto más de lo que en realidad trata en sus valiosos orígenes, desde los congresos internacionales de la UNESCO, lo que nos dará muchísima más seguridad a la hora de replantear cambios, tanto en lo grande a quienes corresponde y en el día a día del aula. niñosEn sus raíz propone a cada uno de los países, el desafío de encontrar la forma de promover e implementar el derecho a la educación como oportunidad concreta, factible y perdurable de crecer social e individualmente y tener una oportunidad real de éxito en la vida. Propone además literalmente: “La Educación como factor responsable de sentar las bases empíricas y conceptuales para forjar una ciudadanía democrática (conociendo y llevando a la práctica los valores, entre otros, la libertad, el pluralismo, la justicia, la solidaridad, la tolerancia, el respeto y la excelencia) mediante la combinación y conciliación de preocupaciones y responsabilidades universales, nacionales y locales. Integración significa entendimiento y respeto por la diversidad y sus múltiples expresiones mediante el hecho de compartir un conjunto común de valores y normas universales” Y también…”La Educación como factor crucial que asegure la integración digna, pro-activa, inteligente y productiva de sociedades nacionales en un mundo globalizado, aprovechando las oportunidades y superando los obstáculos. Esto no implica la aceptación fatalista de las realidades mundiales como imposibles de modificar o la adscripción a valores y normas internacionales “políticamente correctas”, sino por el contrario, el desarrollo de competencias vinculadas con situaciones de la vida real que impulsen el análisis crítico de la realidad como así también la capacidad de entenderla y cambiarla de una manera positiva y propositiva. “

Creo que cualquier comentario que pueda sumar aquí está demás, la claridad con la que trasciende a un nivel muy superior a lo que llevamos aquí como inclusivo deja fuera mucho de lo que sostienen los sistemas educativos actuales. No creo que se proponga algo utópico, sino absolutamente alcanzable, coherente y necesario. Qué tanto ha de convenir a cada uno de los sectores es otra de las cuestiones ya muy comentadas y obvias.

Sin embargo, sabemos que los propósitos originales no se pueden perder, y que mucho más allá de los sistemas educativos, los papeles, los congresos y los debates hay una realidad incuestionable. Cada quien es único y valioso, cada quien goza de todos los derechos que le corresponden por naturaleza, la vocación del que enseña puede reconocer los valores que impulsan a cualquier educador a proteger la dignidad de cada pequeño ofreciendo conocimientos y el desarrollo de habilidades que posibilitan una vida mejor, de colocarlos en un camino de bien y de mostrarles la capacidad inherente de cada uno de ir por más mejorándose a sí mismo permanentemente al igual que a su entorno.

Sigamos mirando siempre hacia allí, seamos capaces de sostener la convicción del que entiende la necesidad de un aprendizaje real, y es capaz de llegar hasta allí con todo el esfuerzo que implica. Con todo el conocimiento que requiere, para eso estamos, eso es lo que hacemos y lo que debemos hacer cada día. Sé que ha traído mucha confusión incorporar un término que se ha desvirtuado de su alcance real. Revirtamos entonces lo que se ha mal entendido, y comprendamos cuanto incluye en realidad la tarea de educar a cada uno de nuestros niños, la responsabilidad que atañe a cada quien dentro del sistema educativo, dentro de la sociedad y de cada familia en particular. Hay mucho por hacer y una esperanza de forjar un mundo mejor para hoy y para un futuro lo más cercano posible, que no se puede perder. Sostengamos la posibilidad de transmitir valores y conocimientos desde un proceso que para cada quien no ha de terminar en toda la vida, aprender y enseñar. Claro que de por sí tal cuestión ha de incluir a todos, y de por sí ha de incluir un abanico de infinitos y delicados aspectos a contemplar y preservar, parte tan legítima como valiosa, de la vida de cada una de las personas que compartimos este mundo.


Mensaje de Navidad

Lo sé…como si no estuviera repleta la web de mensajes, sin embargo realmente deseaba hacerlo, por compartir y más que nada para recordar también por escrito, las cosas a las que vale la pena darles una mirada distinta. Y por qué no, relajar un poco la rauda corrida de compras y ajetreos familiares para rescatar la esencia de nuestra dulce Celebración.

Quizás entre lo más evidente en esta pequeña entrada, asome mi falta de erudición respecto de todo lo que atañe a la teología y mucho de la historia incluyendo nuestras tradiciones religiosas. Así que necesitaré aquí una doble disculpa, puesto que simplemente escribiré desde mi corazón, y aunque incompleto, mi mensaje sólo pretende ser lo más simple posible…

Una y mil veces está escrito por aquí cuánto hemos de ver a diario que necesita cambiar. Ese cambio, mucho más allá de nuestras críticas o lo aprehensivos que nos volvamos a muchas cosas del mundo, tan nefastas como injustas, a veces inhumanas… necesitan manos dispuestas a la obra. Manos y un corazón, claro, que ilumine el andar a cada momento. Nada cambiará solo, si nosotros no somos parte del cambio primero. Poco podrá evolucionar este mundo respecto a todo lo que involucra el amor entre hermanos que somos, si no comprometemos primero el propio espíritu de cambio.

El tiempo transcurre a una velocidad increíble, los años pasan tan rápido que dejan poco espacio entre la obligación y la rutina para darle el tiempo necesario a las cosas del alma. Muy posiblemente la época de la Navidad sea una de las que nos ayudan a frenar un poco para pensar y sentir, por qué no, las cosas desde otro lado. Desde del lado verdadero, desde el que pocas veces vemos y el que más tiempo necesita.

Hay una promesa de Amor que se celebra cada Navidad, una promesa de Vida, de paz, de perdón, de Verdad, que nos espera a cada uno de nosotros. Nuestro Jesús que mantiene desde el Pesebre hasta el fin Sus brazos abiertos, nos está diciendo algo… Su mensaje es puro Amor… ¿Podremos escucharlo esta vez?

Y entre otras mil preguntas ¿Qué tan abiertos tenemos nosotros los brazos para Él, para los que nos rodean, y para los que están más lejos aún? ¿Cuántas Navidades dejaremos transcurrir antes de que permitamos que Su Amor despierte el nuestro? ¿Cuándo despertaremos a la posibilidad de colaborar con el mundo que realmente añoramos y dejaremos dormir la queja de lo que no queremos? La esperanza que celebramos cada Navidad está Viva, y necesita de la alegría de la fe verdadera que crece desde diminuta en el corazón de cada uno, hasta tener la seguridad del que camina por la vida dando, amando, haciendo, abrazando…

Ya llega casi la Navidad con un mensaje que nos espera despiertos… con el corazón abierto podemos recibirlo siempre, cada día. Me confieso absolutamente enamorada de nuestro Jesús y Su Mamá, recordemos pedir a Ellos la liviandad necesaria para despegarnos un poco más de lo que nos pesa y nos distrae, para así reflejar mejor ese Amor que necesitamos vivir de verdad. LLevándolo con más seguridad a los nuestros, haciéndolo extensivo a todo lo demás, a la jornada cuando llegue, a los afectos, a los que comparten el día con nosotros y a los que no, a los que dan incansablemente, a los que necesitan, a los que no lo ven, y sobre todas las cosas a la familia. A la pequeña o gran familia que tengamos, a los niños que nos toca cuidar, nuestros o de los otros, a todos los hijos de este mundo que nos hermana que necesitan más amor, más seguridades, menos carencias y más compromiso. Es lo que somos y lo que queremos ser, lo que hayamos escuchado en nuestro corazón, con la guía y el Amor de este Pequeño Niño a quien celebramos en estos días un nuevo Nacimiento.

Que esta Navidad nos encuentre más juntos que nunca y que estemos todos unidos por el mismo Amor. Esta Navidad dejemos que el Verdadero Espíritu que trae cada vez, siembre su pequeña semilla en nuestro corazón y dejemos que dé sus frutos el nuevo año que nos espera y mucho más.

Que pasen una linda Navidad junto a la hermosa Familia que los espera… en el Pesebre…

pesebre

¡¡Todas las bendiciones…Feliz Navidad!!

                                                                             ¡¡Excelente Nuevo Año que comienza…!!

Felices Fiestas


Una buena actitud para aprender y enseñar

Intentar generar cosas nuevas desde donde entrever cambios, nos enfrenta con mucho. En particular juega un papel fundamental la forma en la que nos dirigimos hacia los otros, puesto que mucho más que con palabras, nos comunicamos con cuanto ponemos en evidencia sobre nosotros mismos y la forma en la que nos perciben los demás.

Es aquí donde necesitamos la actitud correcta que tenemos que encontrar para poder dar todo eso que queremos, y lograr que nuestro mensaje llegue de la manera más clara posible. La necesidad de encontrar mejoras es consecuencia de la capacidad de ver la realidad con la menor cuota de relativismo posible. Ver de verdad implica objetividad, coherencia y una buena cuota de sentido común. Así como educadores o como padres, podremos encontrar el lugar exacto donde hay que poner conocimiento, el lugar exacto en el que hay que desarrollar valores, y el lugar preciso en el que se conjuga todo eso, para traer cambios a un tiempo que sabemos que los necesita.

Junto a la capacidad de ver la realidad, necesitamos con la misma importancia, encontrar una actitud positiva. Nadie puede promover cambios si no asume ser parte de ellos y que será referente de un camino al que se invita a otros. No somos perfectos ni mucho menos, pero los valores y una buena disposición iluminan. Sobre todas las cosas hallar un camino de verdad, de empatía, de buena convivencia, tienen como motor la alegría, el amor por el prójimo, el respeto por lo que se es, la sabiduría del que sabe que no conoce pero presiente lo bueno y apuesta todo a la certeza que ha encontrado.

Así la alegría y una buena actitud, que representan el mejor medio de encontrarse con la vida, son mucho más atractivas y convincentes que lo mismo que criticamos en una sociedad que se muestra agresiva o enojada. Al respecto, quisiera hacer un alto, porque aquí hay algo muy importante y real. Mucho de lo que vivimos a diario, el stress que produce una forma de vida que prácticamente desde todos los ángulos se ha puesto difícil, nos agota, con la consabida capacidad de poner a todo el mundo del mal humor. El enojo para muchos, está a flor de piel y con él la agresión se encuentra a un paso, es un círculo difícil de cortar, pero que necesita trabajo para encontrar cambios. El enojarse es manifestación de cuanto no queremos, de lo que no deseamos o nos disgusta; creo que de manera sana nos mantiene alejados de todo eso que no queremos para nosotros mismos, y a veces para los otros. Cuando ese enojo es consecuencia de una realidad que de verdad no provoca en nosotros los mejores sentimientos, probemos encontrar otra cosa, una respuesta diferente. Muchas veces sólo comprender esto acerca la capacidad de relajarse.

También es vital separar el enojo de la agresión. Que algo nos enoje no nos da derecho a agredir, y para no extenderme tanto aquí, quizás en otro post, es un gran tema para trabajar con los chicos la  importantísima diferencia entre sentirse enojados, por las razones que fueran y la agresión en sí. (Enojarse puede ser…agredir jamás, son cosas muy distintas). Nos quejamos de una sociedad agresiva, que no controla su enojo y malestar muy fundados, pero hay que aprender desde cada uno a no ser parte de una cadena de violencia verbal o física.

Requiere mucha más fortaleza dominar el enojo y la agresión, que arrojarla al aire y ser otro eslabón de una costumbre que por donde se mire es destructiva, para sí mismos, para la familia y para la sociedad. Cuando hay algo que resolver, el aprendizaje lo trae la claridad, el diálogo y también la necesidad de aprender a resguardar y exigir cuanto nos corresponde como sociedad, soportarlo es parte de lo que genera un clima que no resuelve muchos conflictos que pueden tener una salida justa e inteligente.

Volviendo al principio, enseñar, sean valores o conocimientos generales, necesita de una buena actitud positiva, cuando es así nuestros receptores tendrán la apertura necesaria para recibir lo que ofrecemos, y generar un intercambio prometedor. Cuando queremos transmitir algo, sobre todo en temas tan lindos y necesarios como los valores, las palabras necesitan el vehículo de la afinidad entre lo que se está diciendo, y la voluntad real del gesto, de la entonación de las palabras, de lo que expresamos incluso con nuestros movimientos y actitudes.

Nuestro precioso mundo necesita muchos cambios, para que sean verdaderos, deben provenir únicamente del amor, con el matiz que conlleve, sea empatía, caridad, esperanza, alegría, paz, justicia, bondad, fe, optimismo, generosidad…sea cual fuere el valor o la virtud que llevemos necesita antes que nada, coherencia para que seamos creíbles, la integridad necesaria para traerla siempre a nosotros mismos primero, y con la mayor convicción posibles ofrecerla luego a los demás.


La nobleza, un valor especial

Entre los valores que demuestran fortaleza se destaca siempre la cualidad de ser noble, hay virtudes que necesitan cierta resistencia particular para ser impermeables a lo que se ha vuelto común, a la ocasión, al momento.

Las personas creíbles y confiables son la que exponen una y otra vez su honradez, su voluntad de sostener sus convicciones y su palabra. En la nobleza hay un camino seguro, puesto que no se refiere sólo a sostener una postura desde la fidelidad de las palabras, sino a mantener una posición que efectivamente lleve a lo cotidiano una gama extra de valores.

Implica inevitablemente la diferencia entre querer lo bueno y encontrar la voluntad de hacer que suceda. Como cualidad no se acomoda a ninguna circunstancia, porque tiene muy claro la virtud que sostiene. Tampoco es ambigua, ni se rige por la ocasión para encontrar una medida, porque jamás traiciona los valores inherentes a ella.

Y en esta definición entran todas las cosas, todo eso que anhelamos, la convicción que nos mueve, el amor que nos sostiene, la voluntad de ser consecuentes con cuanto hacemos. La capacidad de alcanzar para nosotros y los demás lo que pretendemos como bueno y justo.

La nobleza no necesita palabras para transmitirse porque está a flor de piel, andando se encuentra lo valioso, haciendo se construye la honradez y la generosidad. Consecuentemente la verdad se convierte en guía de los días, porque en la nobleza se marcha a la par de una realidad que se enriquece con lo que es bueno para cada cosa, ni más ni menos.

Como siempre, hay un mundo que se las ha ingeniado para encontrar en casi todo ocasión de posponer una mirada que de verdad arroje luz sobre cada uno, y sobre una sociedad que necesita aprender más de lo verdaderamente virtuoso.

Por mucho que nos empeñemos ningún valor tiene una doble definición según se presente la ocasión y la nobleza es un valor que integra las mejores cualidades a desarrollar. Es la que irradia entre muchas otras cosas la convicción de lo acertado, la alegría de quien es capaz de sostener cuanto ha podido aprender y compartirlo con los demás. Es encontrar la honradez y la humildad, la generosidad e integridad. Como la lealtad del sabio, que es sólo fiel a los valores que reconoce para todos por igual, no es fidelidad ciega, sino vehículo de virtudes.

Entre lo cotidiano y el ejemplo es un valor especial para enseñar a los pequeños, en casa y en familia antes que nada, luego exponerlo en la convivencia de la escuela es maravilloso. Sabemos que los chicos ven y dicen las cosas con una claridad asombrosa, es un valor fundamental para ofrecer.

Para nosotros como adultos hay una serie de cuestiones que necesitamos retomar desde cuanto implica la nobleza como valor humano. En muchas ocasiones somos capaces de mirar a nuestro alrededor y desear cosas mejores, hagamos que sucedan. En la nobleza se encuentra la fortaleza de validar nuestras certezas y sostener los cambios para mejor. Tenemos una responsabilidad moral que a cada uno alcanza en distinta medida y manera, pero que no es ajena en cualquiera de sus formas, a la evolución del mundo del que somos parte.


¿Cambio de planes?

Cuando hablamos de educación nos referimos a un proceso complejo, un proceso que tiende entre otras cosas a guiar, a transmitir, a instruir, a desarrollar una multiplicidad de habilidades, a fortalecer las capacidades especiales y únicas de cada uno. Dentro de la educación se intenta orientar el desarrollo afectivo, cognitivo, las habilidades sociales, la creatividad, la adquisición de conocimientos y valores, todo esto en un proceso que necesita coherencia y trabajo en el presente para poder proyectarse realmente en el futuro.

Cada lugar del mundo teje una trama diferente en el sistema educativo en función del objetivo que pretende alcanzar. En algunas partes prima la excelencia y se busca que la sociedad alcance un nivel de educación respetable y promisorio para el futuro. En otras, se desdibuja con facilidad lo que la educación verdadera pretende y se educa alcanzando sólo conocimientos mínimos (a veces menos) y desarrollando escasamente habilidades y potenciales intereses que puedan resultar beneficiosos para la vida en comunidad, además de ser capaces de bosquejar un presente y un futuro conveniente.

Cuando hablamos de educación naturalmente pensamos en niños, ellos son los depositarios de nuestros posibles aciertos y de los que no lo son. Hay un costo inmenso que pagaremos nosotros y ellos si no atinamos a proveer una educación que esté a la altura de lo que decimos querer. Desde los más altos funcionarios, hasta los que pisamos el aula a diario somos responsables de lo que gestamos para hoy y para mañana. Algunos cambios no necesitan una revolución repentina para sorprender, sino el silencio, el permiso sumiso de aceptar lo que reconocemos a la primera como nefasto. Por aquí podemos ver con mucha claridad el camino que se va tomando, la facilidad con que alejamos a los chicos del conocimiento, de los valores, de lo que les corresponde desde antes de venir al mundo, de lo que fue suyo siempre y les vamos cercenando. La educación debe ser un puente que ayude a materializar todo lo que el hombre ha de ser capaz de desarrollar. ¿Es eso lo que promueve nuestra educación?

Porque cuando el sistema educativo tiende a separarse del proceso de educar todos tropezamos con problemas para que ésta cumpla su función verdadera. Inocentemente podemos pensar que no es adrede, sino síntoma del facilismo que se apodera del sistema educativo, sobre todo del sistema educativo público. Por las dudas…estamos lejos de que ahora aprender sea más fácil, por el contrario, que los chicos aprendan se hace cada vez más difícil. Las carencias poco a poco se adueñan de las escuelas, las necesidades básicas de los chicos cada vez pueden cubrirse menos. Si hay algo que ha llegado a distribuirse con destreza son las carencias económicas en los hogares y en las escuelas, y las carencias implican limitaciones de todo tipo.

En este aspecto el sistema educativo se ha adaptado a placer, tomó la palabra inclusión y nos explicó que para que esto funcione, había que obviar algunas cosas, como por ejemplo: si los chicos no saben aprueban igual, si la disciplina ofende a alguien dejémosla fuera de la escuela, si los contenidos no los alcanzan, entonces demos menos, pequeños detalles…y me vuelvo a preguntar ¿Dónde va dejando nuestro sistema educativo la educación? ¿Por qué seguimos sin sillas y mesas suficientes en las aulas? Y la que más nos preocupa ¿Por qué nadie hace nada para que tantos jovencitos no consigan alguna droga como caramelos y lleguen a la escuela en un estado que da pena? ¿Por qué la escuela, por qué un docente debe contener chicos que exponen las manías de un estado ausente? No estamos preparados para todo, y respecto de algunas cosas, hacer lo que se puede no es suficiente. Hay cosas que realmente han cambiado de manera vertiginosa, hacia donde nos llevan con palabras es el lado opuesto de donde vamos arribando con hechos. Pasaría desapercibido si el costo no fuera tan alto y tan evidente.

Entre otras cosas, cerrando los cambios (a la vanguardia en temas de educación e inclusión?) se ha modificado la forma de calificar. En fin, entiendo el problema de las calificaciones, porque sucede aún con los puestos jerárquicos y de función pública, para qué calificar con coherencia si evidentemente no hay capacidades que destacar. Entonces al problema de la calificación que demuestra insuficiencia, el sistema lo resuelve cambiando…la forma de calificar (si si, quizás esperaban que mejorara el sistema educativo, yo también, pero no…). En el lado opuesto, los que trabajamos en el aula, sabemos que los chicos deben aprobar porque han aprendido. Con números, con letras o con colores, den vueltas las escalas, empiecen donde les guste, desde el 4 ó el 40, con números primos, con múltiplos de 5, con la letra que plazca o con colores primarios si se ve bonito. Pero no educar es violar el derecho que tienen los chicos de aprender, es alejarlos de la realidad de un contexto que realmente sea capaz de adquirir conocimientos, y eso está muy, muy mal. Para que los chicos puedan forjar un presente y un futuro mejor necesitan SABER. Seguimos errando al blanco, el problema no es cómo calificarlos cuando no saben, sino cómo hacer para que aprendan. Aprobar un nivel significa estar listos para lo que sigue, entonces… ¿Qué se ofrece en lugar de lo que sigue cuando realmente no se está preparado?

La oratoria de la inclusión, es una arma de doble filo, un discurso que siembra enfrentamiento entre la sociedad, unos gritan que tienen derecho a que los incluyan y otros rescinden obligados los mismos derechos que se otorgan del otro lado. Ambos se han quedado sin educación, sin el beneficio de un presente que educa y crece de verdad, sin seguridades y con una incertidumbre que no encuentra lo único que puede construir un lugar mejor en el tiempo: la educación desde todos sus ángulos.

Todos tenemos los mismos derechos, nadie necesita ser incluido en ningún lado para gozar de ellos. Todos tenemos las mismas obligaciones, y sin dudas aquí hay una gran cuenta que no cierra…cuestión de observar y pensar un momento.

A tantos planes sociales, en serio no me alcanza el espacio para describir la cantidad de planes lanzados, más subsidios para todo, y otra vez…las carencias crecen de forma exponencial, con ella la violencia social, la falta de recursos, los problemas en lo pequeño y en lo grande. Aquí hay una falla enorme, un error semántico en la atención de una sociedad que necesita muchas cosas que no llegan. No necesitamos más planes sociales, no se puede vivir toda una existencia cambiando de planes, planes que no van a ninguna parte, que no traen soluciones verdaderas, que siguen sin incluir, muy por el contrario, hay una parte de la sociedad condenada (con suerte) a cambiar de plan, cuánto más se puede decir… ¿Cuánto se puede crecer de verdad? ¿Cuánto puede proyectar una sociedad entre la que se reparte pobreza e incertidumbre? ¿Cuánto puede proyectar una sociedad que cada vez recibe menos educación? No quisiéramos que nuestros alumnos vayan cambiando de planes en cada etapa de la vida, quisiéramos que tengan su propio plan y proyecto de vida, porque tienen libertad y conocimiento para hacerlo, y porque las posibilidades de progresar sean reales.

Hay una educación verdadera que trae prosperidad, hay una educación valiosa que transmite lo más importante, la integridad, la posibilidad de una libertad efectiva, basada en el conocimiento, en la esperanza real, fundada en la cultura del trabajo, de lo que se alcanza con esfuerzo y con alegría simplemente porque es bueno, porque es mejor.

MaestroLa educación verdadera tiene su base en un conjunto de valores que se transmiten en lo cotidiano, la solución real la tiene la coherencia al sostener una forma de transmitir el conocimiento y las habilidades de manera precisa. Necesitamos fuerza para dirigirnos hacia allí, y mucha convicción. La tarea de educar en habilidades, en conocimiento y en valores es increíble, es genial. Más allá de los cambios que proponga un sistema educativo que puede desorientarse con facilidad, sostengamos la esencia de la tarea, aprender y enseñar, y volver a hacerlo una y otra vez, todas las veces que sea necesario.


Los valores y el desarrollo de la sexualidad

Entre todas las vivencias que nos acompañan y nos acompañarán siempre algunas de ellas se destacan por su relevancia, por la relación que tenemos con ellas, por lo que somos, lo que queremos y lo que manifestamos como personas. La forma en la que nos vinculamos con nuestra propia sexualidad es una de las más importantes durante nuestra vida, la forjamos desde muy jovencitos y en la adolescencia comienza a definir sus primeras improntas reales. A medida que pasan los años, como es lógico, maduramos en uno y otro sentido, algunas cosas, con el tiempo cambiarán siempre.

Hallar las palabras justas es difícil, porque si hay algo que se aleja de esta reflexión es la intención de juzgar u ofender. Por el contrario, es sin dudas, el fruto de muchas conversaciones con adolescentes y no tanto también, que hubieran querido escuchar palabras un poco más altruistas en torno al tema, y menos centradas en lo meramente físico. Supongo que queda muy claro que no hay forma de hablar aquí si no es encontrando un eje de moral que nos sostenga, que sea capaz de diferenciar realmente qué puede ser bueno y estar bien y qué no.

Son tiempos difíciles para esto…Porque somos muy capaces de reconocer errores en muchas cosas, pero se nubla la vista cuando tenemos que afrontar otras. Posiblemente los comportamientos en masa nos anuncian lo socialmente aceptado, aunque no distingan ni por asomo lo que puede ser bueno de lo que no. Y aquí aparece exactamente este tema, la forma en la que desde la adolescencia se desarrolla la propia sexualidad. Si bien hay una impronta cultural enorme, y una gran parte de lo que vivamos está íntimamente relacionado a las creencias personales y a los puntos de vista individuales, es un aspecto que necesita más cuidado para comprenderse, para vivenciarse y para enseñarse también.

Cuidar nuestro cuerpo  implica no sólo considerar cuanto lo alimenta, sino cuanto hacemos con él porque conlleva mucho más. Aquí es donde ponemos lo que somos. Aquí es donde encontramos felicidad o todo lo contrario. Espero coincidamos en este aspecto porque es fundamental, dentro del maravilloso y libre albedrío que se nos ha dado, tenemos la inmensa y valiosa capacidad de ser además de íntegros, felices. El cuerpo, como vehículo de nuestra preciosa existencia, es un instrumento del hombre para cumplir un ciclo con la mayor plenitud posible. En el cuerpo y en la sexualidad claro que no hay nada de malo, sino en lo que se le convierte cuando pierde su dimensión real.

Leí alguna vez palabras como las que siguen que me parecieron muy lindas “Mucho de la actividad de Nuestro Señor consistía en sanar los cuerpos, alimentarlos y dignificarlos” (…) “El sexo en sí en todas sus dimensiones es Santo.” Quiero decir, eso es lo que es…

Entonces ¿Cuándo pierde su significado real? En el desorden, en el abuso, en el acto de corromper su finalidad, en el utilizar a otras personas sin amarlas. El sexo sin amor en algún punto, termina en desprecio hacia la otra persona y hacia uno mismo. Donde no hay amor, se encuentra fácil la inmoralidad porque se degrada al ser humano mismo. Es aquí donde la dimensión errada de la sexualidad aparece, en el lugar donde todo da lo mismo, donde tanto los adultos, como prácticamente niños y niñas, porque algunos ni siquiera han alcanzado su adolescencia, han tenido relaciones sexuales sin tener el menor grado de maduración necesaria. Y aquí coincidiremos en que los hemos visto llorar muchas, muchas veces, y el dolor que se ocasionan a ellos mismos no es fácil de olvidar. Cuando su integridad se pone en juego, o sienten haberla perdido queda un gran trabajo para ayudarlos a encontrar una mirada más sana, y un vínculo con su propio cuerpo que pueda plasmar primero esos valores que sienten que faltan.

Hay dos factores sociales que no precisamente son de ayuda, uno de ellos es lo que venden los medios y la sociedad, si de un vistazo todo está bien y se aplaude…qué más se puede decir…El otro, es que muchas veces en la misma familia se leen toda clase de comportamientos permisivos, y casi ninguna palabra respecto de la educación sexual. Es increíble, por cierto, pero algunos padres no saben más que promocionar métodos anticonceptivos o de prevención y por el resto se los deja a los chicos al azar, en una apuesta del vale todo y lo que venga te hará socialmente más aceptable….Y en este contexto es fácil quedarse sin palabras, porque el problema parece reducirse a evitar embarazos o contagios. Qué confusión, que terrible y temible confusión…

La finalidad de la condición sexuada del hombre es la procreación, es el milagro de la vida. Y se produzca ésta o no a través de la unión sexual, es la experiencia de dos seres que se aman, que son capaces de expresar a través de un acto de madurez su comunión con el otro, su vínculo singular y único, en el que distinguen implícitamente su especial y exclusivo amor por su compañero.

En el lado contrario, los tiempos al respecto son un poco extraños, a algunas personas hablar de amor aún les parece gracioso, algunos adultos insisten en validar lo promiscuo, lo insano, como acto de diversión o entretenimiento. Y esto lo leen los chicos al vuelo, y desgraciadamente aleja la posibilidad de una vivencia sexual sana. La moda, el día, el minuto, la ocasión, los hace equivocarse una y otra vez, y perder una y otra vez lo mismo: su integridad.

Al respecto, sigo pensando que la única forma de revertir algunas cosas, entre otras, una tan importante como lo es la vida sexual de jóvenes y la forma en la que se proyectará de adultos es educando. Hablando, siendo ejemplo. No da igual una cosa que la otra, y no por hacerlo entre risas está todo bien. La complicidad en la ausencia de valores fundamentales a transmitir, como el amor, la fe, la paciencia, la virtud, el respeto por uno mismo y por los demás, pueden dejar fuera algo tan fundamental como la propia paz, la propia felicidad y plenitud.

Madurar sexualmente no es ser rápido para sacarse la ropa, sino lo suficientemente íntegro y claro para cuidar lo más preciado que se tiene, el cuerpo, como vehículo de todo lo sagrado que alberga, junto a la posibilidad de celebrar siempre lo que se ha vivido, lo que se vive y lo que se anhela.

El sexo es la forma más sublime de encontrarse en el amor con el otro, con quien en particular y en especial se tiene vocación de recorrer el camino de la vida. No es suficiente la amistad, no es suficiente cualquier amor… Eso no puede perderse, creo que sabemos bien a qué nos referimos y cuanto implica todo esto.

Hay mucho, en realidad muchísimo más que quisiera compartir al respecto, pero no quiero extenderme tanto. Sin embargo creo que para pensar y estar más atentos a algunas cosas, para garantizar que nuestros pequeños jóvenes encuentren una etapa maravillosa en sus vidas, cerca de los valores, de una autoestima fortalecida, de saber cuando es sí y cuando es no y de darse el tiempo de maduración necesaria. A veces se los empuja a los chicos a hacer cosas para las cuales no están listos de ninguna manera, o se los deja solos en el umbral de un comportamiento social que espera su confusión para ponerlos en situaciones que no desearían pasar. Aquí las familias principalmente y también sus educadores tenemos la tarea de transmitir, además de la compañía, una cantidad de valores con la mayor seguridad y claridad posibles.

Hay una dimensión cuidada, preciosa y alcanzable de vivir la sexualidad, que atesora su valor auténtico. A su tiempo, con su real significado, trae felicidad y alegría verdadera, porque implica encuentro no sólo con uno mismo y con el otro, sino con lo que realmente se es. Y es también madurar en las relaciones que tenemos que aprender a cuidar, porque implica aprender el amor, por nuestra propia esencia, por nosotros mismos y por el otro.