…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Más tiempo para los vínculos

Más tiempo para los vínculos

Otra veloz mirada al reloj que ajeno a todo exhibe la rapidez con la que transcurre el día, tácitamente demuestra todo cuanto hoy (nuevamente) no alcanzamos a hacer. Mañana quizás, un mañana que posiblemente será tan breve como el día de hoy y algo convincente guiará nuestros pendientes hasta otro día, quizás…

A todos nos quedan pequeñas cosas y asuntos importantes para después, cierto. Una jornada laboral transcurre rápido, sin dudas hay más que queda por hacer, y cediendo a lo que más nos falta, al tiempo que más necesitamos, estamos nosotros y el tiempo que más necesitan los nuestros.

Sin querer dejamos lo más necesario para siempre después, siempre: un día…

Indiscutiblemente es necesario trabajar, genial tener proyectos, ideal tener una dirección hacia la cual dirigir el esfuerzo, no me refiero a eso… Sino a mensurar que muchos de los males propios y sociales, los vacíos dentro de la familia, dentro de la escuela, dentro del aula, y en cada contexto, son los que han deshumanizado las tareas, pospuesto el tiempo de los vínculos, evitado las reflexiones y las finalidades reales. Posiblemente te preguntes aquí a qué me refiero con las finalidades reales, devuelvo la pregunta, si acaso cuenta tiempo para que la respondas ¿Cuáles son las finalidades reales?

Sé bien cuanto hay que trabajar, sé cuanto cuesta todo en cuestiones económicas y el tiempo que ponemos el cuerpo, para si acaso tenemos suerte, llegar a fin de mes y alimentar una familia. Sin embargo hay un tiempo que no puede faltar, una situación económica o de función que no nos puede exceder porque necesita más que nada de nosotros: los nuestros y nuestros pequeños…

Estamos inmersos en un momento social en el que repletos de amigos en las redes sociales nos relacionamos con personas que ni siquiera hemos conocido personalmente, lo que posiblemente nada tenga de  malo, más que la falta de satisfacción de ser y compartir más allá de lo virtual. En un contexto que sin querer superficializa aspectos que son más ricos en realidad.

Se nos van perdiendo los vínculos persona a persona, que son los del abrazo, los de la sonrisa con todos sus gestos, los de mirar a los ojos y ver el alma. Los de la expresividad de las palabras que pueden escucharse y leerse a la vez en los labios. Perdemos la entonación de las oraciones, la calidez que se transfiere en los sonidos, la suavidad de los gestos, las pausas, los silencios…el contacto.

Enfriar las relaciones en un contexto virtual es separar al ser humano de su esencia, la familia, los afectos, los amigos necesitan más presencia real. Más aún, el tiempo propio de adentro, el tiempo de la reflexión, el tiempo del alma es tan estrecho a veces y tan invisible que no posee ni un segundo al día.

A la vez encuentro más jovencitos que esperan en casa un tiempo que no siempre llega, no llegan palabras, no llegan abrazos, no llega el tiempo compartido en silencio, tampoco el de la reflexión, cada día los escucho pedir lo mismo: atención.

Hay una realidad que todos queremos mejorar, nuestro contexto necesita madurar y sanar muchas cosas, el más importante es éste: el de las relaciones, el de las necesidades que hemos callado en pos de un tiempo que se muestra escaso para encontrar lo más humano. Para fortalecer los vínculos, para cuidar lo bueno e indispensable.

El día no cambiará su duración para que podamos hacerlo, somos nosotros los que necesitamos mirar de otra forma, y elegir mejor que cosas quedarán para mañana, quizás…

Absolutamente de acuerdo con las tecnologías en favor del hombre, las formas de comunicarnos han cambiado y mejorado, eso está muy bien. Pero hay algo en la forma de relacionarnos que no puede perderse. La lista de lo que nos perdemos es muy extensa para escribirlo todo, creo que cualquiera de nosotros podría confeccionarla.

A cambio, que tus días sean más humanos, que abraces más. Que compartas lágrimas y risas hasta cansarte, que escuches la lluvia caer con quienes te rodean.

Que abraces a tus hijos con toda tu alma, y mires en sus ojos que están buscando en los tuyos su propio reflejo.

Que encuentres tiempo para rezar y para amar con todo tu ser.

Que disfrutes sin más, una mesa con los tuyos y encuentres tiempo para el diálogo, para lo ameno, para lo simple…

Que a tus alumnos les demuestres que antes que nada son las personas. Todo lo demás viene después.

Que puedas así sin más hacer, sin pedir permiso al tiempo, esas cosas que tanto anhelas…

Y recuerdes siempre que cambiar las cosas para mejor conlleva inevitablemente humanizar lo que creíamos que podría esperar, pero que en realidad representa la única fortaleza capaz de revertir una realidad que nos espera tan tangibles como personalmente indispensables.

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