…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Las cosas por su nombre ¿Sistemas educativos sin educación?

Las cosas por su nombre: ¿Sistemas educativos sin educación?

Entre los temas que están a la orden del día se luce periódicamente el de la educación. No es porque el sistema educativo es una maravilla, ni siquiera es un sistema que se sostiene dignamente en el tiempo, sino porque no puede dejar de exhibir sus falencias. Los desacuerdos y las carencias, los tironeos, los paros, las necesidades de infraestructura y también de calidad propios del sistema, son características de un tema que debiera ser prioritario. Honestamente esquivé el tema muchas veces, porque no me siento cómoda tomando partido en él. Primero, porque creo que la política podría ser muy interesante e importante si no viéramos la falta de habilidad y desinteligencia que se nos demuestra a diario. Segundo, porque realmente de un tiempo a esta parte, creo que las buenas determinaciones, la verdad y la coherencia, vienen de la mano del consenso, de la escucha, de la puesta en común y no de las divisiones o la parcialidad.

No hace falta que diga que la política debiera resguardar el bien común, preservar la justicia, la paz, la igualdad y todo lo demás, porque parece exhibirse todo lo contrario. Aquí y ahora revestirse de un cargo político implica una embestida de poder. Una ambición desmedida y una exposición triste de los vicios personales. Trato pero no puedo comprender la socarronería, la soberbia, la mentira, la falta de respeto. En semejante desbarajuste es imposible levantar un país, ni siquiera sostenerlo como está. Estoy segura de que guiar una nación es un privilegio para entendidos, para humildes, para prudentes…

¿Qué hago aquí diciendo todo esto? Soy docente, uno de los problemas mayores que tenemos es la educación. Esa educación tan imprescindible por la que me senté aquí muchas veces a compartir reflexiones, esa educación tan indispensable que me hace volver una y otra vez, desde hace años a la escuela. Quisiera ser justa, esas escuelas en la que soy yo la que aprende más cada año. Son mis chicos los que me enseñan a mí más que nada. Son sus ganas, su inocencia, su avidez, su predisposición natural, su afecto, su risa genuina, sus valores naturales, sus particularidades, su tesón, su forma de sobreponerse…son ellos los que sobreviven a la estupidez propia de sus adultos, si tienen la suerte de no sucumbir en un entorno extraño, cada vez más pobre de valores y de posibilidades.  Eso es la escuela, esa es la función real social que cumple.

Desgraciadamente desde los tejes políticos la educación se muestra como una figurita de intercambio, no sólo desde ahora, claro, es histórico ya. Los sueldos docentes son una calamidad, las escuelas, Dios mío…algunas escuelas son un desastre, a veces hasta peligrosas, sin suficientes sillas, ni mesas, ni tibieza, ni comodidad…nuestros pequeñitos y jóvenes más de una vez se sientan en pedazos de muebles, cambian los bancos de salones y las sillas permanentemente, a diario, dependiendo de la asistencia de los cursos.

Eso es porque no hay interés, no encuentro otra razón…no parece importante el espacio y la infraestructura escolar. Regular en papeles una serie de contenidos como prescriptivos está muy bien, pero todo lo demás, todo lo que sale de lo burocrático? Cambiar las cosas no es trabajo que tome unos pocos años, seguramente llevará más, mucho más, pero hay que tratarlos y ocuparse en serio, ahora, en serio, de verdad, con los ojos en la realidad de todos los días…

Y así como no parece importante una cosa, tampoco lo es la otra…cuánto puede importar pagar bien a los docentes, cuánto puede importar qué tan bien preparados estemos, cuánto puede importar crear la asistencia, la calidad, la excelencia… ¿A quién le quedan ganas de ir a la escuela? ¿Qué alumno y que docente se muere de ganas por ir a la escuela hoy? ¿Cuánto entusiasma? ¿Cuánto tiempo podemos dedicarle a la preparación de actividades y trabajos cuando llegamos más que exhaustos a casa luego de correr por varias escuelas? Sabemos que un pueblo sin educación es más fácil de gobernar y todo lo demás, pero se está excediendo por mucho. Se nos va lejos la mano, y cualquiera que mire con un poco de cuidado hacia atrás y  hacia adelante en el tiempo, verá que así se está poniendo cada vez más difícil…sin dudas.

Sé que por aquí leen de muchos países hermanos, sé que la situación está de una forma y otra difícil en muchos sentidos para todos. A mí me da vergüenza, y me da vergüenza por los chicos, me da vergüenza por mis alumnos, porque no puedo entender que nosotros, sus mayores, no podamos hacer algo mucho mejor por ellos.

No puedo creer que no se nos escuche, no puedo creer que no importe. ¿Cómo hacemos para que se sientan importantes y cuidados, si se nota que su “educación obligatoria” no lo es? ¿Cómo hacemos que se sientan queridos si a veces no tienen donde sentarse, o no podemos ayudarlos a tener menos calor o menos frío? ¿Cómo podemos convencerlos de un futuro mejor si ni siquiera tenemos un proyecto consecuente para ellos? ¿Cómo hacemos para que sean justos, nobles, respetuosos, entusiastas, si traen a cuestas el trajín de una sociedad y una dirigencia que se los lleva por delante? Realmente se hace difícil…

No quiero que sea esto una pelea política, quisiera que sea un acto de amor y respeto por los pequeños que tenemos que cuidar. Si podemos hacerlo todos juntos, cada quien que demuestre la excelencia desde su rol…los educadores tratamos y  esperamos cambios, los chicos también…