…en la escuela necesitamos integrar los valores…

General

los valores desde la fe

Los valores humanos no sólo son indispensables, sino que debemos asirnos de ellos con todas nuestras fuerzas. Sin embargo, no deberíamos hacerlo de cualquier manera, dado que la libre interpretación de algunos de ellos hacen estragos, incluso algunos términos se han vuelto completamente ambiguos, confusos…Y es que humanamente …

Caemos con mucha facilidad en la idea de creer que una opinión es una verdad, que un punto de vista es la realidad pura y acabada, y que para ser tolerante hay que vaciarse de moralidad. Y vacío así cada uno y tan caudalosa la afluencia de “verdades” nuevas, pocas veces usamos en serio, pero de verdad lo que se nos ha dado para distinguir una cosa de la otra: la razón, a la luz de lo que tanto se nos exige omitir: la fe.

De todas las maneras posibles, la falibilidad de cuanto podamos escudriñar, defender y postular es infinita. Nos es tan lícito como sano pensar y repensar, intentar mejorar, ir por más, teorizar una y otra vez; todo es parte de nuestra esencia, de nuestra naturaleza humana. Pero hay un límite que hay que reconocer pronto y profundamente: el propio.

No hacerlo es pernicioso, no hacerlo implica muchos peligros; uno de los peores el del relativismo. El de la negación de verdades absolutas, inmutables, borronearlas con el codo caprichosa y apasionadamente trae miseria moral, pervierte el corazón, desanima espiritualmente… Se empobrece el mundo en manos de un relativismo tibio, con poca coherencia, tantas veces distanciado hasta de la lógica. Todo un mundo que corre en masa tras estas y aquellas premisas nuevas. Pocos se preguntan si son verdaderas o falsas, muchos menos las utilizan correctamente para llegar a darles su estructura lógica y llegar así a alguna valiosa conclusión.

¿Cuánto podríamos saber nosotros por nosotros mismos? Todo el conocimiento del mundo, de toda la evolución humana, quedaría en un instante sin aliento ante la magnificencia de la Verdad proveniente de Nuestro Padre. Y amorosamente puesta a nuestra disposición para encontrarnos cara a cara con El Amor, La Sabiduría y La Belleza en su real y acabada dimensión.

No podemos vivir arrojándonos una moralidad humanamente pobre; una suerte de cada quien haga lo que quiera que “todo vale”; que mi verdad, que la suya, que la del otro… Eso no es así, eso es ignorancia. Es pobreza de pensamiento, de corazón y de alma. No puede ser que todo nos de lo mismo. Que no se nos pierda el norte, usemos la inteligencia que se nos ha dado para pensar realmente, y discernir una cosa  de la otra. Posteriormente, claro, ofrecerlo también a los demás. No nos olvidemos que no se trata de “sálvese quien pueda” sino que la caridad nos exige mucho, muchísimo más. Y parte de esa responsabilidad está ligada al aprendizaje, al uso de la razón y a la coherencia, iluminadas por verdades absolutas, vacías de relativismo. Es un reto completo, en una sociedad que muchas veces nos pide tolerancia y respeto desvinculándolos de nuestros valores y nuestra fe. ¿Qué sería del mundo si así fuere realmente…?

Que nadie tema defender sus valores desde la fe, desde lo Alto siempre. El Amor y la Sabiduría de Dios nos sobrepasan, no cambian nunca. Lo abarcan TODO, y estamos, lo veamos o no, inmersos en Él. Proveernos de cuanto se nos ofrece sólo implica abrir el corazón, y aprender pacientemente. Personalmente y como he dicho antes encuentro la plenitud de la verdad en la Iglesia Católica.

Nutrir nuestra familia, nuestros hijos, nuestro entorno de ese Amor, conlleva ofrecer dulcemente de la fuente que hemos tomado, defender la vida SIEMPRE, amar y respetar pero no con una palmadita en la espalda de me da igual, sino departiendo con claridad lo que está bien y lo que no. Así se camina con conciencia y coherencia en la vida, eso es amor. No es amor, en cambio, que nos de igual si el otro cae por el barranco de puro capricho. Que no se nos olvide, eso no es te respeto, es me importas un comino; y eso es lisa y llanamente indiferencia. Contexto en el cual, ambas partes salen perdiendo.

No hay valores suficientes, no habrá nunca moralidad suficiente sin Dios. Nosotros, nuestros niños, nuestros jóvenes necesitan saber del Amor inconmensurable de Dios, y del camino que señaló de tantas maneras y con tanto Amor Su Hijo Jesús. No hay mayor sabiduría y amor más grande que podamos dar a nuestros hijos que hacerlos crecer en la fe. Estamos tan de paso aquí, que necesitamos asumir con la mayor plenitud y prontitud posible la belleza, la sabiduría y la paz desde la cual fuimos creados para encontrar verdadera felicidad.

Pero para ello necesitamos asirnos del bien, somos tan limitados y tan afines a buscar lo bueno “a la humana”, dándole mil vueltas peligrosas a valores indispensables, intentando acordar que tan bueno o malo puede ser determinado asunto, que esquivamos la verdad. La escondemos en un rincón, los que tenemos fe, muchas veces la maquillamos un poco o la interpretamos a nuestra perezosa medida sin dejar tiempo para saber de verdad.

Deberíamos acudir mucho más seguido a la verdadera fuente, dejamos a un lado lo sagrado, las enseñanzas de Nuestro Padre que ha sido absolutamente claro respecto de todas las cosas… Por mucho que nos cueste aceptarlo, solos no podemos, basta mirar alrededor, basta escuchar atentamente, basta “mirar los frutos” de hacerlo todo como se nos antoja. Y al colmo de lo antedicho vamos a los porrazos guiándonos unos a otros tan sueltos de conciencia, y tan hábiles para causarnos dolor. ¿Qué orgullo no nos permite abrir los ojos y el corazón para encontrarnos pronto con un bien capaz de manifestarse de infinitas formas? ¿Cuánto tiempo seremos capaces de añadir a las excusas de buscar y encontrar un camino de verdadera paz y felicidad? Ambas, por supuesto, fruto de la templanza, del silencio, de la oración y de la sincera voluntad de entrega.

De nuevo, solos, no podemos, solos no estamos, solos no hemos de encontrar cómo y quiénes debemos ser. Realmente no hay valor más grande que la fe, no hay mayor sabiduría que la de Dios, hacia allí tenemos que dirigirnos siempre.


Los valores y la educación sexual, desde la escuela y la sociedad

Acercar valores morales implica tener la mirada puesta en todo cuanto humanamente pueda hacerse de una manera altruista, que atesore en su esencia calidad y las mejores cualidades. El desarrollo de la sexualidad en nuestros jóvenes no está ajeno a la posibilidad de atesorar una forma buena de ser vivida. En la que puedan proyectarse aspectos que para muchos son obsoletos, como el amor, la virtud, la fidelidad, la confianza… A cambio, se los induce con una prisa inexplicable a todo lo que los aleja de una madurez más acertada de la afectividad, y de su propia integridad.

Cualquiera de nosotros podría afirmar que cada vez son más los espacios en los cuales podemos observar la liviandad con que se proponen nuevas formas de concebir la vida, los derechos y las costumbres. Ciertos aspectos de las nuevas propuestas transgreden burlonamente no solo valores éticos y morales, sino que sobrepasan la aprobación y el consenso de los padres cuando se hacen extensivas al ámbito educativo. Vulnerando (supongo que sin querer) el consentimiento de las familias; tal como está sucediendo en las escuelas, en la forma de encarar algunos aspectos de la educación sexual en todos los niveles. Disiento profundamente al respecto y quisiera, entre cosas, deslizar el porqué desde distintas ópticas.

Realmente es en el sentido de la moralidad es un mar de confusiones que se les plantea a los chicos, más allá de lo politizado y tan progresista de la cuestión como se plantea muchas de las veces. A la delicada evolución y desarrollo sexual propios de cada edad, se les avienta al libertinaje, a la iniciación sexual temprana y vacía, al vale todo y a la promiscuidad, en contraposición directa a la calidad de las virtudes. Dejando así de lado el conocimiento y dominio de sí, la construcción altruista de la autoestima, la consolidación de la propia integridad y respeto por sí mismos y por los otros. Las nuevas formas que se proponen de encarar su sexualidad los deja confundidos, agotados, con una autovaloración muy pobre y dolorosa. Estamos cada vez más lejos de educarlos realmente en tal sentido, y me parece sumamente irresponsable de parte de los adultos, plantear “educación” en estos términos.

En tal sentido, el meollo del asunto se encuentra muchas veces en la cobardía de responder con una moralidad que no podemos perder; y dejarnos arrastrar por falacias enmascaradas en palabras que pretenden acercar nuevas verdades; cuando no son más arrojar viejas mentiras y vicios, en un contexto tan flamante como moralmente peligroso.

Por un lado resulta cómodo simplemente callar, por otro, se ha vuelto cada vez  más difícil defender  oportunamente las convicciones, para evitar la violencia del insulto, la burla o la agresión gratuita y desmesurada. De un tiempo a esta parte, a la verdad que sostiene valores humanos genuinos se la ha llamado “intolerancia”; a las virtudes más imprescindibles “costumbres anticuadas”; a las obligaciones mínimas que sostienen los derechos “abusos”, y podríamos seguir un buen rato más, pero bastan los ejemplos para reconocer que se han ido sigilosamente de las manos  muchas cosas esenciales.

Gran parte de la habilidad manifiesta de avanzar incongruentemente sobre el límite entre lo que está bien y lo que no, es mezclar los términos, deslizar el significado real de las palabras y  proponer “nuevas verdades”…

Estará demás decir que no hay verdades a medias, pero vale recordarlo. No se puede fragmentar la verdad y construir una nueva combinando trozos de verdades y mentiras. El debate de aseveraciones construidas sobre ambas, es una pérdida de tiempo absoluta para unos, pero una ganancia de espacio inmediata y poco genuina, para otros.

No es posible sostener una estructura lógica correcta, mezclando palabras y sacándolas de su contexto real. Los términos como valores, vida, amor… no se pueden extraer del contexto genuino que expresa un bien, una virtud, un valor real para obtener en una macabra ecuación “derechos” nuevos, incluso en contra de la misma vida.

Entonces, las cosas por su nombre, la vida no tiene discusión, sobre el derecho a la vida no hay nada que discutir. La promiscuidad, el vicio, la desviación, la vagancia, la delincuencia, la violencia en cualquiera de sus formas están mal y son lo que son, guste o no.

Claro que todos tenemos derechos, todos merecemos el respeto que tan genuina y humanamente nos corresponden, todos somos libres y elegimos cuáles serán las propias acciones. Pero seamos inteligentes para entender que la libertad no es la autora de la ética, ni de la moralidad. Sino que está supeditada a ella, lo sepamos o no,  nos importe o no, desde antes de las acciones y hasta después de sus consecuencias. 

Y recordemos por si acaso, aunque lo sabemos bien, que no hay intermedios entre lo que está bien y lo que no. Un poquito mal, no es bien. Un poquito de verdad y un poquito de mentira… no es verdad. No podemos cambiar la acepción y el valor real de las palabras por capricho, no puede someterse la humanidad entera a la distorsión de las palabras y de un camino de verdad y de bien, sólo por antojo.

¿Qué verdad? La que no prescribe, la que resguarda la vida, la que reconoce valores éticos y morales permanentes, que con precisa medida orientan la calidad de nuestras acciones. Esa verdad que se reconoce en el amor verdadero y desinteresado, ese capaz de entregarse sólo a través del corazón, en un acto de bien y de bondad, en absoluta comunión con lo que es bueno. Tan alejado del egoísmo que se propone, tan capaz de dar de sí sin cansarse. Tenemos que dejar de confundirnos y de confundir las cosas, sobre todo cuando llevamos educación, ni hablar desde el punto de vista de la fe.

Personalmente, encuentro una sola manera de hallar verdad, y es a través del amparo de la sabiduría proveniente del Amor de Dios. Como cristiana católica, encuentro en el amor infinito de Nuestro Señor Jesús todo lo que realmente es bueno, verdadero y bello, tal como ve nuestra fe las cosas de Nuestro Padre.

Sin dudas no es fácil defender algunos valores cuando se propone tanta confusión del otro lado, la violencia tan manifiesta de la mentira, es fruto de un orgullo muy difícil de entender y confrontar. Compartimos un ambiente que socialmente viene cada vez más vacío de valores y virtudes, para ceder sin mucho esfuerzo ante la necedad, la mentira y la decadencia moral y espiritual. No dejemos de sentirnos responsables de actuar, de enseñar, de ser ejemplo, de cuidar.

Por las dudas, todos cometemos errores y todos necesitamos ayudarnos unos a otros a crecer. Por eso no se trata de no equivocarse, tampoco de juzgar, sino de ser capaces de volver a la fuente a buscar verdad, encontrando la forma buena y correcta de hacer cada cosa. Tampoco se trata de quien es mejor, sino de enfocarnos en buscar el bien. Y como todo lo bueno está ligado al amor entre hermanos que somos, intentemos llevar lo que sabemos bueno a los demás, más que nunca cuando se trata de cuestiones tan sustanciales, para nosotros y nuestros hijos.

El crecimiento y la paz son fruto de la templanza y no de la consecución de cualquier deseo o exceso. Y si bien cada uno tiene la libertad de elegir, no es lícito llamar bueno a lo malo, y viceversa, muchísimo menos incorporarlo en una nueva “educación sexual integral” (que está muy lejos de ser tal) en las escuelas, muchísimo menos pretender cambiar leyes a puro tropiezo de mentiras y errores. Mas desgraciadamente, a fuerza de ver lo que sufren los jovencitos que se dejan arrastrar por todas estas “nuevas formas” de concebir la sexualidad, mis certezas sobre las virtudes que se oponen a tales cosas son cada vez mayores.

Nuevamente, somos los adultos responsables, tenemos obligación de educar en valores, virtudes y verdad. A buscar lo bueno también se aprende, y muchas veces no es pequeño el esfuerzo que demanda aprehender tales cosas para sí. Claro que no esforzarse es más fácil, ceder a la pereza, incluyendo la espiritual, como ceder a cualquier otro vicio o deseo es cómodo, sencillo, está de moda y sirve al instante para encajar socialmente. Pero su fin es tan ruin como pobre, y su carrera tan desgastante como dolorosa. Ayudemos a nuestros pequeños y jóvenes a no transitar por allí, la libertad es de cada quien, pero la responsabilidad de avisar, enseñar y poner a resguardo es nuestra. Como siempre, Dios mediante, encontremos la forma. Siempre desde la humildad, pero con la firme convicción de lo que es bueno y mejor.

Los mejores valores y virtudes, lejos de caducar son para traerlos cada vez que sea necesario, tiñendo nuestra existencia de calidad y una magnitud real que anima a procurar virtud. No nos quedemos sólo mirando atónitos, seamos siempre parte de los cambios que son para mejor. Cada uno desde su lugar, sobre todo desde el amor, hay contextos y situaciones que esperan, más que nunca, coherencia, valores y virtud de verdad.


Feliz Nochebuena y Navidad !

    Cuánto deseaba que pudiéramos acercarnos unos instantes! Ya 24 de Diciembre, increíblemente rápido transcurren los días y los meses, realmente anhelaba tomar el tiempo necesario antes que nada para agradecer la compañía, la búsqueda, el trabajo que toma cada quien y el compromiso impregnado de cariño que evidentemente toman en su tarea diaria. Como siempre mis respetos, mi abrazo gigante. Llegan aquí de muchísimas partes del mundo, todos tras la misma finalidad, aportando, dando, creciendo y ayudando a crecer, mi mayor afecto y admiración, hay tanto para hacer y tanto para dar..!

Que esta Nochebuena traiga paz, este mundo inquieto de verdad la necesita, que el amor inconmensurable de Nuestro Jesús transforme y fortalezca nuestros corazones. La Navidad es una oportunidad excepcional de pausar las cosas de todos los días para alimentar el amor verdadero, para fortalecer los lazos más importantes, para aprender a agradecer, a perdonar, a dar, a pedir lo que realmente vale la pena. Es tiempo para apreciar, para reconocer, para valorar, para mirar a los otros con el mismo amor con que somos vistos nosotros, con la misma paciencia, con igual ternura. Mi más afectuoso deseo de Nochebuena y Navidad en paz, que logremos colmar ambas de ese amor de verdad que puede todas las cosas. Dios mediante, encontremos siempre sabiduría para agradecer y fortaleza para aprender y dar.

Excelente 2018!!!

¡¡¡Muy, muy feliz Nochebuena y Navidad!!!

Pesebre

Gracias siempre…

Andrea

 


Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.


Aprender la paz

Ciertamente la costumbre nos hace asumir ciertas realidades sin objetarlas, cuestión de economía de esfuerzo que se torna muy valiosa para agilizar el día sin necesidad de cuestionarse demasiado. Sin embargo, sería una gran pérdida no renovar y enriquecer la forma en la que nos desempeñamos como padres o formadores en el aula, más aún, en nuestra vida (toda) sea cual fuere nuestra tarea.

Por mucho que ame mi trabajo, la vuelta a casa es un momento no solo de alegría, sino de un silencio que agradezco infinitamente, la escuela es naturalmente un lugar donde puede haber de todo menos silencio, claro. Sobre todas las cosas es cada vez más notoria la aceleración que tienen los chicos, la disrupción permanente durante las horas de clases, y la poca capacidad de concentración que tienen los chicos. Sería injusto decir que las nuevas generaciones se ha inventado solitas esta aceleración, a veces, bastante desmedida; se la han aprendido de sobra de todo cuanto les hemos puesto a la mano, incluyendo el ritmo de vida que nuestras propias aspiraciones demandan de nosotros.

Todos lo hemos sentido en carne propia, es el precio del mundo en su auge insaciable de estar en todas partes, conectados con todo, haciendo lo que se supone debemos hacer y sabiendo todo cuanto sucede en cualquier parte del planeta (y fuera de él también). Aclaro que los avances tecnológicos no sólo me encantan, sino que son realmente geniales en muchos sentidos. Mas no son las cosas, claro, sino lo que hacemos con ellas, y lo que ellas son capaces de hacer de nosotros.

Corrigiendo un poco… Queremos estar en todas partes, sin estar en realidad en ninguna. Estamos demasiadas veces aquí, pero con la cabeza por allá, y el corazón por otro lado, tanto espacial como temporalmente. Generalmente no acabamos de aterrizar en un lugar en cuerpo y alma, nos dimos a la tarea de aprender a hacerlo y pensarlo todo a la vez, hartos de habilidad y destreza para hacer, pero con un gran hueco en la fecundidad de lo que necesitamos ser y transmitir. Dejamos muy poco tiempo para el ahora, para el presente, cuando es lo único que tenemos en realidad, y lo único que podemos modificar. Es de lo más valioso que se nos ha dado, a modo de oportunidad tangible, a modo de regalo para disfrutar sin más, a modo de tiempo verdadero para crecer.

Hay una ilimitada riqueza que se pierde cuando no estamos conectados con lo que hacemos, y con el otro. Todo roza demasiadas veces lo superficial, lo que se pasa por arriba a toda velocidad y al rato siguiente se olvida. La riqueza real deviene de la paz que se adquiere en una percepción más auténtica, de vivencias más acabadas y menos fraccionadas. Es tomar el tiempo y el espacio necesarios, convocando casi sin sin querer una convivencia más serena, pero inmensamente más rica.

Es en paz que se encuentran los medios más apropiados para trabajar por un futuro realmente mejor. ¿Nunca se han planteado que el futuro será mejor sólo cuando logremos que el día de hoy lo sea? ¿Cuánto hacemos para que eso suceda?

No es un eslogan de motivación personal, es lo que construimos a la luz de lo que verdaderamente somos, y nos guste o no, no podemos reconstruir un sólo día del calendario para vivirlo de nuevo. Aquí hay un inmenso darse cuenta de lo que realmente vale la pena, del agradecimiento por el hoy, añadida la oportunidad de crecer y ayudar a crecer, cosas que sin una perspectiva desde un presente mucho más sereno, no pueden llegar.

Un corazón en paz, construye un rato y un lugar de paz, en el que hay espacio donde colocar muchas cosas buenas. Afortunadamente no sabemos a ciencia cierta nada sobre el mañana, pero tenemos en las manos un hoy que nos espera siempre, y que la mayor parte de las veces se va en un ayer incompleto y planea un mañana sin haber concluido verdaderamente su hoy. Ojalá también aprendamos a buscar más que nada el tiempo de encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con Nuestro Jesús cada día. Se nos ha perdido la humildad de reconocer que no somos nosotros la fuente de todo, que solos no podemos con nada, y que hay un Amor infinito que espera ese tiempo de calma para ofrecerlo todo.

Únicamente en paz, encontraremos la fuerza para sostener la mirada en el otro, para pensar mejor, para construir con firmeza solamente sobre lo bueno y para cumplir con madurez nuestra responsabilidad de enseñar un no o un si en paz. Son tiempos en los que se usa mucho un amiguismo y complicidad extraños entre padres e hijos y entre docentes y alumnos, sin embargo no se nos han dado en responsabilidad nuestros pequeños para trabar amistad, sino para amarlos, guiarlos, cuidarlos y preservar su integridad en el más amplio de los sentidos.

humildadCuando estemos listos para relajarnos un poco del ritmo de vida que se nos ofrece, cuando nos acerquemos más a la gratitud, a la buena disposición, a la capacidad de seleccionar en que cosas y de que manera invertiremos nuestro tiempo; encontraremos las respuestas que necesitamos, incluyendo las sonrisas y los abrazos que olvidamos, la calidad y la calidez de las palabras que hablamos, y la paz en el corazón que necesitamos.

Nuestros pequeños aprenden lo que ven ¿…les has preguntado que ven?

La paz es una puerta, una oportunidad inmensa. Si no se construye dentro carece de sentido y significado, es tiempo de convocarla, no como ausencia de conflictos, sino como cualidad esencial de aquello a lo que pertenecemos verdaderamente; y tenemos la dulcísima responsabilidad de transmitir, sobre todo desde el ejemplo, a cada uno de nuestros pequeños.


Los conflictos en el sistema educativo

Cada principio de año salen a relucir todas las cuestiones pendientes, las que son propias del sistema educativo no son la excepción. Más aún, son tan antiguas las falencias del sistema, que inevitablemente cada año se pierde tiempo en intentar “resolver” las mismas cuestiones, salario e infraestructura son los ejes principales. Nunca se resuelven, sino que se acuerdan con más o menos conformidad de parte de unos y otros. Sabemos muy bien lo lejos que estamos de un sistema educativo ideal, o siquiera realmente mejorado.

Se tiñe cada año del mismo color debido a la informidad de una sociedad que parece no estar muy segura de lo que busca, muchísimo menos de lo que encuentra a medida que los acontecimientos se suceden; puesto que aún funciona sin medir demasiado objetivos, causas y consecuencias. Un día los reclamos, al otro las medidas adicionales a los reclamos, como los paros; y al otro los acuerdos sin más. Un tiempito más y parece que aquí no paso nada. Un año, otro, y otro, pero seguimos sin comenzar a resolver de verdad. La culpa será de que siguen siendo más fuertes los intereses parciales que la conciencia de la necesidad del bien común, de un plan de verdad, un proyecto a mediano y largo plazo que exige cambios de calidad ahora, hoy mismo. Tomará muchos años sin dudas, pasará mucho tiempo hasta que se concreten los primeros logros, pero valdrá la pena, es un proyecto ambicioso pero necesario. Cuando suceda será sin perder ni ganar ninguna de las partes, todos ganamos… o todos perdemos, esa es la conciencia del bien común. No es una utopía, es un camino que no conocemos, pero que deberíamos aprender a transitar.

Sin dudas hoy podemos coincidir en que nadie defiende la educación perjudicándola, que nadie está gestionando mejoras si no mejora. Sigue siendo la educación lo más vulnerable, puesto que en medio de una lista de reclamos y devoluciones completamente válidas, se terminan perjudicando siempre los chicos.

Por las dudas, los valores que convocaron este blog surgieron como una necesidad evidente y apremiante de trasladar a la escuela. Los mismos una y otra vez han puesto en evidencia los mismos reclamos, por lo tanto, no se trata de estar en contra de los mismos, sino de cambiar las formas para ambas partes.

Será que siempre la vía de reclamo incluye perjudicar al otro? Y en educación…ni más ni menos…no se nos ocurre otra cosa? De parte del estado igual, quienes nos representan, quienes gestionan para todos y cada uno de nosotros el sustento, el crecimiento, la paz, el mínimo orden para que esto funcione…Cuántas veces se tropieza con la misma piedra?

Indefectiblemente para que la educación mejore hay que invertir, hay que cambiar en serio, hay que crecer. Es completamente cierto que los sueldos docentes son una calamidad, adicionado un sistema que no funciona, y nos deja sin cobrar muchas veces durante meses y meses, nadie puede dar educación de calidad corriendo todo el día con 12 o 15 cursos además del trabajo extra para el que necesitaríamos un día que dure mucho más que 24 hs. Ni hablar de la infraestructura, porque mejor ni hablar, es vergonzoso, sino roza lo inhumano muchas veces. Pero seamos realistas que este no es un tema nuevo. No nacimos ayer, vamos..! Pero en algún momento hay que ocuparse EN SERIO, DE VERDAD. Sino nos exponemos a lo mismo cada inicio de clases, y cada ciclo lectivo entero.

La educación en su sentido más amplio y profundo y la justicia, no pueden fallar, son dos pilares fundamentales en cualquier lugar del mundo. Basta un segundo para ver cuales son nuestros dos grandes flagelos. Somos muchos docentes los que tímidamente sentimos vergüenza por ambas partes desde hace muchos años. No nos sentimos representados ni por los sindicatos, ni por los gobiernos. No es el modo de dirigir un sistema educativo, no puede ser siempre la educación lo más vulnerable que tiene un país que aspira a crecer, sobre todo humanamente. Más allá de las horas de estudio, la calidad del sistema necesita revisar muchas cosas. La escuela necesita evolucionar, pero no lo hará sin una sociedad y una dirigencia que la acompañe. A las buenas intenciones hay que darles forma y vida cuanto antes.

Los reclamos sindicales (permítanme insistir: válidos todos) necesitan también una vía distinta, si el reclamo es justo no hay necesidad de perjudicar a quienes más queremos defender. No hay dudas de que los chicos tienen que estar en la escuela, todos estamos equivocados cuando creemos que los cambios y mejoras se gestionan así. No podemos abandonar a los chicos, y el estado no puede abandonar un sistema de educación que necesita tantísimo más que un presupuesto mucho más digno. Hay que pulir todas las cosas, los salarios docentes, la preparación de los mismos, la infraestructura escolar, y la responsabilidad de la calidad del trabajo de la comunidad educativa entera. En la forma en que se presentan todos estos aspectos, el trabajo docente tiene un alcance excesivamente limitado.

Realmente deseaba que el primer encuentro aquí del ciclo, hubiese sido otro, pero dada la prolongación de un conflicto que se ve extraño de todos lados, deseaba compartir este punto de vista. Agradezco también los comentarios que han dejado al respecto, entiendo bien cada disgusto, y de alguna manera lo comparto, sólo preferí no publicarlos para no iniciar un debate y discusión, no es el ánimo del blog importunar ni ofender a nadie, sino tomar las reflexiones como tales y obrar cada quien según su conciencia.

Dios mediante encontremos pronto una solución para beneficiar verdaderamente a todas las partes que alcanza este conflicto. Pero más que nada, nos despierte la realidad de que las que se escuchan, no son todas voces, de un lado y del otro hay tanto, tanto para cambiar que no hay tiempo que perder. Bajo todo el ruido de los reclamos y discusiones hay un silencio que espera el tiempo de aula, las horas de educación, el ejemplo de los valores a los que aspiramos, la paz  y la conciliación inteligente que necesitan ver los chicos de parte de sus adultos responsables, los representantes de los docentes por un lado, y un estado que debe ocuparse de representarlos a ellos y a sus docentes también. No debería ser una guerra entre ambos que desautoriza e ilegitima a las dos partes, sino la unidad en el bien del fin que se persigue, sino es así, es porque estamos faltando a la verdad.


Navidad…Navidad..!

Sólo por exagerar un poco (un poquito nada más…) parece que fue hace unas cuantas semanas que subí una imagen aludiendo al nuevo año 2016, casi inexplicable que me encuentre aquí finalizándolo juntos…

En lo personal fue un año de muchísimo trabajo así que siento, en primer lugar, que me hubiera gustado compartir más cosas, de hecho las he comenzado en varias oportunidades, sin tener tiempo de concretarlas. De todos modos, sé que más allá de los cambios en el calendario, habrá ocasión de compartirlas, y eso es genial.

A propósito de calendario, los viejos amigos habrán notado que me trae cada año la Navidad, ya saben cuánto me encanta y disfruto junto a mi familia. Intento valorarla con el espíritu y la alegría real que amerita, como la expresión más elevada del Amor Verdadero, Amor hecho Hombre, y al cual se nos convoca con tanta mansedumbre y dulzura. Una vez más los invito a vivirla con la misma alegría, mucho más allá de las corridas, las compras enormes como si fuera a acabarse el mundo, y las comidas interminables. Que no se nos olvide que es otra cosa, se trata del cumpleaños de Nuestro pequeño y dulce Niño Jesús, y del mismísimo Amor expresado en Su abrazo gigante hasta el final. Recordemos que Su Amor nos alcanza a todos, reservemos un rato a corazón abierto para recibirlo a Él, y que de la misma manera lo convoquemos para nuestros niños, ese es el regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos.

La relación que tenga cada uno de nosotros con Dios, con Nuestro Jesús o Su Mamá es tan única como el tiempo que necesita fortalecerla. Dedicamos tanto tiempo a tantas cosas y evocamos con tanta ligereza otras, que nunca nos avergüencen las cosas del alma, antes mejor pongamos las cosas en su lugar. No nos lleva a ninguna parte ser eternamente los reyes de las justificaciones, aprendamos de los frutos del Amor la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz y una infinidad de virtudes que son lo que más necesitamos en realidad.

Ojalá esta Navidad logremos darle verdadera vida al Pesebre en nuestro corazón, y nos enamoremos de La Pequeña Familia que allí nos espera.

¡¡Que todas las bendiciones los acompañen siempre. Feliz, muy Feliz Navidad…!!

pesebre07

 

Sí, es ciertamente un clásico estresarse mucho para las fiestas, que quiénes con quiénes de la familia, la corrida, compras y más compras, gastos de lo que no se tiene para cumplir, comida por doquier y poco tiempo, si acaso algunos segundos para frenar y tomar conciencia de la celebración. La Navidad es una fiesta, un agasajo desde el alma, es excepcional vivirlo como tal, sonreír y disfrutar con todo el corazón. No importa lo que digan o piensen los demás, esas son las pocas cosas reales que se pueden atesorar, y para quien las sepa ver, las más hermosas que podemos compartir.


Para incluirte mejor…

Es tanto cuanto escuchamos y decimos sobre la educación inclusiva que un paso atrás y con un poco más de perspectiva, reconocemos tantas interpretaciones como veces escuchamos la palabra inclusión. Por aquí también hemos ocupado un buen rato en reflexionar sobre las diferentes dimensiones en las que se concibe, y también en su real significado desde el origen de su concepción.

La educación inclusiva ha puesto en palabras concretas, un aspecto indispensable de la educación: la absoluta legitimidad del derecho a educarse de cada quien, según sus capacidades y necesidades, en un contexto cultural propio. Pero más que nada, como parte indiscutible de la dignidad humana que cada pequeño sostiene para sí, y que como verdadera responsabilidad habremos de revelar en la integración verdadera.

Una sola manera existe de incluir, y es reconociendo la propia individualidad y otorgando desde la calidad, las herramientas necesarias a cada niño y jovencito para desplegar al máximo sus cualidades y habilidades. Sin embargo, no basta el reconocimiento de la existencia de por sí y las capacidades individuales, sino la vocación verdadera de ayudarlos a encontrar más. Sin dudas, es un proceso de intercambio permanente, casi un desafío a las propias capacidades de quien educa…”¿Cómo podré ayudarte a alcanzar todo el conocimiento posible?”

Es entonces que reconocemos que necesitamos más que los conocimientos, más que la aprehensión de las propias normas y currículas, necesitamos flexibilidad para encontrar las formas conforme cambian los tiempos, las necesidades, las caritas, y el contexto en todas sus dimensiones. Así, hay pequeños valores que necesitamos retomar y que se traducen naturalmente en hechos. Es entonces que todo cuanto hacemos cada día, proviene del fruto de cuanto podríamos decirles desde la auténtica vocación de enseñar…

“Para incluirte mejor tomaré como punto de partida la verdad, y reconociendo juntos la realidad, encontraremos la manera de alcanzar no sólo lo que debes aprender, sino todo lo que necesites saber para lograrlo.

Para incluirte mejor tomaré el tiempo necesario para conocerte, y te invitaré a conocerme como un acto de respeto y reconocimiento mutuos, solo así valoraremos el significado de un espacio tan único, como el tiempo de aprender.

Para incluirte mejor no te aburriré dejándote fuera de la comprensión de los contenidos, pero no me evitarás con tu indiferencia, deberás comprender esto muy bien. Quiero tus ojos y tus oídos puestos en mí, cada vez que sea necesario. Te necesito atento, despierto, ávido de desafiarme con preguntas y listo para exponer tus habilidades.

Para incluirte mejor, podrás sentirte seguro, puesto que voy decirte “no” las veces que sea necesario, y te daré explicaciones al respecto sólo si es oportuno. Sé que hay cosas que aún no puedes comprender, pero estaré ahí para que encuentres cada uno de los límites. El resto llegará a su tiempo y será fruto de tu propia comprensión.

Para incluirte mejor te enseñaré a estudiar dándote suficientes trabajos y tareas, con práctica aprenderás a valorar tu tiempo, a disfrutarlo y a organizarte.

Para incluirte mejor, te desaprobaré todas las veces que sea necesario. No eres una calificación, pero ésta reflejará tus avances, será una herramienta valiosa para ambos. Prometo no mentirte, te diré cuando estás listo y cuánto es suficiente, porque sé de cuanto eres capaz.

Para incluirte mejor, te incentivaré cuanto sea necesario, aplaudiré tus logros, en definitiva los disfruto como si fueran míos, un día reconoceremos que ambos lo hicimos juntos, atesoraremos eso, ya lo verás…

Para incluirte mejor intentaré ver a través de tus errores también los míos, así no quedarán dudas de que ambos podemos mejorar, tu aprenderás mejor, yo aprenderé a mejorar mi forma de enseñar.

Para incluirte mejor, más que nada voy enseñarte a pensar y a razonar, también utilizaré todas las herramientas tecnológicas de que disponga, pero doy por sentado de que sin lo primero, lo segundo será perder el tiempo.

Para incluirte mejor, aprenderemos a ver desde distintos ángulos, pondremos en perspectiva una y otra vez todo el conocimiento que pase por nuestras manos, y tomaremos de él sólo para seguir construyendo, te necesito activo, te necesito ahí, te prefiero inquieto que absorto en un mundo que entretiene, manteniendo tus capacidades, tus gustos, y tus sueños demasiado tiempo al margen.

Para incluirte mejor sé hacer parte de mí tus carencias, te las devolveré satisfechas lo mejor que pueda, esperando que hagas igual con todos los que pasan por tu lado. Te lo recordaré una y otra vez, aprenderás mejor que todo, que cuanto pueda ofrecerte en conocimientos, es apenas nada para interactuar en el mundo, porque el valor más grande deberá aportarlo la forma en la que, Dios mediante, temples tu alma.

Conozco bastante tu risa, reconozco las dudas de tus silencios, para incluirte mejor prefiero encontrar en tus ávidos ojos pequeños, tus ganas de volar alto. No voy a pedirte que olvides tus sueños, ni tu origen, prefiero darte más, para que vuelvas a ellos enriquecido, y aportes lo tuyo con seguridad, con alegría, con empeño, todas las veces que lo desees.

Para incluirte mejor, sentirás indudablemente cuánto podrás contar conmigo, mas estamos juntos todos los días y entiendo tu forma de cuestionarlo todo. A conciencia, tampoco has heredado un mundo resuelto, pero deberás estar listo para él, porque no quiero saber lo que el mundo puede hacer de ti, sino cuanto tú eres capaz de cambiar el mundo.”


Nuevos desafíos

2016La experiencia adquirida con una buena cuota de sentido común, se enriquece si la colocamos en perspectiva y la utilizamos para construir.

Particularmente, cada año que comienza nos invita a proponernos nuevas metas, nuevos desafíos. Sé que para muchos no tiene gran sentido esta óptica, simplificando su significado a un cambio de calendario, un año más…Sin embargo, con mejor ánimo, representa también una genial oportunidad. Una oportunidad que no se puede despreciar, dado que hayamos podido verlo o no, son muchas las cosas que cambian en el tiempo.
Individualmente y para cada quien, es infinita la cantidad de cuestiones que podemos replantear y mejorar. Indudablemente, cada uno de los aspectos que nos atañen es perfectible en innumerables sentidos. Si hablamos de la sociedad se multiplica esa infinidad por el número de personas que la conformamos. ¿Qué hicimos? ¿Qué esperamos? ¿Qué queremos realmente? ¿Cuánto somos capaces de dar, de crecer, de ofrecer…?
Muy especialmente podríamos encontrar acertado desafiar muchas de las formas convencionales para vincularnos con una realidad mucho mejor. Me atrevería a decir más adaptada a necesidades reales, a cuestiones verdaderas que deslizamos sigilosamente a un lado. Sabemos cuáles son, casi diría que intuimos bien cómo resolverlas. Lástima que la moda es hablar de los problemas, opinar mucho sobre ellos, pero no tomar el compromiso de resolverlos, siquiera a veces, de ayudar a mejorar un poco las cosas…

Todos somos capaces de hacer nuestro descargo, en lugar de hacernos cargo de la parte que nos corresponde. Y eso es parte del problema, pero quizás también sea un buen punto de partida para redoblar el desafío este nuevo año. Hagamos más, hagamos mejor, cuidemos más las formas para con nosotros mismos y para con los dos demás.
Demos paso a palabras nuevas, palabras que unen y fortalecen, palabras que curan y cambian a las personas, demos y seamos paz, respeto, amor, perdón, integridad. Sepamos salir de lo convencional sin tener temor de ser distintos, los cambios más grandes provienen de personas que no han temido marcar diferencias. Necesitamos un poco más de coraje y alegría para no dejarnos arrastrar por una corriente que en muchos sentidos no nos convence. Lo que es bueno, hace bien, y lo que hace bien es fruto del esfuerzo que realizamos.

Somos seres humanos, dejemos que lo mejor de nosotros provenga del alma, del interior, y no de afuera. Hasta que no nos encontremos desde nuestra humanidad, increíblemente capaz de forjar cambios y encontrar sabiduría, no hallaremos demasiado que nos satisfaga. Es tanta la belleza que no se oculta, y nos empeñamos en buscarla donde no está…mejoremos de verdad. Caminemos cada día con más seguridad en las pequeñas certezas que hayamos podido encontrar.

Hagamos el bien sin dudar, desde nuestros gestos, nuestras palabras, nuestras acciones. No sólo hacia afuera, sino también para con nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene, pero cuando realmente lo aprehende para sí, no ha de encontrar otro camino más que ofrecerlo.
Hasta aquí, mi bienvenida a este 2016, que sea de grandes cambios, de paz, de encuentro, de nuevas alegrías, de valores vividos. Antes de compartir otros temas aquí, y como primer deseo, va mi desafío a encontrar cada quien dentro y fuera de sí nuevos aspectos que iluminar y mejorar. Claro que no podría decir cuáles, dado que los más valiosos los encontrará cada uno desde lo que es tiempo de aprender y lo que es tiempo de dar.
Como padres, como guías, como educadores, como comunicadores, somos parte de un eslabón indispensable, el que señala caminos, el que da el ejemplo, el que encuentra formas nuevas y mejores…

Buenos desafíos y mejores logros, excelente comienzo de año..!!

 


Muy cercanos a las fiestas..!

arbol de navidadHola! Casi casi sobre la hora, pero ni diminuta posibilidad de que llegara fin de año sin haber hecho tiempo de desearles una excelente Navidad y comienzo de Año Nuevo.

Como mencionara más de una vez, el alma del blog es compartir ideas, experiencias, puntos de vista…abrir una ventana para mirar juntos, si la vista es prometedora cada quien sabrá encontrar la puerta para ir al encuentro de cuanto podamos descubrir de positivo y valioso. Y claro, guiar, compartir, dar y enseñar de la mejor manera todo cuanto hemos aprendido o tenemos para aprender.

Realmente siento que son más las cosas que cambiaron que las que hubiera imaginado, hay más para comprender y asimilar que nos ha dejado a muchos expectantes, quizás un poco ansiosos, pero absolutamente repletos de esperanza. Estamos parados en un lugar distinto.

Inevitablemente se siente la necesidad de respirar profundo y detenerse para pensar, para recalcular los caminos, las formas, los deseos y las posibilidades. Aquí ha pasado mucho y se siente, fue un año diferente, repleto de expectativas para todos, de un lado y de otro inexorablemente había mucho para pensar. Eso se notó, y también fue bueno.

Tácitamente me refiero a cuestiones que nos incumben a todos, pero dejo la interpretación a la libertad del amigo lector para extender la sensación a todo lo que nos sucede, social e individualmente, aquí y en cualquier parte del mundo.

No quiero escribir mis conclusiones, es una invitación a pensar, seria, pero relajadamente. De manera inteligente pero con el acabado de una sensación de paz y alegría.

Me quedo con eso, y el intento de traducir en estas letras mi sincero deseo para estas fiestas, he dicho que me gusta mucho la Navidad. La disfruto con el corazón, creo que de eso se trata.

Deseo que puedas sentir lo mismo y sobre todo que el regalo de Amor más grande que nos ofrece la Navidad te envuelva y guíe tus palabras y acciones. Te otorgue siempre fuerzas para realizar tu propia obra de amor. Te brinde paz, a través de la oración, para encontrar la forma precisa de realizarla. Y te regale mucha alegría y bondad suficientes, para compartir cada día con los demás.

¡¡Muy, pero muy Feliz Navidad y excelente Año Nuevo !!

Pesebre

Gracias siempre…!

Andrea


Mensaje de Navidad

Lo sé…como si no estuviera repleta la web de mensajes, sin embargo realmente deseaba hacerlo, por compartir y más que nada para recordar también por escrito, las cosas a las que vale la pena darles una mirada distinta. Y por qué no, relajar un poco la rauda corrida de compras y ajetreos familiares para rescatar la esencia de nuestra dulce Celebración.

Quizás entre lo más evidente en esta pequeña entrada, asome mi falta de erudición respecto de todo lo que atañe a la teología y mucho de la historia incluyendo nuestras tradiciones religiosas. Así que necesitaré aquí una doble disculpa, puesto que simplemente escribiré desde mi corazón, y aunque incompleto, mi mensaje sólo pretende ser lo más simple posible…

Una y mil veces está escrito por aquí cuánto hemos de ver a diario que necesita cambiar. Ese cambio, mucho más allá de nuestras críticas o lo aprehensivos que nos volvamos a muchas cosas del mundo, tan nefastas como injustas, a veces inhumanas… necesitan manos dispuestas a la obra. Manos y un corazón, claro, que ilumine el andar a cada momento. Nada cambiará solo, si nosotros no somos parte del cambio primero. Poco podrá evolucionar este mundo respecto a todo lo que involucra el amor entre hermanos que somos, si no comprometemos primero el propio espíritu de cambio.

El tiempo transcurre a una velocidad increíble, los años pasan tan rápido que dejan poco espacio entre la obligación y la rutina para darle el tiempo necesario a las cosas del alma. Muy posiblemente la época de la Navidad sea una de las que nos ayudan a frenar un poco para pensar y sentir, por qué no, las cosas desde otro lado. Desde del lado verdadero, desde el que pocas veces vemos y el que más tiempo necesita.

Hay una promesa de Amor que se celebra cada Navidad, una promesa de Vida, de paz, de perdón, de Verdad, que nos espera a cada uno de nosotros. Nuestro Jesús que mantiene desde el Pesebre hasta el fin Sus brazos abiertos, nos está diciendo algo… Su mensaje es puro Amor… ¿Podremos escucharlo esta vez?

Y entre otras mil preguntas ¿Qué tan abiertos tenemos nosotros los brazos para Él, para los que nos rodean, y para los que están más lejos aún? ¿Cuántas Navidades dejaremos transcurrir antes de que permitamos que Su Amor despierte el nuestro? ¿Cuándo despertaremos a la posibilidad de colaborar con el mundo que realmente añoramos y dejaremos dormir la queja de lo que no queremos? La esperanza que celebramos cada Navidad está Viva, y necesita de la alegría de la fe verdadera que crece desde diminuta en el corazón de cada uno, hasta tener la seguridad del que camina por la vida dando, amando, haciendo, abrazando…

Ya llega casi la Navidad con un mensaje que nos espera despiertos… con el corazón abierto podemos recibirlo siempre, cada día. Me confieso absolutamente enamorada de nuestro Jesús y Su Mamá, recordemos pedir a Ellos la liviandad necesaria para despegarnos un poco más de lo que nos pesa y nos distrae, para así reflejar mejor ese Amor que necesitamos vivir de verdad. LLevándolo con más seguridad a los nuestros, haciéndolo extensivo a todo lo demás, a la jornada cuando llegue, a los afectos, a los que comparten el día con nosotros y a los que no, a los que dan incansablemente, a los que necesitan, a los que no lo ven, y sobre todas las cosas a la familia. A la pequeña o gran familia que tengamos, a los niños que nos toca cuidar, nuestros o de los otros, a todos los hijos de este mundo que nos hermana que necesitan más amor, más seguridades, menos carencias y más compromiso. Es lo que somos y lo que queremos ser, lo que hayamos escuchado en nuestro corazón, con la guía y el Amor de este Pequeño Niño a quien celebramos en estos días un nuevo Nacimiento.

Que esta Navidad nos encuentre más juntos que nunca y que estemos todos unidos por el mismo Amor. Esta Navidad dejemos que el Verdadero Espíritu que trae cada vez, siembre su pequeña semilla en nuestro corazón y dejemos que dé sus frutos el nuevo año que nos espera y mucho más.

Que pasen una linda Navidad junto a la hermosa Familia que los espera… en el Pesebre…

pesebre

¡¡Todas las bendiciones…Feliz Navidad!!

                                                                             ¡¡Excelente Nuevo Año que comienza…!!

Felices Fiestas


¿Cambio de planes?

Cuando hablamos de educación nos referimos a un proceso complejo, un proceso que tiende entre otras cosas a guiar, a transmitir, a instruir, a desarrollar una multiplicidad de habilidades, a fortalecer las capacidades especiales y únicas de cada uno. Dentro de la educación se intenta orientar el desarrollo afectivo, cognitivo, las habilidades sociales, la creatividad, la adquisición de conocimientos y valores, todo esto en un proceso que necesita coherencia y trabajo en el presente para poder proyectarse realmente en el futuro.

Cada lugar del mundo teje una trama diferente en el sistema educativo en función del objetivo que pretende alcanzar. En algunas partes prima la excelencia y se busca que la sociedad alcance un nivel de educación respetable y promisorio para el futuro. En otras, se desdibuja con facilidad lo que la educación verdadera pretende y se educa alcanzando sólo conocimientos mínimos (a veces menos) y desarrollando escasamente habilidades y potenciales intereses que puedan resultar beneficiosos para la vida en comunidad, además de ser capaces de bosquejar un presente y un futuro conveniente.

Cuando hablamos de educación naturalmente pensamos en niños, ellos son los depositarios de nuestros posibles aciertos y de los que no lo son. Hay un costo inmenso que pagaremos nosotros y ellos si no atinamos a proveer una educación que esté a la altura de lo que decimos querer. Desde los más altos funcionarios, hasta los que pisamos el aula a diario somos responsables de lo que gestamos para hoy y para mañana. Algunos cambios no necesitan una revolución repentina para sorprender, sino el silencio, el permiso sumiso de aceptar lo que reconocemos a la primera como nefasto. Por aquí podemos ver con mucha claridad el camino que se va tomando, la facilidad con que alejamos a los chicos del conocimiento, de los valores, de lo que les corresponde desde antes de venir al mundo, de lo que fue suyo siempre y les vamos cercenando. La educación debe ser un puente que ayude a materializar todo lo que el hombre ha de ser capaz de desarrollar. ¿Es eso lo que promueve nuestra educación?

Porque cuando el sistema educativo tiende a separarse del proceso de educar todos tropezamos con problemas para que ésta cumpla su función verdadera. Inocentemente podemos pensar que no es adrede, sino síntoma del facilismo que se apodera del sistema educativo, sobre todo del sistema educativo público. Por las dudas…estamos lejos de que ahora aprender sea más fácil, por el contrario, que los chicos aprendan se hace cada vez más difícil. Las carencias poco a poco se adueñan de las escuelas, las necesidades básicas de los chicos cada vez pueden cubrirse menos. Si hay algo que ha llegado a distribuirse con destreza son las carencias económicas en los hogares y en las escuelas, y las carencias implican limitaciones de todo tipo.

En este aspecto el sistema educativo se ha adaptado a placer, tomó la palabra inclusión y nos explicó que para que esto funcione, había que obviar algunas cosas, como por ejemplo: si los chicos no saben aprueban igual, si la disciplina ofende a alguien dejémosla fuera de la escuela, si los contenidos no los alcanzan, entonces demos menos, pequeños detalles…y me vuelvo a preguntar ¿Dónde va dejando nuestro sistema educativo la educación? ¿Por qué seguimos sin sillas y mesas suficientes en las aulas? Y la que más nos preocupa ¿Por qué nadie hace nada para que tantos jovencitos no consigan alguna droga como caramelos y lleguen a la escuela en un estado que da pena? ¿Por qué la escuela, por qué un docente debe contener chicos que exponen las manías de un estado ausente? No estamos preparados para todo, y respecto de algunas cosas, hacer lo que se puede no es suficiente. Hay cosas que realmente han cambiado de manera vertiginosa, hacia donde nos llevan con palabras es el lado opuesto de donde vamos arribando con hechos. Pasaría desapercibido si el costo no fuera tan alto y tan evidente.

Entre otras cosas, cerrando los cambios (a la vanguardia en temas de educación e inclusión?) se ha modificado la forma de calificar. En fin, entiendo el problema de las calificaciones, porque sucede aún con los puestos jerárquicos y de función pública, para qué calificar con coherencia si evidentemente no hay capacidades que destacar. Entonces al problema de la calificación que demuestra insuficiencia, el sistema lo resuelve cambiando…la forma de calificar (si si, quizás esperaban que mejorara el sistema educativo, yo también, pero no…). En el lado opuesto, los que trabajamos en el aula, sabemos que los chicos deben aprobar porque han aprendido. Con números, con letras o con colores, den vueltas las escalas, empiecen donde les guste, desde el 4 ó el 40, con números primos, con múltiplos de 5, con la letra que plazca o con colores primarios si se ve bonito. Pero no educar es violar el derecho que tienen los chicos de aprender, es alejarlos de la realidad de un contexto que realmente sea capaz de adquirir conocimientos, y eso está muy, muy mal. Para que los chicos puedan forjar un presente y un futuro mejor necesitan SABER. Seguimos errando al blanco, el problema no es cómo calificarlos cuando no saben, sino cómo hacer para que aprendan. Aprobar un nivel significa estar listos para lo que sigue, entonces… ¿Qué se ofrece en lugar de lo que sigue cuando realmente no se está preparado?

La oratoria de la inclusión, es una arma de doble filo, un discurso que siembra enfrentamiento entre la sociedad, unos gritan que tienen derecho a que los incluyan y otros rescinden obligados los mismos derechos que se otorgan del otro lado. Ambos se han quedado sin educación, sin el beneficio de un presente que educa y crece de verdad, sin seguridades y con una incertidumbre que no encuentra lo único que puede construir un lugar mejor en el tiempo: la educación desde todos sus ángulos.

Todos tenemos los mismos derechos, nadie necesita ser incluido en ningún lado para gozar de ellos. Todos tenemos las mismas obligaciones, y sin dudas aquí hay una gran cuenta que no cierra…cuestión de observar y pensar un momento.

A tantos planes sociales, en serio no me alcanza el espacio para describir la cantidad de planes lanzados, más subsidios para todo, y otra vez…las carencias crecen de forma exponencial, con ella la violencia social, la falta de recursos, los problemas en lo pequeño y en lo grande. Aquí hay una falla enorme, un error semántico en la atención de una sociedad que necesita muchas cosas que no llegan. No necesitamos más planes sociales, no se puede vivir toda una existencia cambiando de planes, planes que no van a ninguna parte, que no traen soluciones verdaderas, que siguen sin incluir, muy por el contrario, hay una parte de la sociedad condenada (con suerte) a cambiar de plan, cuánto más se puede decir… ¿Cuánto se puede crecer de verdad? ¿Cuánto puede proyectar una sociedad entre la que se reparte pobreza e incertidumbre? ¿Cuánto puede proyectar una sociedad que cada vez recibe menos educación? No quisiéramos que nuestros alumnos vayan cambiando de planes en cada etapa de la vida, quisiéramos que tengan su propio plan y proyecto de vida, porque tienen libertad y conocimiento para hacerlo, y porque las posibilidades de progresar sean reales.

Hay una educación verdadera que trae prosperidad, hay una educación valiosa que transmite lo más importante, la integridad, la posibilidad de una libertad efectiva, basada en el conocimiento, en la esperanza real, fundada en la cultura del trabajo, de lo que se alcanza con esfuerzo y con alegría simplemente porque es bueno, porque es mejor.

MaestroLa educación verdadera tiene su base en un conjunto de valores que se transmiten en lo cotidiano, la solución real la tiene la coherencia al sostener una forma de transmitir el conocimiento y las habilidades de manera precisa. Necesitamos fuerza para dirigirnos hacia allí, y mucha convicción. La tarea de educar en habilidades, en conocimiento y en valores es increíble, es genial. Más allá de los cambios que proponga un sistema educativo que puede desorientarse con facilidad, sostengamos la esencia de la tarea, aprender y enseñar, y volver a hacerlo una y otra vez, todas las veces que sea necesario.


Los valores y el desarrollo de la sexualidad

Entre todas las vivencias que nos acompañan y nos acompañarán siempre algunas de ellas se destacan por su relevancia, por la relación que tenemos con ellas, por lo que somos, lo que queremos y lo que manifestamos como personas. La forma en la que nos vinculamos con nuestra propia sexualidad es una de las más importantes durante nuestra vida, la forjamos desde muy jovencitos y en la adolescencia comienza a definir sus primeras improntas reales. A medida que pasan los años, como es lógico, maduramos en uno y otro sentido, algunas cosas, con el tiempo cambiarán siempre.

Hallar las palabras justas es difícil, porque si hay algo que se aleja de esta reflexión es la intención de juzgar u ofender. Por el contrario, es sin dudas, el fruto de muchas conversaciones con adolescentes y no tanto también, que hubieran querido escuchar palabras un poco más altruistas en torno al tema, y menos centradas en lo meramente físico. Supongo que queda muy claro que no hay forma de hablar aquí si no es encontrando un eje de moral que nos sostenga, que sea capaz de diferenciar realmente qué puede ser bueno y estar bien y qué no.

Son tiempos difíciles para esto…Porque somos muy capaces de reconocer errores en muchas cosas, pero se nubla la vista cuando tenemos que afrontar otras. Posiblemente los comportamientos en masa nos anuncian lo socialmente aceptado, aunque no distingan ni por asomo lo que puede ser bueno de lo que no. Y aquí aparece exactamente este tema, la forma en la que desde la adolescencia se desarrolla la propia sexualidad. Si bien hay una impronta cultural enorme, y una gran parte de lo que vivamos está íntimamente relacionado a las creencias personales y a los puntos de vista individuales, es un aspecto que necesita más cuidado para comprenderse, para vivenciarse y para enseñarse también.

Cuidar nuestro cuerpo  implica no sólo considerar cuanto lo alimenta, sino cuanto hacemos con él porque conlleva mucho más. Aquí es donde ponemos lo que somos. Aquí es donde encontramos felicidad o todo lo contrario. Espero coincidamos en este aspecto porque es fundamental, dentro del maravilloso y libre albedrío que se nos ha dado, tenemos la inmensa y valiosa capacidad de ser además de íntegros, felices. El cuerpo, como vehículo de nuestra preciosa existencia, es un instrumento del hombre para cumplir un ciclo con la mayor plenitud posible. En el cuerpo y en la sexualidad claro que no hay nada de malo, sino en lo que se le convierte cuando pierde su dimensión real.

Leí alguna vez palabras como las que siguen que me parecieron muy lindas “Mucho de la actividad de Nuestro Señor consistía en sanar los cuerpos, alimentarlos y dignificarlos” (…) “El sexo en sí en todas sus dimensiones es Santo.” Quiero decir, eso es lo que es…

Entonces ¿Cuándo pierde su significado real? En el desorden, en el abuso, en el acto de corromper su finalidad, en el utilizar a otras personas sin amarlas. El sexo sin amor en algún punto, termina en desprecio hacia la otra persona y hacia uno mismo. Donde no hay amor, se encuentra fácil la inmoralidad porque se degrada al ser humano mismo. Es aquí donde la dimensión errada de la sexualidad aparece, en el lugar donde todo da lo mismo, donde tanto los adultos, como prácticamente niños y niñas, porque algunos ni siquiera han alcanzado su adolescencia, han tenido relaciones sexuales sin tener el menor grado de maduración necesaria. Y aquí coincidiremos en que los hemos visto llorar muchas, muchas veces, y el dolor que se ocasionan a ellos mismos no es fácil de olvidar. Cuando su integridad se pone en juego, o sienten haberla perdido queda un gran trabajo para ayudarlos a encontrar una mirada más sana, y un vínculo con su propio cuerpo que pueda plasmar primero esos valores que sienten que faltan.

Hay dos factores sociales que no precisamente son de ayuda, uno de ellos es lo que venden los medios y la sociedad, si de un vistazo todo está bien y se aplaude…qué más se puede decir…El otro, es que muchas veces en la misma familia se leen toda clase de comportamientos permisivos, y casi ninguna palabra respecto de la educación sexual. Es increíble, por cierto, pero algunos padres no saben más que promocionar métodos anticonceptivos o de prevención y por el resto se los deja a los chicos al azar, en una apuesta del vale todo y lo que venga te hará socialmente más aceptable….Y en este contexto es fácil quedarse sin palabras, porque el problema parece reducirse a evitar embarazos o contagios. Qué confusión, que terrible y temible confusión…

La finalidad de la condición sexuada del hombre es la procreación, es el milagro de la vida. Y se produzca ésta o no a través de la unión sexual, es la experiencia de dos seres que se aman, que son capaces de expresar a través de un acto de madurez su comunión con el otro, su vínculo singular y único, en el que distinguen implícitamente su especial y exclusivo amor por su compañero.

En el lado contrario, los tiempos al respecto son un poco extraños, a algunas personas hablar de amor aún les parece gracioso, algunos adultos insisten en validar lo promiscuo, lo insano, como acto de diversión o entretenimiento. Y esto lo leen los chicos al vuelo, y desgraciadamente aleja la posibilidad de una vivencia sexual sana. La moda, el día, el minuto, la ocasión, los hace equivocarse una y otra vez, y perder una y otra vez lo mismo: su integridad.

Al respecto, sigo pensando que la única forma de revertir algunas cosas, entre otras, una tan importante como lo es la vida sexual de jóvenes y la forma en la que se proyectará de adultos es educando. Hablando, siendo ejemplo. No da igual una cosa que la otra, y no por hacerlo entre risas está todo bien. La complicidad en la ausencia de valores fundamentales a transmitir, como el amor, la fe, la paciencia, la virtud, el respeto por uno mismo y por los demás, pueden dejar fuera algo tan fundamental como la propia paz, la propia felicidad y plenitud.

Madurar sexualmente no es ser rápido para sacarse la ropa, sino lo suficientemente íntegro y claro para cuidar lo más preciado que se tiene, el cuerpo, como vehículo de todo lo sagrado que alberga, junto a la posibilidad de celebrar siempre lo que se ha vivido, lo que se vive y lo que se anhela.

El sexo es la forma más sublime de encontrarse en el amor con el otro, con quien en particular y en especial se tiene vocación de recorrer el camino de la vida. No es suficiente la amistad, no es suficiente cualquier amor… Eso no puede perderse, creo que sabemos bien a qué nos referimos y cuanto implica todo esto.

Hay mucho, en realidad muchísimo más que quisiera compartir al respecto, pero no quiero extenderme tanto. Sin embargo creo que para pensar y estar más atentos a algunas cosas, para garantizar que nuestros pequeños jóvenes encuentren una etapa maravillosa en sus vidas, cerca de los valores, de una autoestima fortalecida, de saber cuando es sí y cuando es no y de darse el tiempo de maduración necesaria. A veces se los empuja a los chicos a hacer cosas para las cuales no están listos de ninguna manera, o se los deja solos en el umbral de un comportamiento social que espera su confusión para ponerlos en situaciones que no desearían pasar. Aquí las familias principalmente y también sus educadores tenemos la tarea de transmitir, además de la compañía, una cantidad de valores con la mayor seguridad y claridad posibles.

Hay una dimensión cuidada, preciosa y alcanzable de vivir la sexualidad, que atesora su valor auténtico. A su tiempo, con su real significado, trae felicidad y alegría verdadera, porque implica encuentro no sólo con uno mismo y con el otro, sino con lo que realmente se es. Y es también madurar en las relaciones que tenemos que aprender a cuidar, porque implica aprender el amor, por nuestra propia esencia, por nosotros mismos y por el otro.


Cuanto se enseña y cuanto se aprende (II)

Retomando cuestiones a considerar a la hora de revisar los contenidos que realmente han sido aprendidos por nuestros alumnos en su paso por la escuela, quedan pendientes varios aspectos aún, que seguramente cada quien sabrá evaluar dentro del contexto en que se desempeña. El último post Cuanto se enseña y cuanto se aprende I mencionaba la inevitable pregunta de cada comienzo de ciclo ¿Qué sucedió con los contenidos enseñados previamente? A los expuestos podemos sumarles muchos más, que con la mismísima importancia necesitan el tono de la revisión, de calcular mejor de qué manera hemos de presentar a nuestros alumnos nuevos temas, qué manera resulta para ellos más efectiva, más estimulante y más cercana a una realidad tangible para ellos. Involucrarlos como hacedores, como gestores de los cambios y principales vectores de transformaciones en su mundo y para su futuro, los saca de la pasividad del receptor.

Claro, siempre serán receptores de nuevos conocimientos, pero la pasividad los distrae, y sin querer los aleja del descubrimiento, de la curiosidad… y por lo tanto de un aprendizaje más profundo, difícil de olvidar y que siempre los animará a más. Indefectiblemente una cosa lleva a la otra. Indefectiblemente para aprender, hemos de darle espacio a sus preguntas, a su propia curiosidad e interés. Y aquí enseñarles a pensar se vuelve fundamental, invitarlos a buscar razones detrás de cada contenido, puede ser para ellos casi un juego que se transforma en la mejor herramienta de aprendizaje.

Para no perder la posibilidad de que todo esto suceda, entre algunos otros aspectos a tener en cuenta, además de la citada falta de interés, falta de atención, y cuanto puede exponer la correcta lectura de las evaluaciones, podemos mencionar:

Los cursos numerosos: un gran, gran punto a considerar, aquí hay mucho que debería cambiar desde la organización, puesto que personalizar de verdad se hace difícil. Sabemos muy bien que cada alumno tiene sus tiempos, cada uno comprende a su modo y tiene sus propias habilidades y dificultades a flor de piel. Cada uno va conociendo a sus estudiantes y encuentra sus lógicas particularidades. Sin dudas un par de horas de clases se vuelven un tiempo muy breve para intentar llegar a cada uno de los chicos, si nuestras aulas tienen una población de 30 ó 40 estudiantes. A veces es muy difícil para ellos y para nosotros, porque cuando están repletos de preguntas y necesitan ese pequeño y particular espacio, ese tiempo vital que requiere cada uno, suelen quedar cuestiones pendientes para otro “siempre después” que a veces no llega. No importa cuanto caminemos de una punta a la otra del aula, sabemos bien que pueden estar prácticamente todos llamándonos a la vez, requiriendo (con todo derecho, claro..!) esa atención que necesitan.

En este punto de verdad, que la educación formal y la organización escolar deben replantear grandes cambios, es imposible masificar tanto el proceso de enseñar y aprender, siguen siendo demasiados chicos para un solo profesor o maestro, otra cosa sería si se pudiera dedicar más tiempo a cada uno.

Mientras tanto, así como están las cosas, la originalidad y la materia de cada quien deberá proponer alguna forma en la que la pérdida sea mínima. A mí me resulta muchísimo el pizarrón para que todos se queden con la menor cantidad de dudas posibles, allí podemos trabajar todos juntos una y mil veces, intentamos diferentes métodos y procesos. Intercambiamos puntos de vista y dudas, resolvemos y revisamos muchas veces. Aquí hay dos cuestiones fundamentales, una de ellas, es que si bien para compartir en la pizarra uno escribe casi de espaldas, es no “hablarle al pizarrón” ni permanecer ajeno a cuanto sucede detrás. Quiero decir, todavía hay quienes dan sus clases prácticamente de espaldas al curso, bastante ajenos al clima que va tomando la clase con cada contenido. Por las dudas… no es suficiente escribir 4 ó 5 pizarras completas y dar por pasado ningún contenido. Sino utilizarlo como herramienta para transcribir lo que sucede detrás, de compartir la forma en la que razona y resuelve uno u otro. Claro que es a título personal, mis materias son física y matemática. Cada una necesita su propia metodología. También ayuda leer de manera conjunta, intercambiar puntos de vista y hacer una fructífera puesta en común del contenido del día. De paso, los chicos aprenden a expresarse, a intercambiar sus ideas y escuchar al otro. Aquí se pone mucho en juego sobre la forma en la que conviven e interactúan, comprender que todos pueden aprender algo del otro es fundamental y absolutamente enriquecedor. De todas formas y volviendo al principio, siempre es necesario atender la pregunta personal, la duda propia del aspecto que fuere, al responderla también les brindamos seguridad y atención. Sabemos que todos quieren que veamos su trabajo, eso es genial por cierto.

 El hábito del esfuerzo: demás está decir lo importante que es esforzarse y sobreponerse a la falta de ganas o la comodidad. Si bien hay una clara tendencia a facilitar el paso por la escuela y aprobar sin lucir precisamente muchos méritos, los chicos entre los valores incalculables tienen que conocer el esfuerzo. Los chicos tienen que aprender a esforzarse. Tienen que reconocer su capacidad de alcanzar cuanto se propongan a través de su trabajo, para ellos es muy estimulante encontrar en el propio esmero el mérito de haber alcanzado sus metas.

 La falta de fijación de conceptos y algoritmos: otro aspecto fundamental, implica no sólo comprender un tema, sino asimilarlo, fijarlo, trabajarlo lo suficiente como para que el eje principal perdure. Lectura y trabajo, papel y lápiz, práctica y más práctica son elementales. Todos los contenidos están organizados, obviamente, de manera de seguir una secuencia, se entrelazan entre sí de forma en que uno puede asociarse al otro. A veces, uno sustenta a otro, otras veces uno requiere indefectiblemente el conocimiento del otro, otras un contenido le da sentido y coherencia al otro. Entonces queda muy claro que hay mucho más que pasar los temas, hay una referencia cardinal en cada uno que no se puede perder. Hay una relación que es importante comprender y asimilar, no de manera textual, ni siquiera perfecta. Sino de aprehensión de cuestiones que son fundamentales en cada materia, hay cosas que de un vistazo deberían volver a la memoria y el razonamiento de nuestros pequeños estudiantes.

No tiene el menor sentido pensar que cada año hay que empezar todo de nuevo, de hecho nadie lo hace…uno pone sobre supuestos una cantidad de contenidos ya “aprobados”, para poner más encima de ellos….y hay algo aquí que sin dudas no le puede cerrar a nadie, porque sabemos muy bien que de camino es mucho lo que se ha quedado fuera de lo realmente aprendido (a las pruebas me remito). No estoy diciendo que los chicos deben saber de memoria todo lo visto anteriormente, ni recordar absolutamente todos los algoritmos de las operaciones, ni todos los…No, en absoluto, se trata de sostener un eje que garantice que lo esencial se ha quedado, que cuando haga falta volver sobre los pasos de algún contenido previo, no parezca que hablamos de cosas que jamás nadie les ha mencionado. Claro que lograr eso toma trabajo en el aula, y toma trabajo en el hogar. ¿Mucho o poco trabajo? El adecuado, el que precise cada contenido y cada quien. Como siempre, mucho para pensar y para revisar.

 La falta de disciplina: qué mas decir…habremos escuchado hasta el cansancio que en tal o cual curso o escuela es imposible dar clases. Es completamente cierto, tema absolutamente extenso y compartido, sin disciplina, sin coherencia en la convivencia dentro del aula no se puede aprender ni el abecedario. Sin disciplina no hay aprendizaje posible. Es uno de los grandes temas a resolver, sobre todo de manera conjunta, sentarse y hablar, aclarando de antemano de qué manera suceden los días dentro de un establecimiento educativo, es el primero de todos los puntos a tratar. Más que mucho para hablar y encontrar soluciones reales. Entran en juego la cualidad y esencia de la jerarquía, de las instituciones, la misma familia y la sociedad, sumados todos los valores humanos que queremos que aprendan los chicos.

Hay más, mucho más, replantear desde un punto real cuanto ha de enseñarse y aprenderse trae mucho a tener en cuenta, cada quien sabrá qué cosas representan puntos fuertes y débiles. Sólo por nombrar me quedan la constancia, la insistencia, el estímulo permanente, la responsabilidad, la claridad, la recompensa, el buen ánimo, la predisposición, la infinita paciencia… Nadie dice que enseñar sea fácil, apuntando a lo que otros hayan podido aprender. Es tan real la visión de que ambas se toman permanentemente… aprender y enseñar son cosas que no pueden separarse.

En un momento en que realmente lo necesita, hay que traer lo nuevo, y eso nuevo que necesitamos traer requiere la fortaleza del conocimiento, no sólo de las ciencias claro, sino de lo humano, de encontrar en la esencia de las cosas una mirada más real del mundo, también más sensible. Hay tantas maravillas a las que el tiempo les ha quitado la vista, y tanto para retomar desde una escala de valores que encuentre una manera de coexistir más sabia, más alegre, más acertada.

El ser humano tiene una capacidad infinita de aprender, de conocer, de inquirir, y fundamentalmente de dar. La vocación del que enseña la reconoce, e insisto, no es fácil a veces, mucho se ha perdido, por tanto hay mucho que reencontrar y mucho también para construir de nuevo. No es al pasar este tema, puesto que viendo hacia donde van nuestros pequeños y jóvenes, dependiendo de la manera en la que los convoquemos e inspiremos, es evidente que tenemos mucho que replantear. Mientras estén a nuestro cuidado, la responsabilidad y el imperativo moral de encontrar el mejor camino para ellos son nuestros. ¿Quién dice que no podemos hacerlo muchísimo mejor aún…? Sé que encontraremos siempre la forma de enseñarles, educarlos y cuidarlos. Hilando entre contenido y contenido un valor sumado al otro y siendo para ellos todo lo que esperamos que sean, encontraremos no sólo la forma de que aprendan, sino de que lo hagan cada vez mejor.


Cuanto se enseña y cuanto se aprende (I)

Una de las preguntas que ronda una y otra vez en el aula cada vez que comenzamos un ciclo lectivo, es dónde ha quedado lo enseñado el año anterior, sin disimulos lo aprendido se ha vuelto evidentemente poco. Sin dudas cada nivel, cada año y cada edad trae lo suyo. En un momento de tantos cambios y avances, no es posible dejar contenidos a un lado, ni siquiera en un segundo lugar, intentando arbitrar una escolaridad en masa, como se nos ha presentado últimamente la tarea. En el proceso de enseñar y aprender se ponen en juego una multiplicidad de factores que inciden directamente en el desempeño y aprendizaje de nuestros alumnos.

El aspecto que hace a la aprehensión de los conocimientos es tan vital como ofrecer un eje de valores en el cual cada uno encuentre un camino, modele su propia humanidad y crezca en conocimientos. Al último se refiere en particular éste y el próximo post. Aquí entran en juego muchos elementos a tener en cuenta, a mi entender, todos revisten la misma importancia, por tanto el orden en el que los comparta aquí es irrelevante, incluso unos y otros se entrecruzan permanentemente, pero vale mucho la pena repensar aspectos que se lucen a diario en el aula, y conducen de una manera u otra a no alcanzar el aprendizaje esperado. Así se nos presentan a diario aspectos a los que si bien nos acostumbramos, quizás comprender mejor sus alcances tiendan a buscar alguna solución que podamos proponer de manera real. Ese pequeño estímulo, esa palabra o dinámica oportuna que repare un poco lo que obstruye el aprendizaje, la atención y dedicación de nuestros alumnos. Y se luce quizás antes que nada…

La falta de interés: Inoportuna como siempre, se puede, pero es muy difícil aprender algo que a uno no le interesa. La competencia, en general con un mundo de tecnología y sobre estímulos, inclusive en simultáneo, es un poco cruel a la hora de tener que enseñar algo “a la antigua”, de proponer lecturas, de abrir un libro, de  escribir correctamente, o simplemente seguir estoicamente un proceso lógico (¡Sencillamente todo un desafío!).

Realmente nuestros métodos pueden resultarles arcaicos a nuestros chicos, pero sabemos que valen un millón de veces la pena, puesto que bien reconocemos que la base del conocimiento no se puede perder. Muy por el contrario, a la hora de necesitar cambios, habremos todos de recurrir infaliblemente al uso de la razón, al lenguaje de la comunicación, que debe ser tan claro como preciso a la hora de seguir cualquier razonamiento. Sea de manera oral o escrita, de manera coloquial o de estructura simbólica y puramente lógica.

Sin ninguna duda las herramientas tecnológicas, incluso los celulares claro, pueden servir como herramienta en el aula, de hecho, dependiendo de sus características son absolutamente maravillosos para aprender, y son una fuente de atracción para los alumnos, pero no ha de pasar todo por allí. Por el contrario, y representan la mayor parte de las veces una gran distracción permanente. Hay muchísimo que requiere otra clase de atención, y un trabajo diferente. Definitivamente cada cosa ha de cumplir su función, y la cumple con excelencia sólo en el lugar que le corresponde.

La falta de interés sólo puede resolverse de una manera: provocando el efecto contrario.  Y aquí hay mucho de la preparación que cada quien tenga (además de ganas…) para poder de alguna manera vincularlo a todo lo que sí les interesa a los chicos, trayendo a la realidad cuestiones tangibles, cosas que planteen nuevos desafíos, incluso, para los viejos problemas.

Una atención ausente: A la orden del día, la falta de atención, tan estrechamente ligada a lo anterior. Obviamente la falta de interés quita la atención de cualquier asunto. Casi todas las veces está ligada a ese sobre estímulo antedicho. Otras, relacionada con los problemas que los chicos cargan de casa, o por los cambios lógicos en las distintas etapas de crecimiento. Otras tantas, por el simple hecho de no haber logrado el ejercicio de la concentración a la hora de aprehender los conocimientos. Y también por qué no, una presentación de los temas un poco desatendida, en la cual cada quien deberá hacer el alto que corresponda y ponerse lo más creativo posible.

Cada una tiene una forma de encaminarse, todas son absolutamente válidas y requieren el esfuerzo de encauzar una solución, de arbitrar los medios suficientes para lograr ese pequeño tiempo de escucha, que implique seriamente un proceso cognitivo real, no de memorización, sino de atención, de planteos, de cuestionamientos y puesta en común. Es un rato, porque no dura mucho más que un rato, invaluable. Lo que aquí se ha tomado, se queda, y da sus frutos una y mil veces. Ni hablar si el educador participa activamente del proceso, del redescubrir, de ir por más cada vez. Actitud que es absolutamente contagiosa para los chicos, puesto que no sólo se involucran como receptores, sino que se sienten capaces de encontrar respuestas y compartirlas. Eso es aprendizaje real, eso no lo olvidan jamás.

 La evaluación es una herramienta de cambio: Y aunque en este primer apartado del tema sólo será una referencia a las evaluaciones de contenido, aquí  podríamos detenernos por horas, porque realmente el proceso de evaluar debe ser absolutamente enriquecedor. Quizás aún nos falta redescubrir sus alcances y no limitarse a trasladar los resultados a una libreta, calificando en un número, y quizás de manera un poco arbitraria, el resultado de una prueba escrita oportuna, y a veces no tanto…

La evaluación sin dudas es una herramienta de cambio, de valoración para el docente fundamentalmente, es imprescindible aprender a utilizarla.

Sean cuales fueren los parámetros que se tomen, en promedio sobre un curso que arroja pésimos resultados en una evaluación, puede leerse algo vital que necesita revisar quien enseña. No significa necesariamente esto impartir mal las clases, sino que hay mucho que recomponer. No es fácil precisamente pararse frente a un curso, lograr silencio, atención y buena predisposición de nuestros alumnos, que por maravillosos que sean, traen a cuestas un trajín importante de la calle y de casa también.

En los resultados de la evaluación, puede verse eficientemente: si el alumno simple y sencillamente no ha estudiado o si no sabe cómo estudiar, si el alumno no ha comprendido realmente el tema, si no tiene el menor interés en realizar sus actividades, si sólo busca complacer a sus padres o al docente, si compite permanentemente con sus compañeros por las notas, si sabe y se desenvuelve realmente con soltura porque estudia y ha comprendido, si hay muy poco incentivo a sus espaldas, si está muy cansado (y pasa con frecuencia), si lo intenta pero no puede acceder al material que requieren sus estudios, si no está cómodo, si inventa por no fracasar pero no tiene conocimientos reales porque no utiliza,  ya sea porque no sabe o no quiere, los métodos más adecuados para él.

También hay que saber leer en los resultados, si el docente desarrollo maravillosamente el tema, o no lo explicó bien. Si lo pasó a toda velocidad o ha tomado el tiempo necesario, si permanentemente da por sabidos temas que en realidad no lo están e insiste en que ya “deberían” tenerlos aprendidos. O sencillamente… si la evaluación ha sido un castigo por actos de indisciplina de los alumnos, sucede a menudo. Muchas veces, ante la escasez de herramientas correctivas, se apela a las que no son adecuadas, puesto que no sólo no cumple aquí su función sino que la mayor parte de las veces interfiere en la buena evolución de las clases y los contenidos.

Quiero decir con todo esto, si no se ve que la evaluación es una herramienta…estamos viendo para otro lado. Lo importante aquí es que cada situación que ponga en evidencia, tiene su solución adecuada y oportuna. No tiene el menor sentido recostarse cómodamente en la posibilidad de que todos aprueban o desaprueban porque sí, y masificar los resultados porque es poco lo que evoluciona la clase, nada lo que se nivela, y menos lo que se aprende.

La evaluación es una herramienta de cambio, de revisión, de profunda reflexión sobre lo que se queda en una clase, sobre la forma en la que transcurren las mismas, la forma en la que se enseñan los temas y la manera en la que éstos se aprenden, entre otras… ¿Han aprendido nuestros chicos a aprender…? ¿Se aprende todo de la misma manera…? ¿Es válido evaluar a todos de la misma forma…?

 Tanto las preguntas como las respuestas que tentemos dar son casi infinitas, nuestra piedra de tropiezo, y con la que nos hemos casi hasta encariñado, la de simplemente aceptar que nuestros alumnos no terminarán de aprender nunca algunas cosas, podemos correrla a un lado, y buscar lo nuevo. Buscar esas cosas que de alguna manera pueden resolverse y corregirse dentro del propio sistema educativo, para alcanzar mejor, en menos tiempo y de manera más efectiva una cantidad más generosa de aprendizajes.

Los chicos tienen derecho a equivocarse, claro y por supuesto que sí, es parte del proceso de aprender. Los grandes también tenemos el mismo derecho, y ha de ser parte también del mismo proceso de enseñar, pero el turno de revisar es nuestro. Por tanto la cuestión no es, no si nos hemos de equivocar ambos, sino que ninguno lo haga con tanta persistencia y resignación, cuando observar mejor un poco determinados aspectos, posiblemente no sea tan complicado y traiga un poco de claridad.

El tema sigue, y por no extender tanto el mismo post, lo he divido en dos partes, hasta aquí la primera, en la próxima quedarán vinculados otros aspectos que aún podemos involucrar y son parte del día a día en la escuela. Cualquiera de nosotros podría mencionarlos porque los conocemos muy bien, aquí la diferencia la hace encontrar cada quien, la oportunidad de ofrecer a sus alumnos justo eso que necesitan.

Mientras tanto, mucho para pensar y como siempre, lo ameno atrae, un buen rato, más que nada, con los ojos puestos en lo que a los chicos les gusta ver, pero desde el ángulo que necesitamos que aprendan, puede lograr grandes cambios en la forma no sólo de aprender, sino en nuestra dinámica de enseñar.

Entre tantas cosas que nos gustarían ver resueltas y mucho más humanas en este mundo, nos ilumina encontrar personas que han podido desarrollar las mejores cualidades, en referencia a los valores humanos y también en sabiduría, en conocimiento. Si lográramos que todos los niños, con su natural inocencia, más allá de sus rasgos tan propios, tengan la posibilidad de desarrollar ambos aspectos, otra cosa sería su futuro y también este mundo, hacia allí con amor y paciencia es donde debemos encaminarlos.

Continúa en  Cuanto se enseña y cuanto se aprende II


Agradecimiento

Cada año he recibido desde WordPress un reporte con las estadísticas anuales del blog, cada año lo he compartido porque como mencioné alguna vez, son las huellas que dejan ustedes por aquí. Son el fruto de inquietudes, de encontrar preguntas y respuestas nuevas, de su trabajo y dedicación, su esmero, su voluntad y sus ganas en algunos casos de compartir sus opiniones conmigo y con los demás.

Les agradezco profundamente la compañía, son temas difíciles a veces de compartir, en situaciones muchas veces difíciles de atravesar. Se han expuesto cada vez con más frecuencia muchas dificultades en las aulas y en las escuelas. Me extendería muchísimo en éste si mencionara las carencias en cualquiera de los sentidos respecto de cuanto necesita cambios, de lo que necesita más y requiere una mirada nueva. Son muchas cosas…entre todas ellas abstraemos a los pequeños, puesto que todos compartimos la seguridad de que no son más que los depositarios de los aciertos o de las falencias y excusas de los mayores. Sus mayores somos todos, y los que podemos o tenemos ganas de hacerlo, por los motivos que sean, intentamos por sobre todas las cosas salvaguardar su integridad, hablarles incansablemente, abrazarlos y tratar de ponerlos en un camino seguro. Insisto “Todo se puede, todo se aprende…”

Gracias por pasar por aquí, según lo que me cuentan desde W.P. han sido en el 2013 más de 130.000 sus visitas, desde 67 países diferentes, y han sido compartidos sus artículos varios cientos de veces en las distintas redes sociales. De verdad muchas gracias por ello, podremos coincidir o disentir desde distintos ángulos, pero nos une el mismo anhelo de mejorar en pos de los que necesitan de verdad nuestro mayor esmero, todos los pequeñitos, estén donde estén.

Como siempre, mis respetos y mi admiración a todos, a los que leen, a los que buscan, a los que escriben, espero este año nos encuentre juntos, nos encuentre bien y con el amor necesario para dar siempre más.

Realmente valoro mucho su tiempo y su compañía, gracias por pasar por aquí…!!!!

                                                                                                                                                                                                                                           Andrea


La única manera de defender la escuela, es a puertas abiertas.

Durante los últimos días contemplamos casi atónitos, en una secuencia de tomas de escuelas y destrozos a la iglesia de San Ignacio, un cuadro grotesco, frustrante, en una exposición breve de los síntomas de la decadencia educativa y social. La que  reclama violentando los días de clases, la que toma una escuela en una pincelada de las capacidades estudiantiles, respaldadas por la inexperiencia y la falta de diálogo por parte de los padres y de la dirigencia educativa. Así la educación formal y del hogar, exhibe indiferente que carece de límites y responsabilidades claras.

Evidentemente, también estamos frente a las consecuencias de gestar en los alumnos esa pasión política, esa división de opiniones y métodos, a una edad demasiado temprana, en que las ínfulas, la razón y las hormonas son una mala combinación. En una etapa en la que todavía, se necesita obedecer y aprender, sí cuestionar, sí dirimir, pero no gestar pequeños grupos, ni sectarismos capaces, por ejemplo, de cerrar y tomar una escuela.

En su victoria airosa, los alumnos demostraron su capacidad de exterminar horas de clases, de alejar la posibilidad de dialogar y consensuar en un ambiente de conocimiento, con sus causales y sus consecuencias…Eso, nadie se los enseña en las escuelas… ¿Acaso los docentes y los padres no han aprendido que es el diálogo responsable, prudente y sensato el que resguarda los cambios?

Reclamar con las razones apropiadas siempre será necesario, incluso marchar de manera de exhibir una cuestión, dialogar, casi exigir, son parte de los derechos y obligaciones de cualquier ciudadano. Pero reclamar derechos, a costa de violar otros, es síntoma de decadencia moral. Es hurtarle la racionalidad a cualquier cuestionamiento, quitándole la posibilidad de prosperar.

La educación no es un juego, la educación pública y obligatoria menos, hay mucho (y está expuesto aquí un millón de veces) muchísimo por cambiar y mejorar, incluyendo cuestiones que no escucho a nadie reclamar.

Pero a la sensatez, si no se le pone el vehículo adecuado se tergiversa, las razones que necesitan violencia para defenderse son efímeras. Y van destrozando a su paso lo que cuesta tiempo y esfuerzo sostener.

Cerrar las puertas de una escuela está MAL, destrozar San Ignacio como lo han hecho, es síntoma del peor deterioro, es consecuencia de politizar a los adolescentes y someterlos a un lavado atroz, que les arrebata la posibilidad de aprender y sostener un eje moral, que los sectariza y les quita la capacidad más grande: la de saber. Porque eso es lo que hace la política a una edad tan temprana. Les evita el tiempo de aprender, de obtener puntos de vista diferentes, porque calzan frente a sus ojos un cristal de color desde el cual es imposible observar y razonar con claridad e imparcialidad. Lo veo a diario, los escucho repetir y repetir sucesos que jamás vivieron, escucho su resentimiento y su sectarismo respecto de cosas que jamás han visto, sobre personas que nunca conocieron, gritando derechos y pintando murales con palabras que no resultan mucho más que de repetir los sentimientos y sensaciones que les han transmitido muchas veces adultos resentidos, abruptos y desconsiderados, buscando sólo perpetuar ideas y la memoria de partes de la historia, mostradas así en pedazos, vistas con más o menos racionalidad.

Hay que ser muy inescrupuloso para sembrar todo esto en la formación de los jóvenes, la educación no puede enseñar a atropellar, si la educación no es capaz de moverse dentro de la moral que la sostiene, dediquémonos todos a otra cosa, y preparémonos para convivir en sociedad de la manera más triste. Y esto atañe a los padres, a los educadores, a los dirigentes y a los alumnos.

Si cada quien cumpliera con las obligaciones y deberes que le corresponden, ninguno tendría necesidad de reclamar derechos.

Descontando claro, que ningún derecho puede reclamarse mientras se le falta el respeto a los otros, y dentro de la definición de respeto, están incluidas la tolerancia, la racionalidad, el acuerdo y la justicia por definición y en consecuencia.

Aprendamos de una vez que la violencia, en cualquiera de sus formas, es contraria a la educación, aprendamos a poner límites a tiempo, para que la convivencia social prospere en un eje de valores.

Los alumnos a aprender, a estudiar, si hay algo que tienen que defender es su tiempo de estudio, sus horas de libros, de gastar hojas en prácticas y apuntes, de unirse como gestores del cambio, pero desde la integración, no hay nada que separar cuando lo que se persigue en verdad, es el bien común.

No me voy a cansar de decirlo, la finalidad última de la educación va mucho más allá de los contenidos, pero los necesita indiscutiblemente, mientras más…mejor. No cabe ninguna duda. Nivelar para abajo, no es gratis, basta una simple comparación, cualquiera lo sabe.

Pero si no cuidamos los métodos, volvemos a errar el camino. Cada quien, manifieste la excelencia desde su rol, los padres no pueden ponerse a la altura de los hijos, ni los alumnos a la altura de los padres o los docentes, ni viceversa. Mucho cuidado con eso, porque parece una piedra de tropiezo permanente.

No podemos olvidar que la educación es el tema más frágil y poderoso que cimienta la sociedad, para hoy y para mañana. La escuela representa sólo una etapa en la vida de las personas, pero forja lo más importante, junto con la educación primera y esencial de casa, sobre todas las cosas desde el amor y el respeto.

Es hora de replantearse como progenitores, como docentes o dirigentes, qué estamos propiciando en nuestros niños, y cualquier atisbo de egoísmo o sectarismo es una barrera difícil de saltar cuando grandes, asumamos con responsabilidad la parte que nos corresponde, es una tarea a conciencia, minuto a minuto, palabra por palabra, cuidado….Los destinatarios de todo esto, nuestros pequeños y jóvenes, lo agradecerán un día.


El valor del esfuerzo

escalarComo pocos, vehículo fiel de los logros, amigo de los proyectos y las metas…compañero de vida… el esfuerzo será siempre un bien imprescindible para transmitir, enseñar y sobre todo aplicar.

Un poco confundido entre la prisa de los días, otras entre la comodidad, romper la inercia para quitarle el polvo a un bien tan preciado ya tiene su mérito de por sí…

A veces ponemos mucho énfasis en cuanto damos a los chicos en contenidos y también en cuanto queremos estimular como actitudes, pero pocas veces quizás logramos transmitir el valor imprescindible del esfuerzo. Ese esfuerzo que requiere sobreponerse a la pereza, al cansancio, a la falta de ganas, para conquistar avezadamente un tema, un deporte, o simplemente dominar una cuestión.

Así como nuestros jovencitos tienen un millón de derechos que los asisten legítimamente, deben reencontrarse con las obligaciones que los vinculan a los mismos.

Creo escuchar últimamente un doble discurso que preocupa por las claras consecuencias que conlleva. Facilitar el acceso a la educación a los niños y a los jóvenes es una OBLIGACIÓN que jerárquicamente alcanza a los adultos desde todas las funciones, pero que no se nos escape que la educación debe estar muy lejos de facilitar un certificado escolar.

Cuando realmente somos conscientes de esto, nos ocupamos de lo más importante: que los chicos aprendan. Que puedan ocupar el lugar que les corresponde porque han aprendido, porque la única manera de que sean dueños de sus derechos, de su libertad, de su dignidad es con conocimiento, y no con un certificado. Estoy muy lejos de decir que los niños deben pasar 10 horas diarias estudiando, considero esto un gran error, tema que merece un enorme apartado. Tampoco las palabras sobresfuerzo o carencia están aquí vinculadas en ninguna de sus formas.

Sino que la educación más valiosa y acertada es la que proviene de garantizar que nuestros pequeñitos tengan suficientes herramientas para alcanzar y resguardar sus metas, sus proyectos, sus anhelos personales, sus derechos legítimos.

estudiarEs justo aquí donde necesitamos validar la energía que deben poner a su esfuerzo por aprender, por delimitar y organizar su tiempo y sus hábitos personales.

Todo en la vida requiere esfuerzo, cuidarse, ejercitarse, alimentarse correctamente, cultivar la propia humanidad. Mantener los propios principios y convicciones también requiere esfuerzo, puesto que muchas veces somos tibios frente a lo que nos saca de la letanía de lo habitual y cómodo. Cambiar y mejorar requiere esfuerzo…vencer la apatía, saltar el desgano y la indiferencia requieren mucho más.

Todos estamos en un momento social que deifica la comodidad, lo efímero, lo fácil, lo que está a la mano…Vamos perdiendo mucho en el camino, facilitar las cosas no debería significar regalarlas, en notas, en títulos o en dinero. Facilitar las cosas es ganar la capacidad de sobreponerse, de ir más allá de las subidas y las bajadas para tonificar la voluntad.

Los logros más grandes, son los que reconocemos como verdaderos cuando nos sentimos capaces, cuando somos libres, cuando podemos elegir porque conocemos las diferencias. Si así de grandes, cuánto más a nuestros pequeños, tenemos que lograr que sean buenos, capaces, voluntariosos. El esfuerzo, quizás hoy más que nunca, es su gran aliado, porque hay mucho para mejorar, hay mucho a lo que deben sobreponerse con inteligencia, ayudarlos además de cuidarlos y enseñarles es también animarlos a encontrar su propia capacidad de crecer y aprender, validando el esfuerzo que requiere.

Requiere fortaleza y esfuerzo saber decir si y no en el momento adecuado, disponer los tiempos de manera de incluir como fundamentales el tiempo del estudio, el de los vínculos, el tiempo de cultivar el alma, el del cuidado de la propia persona, el del descanso. Vivimos presurosamente y lo transmitimos, se nos nota, muchas veces con poco tiempo para darle suficiente valor a estos temas en casa y en la escuela, cuando son en realidad esenciales.

El esfuerzo requiere también un tiempo para reconocerse, para apreciarse, para valorar las propias capacidades y de manera implícita retomar esperanza de cambios, de proyectos que se dibujan con trabajo, con tesón. Descubriendo cada quien sus propios tiempos, las destrezas y las dificultades que conquistar. Para eso estamos, para aprender, en temas de educación y enseñanza, no caigamos en el error de la dádiva , que es absolutamente opuesta a la empatía y la generosidad.

La educación no es un donativo, ni tampoco es un presente un certificado de estudios.

niños felicesLa educación verdadera está vinculada al esfuerzo de aprender y ejercer los verdaderos derechos, abarcando las obligaciones. Sólo así lograremos que nuestros niños crezcan sanos, libres y capaces. Cuidar y preservar su integridad es enseñarles también que el esfuerzo no va de paso, el esfuerzo es el único capaz de lograr que cuanto anhelen suceda…


Las cosas por su nombre: ¿Sistemas educativos sin educación?

Entre los temas que están a la orden del día se luce periódicamente el de la educación. No es porque el sistema educativo es una maravilla, ni siquiera es un sistema que se sostiene dignamente en el tiempo, sino porque no puede dejar de exhibir sus falencias. Los desacuerdos y las carencias, los tironeos, los paros, las necesidades de infraestructura y también de calidad propios del sistema, son características de un tema que debiera ser prioritario. Honestamente esquivé el tema muchas veces, porque no me siento cómoda tomando partido en él. Primero, porque creo que la política podría ser muy interesante e importante si no viéramos la falta de habilidad y desinteligencia que se nos demuestra a diario. Segundo, porque realmente de un tiempo a esta parte, creo que las buenas determinaciones, la verdad y la coherencia, vienen de la mano del consenso, de la escucha, de la puesta en común y no de las divisiones o la parcialidad.

No hace falta que diga que la política debiera resguardar el bien común, preservar la justicia, la paz, la igualdad y todo lo demás, porque parece exhibirse todo lo contrario. Aquí y ahora revestirse de un cargo político implica una embestida de poder. Una ambición desmedida y una exposición triste de los vicios personales. Trato pero no puedo comprender la socarronería, la soberbia, la mentira, la falta de respeto. En semejante desbarajuste es imposible levantar un país, ni siquiera sostenerlo como está. Estoy segura de que guiar una nación es un privilegio para entendidos, para humildes, para prudentes…

¿Qué hago aquí diciendo todo esto? Soy docente, uno de los problemas mayores que tenemos es la educación. Esa educación tan imprescindible por la que me senté aquí muchas veces a compartir reflexiones, esa educación tan indispensable que me hace volver una y otra vez, desde hace años a la escuela. Quisiera ser justa, esas escuelas en la que soy yo la que aprende más cada año. Son mis chicos los que me enseñan a mí más que nada. Son sus ganas, su inocencia, su avidez, su predisposición natural, su afecto, su risa genuina, sus valores naturales, sus particularidades, su tesón, su forma de sobreponerse…son ellos los que sobreviven a la estupidez propia de sus adultos, si tienen la suerte de no sucumbir en un entorno extraño, cada vez más pobre de valores y de posibilidades.  Eso es la escuela, esa es la función real social que cumple.

Desgraciadamente desde los tejes políticos la educación se muestra como una figurita de intercambio, no sólo desde ahora, claro, es histórico ya. Los sueldos docentes son una calamidad, las escuelas, Dios mío…algunas escuelas son un desastre, a veces hasta peligrosas, sin suficientes sillas, ni mesas, ni tibieza, ni comodidad…nuestros pequeñitos y jóvenes más de una vez se sientan en pedazos de muebles, cambian los bancos de salones y las sillas permanentemente, a diario, dependiendo de la asistencia de los cursos.

Eso es porque no hay interés, no encuentro otra razón…no parece importante el espacio y la infraestructura escolar. Regular en papeles una serie de contenidos como prescriptivos está muy bien, pero todo lo demás, todo lo que sale de lo burocrático? Cambiar las cosas no es trabajo que tome unos pocos años, seguramente llevará más, mucho más, pero hay que tratarlos y ocuparse en serio, ahora, en serio, de verdad, con los ojos en la realidad de todos los días…

Y así como no parece importante una cosa, tampoco lo es la otra…cuánto puede importar pagar bien a los docentes, cuánto puede importar qué tan bien preparados estemos, cuánto puede importar crear la asistencia, la calidad, la excelencia… ¿A quién le quedan ganas de ir a la escuela? ¿Qué alumno y que docente se muere de ganas por ir a la escuela hoy? ¿Cuánto entusiasma? ¿Cuánto tiempo podemos dedicarle a la preparación de actividades y trabajos cuando llegamos más que exhaustos a casa luego de correr por varias escuelas? Sabemos que un pueblo sin educación es más fácil de gobernar y todo lo demás, pero se está excediendo por mucho. Se nos va lejos la mano, y cualquiera que mire con un poco de cuidado hacia atrás y  hacia adelante en el tiempo, verá que así se está poniendo cada vez más difícil…sin dudas.

Sé que por aquí leen de muchos países hermanos, sé que la situación está de una forma y otra difícil en muchos sentidos para todos. A mí me da vergüenza, y me da vergüenza por los chicos, me da vergüenza por mis alumnos, porque no puedo entender que nosotros, sus mayores, no podamos hacer algo mucho mejor por ellos.

No puedo creer que no se nos escuche, no puedo creer que no importe. ¿Cómo hacemos para que se sientan importantes y cuidados, si se nota que su “educación obligatoria” no lo es? ¿Cómo hacemos que se sientan queridos si a veces no tienen donde sentarse, o no podemos ayudarlos a tener menos calor o menos frío? ¿Cómo podemos convencerlos de un futuro mejor si ni siquiera tenemos un proyecto consecuente para ellos? ¿Cómo hacemos para que sean justos, nobles, respetuosos, entusiastas, si traen a cuestas el trajín de una sociedad y una dirigencia que se los lleva por delante? Realmente se hace difícil…

No quiero que sea esto una pelea política, quisiera que sea un acto de amor y respeto por los pequeños que tenemos que cuidar. Si podemos hacerlo todos juntos, cada quien que demuestre la excelencia desde su rol…los educadores tratamos y  esperamos cambios, los chicos también…


Calentamiento global y cambio climático.

Algunas cosas no tienen segunda vuelta, por eso es tan importante tomar conocimiento y conciencia de cuanto acontece realmente en la tierra que vivimos. Si nos sostiene y nos alimenta, no podemos ignorar que estamos cambiando su ciclos, que la estamos deteriorando gravemente, y que no hay demasiado tiempo para frenar nuestras acciones en su contra. Es casi imposible que intente enlazar a los valores que desde aquí intentan reflejarse, puesto que tendría que citarlos todos…

Ciertamente no es casualidad que en estos días los sucesos climáticos nos traigan cada vez más seguido severas consecuencias. Quizás sea un asunto un tanto difícil de comprender, puesto que a veces, hablar de cambio climático o calentamiento global es ser un aguafiestas, o un exagerado defensor del fin del mundo. Nada de eso, cualquier interpretación de esa clase, es falta de conocimiento o interiorización en el asunto. La mirada desde aquí deberíamos tomarla con la seriedad de las ciencias, y con la inteligencia de recibir una advertencia urgente,  un llamado de atención que requiere medidas hoy, para evitar profundizar cambios que están a muy poco de ser irreversibles.

Como siempre el problema más grande es no saber, el problema más grande es pretender que tal problema no existe, o que el cambio de clima es para dentro de mucho tiempo. Más allá de lo creamos hace tiempo que viene sucediendo, hace pocos años comenzamos a notar las consecuencias de pretender ir en contra de las leyes de la naturaleza. Que torpeza, el propio sustento, la propia vida, no ha sido nunca suficiente razón para pensar algunas cosas un poco mejor.inundaciones-cambio climatico

La situación ecológica a la que hemos llegado hasta aquí, evidencia grandes daños. Por explicarlo de manera muy simple, el mayor de ellos es el que ha producido una elevación importante en la temperatura del planeta. ¿Cómo ha sucedido? La contaminación a través de distintos gases ha engrosado las capas superiores de nuestra atmósfera terrestre, provocando que gran parte de la energía de los rayos del sol que eran reflejados nuevamente hacia el exterior, queden atrapados dentro de ella, elevando cada vez más la temperatura de la superficie. El efecto invernadero que se produce de manera natural e imprescindible desde siempre, para que no nos congelemos cuando el sol no calienta la superficie, elevó su temperatura lo suficiente para provocar demasiados cambios.

Entre otros, los más graves son los del derretimiento de los grandes glaciares del mundo, éstos además de regular la temperatura del tierra, representan alrededor del  75% del agua potable del planeta. La pregunta es simple ¿Qué haremos sin agua?

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corrientesmarinas

El otro daño gigantesco el que se produce sobre las corrientes oceánicas, si los hielos ya no están, si la temperatura en las zonas de los glaciares cambia, las temperaturas en las corrientes marinas también lo hacen. Y si éstas a su vez son las reguladoras de los ciclos de temperatura que se  producen en los océanos, se producen cambios diametralmente opuestos en los sucesos climáticos de la toda la tierra. Provocando la redistribución de las lluvias, sucesos meteorológicos severos y diferentes de los esperados. Los huracanes, tornados, tsunamis, incendios, olas de calor y de frío, inundaciones y sequías se han presentado cada vez con mayor frecuencia en lugares inesperados.

Los factores que se utilizan para realizar pronósticos meteorológicos cambian con demasiada rapidez, lo que hace difícil predecir el clima. Las condiciones meteorológicas varían cada vez con más imprecisión. Ninguna estación del año se mantiene dentro de los márgenes habituales. No son casualidades, nosotros provocamos estas variaciones.

Las enormes emisiones de dióxido de carbono (co2) colaboraron con este suceso de manera inexorable. Por más que lo sepamos consumimos cada vez más productos que provocan estas emisiones, elevando de manera exponencial su cantidad, y los efectos que a menos que nos demos cuenta agotarán la vitalidad de nuestro planeta.

Tenemos la mala, muy mala costumbre de creer que los problemas se resuelven solos. Tenemos la muy mala costumbre de creer que son temas que en algún momento pasarán de moda, y la pésima costumbre de no saber, ni enterarnos de cosas que son vitales. No saber nunca resolverá las cosas, desentenderse aquí es hacerlo de cuestiones vitales…

Nuestra responsabilidad es enorme, la de todos, puesto que el planeta es nuestro, sea cual fuere la función que cumplamos. Cabe mayor responsabilidad a los que regulan y preservan la integridad de los demás. La política está demasiado desentendida aquí, en pos de favores a las grandes corporaciones que garantizan su propia permanencia, sin importarles lo más mínimo las vida de las personas, ni la preservación del medio ambiente.

Si docentes acaso, pues a enseñar a los pequeños y a los jóvenes…! Heredan todos los problemas que podamos imaginar, tenemos que alertarlos sobre esto, e intentar soluciones que tiendan a frenar la carrera mezquina en la se puso en juego la calidad de vida y supervivencia en nuestro planeta. Hay un mundo tan hermoso en el que podríamos vivir, hay tanta paz y perfección en la naturaleza… Si acaso es un mínimo reflejo de cuánto se nos ha ofrecido desde el Cielo para vivir ¿Por qué no lo cuidamos?

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¿Qué estamos haciendo con nuestro planeta? Como mencioné en un post anterior, estoy absolutamente de acuerdo con las tecnologías a favor del hombre, pero cuidado, no podemos ir en contra de la naturaleza. Quien se interiorice en temas de la física podrá conocer cuántas formas diferentes y altruistas hay de concebir nuevas generaciones tecnológicas a través del uso de diversas energías.  ¡Claro…! Se acabarían los negocios de las grandes corporaciones…por mí, no hay problema con eso.

Realmente necesitamos tomar conciencia al respecto, cada vez que hay un suceso climático  inesperado y acaba por destrozar la vida de muchas personas, podemos notar que es muy poco lo que sabe al respecto, y mucho menos lo que se hace. Aprender es vital y para ahora. No se puede ser ajeno a estos cambios, a los responsables de intentar preservar la salud y la calidad de vida de las personas, les cabe una responsabilidad enorme. Hay que comenzar de nuevo muchas cosas. Lamentar es peor, es mezquino y falaz. No se puede esperar inocentemente a que no se repita. Para esto están las autoridades y la dirigencia. No pueden controlar el clima, pero sí pueden tomar medidas reales para evitar daños mayores. Y también pueden tomar la responsabilidad que les corresponde de garantizar la preservación de los medios de vida, dejando de ofrecer la propia tierra como un negocio de explotación y extinción segura de la propia calidad de vida, de las especies que le son propias, de la producción del sustento vital que nadie podrá generar si no preservamos antes que nada, la salud de la tierra.

Tenemos mucho que aprender, jamás dudo de que Dios mediante seamos capaces de cambiar las cosas, el llamado de atención es serio. Es mucho lo que podemos hacer antes de que sea más tarde. Como docentes, como alumnos, como comunicadores, como habitantes, como autoridades, todos tenemos aquí la responsabilidad primera de aprender y tomar medidas lo más pronto posible.


La escuela secundaria, la política y votar a los 16…

De un tiempo a esta parte la insistencia de participar a los alumnos en temas de política se ha vuelto una obstinación. Siempre de acuerdo con que los chicos aprendan, sigue siendo imprescindible cuanto pueda enseñarse sobre la historia, sobre la economía, sobre los gobiernos, sobre la política, la democracia y todo cuanto como ciudadanos necesitan aprender. Pero deja de focalizarse tal necesidad en beneficio de los alumnos para traslucirse un embate un poco extraño, donde la formación que llega al respecto en algunas escuelas se parece más al adoctrinamiento que a un proceso de enseñanza y aprendizaje de los distintos momentos sociales y políticos que históricamente nos caracterizan.

Aquí la intención de involucrar a los chicos como futuros responsables y hacedores, se transforma en la utilización mezquina de los jóvenes que siempre quedan relegados para después, pero sirven sin dudas estando a la mano de las desconsideraciones de los mayores de turno. No encuentro, por más que lo busque, un asidero coherente entre tanta dicotomía.

Preguntando a los más interesados, a los alumnos, en el intercambio diario y hablando abiertamente del tema realmente dicen no entender demasiado lo que está pasando. No se sienten capaces, por ejemplo, de acudir a una votación a los 16 años con la responsabilidad de conocer la realidad política, y  el compromiso necesario para elegir a sus propios gobernantes. Creen que la gente un poco mayor, al menos con la experiencia obtenida y la información necesaria está mucho más capacitada que ellos para votar. Una de mis alumnas lo sintetizó sin querer de la forma más dolorosa pero clara “Si no sabemos nada, y todavía no sabemos qué queremos para nosotros, mucho menos somos capaces de elegir a nuestros gobernantes. No entendemos por qué todos se pelean entre sí, y mienten tanto también. No somos tontos, pero no estamos preparados todavía…”

¿Cuántos llamados de atención nos harán falta a nosotros…? Dejaría sólo un gigantesco espacio en blanco para tentar un millón de respuestas…

Desde donde lo veo la escuela es el lugar donde la única bandera debe ser la del país que caminamos, la del país que queremos construir con habilidad, con capacidad, con valores, con responsabilidad. Y utilizar a los jóvenes no sólo no es responsable, sino que es mezquino, ruin y apócrifo, porque teniendo un millón de necesidades que no notan quienes debieran, ponerles una manito en el hombro para llevarlos a votar es ruin.

Si alguien en funciones está muy preocupado por los jóvenes y sus derechos…¡¡Que bien..!! Pues que asista de una vez a los jóvenes y a los niños haciendo valer cada uno de sus relegados derechos. Mientras tanto…mientras tanto hay tantas cosas para hacer…

Y de paso, la escuela también necesita, mucho…entre otras cosas, más tiempo para aprender en paz, más útiles, mas seguridad y comodidad de infraestructura…más alimento, y menos jóvenes que dejan la escuela porque tienen que salir a trabajar porque en casa no alcanza (bueno “trabajar” de lo que sea…).

Con esto quiero decir que me parece que seguimos esquivando las necesidades reales de los chicos, sin dudarlo un segundo, siguen pidiendo lo que necesitan y deben colmar primero para alcanzar el nivel de madurez necesaria.

Votar es una responsabilidad y una obligación respaldada por un derecho legítimo. La libertad de elegir es un valor y un derecho fundamental, pero ambos son indefectiblemente fruto del conocimiento y de la verdad. La libertad de la que son soberanos como ciudadanos ni remotamente comienza y termina en el voto. Sino en el ejercicio de los derechos fundamentales, como la libertad de expresión, el derecho a conocer la verdad, el derecho a la educación, al trabajo, a la salud, a la vivienda, al alimento…

Sigo sin ver que todos estos estén vigentes para ellos, los chicos ven lo mismo. Seguramente la distribución geográfica y en rasgos económicos los hará pensar de una forma u otra, puede ser, pero al menos desde aquí se ve una gran mayoría…

La escuela es un tiempo de ofrecer conocimientos de manera más altruista, en un eje de libertad que evite las confrontaciones y las divisiones, para que los chicos puedan aprender a ver con claridad. La verdad no es parcial ni presenta matices diferentes, no la tienen unos ni otros, abstraer el conocimiento y las habilidades de un entorno tan confrontativo es fundamental para aprender. Puesto que hemos alcanzado un nivel de intolerancia, engaños y desvíos que necesitan un retorno inaplazable. La educación no puede torcerse porque es la única capaz de revertir cuanto ha de necesitar un cambio. Como siempre los niños y los jovencitos son el mayor bien a proteger, y desafortunadamente los más fáciles de utilizar para servir intereses egoístas.

No es un tema menor replantear los caminos por los que los haremos transitar, necesitamos una mirada muy seria al respecto, y salvaguardar sobre todas las cosas, a una edad que tanto lo necesitan, sus necesidades reales, sus intereses y su tiempo de alcanzar la madurez en un entorno con menos presiones entre tantas falencias y más paz.


Una enseñanza dinámica, los avances, los valores y la escuela…

Desde siempre la humanidad ha ido en busca del conocimiento, tratando de comprender el mundo que lo rodea el hombre ha logrado trascender, a través de su inteligencia su necesidad natural de entender las leyes que lo rigen, abriendo una infinidad de puertas y encontrándose con el conocimiento a un paso increíblemente veloz.

Por las razones que fueren, altruistas o también erradas, el cúmulo de conocimientos y avances en cuanto a las ciencias crece de manera exponencial cada día. Así todo lo que tenemos que transmitir hoy como educadores nos propone una actitud mucho más dinámica, tomando mayor importancia un manejo de la información acertado y activo desde donde proveer conocimientos, que una actitud pasiva de recepción y memorización de conceptos de parte de los alumnos. Indispensablemente han de desarrollar su capacidad de pensar, para lo cual debemos de apelar a todas las estrategias posibles en las que la calidad del razonamiento y resolución de diversas situaciones lo animen a participar en su entorno.

La mayor riqueza que necesitan aprehender para sí nuestros jovencitos, es la capacidad de discernir, y desde la crítica y la acción positivas, encarar los conocimientos de los que disponemos desde una nueva óptica, pero desde la realidad, en pos de lograr que mediante el conocimiento aspiren a mejorar su contexto, a preservar su medio y su mundo, su integridad, su capacidad de pensar y ser libres. Juzgando cuanto acontece en todos los órdenes, sociales, políticos, económicos, ecológicos desde una escala de valores más acertada. Aún desde la vida que debemos preservar, desde la inteligencia que no puede obnubilarse, desde la espiritualidad capaz de guiar su vida.Cada alumno necesita crecer entendiendo las necesidades del mundo con capacidad de resolver de manera activa cuanto acontece.

Hoy aprendemos con nuestros chicos, sin negar una cantidad de contenidos que lógicamente deben dominar y fortalecerse como herramientas indispensables, se pone en juego permanentemente la otra capacidad, la de no masificarse por quedarse fuera de un mundo que en ciencias lo supera cada día. Y al cual no sabe que debe integrarse desde la acción y el discernimiento.

Desde muchos puntos de vista lo que hoy tentadoramente se le ofrece más que herramientas de saber que lo desafían a mejorar su mundo, son avances de entretenimiento, tan válidos como capaces de distraerlo de la otra realidad: un mundo que lo espera capaz. Más una sociedad que lo necesita mucho más allá de las redes sociales y lo superficial. Lo virtualmente entretenido parece quitarle el tiempo de compartir y coexistir de verdad, cuerpo a cuerpo, cara a cara, mirando a los ojos al otro y al mundo entero también…

En este punto es necesario insistir en la capacidad de los educadores de mostrar positivamente a nuestros pequeños la posibilidad de forjar un mundo mejor, fortalecer su interior para observar afuera con otros ojos…Entonces ¿Para qué mundo debemos preparar a nuestros niños? ¿Qué mundo deseamos que tengan?

El ritmo de evolución actual supera en mucho lo que sabemos como educadores, eso es un gran desafío, puesto que el aprendizaje y la enseñanza se tornan absolutamente dinámicos. Tanto de un lado como del otro el discernimiento y la capacidad de juzgar toman una importancia vital.

La cantidad de conocimientos que tenemos no ha de ser lo que nos diferencie de nuestros alumnos,   sino la capacidad de aprender con ellos, invitándolos a aprehender un mundo nuevo, que científicamente ha logrado hacer al hombre capaz de prever y provocar grandes cambios. Las ciencias son un medio, no una finalidad, esa es la gran diferencia, hacia dónde nos dirigimos, hacia dónde los dirigimos son preguntas fundamentales.

Es su mundo…y mientras podamos ofrecerlo de la manera más hermosa e inteligente, estaremos haciendo un buen trabajo. El conocimiento y los avances en ciencias han de ser parte de su patrimonio, debemos incluirlos indispensablemente en su formación. Posiblemente con una mirada nueva y más rica el aula de clases pueda convertirse en el punto de partida de ideas nuevas, de pensamientos profundos, de una mirada capaz de juzgar con otros valores, lo que tanto deseamos que aprendan y construyan para su porvenir.


Protección de propiedad intelectual y libertad de expresión (No S.O.P.A.,gracias…)

Jornada de protesta mundial 18-01-2012

Supongo que es innecesario mencionar los peligros que implica poner en riesgo la libertad de expresión, justamente aquí, donde se expone la libertad como un derecho fundamental. Bajo ningún punto de vista esta libertad debe implicar exponer o violar derechos de otros. Por tanto resguardar los derechos de propiedad intelectual no es una finalidad equivocada. Pero de la misma manera ninguno de los otros derechos puede ser violentado, ni para resguardar el primero, ni como excusa para limitar de manera caprichosa o desinteligente cualquiera de los otros.

Comparto una de las frases que más concuerdan con las leyes que se proponen sancionar en breve a tal respecto: “… el problema de la ley no es su objetivo, sino su método. Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, fue lapidario en su descripción: “Criminaliza el enlazado y la estructura fundamental de Internet. Es como si en el Edad Media alguien hubiese intentado hervir el océano para que no haya piratas.”

Me parece muy acertada la apreciación, puesto que jamás un derecho puede ir contra de muchos otros. Invito a buscar material al respecto para informase. Sin surcar los extremos hace falta inteligencia para encontrar leyes nuevas que no pongan en peligro las otras. El mundo que ofrece internet en poquísimo tiempo se ha convertido en una red capaz de unir y separar, informar y desinformar también. Seguramente necesita una legislación que esté a su altura, puesto que no puede compararse en lo absoluto con otros medios. Informarse y reflexionar al respecto para encontrar mecanismos válidos para todos se vuelve imprescindible en estos momentos.