…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Los valores y el desarrollo de la sexualidad

Los valores y el desarrollo de la sexualidad

Entre todas las vivencias que nos acompañan y nos acompañarán siempre algunas de ellas se destacan por su relevancia, por la relación que tenemos con ellas, por lo que somos, lo que queremos y lo que manifestamos como personas. La forma en la que nos vinculamos con nuestra propia sexualidad es una de las más importantes durante nuestra vida, la forjamos desde muy jovencitos y en la adolescencia comienza a definir sus primeras improntas reales. A medida que pasan los años, como es lógico, maduramos en uno y otro sentido, algunas cosas, con el tiempo cambiarán siempre.

Hallar las palabras justas es difícil, porque si hay algo que se aleja de esta reflexión es la intención de juzgar u ofender. Por el contrario, es sin dudas, el fruto de muchas conversaciones con adolescentes y no tanto también, que hubieran querido escuchar palabras un poco más altruistas en torno al tema, y menos centradas en lo meramente físico. Supongo que queda muy claro que no hay forma de hablar aquí si no es encontrando un eje de moral que nos sostenga, que sea capaz de diferenciar realmente qué puede ser bueno y estar bien y qué no.

Son tiempos difíciles para esto…Porque somos muy capaces de reconocer errores en muchas cosas, pero se nubla la vista cuando tenemos que afrontar otras. Posiblemente los comportamientos en masa nos anuncian lo socialmente aceptado, aunque no distingan ni por asomo lo que puede ser bueno de lo que no. Y aquí aparece exactamente este tema, la forma en la que desde la adolescencia se desarrolla la propia sexualidad. Si bien hay una impronta cultural enorme, y una gran parte de lo que vivamos está íntimamente relacionado a las creencias personales y a los puntos de vista individuales, es un aspecto que necesita más cuidado para comprenderse, para vivenciarse y para enseñarse también.

Cuidar nuestro cuerpo  implica no sólo considerar cuanto lo alimenta, sino cuanto hacemos con él porque conlleva mucho más. Aquí es donde ponemos lo que somos. Aquí es donde encontramos felicidad o todo lo contrario. Espero coincidamos en este aspecto porque es fundamental, dentro del maravilloso y libre albedrío que se nos ha dado, tenemos la inmensa y valiosa capacidad de ser además de íntegros, felices. El cuerpo, como vehículo de nuestra preciosa existencia, es un instrumento del hombre para cumplir un ciclo con la mayor plenitud posible. En el cuerpo y en la sexualidad claro que no hay nada de malo, sino en lo que se le convierte cuando pierde su dimensión real.

Leí alguna vez palabras como las que siguen que me parecieron muy lindas “Mucho de la actividad de Nuestro Señor consistía en sanar los cuerpos, alimentarlos y dignificarlos” (…) “El sexo en sí en todas sus dimensiones es Santo.” Quiero decir, eso es lo que es…

Entonces ¿Cuándo pierde su significado real? En el desorden, en el abuso, en el acto de corromper su finalidad, en el utilizar a otras personas sin amarlas. El sexo sin amor en algún punto, termina en desprecio hacia la otra persona y hacia uno mismo. Donde no hay amor, se encuentra fácil la inmoralidad porque se degrada al ser humano mismo. Es aquí donde la dimensión errada de la sexualidad aparece, en el lugar donde todo da lo mismo, donde tanto los adultos, como prácticamente niños y niñas, porque algunos ni siquiera han alcanzado su adolescencia, han tenido relaciones sexuales sin tener el menor grado de maduración necesaria. Y aquí coincidiremos en que los hemos visto llorar muchas, muchas veces, y el dolor que se ocasionan a ellos mismos no es fácil de olvidar. Cuando su integridad se pone en juego, o sienten haberla perdido queda un gran trabajo para ayudarlos a encontrar una mirada más sana, y un vínculo con su propio cuerpo que pueda plasmar primero esos valores que sienten que faltan.

Hay dos factores sociales que no precisamente son de ayuda, uno de ellos es lo que venden los medios y la sociedad, si de un vistazo todo está bien y se aplaude…qué más se puede decir…El otro, es que muchas veces en la misma familia se leen toda clase de comportamientos permisivos, y casi ninguna palabra respecto de la educación sexual. Es increíble, por cierto, pero algunos padres no saben más que promocionar métodos anticonceptivos o de prevención y por el resto se los deja a los chicos al azar, en una apuesta del vale todo y lo que venga te hará socialmente más aceptable….Y en este contexto es fácil quedarse sin palabras, porque el problema parece reducirse a evitar embarazos o contagios. Qué confusión, que terrible y temible confusión…

La finalidad de la condición sexuada del hombre es la procreación, es el milagro de la vida. Y se produzca ésta o no a través de la unión sexual, es la experiencia de dos seres que se aman, que son capaces de expresar a través de un acto de madurez su comunión con el otro, su vínculo singular y único, en el que distinguen implícitamente su especial y exclusivo amor por su compañero.

En el lado contrario, los tiempos al respecto son un poco extraños, a algunas personas hablar de amor aún les parece gracioso, algunos adultos insisten en validar lo promiscuo, lo insano, como acto de diversión o entretenimiento. Y esto lo leen los chicos al vuelo, y desgraciadamente aleja la posibilidad de una vivencia sexual sana. La moda, el día, el minuto, la ocasión, los hace equivocarse una y otra vez, y perder una y otra vez lo mismo: su integridad.

Al respecto, sigo pensando que la única forma de revertir algunas cosas, entre otras, una tan importante como lo es la vida sexual de jóvenes y la forma en la que se proyectará de adultos es educando. Hablando, siendo ejemplo. No da igual una cosa que la otra, y no por hacerlo entre risas está todo bien. La complicidad en la ausencia de valores fundamentales a transmitir, como el amor, la fe, la paciencia, la virtud, el respeto por uno mismo y por los demás, pueden dejar fuera algo tan fundamental como la propia paz, la propia felicidad y plenitud.

Madurar sexualmente no es ser rápido para sacarse la ropa, sino lo suficientemente íntegro y claro para cuidar lo más preciado que se tiene, el cuerpo, como vehículo de todo lo sagrado que alberga, junto a la posibilidad de celebrar siempre lo que se ha vivido, lo que se vive y lo que se anhela.

El sexo es la forma más sublime de encontrarse en el amor con el otro, con quien en particular y en especial se tiene vocación de recorrer el camino de la vida. No es suficiente la amistad, no es suficiente cualquier amor… Eso no puede perderse, creo que sabemos bien a qué nos referimos y cuanto implica todo esto.

Hay mucho, en realidad muchísimo más que quisiera compartir al respecto, pero no quiero extenderme tanto. Sin embargo creo que para pensar y estar más atentos a algunas cosas, para garantizar que nuestros pequeños jóvenes encuentren una etapa maravillosa en sus vidas, cerca de los valores, de una autoestima fortalecida, de saber cuando es sí y cuando es no y de darse el tiempo de maduración necesaria. A veces se los empuja a los chicos a hacer cosas para las cuales no están listos de ninguna manera, o se los deja solos en el umbral de un comportamiento social que espera su confusión para ponerlos en situaciones que no desearían pasar. Aquí las familias principalmente y también sus educadores tenemos la tarea de transmitir, además de la compañía, una cantidad de valores con la mayor seguridad y claridad posibles.

Hay una dimensión cuidada, preciosa y alcanzable de vivir la sexualidad, que atesora su valor auténtico. A su tiempo, con su real significado, trae felicidad y alegría verdadera, porque implica encuentro no sólo con uno mismo y con el otro, sino con lo que realmente se es. Y es también madurar en las relaciones que tenemos que aprender a cuidar, porque implica aprender el amor, por nuestra propia esencia, por nosotros mismos y por el otro.

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