…en la escuela necesitamos integrar los valores…

General

los valores desde la fe

Los valores humanos no sólo son indispensables, sino que debemos asirnos de ellos con todas nuestras fuerzas. Sin embargo, no de cualquier manera, la libre interpretación de algunos de ellos hacen estragos, incluso algunos términos se han vuelto completamente ambiguos, confusos… Y es que humanamente…

Caemos con facilidad en la idea de creer que una opinión es una verdad, que un punto de vista es la realidad pura y acabada, que para ser tolerante hay que vaciarse de moralidad. Y vacío así cada uno y tan caudalosa la afluencia de “verdades” nuevas, pocas veces usamos en serio, pero de verdad lo que se nos ha dado para distinguir una cosa de la otra: la razón, a la luz de lo que tanto se nos exige omitir: la fe.

De todas las maneras posibles, la falibilidad de cuanto podamos escudriñar, defender y postular es infinita. Nos es tan lícito como sano pensar y repensar, intentar mejorar, ir por más, teorizar una y otra vez; todo es parte de nuestra esencia, de nuestra naturaleza humana. Pero hay un límite que hay que reconocer pronto y profundamente, el propio.

No hacerlo es pernicioso, no hacerlo implica muchos peligros; uno de los peores el del relativismo. El de la negación de verdades absolutas, inmutables, borronearlas con el codo caprichosa y apasionadamente trae miseria moral, pervierte el corazón, desanima espiritualmente… Se empobrece el mundo en manos de un relativismo tibio, con poca coherencia, tantas veces distanciado hasta de la lógica. Todo un mundo que corre en masa tras estas y aquellas premisas nuevas. Pocos se preguntan si son verdaderas o falsas, muchos menos las utilizan correctamente para llegar a darles su estructura lógica y llegar así a alguna conclusión.

¿Cuánto podríamos saber nosotros por nosotros mismos? Todo el conocimiento del mundo, de toda la evolución humana, quedaría en un instante sin aliento ante la magnificencia de la Verdad proveniente de Nuestro Padre. Y amorosamente puesta a nuestra disposición para encontrarnos cara a cara con El Amor, La Sabiduría y La Belleza en su real y acabada dimensión.

No podemos vivir arrojándonos una moralidad humanamente pobre; una suerte de cada quien haga lo que quiera que “todo vale”; que mi verdad, que la suya, que la del otro. Eso no es así, eso es ignorancia. Es pobreza de pensamiento, de corazón y de alma. No puede ser que todo nos de lo mismo. Que no se nos pierda el norte, usemos la inteligencia que se nos ha dado para pensar realmente, y discernir una cosa  de la otra. Posteriormente, claro, ofrecerlo también a los demás. No nos olvidemos que no se trata de sálvese quien pueda sino que la caridad nos exige mucho, muchísimo más. Y parte de esa responsabilidad está ligada al aprendizaje, al uso de la razón y a la coherencia. Es un reto completo, en una sociedad que muchas veces nos pide tolerancia y respeto desvinculándolos de nuestros valores y nuestra fe. ¿Qué sería del mundo si así fuere realmente…?

Que nadie tema defender sus valores desde la fe, desde lo Alto siempre. El Amor y la sabiduría de Dios nos sobrepasan, no cambian nunca. Lo abarcan TODO, y estamos, lo veamos o no, inmersos en Él. Proveernos de cuanto se nos ofrece sólo implica abrir el corazón, y aprender pacientemente. Personalmente y como he dicho antes encuentro la plenitud de la verdad en la Iglesia Católica.

Nutrir nuestra familia, nuestros hijos, nuestro entorno de ese Amor, conlleva ofrecer dulcemente de la fuente que hemos tomado, defender la vida SIEMPRE, amar y respetar pero no con una palmadita en la espalda de me da igual, sino departiendo con claridad lo que está bien y lo que no. Así se camina con conciencia y coherencia en la vida, eso es amor. No es amor, en cambio, que nos de igual si el otro cae por el barranco, que quede claro, que no se nos olvide. Eso no es te respeto, eso es me importas un comino. Contexto en el cual, ambas partes salen perdiendo.

No hay valores suficientes, no habrá nunca moralidad suficiente sin Dios. Nosotros, nuestros niños, nuestros jóvenes necesitan saber del Amor inconmensurable de Dios, y del camino que señaló de tantas maneras y con tanto Amor Su Hijo Jesús. No hay mayor sabiduría y amor más grande que podamos dar a nuestros hijos que hacerlos crecer en la fe. Estamos tan de paso aquí, que necesitamos asumir con la mayor plenitud y prontitud posible la belleza, la sabiduría y la paz desde la cual fuimos creados para encontrar verdadera felicidad.

Pero para ello necesitamos asirnos del bien, somos tan limitados y tan afines a buscar lo bueno “a la humana”, dándole mil vueltas peligrosas a valores indispensables, intentando acordar que tan bueno o malo puede ser determinado asunto, que esquivamos la verdad. La escondemos en un rincón, los que tenemos fe, muchas veces la maquillamos un poco o la interpretamos a nuestra perezosa medida sin dejar tiempo para saber de verdad.

Deberíamos acudir mucho más seguido a la verdadera fuente, dejamos a un lado lo sagrado, las enseñanzas de Nuestro Padre que ha sido absolutamente claro respecto de todas las cosas…Por mucho que nos cueste aceptarlo, solos no podemos, basta mirar alrededor, basta escuchar atentamente, basta “mirar los frutos” de hacerlo todo como se nos antoja. Y al colmo de lo antedicho vamos a los porrazos guiándonos unos a otros tan sueltos de conciencia, y tan hábiles para causarnos dolor. ¿Qué orgullo no nos permite abrir los ojos y el corazón para encontrarnos pronto con un bien capaz de manifestarse de infinitas formas? ¿Cuánto tiempo seremos capaces de añadir a las excusas de buscar y encontrar un camino de verdadera paz y felicidad? Ambas, por supuesto, fruto de la templanza, del silencio, de la oración y de la sincera voluntad de entrega.

De nuevo, solos, no podemos, solos no estamos, solos no hemos de encontrar cómo y quiénes debemos ser. Realmente no hay valor más grande que la fe, no hay mayor sabiduría que la de Dios, hacia allí tenemos que dirigirnos siempre.

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Los valores y la educación sexual, desde la escuela y la sociedad

Acercar valores morales implica tener la mirada puesta en todo cuanto humanamente pueda hacerse de una manera altruista, que atesore en su esencia calidad y las mejores cualidades. El desarrollo de la sexualidad en nuestros jóvenes no está ajeno a la posibilidad de atesorar una forma buena de ser vivida. En la que puedan proyectarse aspectos que para muchos son obsoletos, como el amor, la virtud, la fidelidad, la confianza… A cambio, se los induce con una prisa inexplicable a todo lo que los aleja de una madurez más acertada de la afectividad, y de su propia integridad.

Cualquiera de nosotros podría afirmar que cada vez son más los espacios en los cuales podemos observar la liviandad con que se proponen nuevas formas de concebir la vida, los derechos y las costumbres. Ciertos aspectos de las nuevas propuestas transgreden burlonamente no solo valores éticos y morales, sino que sobrepasan la aprobación y el consenso de los padres cuando se hacen extensivas al ámbito educativo. Vulnerando (supongo que sin querer) el consentimiento de las familias; tal como está sucediendo en las escuelas en la forma de encarar algunos aspectos de la educación sexual en todos los niveles. Disiento profundamente al respecto y quisiera, entre cosas, deslizar el porqué desde distintas ópticas.

Realmente es en el sentido de la moralidad un mar de confusiones que se les plantea a los chicos, más allá de lo politizado y tan progresista de la cuestión como se plantea muchas de las veces. A la delicada evolución y desarrollo sexual propios de cada edad, se les avienta al libertinaje, a la iniciación sexual temprana y vacía, al vale todo y a la promiscuidad, en contraposición a la calidad de las virtudes. Dejando así de lado el conocimiento y dominio de sí, la construcción altruista de la autoestima, la consolidación de la propia integridad y respeto por sí mismos. Las nuevas formas que se proponen de encarar su sexualidad los deja confundidos, agotados, con una autovaloración muy pobre y dolorosa. Estamos cada vez más lejos de educarlos realmente en tal sentido, y me parece sumamente irresponsable de parte de los adultos, plantear “educación” en estos términos.

En tal sentido, el meollo del asunto se encuentra muchas veces en la cobardía de responder con una moralidad que no podemos perder; y dejarnos arrastrar por falacias enmascaradas en palabras que pretenden acercar nuevas verdades; cuando no son más arrojar viejas mentiras y vicios, en un contexto tan flamante como moralmente peligroso.

Por un lado resulta cómodo simplemente callar, por otro se ha vuelto cada vez  más difícil defender  oportunamente las convicciones, para evitar la violencia del insulto, la burla o la agresión gratuita y desmesurada. De un tiempo a esta parte, a la verdad que sostiene valores humanos genuinos se la ha llamado “intolerancia”; a las virtudes más imprescindibles “costumbres anticuadas”; a las obligaciones mínimas que sostienen los derechos “abusos”, y podríamos seguir un buen rato más, pero bastan los ejemplos para reconocer que se han ido sigilosamente de las manos  muchas cosas esenciales.

Gran parte de la habilidad manifiesta de avanzar incongruentemente sobre el límite entre lo que está bien y lo que no, es mezclar los términos, deslizar sigilosamente el significado real de las palabras y  proponer “nuevas verdades”. Estará de más decir que no hay verdades a medias, pero vale recordarlo. No se puede fragmentar la verdad y construir una nueva combinando trozos de verdades y mentiras. El debate de aseveraciones construidas sobre ambas, es una pérdida de tiempo absoluta para unos, pero una ganancia de espacio inmediata, aunque poco genuina, para otros.

No es posible sostener una estructura lógica correcta, mezclando palabras y sacándolas de su contexto real. Los términos como valores, derechos, vida, amor, no se pueden extraer del contexto genuino que expresa un bien, una virtud, un valor real para obtener en una macabra ecuación “derechos” nuevos, incluso en contra de la misma vida. Entonces, las cosas por su nombre, la vida no tiene discusión, sobre el derecho a la vida no hay nada que discutir. La promiscuidad, el vicio, la desviación, la vagancia, la delincuencia, la violencia en cualquiera de sus formas son lo que son, guste o no. No podemos cambiar la acepción y el valor real de las palabras por capricho, no puede someterse la humanidad entera a la distorsión de las palabras y de un camino de verdad y de bien, sólo por antojo. Todos tenemos derechos, todos merecemos respeto, todos tenemos la libertad de elegir, pero no hay intermedios entre lo que está bien y lo que no. Un poquito mal, no es bien. Un poquito de verdad y un poquito de mentira… no es verdad.

¿Qué verdad? La que no prescribe, la que resguarda la vida, la que reconoce valores éticos y morales permanentes, que con precisa magnitud orientan la calidad de nuestras acciones. Esa verdad que se reconoce en el amor verdadero y desinteresado (tan alejado del egoísmo que se propone) capaz de dar de sí sin cansarse. Tenemos que dejar de confundirnos y de confundir las cosas, sobre todo cuando llevamos educación, ni hablar desde el punto de vista de la fe.

Personalmente, encuentro una sola manera de hallar verdad, y es a través del amparo de la sabiduría proveniente del Amor de Dios. Como cristiana católica, encuentro en el amor infinito de Nuestro Señor Jesús todo lo que realmente es bueno, verdadero y bello, tal como ve nuestra fe las cosas de Nuestro Padre.

Por las dudas, todos cometemos errores y todos necesitamos ayudarnos unos a otros a crecer. Por eso no se trata de no equivocarse, tampoco de juzgar, sino de ser capaces de volver a la fuente a buscar verdad, encontrando la forma buena y correcta de hacer cada cosa. Tampoco se trata de quien es mejor, sino de enfocarnos en buscar el bien. Y como todo lo bueno está ligado al amor entre hermanos que somos, intentemos llevar lo que sabemos bueno a los demás, más que nunca cuando se trata de cuestiones tan sustanciales, para nosotros y nuestros hijos.

Sin dudas no es fácil defender algunos valores cuando se propone tanta confusión del otro lado, la violencia tan manifiesta de la mentira, es fruto de un orgullo muy difícil de entender y confrontar. Compartimos un ambiente que socialmente se viene cada vez más vacío de valores y virtudes, para ceder sin mucho esfuerzo ante la necedad, la mentira y la decadencia moral y espiritual.

El crecimiento y la paz son fruto de la templanza y no de la consecución de cualquier deseo o exceso. Y si bien cada uno tiene la libertad de elegir, no es lícito llamar bueno a lo malo, y viceversa, muchísimo menos incorporarlo en una nueva “educación sexual integral” en las escuelas, muchísimo menos pretender cambiar leyes a puro tropiezo de mentiras y errores. Mas desgraciadamente, a fuerza de ver lo que sufren los jovencitos que se dejan arrastrar por todas estas “nuevas formas” de concebir la sexualidad, mis certezas sobre las virtudes que se oponen a tales cosas son cada vez mayores.

Nuevamente, somos los adultos responsables, tenemos obligación de educar en valores, virtudes y verdad. A buscar lo bueno también se aprende, y muchas veces no es pequeño el esfuerzo que demanda aprehender tales cosas para sí. Claro que no esforzarse es más fácil, ceder a la pereza, incluyendo la espiritual, como ceder a cualquier otro vicio o deseo es cómodo, sencillo, está de moda y sirve al instante para encajar socialmente. Pero su fin es tan ruin como pobre, y su carrera tan desgastante como dolorosa. Ayudemos a nuestros pequeños y jóvenes a no transitar por allí, la libertad es de cada quien, pero la responsabilidad de avisar, enseñar y poner a resguardo es nuestra. Como siempre, Dios mediante, encontremos la forma. Desde la humildad, pero con la firme convicción de lo que es bueno y mejor.

Los mejores valores y virtudes, lejos de caducar son para traerlos cada vez que sea necesario, tiñendo nuestra existencia de calidad y una magnitud real que anima a procurar virtud. No nos quedemos sólo mirando atónitos, seamos siempre parte de los cambios que son para mejor. Cada uno desde su lugar, sobre todo desde el amor, hay contextos y situaciones que esperan, más que nunca, coherencia, valores y virtud de verdad.


Feliz Nochebuena y Navidad !

    Cuánto deseaba que pudiéramos acercarnos unos instantes! Ya 24 de Diciembre, increíblemente rápido transcurren los días y los meses, realmente anhelaba tomar el tiempo necesario antes que nada para agradecer la compañía, la búsqueda, el trabajo que toma cada quien y el compromiso impregnado de cariño que evidentemente toman en su tarea diaria. Como siempre mis respetos, mi abrazo gigante. Llegan aquí de muchísimas partes del mundo, todos tras la misma finalidad, aportando, dando, creciendo y ayudando a crecer, mi mayor afecto y admiración, hay tanto para hacer y tanto para dar..!

Que esta Nochebuena traiga paz, este mundo inquieto de verdad la necesita, que el amor inconmensurable de Nuestro Jesús transforme y fortalezca nuestros corazones. La Navidad es una oportunidad excepcional de pausar las cosas de todos los días para alimentar el amor verdadero, para fortalecer los lazos más importantes, para aprender a agradecer, a perdonar, a dar, a pedir lo que realmente vale la pena. Es tiempo para apreciar, para reconocer, para valorar, para mirar a los otros con el mismo amor con que somos vistos nosotros, con la misma paciencia, con igual ternura. Mi más afectuoso deseo de Nochebuena y Navidad en paz, que logremos colmar ambas de ese amor de verdad que puede todas las cosas. Dios mediante, encontremos siempre sabiduría para agradecer y fortaleza para aprender y dar.

Excelente 2018!!!

¡¡¡Muy, muy feliz Nochebuena y Navidad!!!

Pesebre

Gracias siempre…

Andrea

 


Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.


Aprender la paz

Ciertamente la costumbre nos hace asumir ciertas realidades sin objetarlas, cuestión de economía de esfuerzo que se torna muy valiosa para agilizar el día sin necesidad de cuestionarse demasiado. Sin embargo, sería una gran pérdida no renovar y enriquecer la forma en la que nos desempeñamos como padres o formadores en el aula, más aún, en nuestra vida (toda) sea cual fuere nuestra tarea.

Por mucho que ame mi trabajo, la vuelta a casa es un momento no solo de alegría, sino de un silencio que agradezco infinitamente, la escuela es naturalmente un lugar donde puede haber de todo menos silencio, claro. Sobre todas las cosas es cada vez más notoria la aceleración que tienen los chicos, la disrupción permanente durante las horas de clases, y la poca capacidad de concentración que tienen los chicos. Sería injusto decir que las nuevas generaciones se ha inventado solitas esta aceleración, a veces, bastante desmedida; se la han aprendido de sobra de todo cuanto les hemos puesto a la mano, incluyendo el ritmo de vida que nuestras propias aspiraciones demandan de nosotros.

Todos lo hemos sentido en carne propia, es el precio del mundo en su auge insaciable de estar en todas partes, conectados con todo, haciendo lo que se supone debemos hacer y sabiendo todo cuanto sucede en cualquier parte del planeta (y fuera de él también). Aclaro que los avances tecnológicos no sólo me encantan, sino que son realmente geniales en muchos sentidos. Mas no son las cosas, claro, sino lo que hacemos con ellas, y lo que ellas son capaces de hacer de nosotros.

Corrigiendo un poco… Queremos estar en todas partes, sin estar en realidad en ninguna. Estamos demasiadas veces aquí, pero con la cabeza por allá, y el corazón por otro lado, tanto espacial como temporalmente. Generalmente no acabamos de aterrizar en un lugar en cuerpo y alma, nos dimos a la tarea de aprender a hacerlo y pensarlo todo a la vez, hartos de habilidad y destreza para hacer, pero con un gran hueco en la fecundidad de lo que necesitamos ser y transmitir. Dejamos muy poco tiempo para el ahora, para el presente, cuando es lo único que tenemos en realidad, y lo único que podemos modificar. Es de lo más valioso que se nos ha dado, a modo de oportunidad tangible, a modo de regalo para disfrutar sin más, a modo de tiempo verdadero para crecer.

Hay una ilimitada riqueza que se pierde cuando no estamos conectados con lo que hacemos, y con el otro. Todo roza demasiadas veces lo superficial, lo que se pasa por arriba a toda velocidad y al rato siguiente se olvida. La riqueza real deviene de la paz que se adquiere en una percepción más auténtica, de vivencias más acabadas y menos fraccionadas. Es tomar el tiempo y el espacio necesarios, convocando casi sin sin querer una convivencia más serena, pero inmensamente más rica.

Es en paz que se encuentran los medios más apropiados para trabajar por un futuro realmente mejor. ¿Nunca se han planteado que el futuro será mejor sólo cuando logremos que el día de hoy lo sea? ¿Cuánto hacemos para que eso suceda?

No es un eslogan de motivación personal, es lo que construimos a la luz de lo que verdaderamente somos, y nos guste o no, no podemos reconstruir un sólo día del calendario para vivirlo de nuevo. Aquí hay un inmenso darse cuenta de lo que realmente vale la pena, del agradecimiento por el hoy, añadida la oportunidad de crecer y ayudar a crecer, cosas que sin una perspectiva desde un presente mucho más sereno, no pueden llegar.

Un corazón en paz, construye un rato y un lugar de paz, en el que hay espacio donde colocar muchas cosas buenas. Afortunadamente no sabemos a ciencia cierta nada sobre el mañana, pero tenemos en las manos un hoy que nos espera siempre, y que la mayor parte de las veces se va en un ayer incompleto y planea un mañana sin haber concluido verdaderamente su hoy. Ojalá también aprendamos a buscar más que nada el tiempo de encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con Nuestro Jesús cada día. Se nos ha perdido la humildad de reconocer que no somos nosotros la fuente de todo, que solos no podemos con nada, y que hay un Amor infinito que espera ese tiempo de calma para ofrecerlo todo.

Únicamente en paz, encontraremos la fuerza para sostener la mirada en el otro, para pensar mejor, para construir con firmeza solamente sobre lo bueno y para cumplir con madurez nuestra responsabilidad de enseñar un no o un si en paz. Son tiempos en los que se usa mucho un amiguismo y complicidad extraños entre padres e hijos y entre docentes y alumnos, sin embargo no se nos han dado en responsabilidad nuestros pequeños para trabar amistad, sino para amarlos, guiarlos, cuidarlos y preservar su integridad en el más amplio de los sentidos.

humildadCuando estemos listos para relajarnos un poco del ritmo de vida que se nos ofrece, cuando nos acerquemos más a la gratitud, a la buena disposición, a la capacidad de seleccionar en que cosas y de que manera invertiremos nuestro tiempo; encontraremos las respuestas que necesitamos, incluyendo las sonrisas y los abrazos que olvidamos, la calidad y la calidez de las palabras que hablamos, y la paz en el corazón que necesitamos.

Nuestros pequeños aprenden lo que ven ¿…les has preguntado que ven?

La paz es una puerta, una oportunidad inmensa. Si no se construye dentro carece de sentido y significado, es tiempo de convocarla, no como ausencia de conflictos, sino como cualidad esencial de aquello a lo que pertenecemos verdaderamente; y tenemos la dulcísima responsabilidad de transmitir, sobre todo desde el ejemplo, a cada uno de nuestros pequeños.


Los conflictos en el sistema educativo

Cada principio de año salen a relucir todas las cuestiones pendientes, las que son propias del sistema educativo no son la excepción. Más aún, son tan antiguas las falencias del sistema, que inevitablemente cada año se pierde tiempo en intentar “resolver” las mismas cuestiones, salario e infraestructura son los ejes principales. Nunca se resuelven, sino que se acuerdan con más o menos conformidad de parte de unos y otros. Sabemos muy bien lo lejos que estamos de un sistema educativo ideal, o siquiera realmente mejorado.

Se tiñe cada año del mismo color debido a la informidad de una sociedad que parece no estar muy segura de lo que busca, muchísimo menos de lo que encuentra a medida que los acontecimientos se suceden; puesto que aún funciona sin medir demasiado objetivos, causas y consecuencias. Un día los reclamos, al otro las medidas adicionales a los reclamos, como los paros; y al otro los acuerdos sin más. Un tiempito más y parece que aquí no paso nada. Un año, otro, y otro, pero seguimos sin comenzar a resolver de verdad. La culpa será de que siguen siendo más fuertes los intereses parciales que la conciencia de la necesidad del bien común, de un plan de verdad, un proyecto a mediano y largo plazo que exige cambios de calidad ahora, hoy mismo. Tomará muchos años sin dudas, pasará mucho tiempo hasta que se concreten los primeros logros, pero valdrá la pena, es un proyecto ambicioso pero necesario. Cuando suceda será sin perder ni ganar ninguna de las partes, todos ganamos… o todos perdemos, esa es la conciencia del bien común. No es una utopía, es un camino que no conocemos, pero que deberíamos aprender a transitar.

Sin dudas hoy podemos coincidir en que nadie defiende la educación perjudicándola, que nadie está gestionando mejoras si no mejora. Sigue siendo la educación lo más vulnerable, puesto que en medio de una lista de reclamos y devoluciones completamente válidas, se terminan perjudicando siempre los chicos.

Por las dudas, los valores que convocaron este blog surgieron como una necesidad evidente y apremiante de trasladar a la escuela. Los mismos una y otra vez han puesto en evidencia los mismos reclamos, por lo tanto, no se trata de estar en contra de los mismos, sino de cambiar las formas para ambas partes.

Será que siempre la vía de reclamo incluye perjudicar al otro? Y en educación…ni más ni menos…no se nos ocurre otra cosa? De parte del estado igual, quienes nos representan, quienes gestionan para todos y cada uno de nosotros el sustento, el crecimiento, la paz, el mínimo orden para que esto funcione…Cuántas veces se tropieza con la misma piedra?

Indefectiblemente para que la educación mejore hay que invertir, hay que cambiar en serio, hay que crecer. Es completamente cierto que los sueldos docentes son una calamidad, adicionado un sistema que no funciona, y nos deja sin cobrar muchas veces durante meses y meses, nadie puede dar educación de calidad corriendo todo el día con 12 o 15 cursos además del trabajo extra para el que necesitaríamos un día que dure mucho más que 24 hs. Ni hablar de la infraestructura, porque mejor ni hablar, es vergonzoso, sino roza lo inhumano muchas veces. Pero seamos realistas que este no es un tema nuevo. No nacimos ayer, vamos..! Pero en algún momento hay que ocuparse EN SERIO, DE VERDAD. Sino nos exponemos a lo mismo cada inicio de clases, y cada ciclo lectivo entero.

La educación en su sentido más amplio y profundo y la justicia, no pueden fallar, son dos pilares fundamentales en cualquier lugar del mundo. Basta un segundo para ver cuales son nuestros dos grandes flagelos. Somos muchos docentes los que tímidamente sentimos vergüenza por ambas partes desde hace muchos años. No nos sentimos representados ni por los sindicatos, ni por los gobiernos. No es el modo de dirigir un sistema educativo, no puede ser siempre la educación lo más vulnerable que tiene un país que aspira a crecer, sobre todo humanamente. Más allá de las horas de estudio, la calidad del sistema necesita revisar muchas cosas. La escuela necesita evolucionar, pero no lo hará sin una sociedad y una dirigencia que la acompañe. A las buenas intenciones hay que darles forma y vida cuanto antes.

Los reclamos sindicales (permítanme insistir: válidos todos) necesitan también una vía distinta, si el reclamo es justo no hay necesidad de perjudicar a quienes más queremos defender. No hay dudas de que los chicos tienen que estar en la escuela, todos estamos equivocados cuando creemos que los cambios y mejoras se gestionan así. No podemos abandonar a los chicos, y el estado no puede abandonar un sistema de educación que necesita tantísimo más que un presupuesto mucho más digno. Hay que pulir todas las cosas, los salarios docentes, la preparación de los mismos, la infraestructura escolar, y la responsabilidad de la calidad del trabajo de la comunidad educativa entera. En la forma en que se presentan todos estos aspectos, el trabajo docente tiene un alcance excesivamente limitado.

Realmente deseaba que el primer encuentro aquí del ciclo, hubiese sido otro, pero dada la prolongación de un conflicto que se ve extraño de todos lados, deseaba compartir este punto de vista. Agradezco también los comentarios que han dejado al respecto, entiendo bien cada disgusto, y de alguna manera lo comparto, sólo preferí no publicarlos para no iniciar un debate y discusión, no es el ánimo del blog importunar ni ofender a nadie, sino tomar las reflexiones como tales y obrar cada quien según su conciencia.

Dios mediante encontremos pronto una solución para beneficiar verdaderamente a todas las partes que alcanza este conflicto. Pero más que nada, nos despierte la realidad de que las que se escuchan, no son todas voces, de un lado y del otro hay tanto, tanto para cambiar que no hay tiempo que perder. Bajo todo el ruido de los reclamos y discusiones hay un silencio que espera el tiempo de aula, las horas de educación, el ejemplo de los valores a los que aspiramos, la paz  y la conciliación inteligente que necesitan ver los chicos de parte de sus adultos responsables, los representantes de los docentes por un lado, y un estado que debe ocuparse de representarlos a ellos y a sus docentes también. No debería ser una guerra entre ambos que desautoriza e ilegitima a las dos partes, sino la unidad en el bien del fin que se persigue, sino es así, es porque estamos faltando a la verdad.


Navidad…Navidad..!

Sólo por exagerar un poco (un poquito nada más…) parece que fue hace unas cuantas semanas que subí una imagen aludiendo al nuevo año 2016, casi inexplicable que me encuentre aquí finalizándolo juntos…

En lo personal fue un año de muchísimo trabajo así que siento, en primer lugar, que me hubiera gustado compartir más cosas, de hecho las he comenzado en varias oportunidades, sin tener tiempo de concretarlas. De todos modos, sé que más allá de los cambios en el calendario, habrá ocasión de compartirlas, y eso es genial.

A propósito de calendario, los viejos amigos habrán notado que me trae cada año la Navidad, ya saben cuánto me encanta y disfruto junto a mi familia. Intento valorarla con el espíritu y la alegría real que amerita, como la expresión más elevada del Amor Verdadero, Amor hecho Hombre, y al cual se nos convoca con tanta mansedumbre y dulzura. Una vez más los invito a vivirla con la misma alegría, mucho más allá de las corridas, las compras enormes como si fuera a acabarse el mundo, y las comidas interminables. Que no se nos olvide que es otra cosa, se trata del cumpleaños de Nuestro pequeño y dulce Niño Jesús, y del mismísimo Amor expresado en Su abrazo gigante hasta el final. Recordemos que Su Amor nos alcanza a todos, reservemos un rato a corazón abierto para recibirlo a Él, y que de la misma manera lo convoquemos para nuestros niños, ese es el regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos.

La relación que tenga cada uno de nosotros con Dios, con Nuestro Jesús o Su Mamá es tan única como el tiempo que necesita fortalecerla. Dedicamos tanto tiempo a tantas cosas y evocamos con tanta ligereza otras, que nunca nos avergüencen las cosas del alma, antes mejor pongamos las cosas en su lugar. No nos lleva a ninguna parte ser eternamente los reyes de las justificaciones, aprendamos de los frutos del Amor la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz y una infinidad de virtudes que son lo que más necesitamos en realidad.

Ojalá esta Navidad logremos darle verdadera vida al Pesebre en nuestro corazón, y nos enamoremos de La Pequeña Familia que allí nos espera.

¡¡Que todas las bendiciones los acompañen siempre. Feliz, muy Feliz Navidad…!!

pesebre07

 

Sí, es ciertamente un clásico estresarse mucho para las fiestas, que quiénes con quiénes de la familia, la corrida, compras y más compras, gastos de lo que no se tiene para cumplir, comida por doquier y poco tiempo, si acaso algunos segundos para frenar y tomar conciencia de la celebración. La Navidad es una fiesta, un agasajo desde el alma, es excepcional vivirlo como tal, sonreír y disfrutar con todo el corazón. No importa lo que digan o piensen los demás, esas son las pocas cosas reales que se pueden atesorar, y para quien las sepa ver, las más hermosas que podemos compartir.


Para incluirte mejor…

Es tanto cuanto escuchamos y decimos sobre la educación inclusiva que un paso atrás y con un poco más de perspectiva, reconocemos tantas interpretaciones como veces escuchamos la palabra inclusión. Por aquí también hemos ocupado un buen rato en reflexionar sobre las diferentes dimensiones en las que se concibe, y también en su real significado desde el origen de su concepción.

La educación inclusiva ha puesto en palabras concretas, un aspecto indispensable de la educación: la absoluta legitimidad del derecho a educarse de cada quien, según sus capacidades y necesidades, en un contexto cultural propio. Pero más que nada, como parte indiscutible de la dignidad humana que cada pequeño sostiene para sí, y que como verdadera responsabilidad habremos de revelar en la integración verdadera.

Una sola manera existe de incluir, y es reconociendo la propia individualidad y otorgando desde la calidad, las herramientas necesarias a cada niño y jovencito para desplegar al máximo sus cualidades y habilidades. Sin embargo, no basta el reconocimiento de la existencia de por sí y las capacidades individuales, sino la vocación verdadera de ayudarlos a encontrar más. Sin dudas, es un proceso de intercambio permanente, casi un desafío a las propias capacidades de quien educa…”¿Cómo podré ayudarte a alcanzar todo el conocimiento posible?”

Es entonces que reconocemos que necesitamos más que los conocimientos, más que la aprehensión de las propias normas y currículas, necesitamos flexibilidad para encontrar las formas conforme cambian los tiempos, las necesidades, las caritas, y el contexto en todas sus dimensiones. Así, hay pequeños valores que necesitamos retomar y que se traducen naturalmente en hechos. Es entonces que todo cuanto hacemos cada día, proviene del fruto de cuanto podríamos decirles desde la auténtica vocación de enseñar…

“Para incluirte mejor tomaré como punto de partida la verdad, y reconociendo juntos la realidad, encontraremos la manera de alcanzar no sólo lo que debes aprender, sino todo lo que necesites saber para lograrlo.

Para incluirte mejor tomaré el tiempo necesario para conocerte, y te invitaré a conocerme como un acto de respeto y reconocimiento mutuos, solo así valoraremos el significado un espacio tan único, como el tiempo de aprender.

Para incluirte mejor no te aburriré dejándote fuera de la comprensión de los contenidos, pero no me evitarás con tu indiferencia, deberás comprender esto muy bien. Quiero tus ojos y tus oídos puestos en mí cada vez que sea necesario. Te necesito atento, despierto, ávido de desafiarme con preguntas y listo para exponer tus habilidades.

Para incluirte mejor, podrás sentirte seguro, puesto que voy decirte “no” las veces que sea necesario, y te daré explicaciones al respecto sólo si es oportuno. Sé que hay cosas que aún no puedes comprender, pero estaré ahí para que encuentres cada uno de los límites. El resto llegará a su tiempo y será fruto de tu propia comprensión.

Para incluirte mejor te enseñaré a estudiar dándote suficientes trabajos y tareas, con práctica aprenderás a valorar tu tiempo, a disfrutarlo y a organizarte.

Para incluirte mejor, te desaprobaré todas las veces que sea necesario. No eres una calificación, pero ésta reflejará tus avances, será una herramienta valiosa para ambos. Prometo no mentirte, te diré cuando estás listo y cuánto es suficiente, porque sé de cuanto eres capaz.

Para incluirte mejor, te incentivaré cuanto sea necesario, aplaudiré tus logros, en definitiva los disfruto como si fueran míos, un día reconoceremos que ambos lo hicimos juntos, atesoraremos eso, ya lo verás…

Para incluirte mejor intentaré ver a través de tus errores también los míos, así no quedarán dudas de que ambos podemos mejorar, tu aprenderás mejor, yo aprenderé a mejorar mi forma de enseñar.

Para incluirte mejor, más que nada voy enseñarte a pensar y a razonar, también utilizaré todas las herramientas tecnológicas de que disponga, pero doy por sentado de que sin lo primero, lo segundo será perder el tiempo.

Para incluirte mejor, aprenderemos a ver desde distintos ángulos, pondremos en perspectiva una y otra vez todo el conocimiento que pase por nuestras manos, y tomaremos de él sólo para seguir construyendo, te necesito activo, te necesito ahí, te prefiero inquieto que absorto en un mundo que entretiene, manteniendo tus capacidades, tus gustos, y tus sueños demasiado tiempo al margen.

Para incluirte mejor sé hacer parte de mí tus carencias, te las devolveré satisfechas lo mejor que pueda, esperando que hagas igual con todos los que pasan por tu lado. Te lo recordaré una y otra vez, aprenderás mejor que todo, que cuanto pueda ofrecerte en conocimientos, es apenas nada para interactuar en el mundo, porque el valor más grande deberá aportarlo la forma en la que, Dios mediante, temples tu alma.

Conozco bastante tu risa, reconozco las dudas de tus silencios, para incluirte mejor prefiero encontrar en tus ávidos ojos pequeños, tus ganas de volar alto. No voy a pedirte que olvides tus sueños, ni tu origen, prefiero darte más para que vuelvas a ellos enriquecido, y aportes lo tuyo con seguridad, con alegría, con empeño, todas las veces que lo desees.

Para incluirte mejor, sentirás indudablemente cuánto podrás contar conmigo, mas estamos juntos todos los días y entiendo tu forma de cuestionarlo todo. A conciencia, tampoco has heredado un mundo resuelto, pero deberás estar listo para él, porque no quiero saber lo que el mundo puede hacer de ti, sino cuanto tú eres capaz de cambiar el mundo.”


Nuevos desafíos

2016La experiencia adquirida con una buena cuota de sentido común, se enriquece si la colocamos en perspectiva y la utilizamos para construir.

Particularmente, cada año que comienza nos invita a proponernos nuevas metas, nuevos desafíos. Sé que para muchos no tiene gran sentido esta óptica, simplificando su significado a un cambio de calendario, un año más…Sin embargo, con mejor ánimo, representa también una genial oportunidad. Una oportunidad que no se puede despreciar, dado que hayamos podido verlo o no, son muchas las cosas que cambian en el tiempo.
Individualmente y para cada quien, es infinita la cantidad de cuestiones que podemos replantear y mejorar. Indudablemente, cada uno de los aspectos que nos atañen es perfectible en innumerables sentidos. Si hablamos de la sociedad se multiplica esa infinidad por el número de personas que la conformamos. ¿Qué hicimos? ¿Qué esperamos? ¿Qué queremos realmente? ¿Cuánto somos capaces de dar, de crecer, de ofrecer…?
Muy especialmente podríamos encontrar acertado desafiar muchas de las formas convencionales para vincularnos con una realidad mucho mejor. Me atrevería a decir más adaptada a necesidades reales, a cuestiones verdaderas que deslizamos sigilosamente a un lado. Sabemos cuáles son, casi diría que intuimos bien cómo resolverlas. Lástima que la moda es hablar de los problemas, opinar mucho sobre ellos, pero no tomar el compromiso de resolverlos, siquiera a veces, de ayudar a mejorar un poco las cosas…

Todos somos capaces de hacer nuestro descargo, en lugar de hacernos cargo de la parte que nos corresponde. Y eso es parte del problema, pero quizás también sea un buen punto de partida para redoblar el desafío este nuevo año. Hagamos más, hagamos mejor, cuidemos más las formas para con nosotros mismos y para con los dos demás.
Demos paso a palabras nuevas, palabras que unen y fortalecen, palabras que curan y cambian a las personas, demos y seamos paz, respeto, amor, perdón, integridad. Sepamos salir de lo convencional sin tener temor de ser distintos, los cambios más grandes provienen de personas que no han temido marcar diferencias. Necesitamos un poco más de coraje y alegría para no dejarnos arrastrar por una corriente que en muchos sentidos no nos convence. Lo que es bueno, hace bien, y lo que hace bien es fruto del esfuerzo que realizamos.

Somos seres humanos, dejemos que lo mejor de nosotros provenga del alma, del interior, y no de afuera. Hasta que no nos encontremos desde nuestra humanidad, increíblemente capaz de forjar cambios y encontrar sabiduría, no hallaremos demasiado que nos satisfaga. Es tanta la belleza que no se oculta, y nos empeñamos en buscarla donde no está…mejoremos de verdad. Caminemos cada día con más seguridad en las pequeñas certezas que hayamos podido encontrar.

Hagamos el bien sin dudar, desde nuestros gestos, nuestras palabras, nuestras acciones. No sólo hacia afuera, sino también para con nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene, pero cuando realmente lo aprehende para sí, no ha de encontrar otro camino más que ofrecerlo.
Hasta aquí, mi bienvenida a este 2016, que sea de grandes cambios, de paz, de encuentro, de nuevas alegrías, de valores vividos. Antes de compartir otros temas aquí, y como primer deseo, va mi desafío a encontrar cada quien dentro y fuera de sí nuevos aspectos que iluminar y mejorar. Claro que no podría decir cuáles, dado que los más valiosos los encontrará cada uno desde lo que es tiempo de aprender y lo que es tiempo de dar.
Como padres, como guías, como educadores, como comunicadores, somos parte de un eslabón indispensable, el que señala caminos, el que da el ejemplo, el que encuentra formas nuevas y mejores…

Buenos desafíos y mejores logros, excelente comienzo de año..!!

 


Muy cercanos a las fiestas..!

arbol de navidadHola! Casi casi sobre la hora, pero ni diminuta posibilidad de que llegara fin de año sin haber hecho tiempo de desearles una excelente Navidad y comienzo de Año Nuevo.

Como mencionara más de una vez, el alma del blog es compartir ideas, experiencias, puntos de vista…abrir una ventana para mirar juntos, si la vista es prometedora cada quien sabrá encontrar la puerta para ir al encuentro de cuanto podamos descubrir de positivo y valioso. Y claro, guiar, compartir, dar y enseñar de la mejor manera todo cuanto hemos aprendido o tenemos para aprender.

Realmente siento que son más las cosas que cambiaron que las que hubiera imaginado, hay más para comprender y asimilar que nos ha dejado a muchos expectantes, quizás un poco ansiosos, pero absolutamente repletos de esperanza. Estamos parados en un lugar distinto.

Inevitablemente se siente la necesidad de respirar profundo y detenerse para pensar, para recalcular los caminos, las formas, los deseos y las posibilidades. Aquí ha pasado mucho y se siente, fue un año diferente, repleto de expectativas para todos, de un lado y de otro inexorablemente había mucho para pensar. Eso se notó, y también fue bueno.

Tácitamente me refiero a cuestiones que nos incumben a todos, pero dejo la interpretación a la libertad del amigo lector para extender la sensación a todo lo que nos sucede, social e individualmente, aquí y en cualquier parte del mundo.

No quiero escribir mis conclusiones, es una invitación a pensar, seria, pero relajadamente. De manera inteligente pero con el acabado de una sensación de paz y alegría.

Me quedo con eso, y el intento de traducir en estas letras mi sincero deseo para estas fiestas, he dicho que me gusta mucho la Navidad. La disfruto con el corazón, creo que de eso se trata.

Deseo que puedas sentir lo mismo y sobre todo que el regalo de Amor más grande que nos ofrece la Navidad te envuelva y guíe tus palabras y acciones. Te otorgue siempre fuerzas para realizar tu propia obra de amor. Te brinde paz, a través de la oración, para encontrar la forma precisa de realizarla. Y te regale mucha alegría y bondad suficientes, para compartir cada día con los demás.

¡¡Muy, pero muy Feliz Navidad y excelente Año Nuevo !!

Pesebre

Gracias siempre…!

Andrea