…en la escuela necesitamos integrar los valores…

NOTAS AL MARGEN

Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.

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Los conflictos en el sistema educativo

Cada principio de año salen a relucir todas las cuestiones pendientes, las que son propias del sistema educativo no son la excepción. Más aún, son tan antiguas las falencias del sistema, que inevitablemente cada año se pierde tiempo en intentar “resolver” las mismas cuestiones, salario e infraestructura son los ejes principales. Nunca se resuelven, sino que se acuerdan con más o menos conformidad de parte de unos y otros. Sabemos muy bien lo lejos que estamos de un sistema educativo ideal, o siquiera realmente mejorado.

Se tiñe cada año del mismo color debido a la informidad de una sociedad que parece no estar muy segura de lo que busca, muchísimo menos de lo que encuentra a medida que los acontecimientos se suceden; puesto que aún funciona sin medir demasiado objetivos, causas y consecuencias. Un día los reclamos, al otro las medidas adicionales a los reclamos, como los paros; y al otro los acuerdos sin más. Un tiempito más y parece que aquí no paso nada. Un año, otro, y otro, pero seguimos sin comenzar a resolver de verdad. La culpa será de que siguen siendo más fuertes los intereses parciales que la conciencia de la necesidad del bien común, de un plan de verdad, un proyecto a mediano y largo plazo que exige cambios de calidad ahora, hoy mismo. Tomará muchos años sin dudas, pasará mucho tiempo hasta que se concreten los primeros logros, pero valdrá la pena, es un proyecto ambicioso pero necesario. Cuando suceda será sin perder ni ganar ninguna de las partes, todos ganamos… o todos perdemos, esa es la conciencia del bien común. No es una utopía, es un camino que no conocemos, pero que deberíamos aprender a transitar.

Sin dudas hoy podemos coincidir en que nadie defiende la educación perjudicándola, que nadie está gestionando mejoras si no mejora. Sigue siendo la educación lo más vulnerable, puesto que en medio de una lista de reclamos y devoluciones completamente válidas, se terminan perjudicando siempre los chicos.

Por las dudas, los valores que convocaron este blog surgieron como una necesidad evidente y apremiante de trasladar a la escuela. Los mismos una y otra vez han puesto en evidencia los mismos reclamos, por lo tanto, no se trata de estar en contra de los mismos, sino de cambiar las formas para ambas partes.

Será que siempre la vía de reclamo incluye perjudicar al otro? Y en educación…ni más ni menos…no se nos ocurre otra cosa? De parte del estado igual, quienes nos representan, quienes gestionan para todos y cada uno de nosotros el sustento, el crecimiento, la paz, el mínimo orden para que esto funcione…Cuántas veces se tropieza con la misma piedra?

Indefectiblemente para que la educación mejore hay que invertir, hay que cambiar en serio, hay que crecer. Es completamente cierto que los sueldos docentes son una calamidad, adicionado un sistema que no funciona, y nos deja sin cobrar muchas veces durante meses y meses, nadie puede dar educación de calidad corriendo todo el día con 12 o 15 cursos además del trabajo extra para el que necesitaríamos un día que dure mucho más que 24 hs. Ni hablar de la infraestructura, porque mejor ni hablar, es vergonzoso, sino roza lo inhumano muchas veces. Pero seamos realistas que este no es un tema nuevo. No nacimos ayer, vamos..! Pero en algún momento hay que ocuparse EN SERIO, DE VERDAD. Sino nos exponemos a lo mismo cada inicio de clases, y cada ciclo lectivo entero.

La educación en su sentido más amplio y profundo y la justicia, no pueden fallar, son dos pilares fundamentales en cualquier lugar del mundo. Basta un segundo para ver cuales son nuestros dos grandes flagelos. Somos muchos docentes los que tímidamente sentimos vergüenza por ambas partes desde hace muchos años. No nos sentimos representados ni por los sindicatos, ni por los gobiernos. No es el modo de dirigir un sistema educativo, no puede ser siempre la educación lo más vulnerable que tiene un país que aspira a crecer, sobre todo humanamente. Más allá de las horas de estudio, la calidad del sistema necesita revisar muchas cosas. La escuela necesita evolucionar, pero no lo hará sin una sociedad y una dirigencia que la acompañe. A las buenas intenciones hay que darles forma y vida cuanto antes.

Los reclamos sindicales (permítanme insistir: válidos todos) necesitan también una vía distinta, si el reclamo es justo no hay necesidad de perjudicar a quienes más queremos defender. No hay dudas de que los chicos tienen que estar en la escuela, todos estamos equivocados cuando creemos que los cambios y mejoras se gestionan así. No podemos abandonar a los chicos, y el estado no puede abandonar un sistema de educación que necesita tantísimo más que un presupuesto mucho más digno. Hay que pulir todas las cosas, los salarios docentes, la preparación de los mismos, la infraestructura escolar, y la responsabilidad de la calidad del trabajo de la comunidad educativa entera. En la forma en que se presentan todos estos aspectos, el trabajo docente tiene un alcance excesivamente limitado.

Realmente deseaba que el primer encuentro aquí del ciclo, hubiese sido otro, pero dada la prolongación de un conflicto que se ve extraño de todos lados, deseaba compartir este punto de vista. Agradezco también los comentarios que han dejado al respecto, entiendo bien cada disgusto, y de alguna manera lo comparto, sólo preferí no publicarlos para no iniciar un debate y discusión, no es el ánimo del blog importunar ni ofender a nadie, sino tomar las reflexiones como tales y obrar cada quien según su conciencia.

Dios mediante encontremos pronto una solución para beneficiar verdaderamente a todas las partes que alcanza este conflicto. Pero más que nada, nos despierte la realidad de que las que se escuchan, no son todas voces, de un lado y del otro hay tanto, tanto para cambiar que no hay tiempo que perder. Bajo todo el ruido de los reclamos y discusiones hay un silencio que espera el tiempo de aula, las horas de educación, el ejemplo de los valores a los que aspiramos, la paz  y la conciliación inteligente que necesitan ver los chicos de parte de sus adultos responsables, los representantes de los docentes por un lado, y un estado que debe ocuparse de representarlos a ellos y a sus docentes también. No debería ser una guerra entre ambos que desautoriza e ilegitima a las dos partes, sino la unidad en el bien del fin que se persigue, sino es así, es porque estamos faltando a la verdad.


Navidad…Navidad..!

Sólo por exagerar un poco (un poquito nada más…) parece que fue hace unas cuantas semanas que subí una imagen aludiendo al nuevo año 2016, casi inexplicable que me encuentre aquí finalizándolo juntos…

En lo personal fue un año de muchísimo trabajo así que siento, en primer lugar, que me hubiera gustado compartir más cosas, de hecho las he comenzado en varias oportunidades, sin tener tiempo de concretarlas. De todos modos, sé que más allá de los cambios en el calendario, habrá ocasión de compartirlas, y eso es genial.

A propósito de calendario, los viejos amigos habrán notado que me trae cada año la Navidad, ya saben cuánto me encanta y disfruto junto a mi familia. Intento valorarla con el espíritu y la alegría real que amerita, como la expresión más elevada del Amor Verdadero, Amor hecho Hombre, y al cual se nos convoca con tanta mansedumbre y dulzura. Una vez más los invito a vivirla con la misma alegría, mucho más allá de las corridas, las compras enormes como si fuera a acabarse el mundo, y las comidas interminables. Que no se nos olvide que es otra cosa, se trata del cumpleaños de Nuestro pequeño y dulce Niño Jesús, y del mismísimo Amor expresado en Su abrazo gigante hasta el final. Recordemos que Su Amor nos alcanza a todos, reservemos un rato a corazón abierto para recibirlo a Él, y que de la misma manera lo convoquemos para nuestros niños, ese es el regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos.

La relación que tenga cada uno de nosotros con Dios, con Nuestro Jesús o Su Mamá es tan única como el tiempo que necesita fortalecerla. Dedicamos tanto tiempo a tantas cosas y evocamos con tanta ligereza otras, que nunca nos avergüencen las cosas del alma, antes mejor pongamos las cosas en su lugar. No nos lleva a ninguna parte ser eternamente los reyes de las justificaciones, aprendamos de los frutos del Amor la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz y una infinidad de virtudes que son lo que más necesitamos en realidad.

Ojalá esta Navidad logremos darle verdadera vida al Pesebre en nuestro corazón, y nos enamoremos de La Pequeña Familia que allí nos espera.

¡¡Que todas las bendiciones los acompañen siempre. Feliz, muy Feliz Navidad…!!

pesebre07

 

Sí, es ciertamente un clásico estresarse mucho para las fiestas, que quiénes con quiénes de la familia, la corrida, compras y más compras, gastos de lo que no se tiene para cumplir, comida por doquier y poco tiempo, si acaso algunos segundos para frenar y tomar conciencia de la celebración. La Navidad es una fiesta, un agasajo desde el alma, es excepcional vivirlo como tal, sonreír y disfrutar con todo el corazón. No importa lo que digan o piensen los demás, esas son las pocas cosas reales que se pueden atesorar, y para quien las sepa ver, las más hermosas que podemos compartir.


Conectados

Desde el punto de vista de las comunicaciones estamos parados en un mundo nuevo, no sólo ha cambiado la forma de comunicarnos sino las razones por las que lo hacemos. Sin querer encontramos entre las primeras consecuencias, que lo que se ha modificado sustancialmente también, es la percepción de nuestro entorno, y la manera en la que nos implicamos o no, en todas las cosas.

La cantidad de información que obtenemos, en promedio, ha crecido exponencialmente, incluso muchas veces recibimos simultáneamente una gama infinita de mensajes. Si bien la calidad de la información recibida no suele ser compleja ni difícil de asimilar, nos pone en una situación singular caracterizada por la pasividad, enfriamos la reacción, perdemos en gran medida el valor real del mensaje, si acaso realmente lo tiene, y evitamos procesos e interacciones más acertados, sean de convivencia, de resolución o de asimilación.

Muy posiblemente como educadores, lo que más nos conmueve es la generación de jovencitos que ha sincronizado su vida con esta nueva manera de recibir sus vivencias (casi diría de evitarlas, por el tiempo que permanecen en su informatizado mundo) dado que simultáneamente a lo que acontece en su día a día, realizan la transmisión de lo acontecido, en una mezcla de atención diferida, con una actitud pasiva frente a lo que se presenta, entremezclándose el actor, el espectador y el relator de cada suceso. Pueden contar lo que están haciendo, dónde lo están haciendo, con quienes están e incluso cómo, sin embargo y contradictoriamente no es mucho lo que realmente están, ni hacen, ni conviven, tampoco disfrutan de tantas vivencias con la profundidad que amerita el tiempo compartido, e incluso a solas. Hay una excesiva disponibilidad para comunicar en tiempo real, y una escasa atención verdadera, cada momento se vive más para la selfie que para atesorar, es poco lo que se habla mirándose a los ojos. Hay que reconocer también que gente de mucha más edad se ha adaptado perfectamente a ese estado de conexión permanente.

Particularmente y entre muchas otras cuestiones, la que más hay que cuidar es el valor real de lo que transmitimos y recibimos, estar comunicamos de la forma en que lo estamos puede ser absolutamente genial y valioso, o completamente vacío y una excesiva pérdida de tiempo. Tiempo perdido que se denota en cuanto no sabemos o hacemos, en lo poco que compartimos momentos verdaderos y de calidad con los nuestros, o en nuestras respectivas tareas, incluso el invaluable espacio del silencio y de encontrarnos con cuestiones esenciales que se nos pasan por alto cada día.

En el lugar opuesto, hay un desafío añadido para nosotros, competir desde la conexión más trascendente y enriquecedora, esa que necesitamos recuperar: conectar a la humana. Con todos, en todas partes, desde la buena educación y la cordialidad, levantar los ojos de las pantallas y mirar al otro, al que pasa por nuestro lado, al que viaja en el mismo transporte, al que comparte una jornada laboral o nos vende el pan, a nuestros compañeros de ruta, a todos…

Socialmente la riqueza más grande que podemos evidenciar es la forma en la que nos tratamos como comunidad, nos escandalizamos cuando vemos en las noticias diciendo: “…pobre aquel que pasó tal cosa…” o “…tal y cual otra…y otras tantas…” pero cuando pasa a nuestro lado no lo vemos, cuando alguien que pasa a nuestro lado necesita algo…no estamos, no escuchamos. Obviamente no queremos pensar que no nos importa, entonces ¿Será que estábamos distraídos? Porque de estas distracciones daremos cuenta más de una vez, porque no nos cuidamos entre nosotros. Tampoco queremos descubrir las razones, pero las mismas necesitan una rápida y real atención, quizás salida de un tiempo nuevo, del que tome vivir a conciencia, siendo consecuentes y coherentes de verdad, con lo que somos, con lo que queremos y con lo que hacemos.

¿Y cómo son las relaciones en familia? ¿Qué tan conectados estamos con los nuestros? ¿Sabemos de verdad disfrutar un tiempo nuestro de verdad, de intimidad familiar?

Otra de las relaciones que necesitamos revisar en sus formas es cómo conectamos con nuestros alumnos en la escuela. Si la comunicación on line vía redes sociales es como lo describimos arriba, tenemos que encontrar la forma de crear nuestra conexión en vivo y de absoluta exclusividad. Nadie más que ellos y nosotros, antes que los contenidos, antes que los conocimientos, antes que el reloj y la pizarra están las personas. El saludo cara a cara, el interés mutuo, la calidez de la presencia y el tiempo que compartiremos seguidamente. El vínculo entre quien enseña y quien aprende no es una cuestión al pasar. No somos un delivery de conocimientos específicos. Muy por el contrario, nos guste o no, estamos creando un vínculo exquisito, fundamentalmente de relaciones humanas, que luego de lo aprendido en el hogar, se proyectará sin límites en la vida de cada uno. Recordemos siempre que el tiempo de aprender es en ambos sentidos, y que la habilidad de encontrar a tiempo una manera especial y única de conectar es principalmente nuestra. Aquí la calidad de la educación surgirá únicamente de la cualidad de la conexión que logremos establecer entre nuestros alumnos y nosotros.

Está demás hablar de los valores, porque es aquí donde los valores hablarán por sí mismos. Hay una grieta gigante en los vínculos, en todos, y la superficialidad que le ha otorgado el permanecer conectados no precisamente a la realidad, no precisamente al otro. Coincidiremos en que no es lo mismo escribir ” ja ja” que reír juntos, tampoco escribir “abrazo” que abrazar. “¿Cómo estás?” mirando a los ojos necesita muchas menos palabras cara a cara que por escrito y… sí sí, una belleza las redes cuando no queda otra, pero no es lo común…

Entre los mejores y verdaderos, hay vínculos que no necesitan mucha más conexión que la del corazón, sin importar cuales fueren las razones, el valor de los vínculos más reales supera las redes, las palabras y el tiempo, después de todo es lo que somos.

La vida es mucho más que buena, y necesita de nosotros una receptividad mucho más amplia, es una inmensa oportunidad además de un regalo que sin querer desperdiciamos insistentemente en poco. Sin embargo, cuando lo recibimos con la disposición adecuada, descubre que el valor que atesora es de la más delicadísima perfección. Tenemos que aprehender una manera de conectarnos diferente, una conexión real. Redimensionar los vínculos verdaderos, en el hogar primero y cuanto se presenta en cada jornada, en cada tarea. Hay tanta riqueza, tanta belleza y tanta capacidad de cambiar y mejorar que dejamos pasar, viendo la oportunidad sólo cuando está a la distancia y no podemos hacer mucho, pero esquivándola cuando se trata de nuestro prójimo inmediato.

No necesitamos mas revoluciones en la velocidad de transmisión de datos, lo que verdaderamente necesitamos es una revolución dentro, buscando a la mayor velocidad posible todo lo bueno que podamos sacar para compartir, para hacer, para crecer y dar. Estar comunicados es genial, pero no sólo se sobrevive al silencio sino que es fundamental, para que no se nos pierda la conexión con el alma, porque no habrá proveedor de internet que encuentre eso que sólo nosotros, y únicamente Dios mediante, podremos hallar.

Es muy fácil distraernos, nos basta un enorme circo montado en una pequeña pantalla para olvidarnos de la infinidad de cuanto está esperando por nosotros, somos seres de relación, de relaciones más tangibles, no un hueco receptivo de un alud de palabras e imágenes que poco se relacionan con lo que buscamos, lo que hacemos y queremos. No nos baste aprender a vincularnos de una manera diferente, sino que enseñemos a nuestros hijos y nuestros jovencitos a hacerlo también.

Sería una pena no descubrir la belleza de establecer relaciones mucho más humanas y trascendentes, de valores reales y tangibles, no de palabras en el vacío. La necesidad de aprender, el tiempo real de estudio, el tiempo real de estar, el de hacer las tareas que nos tocan a conciencia, con una atención menos diferida, no sólo nos daría más satisfacciones por los resultados obtenidos, sino también menos stress. Es demasiada exigencia el nivel de atención que se nos propone, porque se vacía de la capacidad de acción, de encontrar soluciones y cambios reales. Con un poco de sentido común, no se trata simplemente del tiempo que no necesitamos perder, sino del maravilloso tiempo que podemos encontrar.


Para incluirte mejor…

Es tanto cuanto escuchamos y decimos sobre la educación inclusiva que un paso atrás y con un poco más de perspectiva, reconocemos tantas interpretaciones como veces escuchamos la palabra inclusión. Por aquí también hemos ocupado un buen rato en reflexionar sobre las diferentes dimensiones en las que se concibe, y también en su real significado desde el origen de su concepción.

La educación inclusiva ha puesto en palabras concretas, un aspecto indispensable de la educación: la absoluta legitimidad del derecho a educarse de cada quien, según sus capacidades y necesidades, en un contexto cultural propio. Pero más que nada, como parte indiscutible de la dignidad humana que cada pequeño sostiene para sí, y que como verdadera responsabilidad habremos de revelar en la integración verdadera.

Una sola manera existe de incluir, y es reconociendo la propia individualidad y otorgando desde la calidad, las herramientas necesarias a cada niño y jovencito para desplegar al máximo sus cualidades y habilidades. Sin embargo, no basta el reconocimiento de la existencia de por sí y las capacidades individuales, sino la vocación verdadera de ayudarlos a encontrar más. Sin dudas, es un proceso de intercambio permanente, casi un desafío a las propias capacidades de quien educa…”¿Cómo podré ayudarte a alcanzar todo el conocimiento posible?”

Es entonces que reconocemos que necesitamos más que los conocimientos, más que la aprehensión de las propias normas y currículas, necesitamos flexibilidad para encontrar las formas conforme cambian los tiempos, las necesidades, las caritas, y el contexto en todas sus dimensiones. Así, hay pequeños valores que necesitamos retomar y que se traducen naturalmente en hechos. Es entonces que todo cuanto hacemos cada día, proviene del fruto de cuanto podríamos decirles desde la auténtica vocación de enseñar…

“Para incluirte mejor tomaré como punto de partida la verdad, y reconociendo juntos la realidad, encontraremos la manera de alcanzar no sólo lo que debes aprender, sino todo lo que necesites saber para lograrlo.

Para incluirte mejor tomaré el tiempo necesario para conocerte, y te invitaré a conocerme como un acto de respeto y reconocimiento mutuos, solo así valoraremos el significado un espacio tan único, como el tiempo de aprender.

Para incluirte mejor no te aburriré dejándote fuera de la comprensión de los contenidos, pero no me evitarás con tu indiferencia, deberás comprender esto muy bien. Quiero tus ojos y tus oídos puestos en mí cada vez que sea necesario. Te necesito atento, despierto, ávido de desafiarme con preguntas y listo para exponer tus habilidades.

Para incluirte mejor, podrás sentirte seguro, puesto que voy decirte “no” las veces que sea necesario, y te daré explicaciones al respecto sólo si es oportuno. Sé que hay cosas que aún no puedes comprender, pero estaré ahí para que encuentres cada uno de los límites. El resto llegará a su tiempo y será fruto de tu propia comprensión.

Para incluirte mejor te enseñaré a estudiar dándote suficientes trabajos y tareas, con práctica aprenderás a valorar tu tiempo, a disfrutarlo y a organizarte.

Para incluirte mejor, te desaprobaré todas las veces que sea necesario. No eres una calificación, pero ésta reflejará tus avances, será una herramienta valiosa para ambos. Prometo no mentirte, te diré cuando estás listo y cuánto es suficiente, porque sé de cuanto eres capaz.

Para incluirte mejor, te incentivaré cuanto sea necesario, aplaudiré tus logros, en definitiva los disfruto como si fueran míos, un día reconoceremos que ambos lo hicimos juntos, atesoraremos eso, ya lo verás…

Para incluirte mejor intentaré ver a través de tus errores también los míos, así no quedarán dudas de que ambos podemos mejorar, tu aprenderás mejor, yo aprenderé a mejorar mi forma de enseñar.

Para incluirte mejor, más que nada voy enseñarte a pensar y a razonar, también utilizaré todas las herramientas tecnológicas de que disponga, pero doy por sentado de que sin lo primero, lo segundo será perder el tiempo.

Para incluirte mejor, aprenderemos a ver desde distintos ángulos, pondremos en perspectiva una y otra vez todo el conocimiento que pase por nuestras manos, y tomaremos de él sólo para seguir construyendo, te necesito activo, te necesito ahí, te prefiero inquieto que absorto en un mundo que entretiene, manteniendo tus capacidades, tus gustos, y tus sueños demasiado tiempo al margen.

Para incluirte mejor sé hacer parte de mí tus carencias, te las devolveré satisfechas lo mejor que pueda, esperando que hagas igual con todos los que pasan por tu lado. Te lo recordaré una y otra vez, aprenderás mejor que todo, que cuanto pueda ofrecerte en conocimientos, es apenas nada para interactuar en el mundo, porque el valor más grande deberá aportarlo la forma en la que, Dios mediante, temples tu alma.

Conozco bastante tu risa, reconozco las dudas de tus silencios, para incluirte mejor prefiero encontrar en tus ávidos ojos pequeños, tus ganas de volar alto. No voy a pedirte que olvides tus sueños, ni tu origen, prefiero darte más para que vuelvas a ellos enriquecido, y aportes lo tuyo con seguridad, con alegría, con empeño, todas las veces que lo desees.

Para incluirte mejor, sentirás indudablemente cuánto podrás contar conmigo, mas estamos juntos todos los días y entiendo tu forma de cuestionarlo todo. A conciencia, tampoco has heredado un mundo resuelto, pero deberás estar listo para él, porque no quiero saber lo que el mundo puede hacer de ti, sino cuanto tú eres capaz de cambiar el mundo.”


Para educar necesitamos límites

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

Creo que no hay duda al respecto, uno hace y dice lo que saca de adentro, cuanto expresamos proviene de la sumatoria de lo expresado anteriormente y muchísimo más, pero basta en éste para ilustrar la importancia de hacer alcanzable una educación verdadera, basada en los valores humanos primero, sin los que no hay la más pequeña posibilidad de alcanzar conocimientos.

Muy posiblemente coincidamos todos, en que en cada lugar se percibe la educación escolar de una manera diferente, cada escuela es una casa. Por más que todos dependamos del mismo sistema educativo, en cada escuela han de leerse e interpretarse las normativas, las currículas y los instructivos de manera parecida pero con diferencias subyacentes muy propias, que dependen en gran medida de la comunidad escolar, y eso está muy bien. Precisando un poco, eso está muy bien cuando realmente se apropia de las necesidades de la comunidad escolar y logra satisfacerlas. Claro, no me refiero a satisfacer caprichos, sino satisfacer las necesidades reales, poniendo educación donde no la hay.

Nuevamente vale destacar sobre los demás, el problema de la disciplina y la violencia en la escuela, no es necesario extendernos demasiado respecto de lo que se ha dejado a un lado para ostentar inclusión e igualdad, prácticamente sin traer ninguna de las dos en realidad. (En referencia al tema Inclusión educativa… )

El desafío más grande radica en encontrar el medio que otorgue congruencia entre el espacio para aprender y el aprendizaje efectivo. Y a la hora de gestionar las reglas y normas de convivencia, verdaderamente estamos desarmados frente a nuestros alumnos. Muchas veces no sólo es una dificultad la apatía que caracteriza de manera natural algunas etapas de desarrollo, sino la que deviene de una situación de marginalidad social y económica, incluso sea que provenga de una sumatoria de todas éstas. Cual fuere la razón, perdimos lo más valioso, el respeto, la armonía de la convivencia que promueve siempre buenas cosas, porque efectivamente un clima cordial siempre trae algo mejor. Porque da lugar a cuanto cada uno puede aportar de positivo, sean preguntas, respuestas, o un buen rato de compartir lo que surja de positivo, incluso también el silencio de la grata compañía y reconocimiento de los otros.

Como fruto de la manera en la que se han desarrollado los últimos tiempos, encontramos claramente que hay una situación social que nos supera, y como es la sociedad la que va a la escuela, lisa y llanamente ha de depositar en ella todas sus falencias, todas sus necesidades, los sueños, las derrotas, las frustraciones, la violencia excesiva…aquí nace el hoyo más grande y perjudicial, el del todo vale, el de la permisividad, el de la falta de autoridad. Detrás de los cuales desfilan casi haciendo alarde, un semianalfabetismo que preocupa, una violencia física y verbal en los chicos que realmente asusta, y una falta de límites que ellos mismos han sabido devolvernos con creces, cada uno de los días en el aula de clases y fuera de la escuela también. Hay mucho para hacer, no cabe ninguna duda…

Si hay una sincera voluntad de brindar educación a nuestros pequeños, van a tener que permitirnos educar de verdad, porque estamos perdiendo seriamente el terreno de la siembra, y perjudicando profundamente la posibilidad de que alcancen conocimientos.

Si no podemos hablar en clases para enseñar se complica muchísimo que los chicos aprendan. Como siempre el daño más grande lo recibe la educación pública, no hay vuelta que así como se corrompe la política, se corrompe todo su ámbito de influencia. Sería genial alejar un poco la educación de cada momento político, porque pierde racionalidad y coherencia, además de la posibilidad de sostener un plan flexible pero serio a corto y largo plazo, la educación necesita ser independiente de los intereses de cualquiera y en este sentido, debería ser intocable…incorruptible. Y evidentemente nuestro sistema educativo está corrupto puesto que ha alterado su finalidad original, se ha deteriorado. Está vendiendo certificados y perdiendo conocimiento por facilismo a cambio de poder y permanencia, ya no educa de verdad. Pero lo que es más triste, es que se nos dificulta cada día más a nosotros, los del aula, los de abajo de todo, sostener educación con un poquito más de coherencia, es muy difícil y por penoso que resulte decirlo, muy agotador.

No cabe conocimiento donde no hay disciplina, no se aprende donde no hay orden, no se convive sana ni alegremente donde la violencia verbal o física está la orden del día, necesitamos darle vigencia a un sistema que contemple primero la racionalidad a la hora de convivir. Esto no necesariamente significa concentrarse en el castigo por lo malo, sino en dar claridad a lo bueno, no importa si viene impreso en una norma o proviene de la aprehensión genuina de los valores. Tampoco significa que hay que saltear la sanción, porque así como dos más dos es cuatro, está claramente demostrado que una sanción imprime un límite, y los límites son imprescindibles en términos de derechos y obligaciones para convivir en comunidad, ni que hablar para aprender…

Tomemos tiempo para traer a conciencia las dos consecuencias más claras de la falta de límites y autoridad:

La violencia excesiva, esa que no encuentra un freno, que necesita contención real porque no sabe dónde cesar. Contener no significa sólo abarcar o abrazar, contener la violencia no es soportarla ni sostenerla, contener la violencia es saber decir NO, saber decir BASTA, saber decir HASTA AQUÍ.

Y por increíble que parezca, eso es lo que más valoran los chicos, tanto los autores de la violencia que no saben cuándo, ni cómo parar, como los que la reciben y la soportan sumisamente. Nos guste o no, los chicos también aprenden en la escuela a comportarse, y para eso es necesario exigir una norma y un reglamento acorde. La convivencia en la escuela es una pequeña práctica de la norma social, implica antes que nada sacar a relucir valores plasmados en normas éticas y morales. Y vale la pena reiterarlo, donde no hay orden no hay lugar para el conocimiento. La consecuencia evidente y clara es que los chicos no aprenden, y como falla el sistema esquivando cuestiones que no sabe o no quiere solucionar, trae a colación la necesidad de una aprobación ficticia. No hay méritos, no hay aprendizaje, no hay esfuerzo, no hay educación, no hay calidad, no hay inclusión, mucho menos igualdad.

Donde no hay igualdad no hay justicia, ni en lo pequeño ni en lo grande, donde no hay educación no hay oportunidades ni progreso. Donde no hay calidad no hay posibilidad de cambio, ni prosperidad, ni crecimiento, y en este punto podría volver a empezar exactamente en el mismo lugar…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

¿Qué expresan hoy nuestros chicos? ¿Qué expresamos hoy individual y socialmente?

De alguna manera necesitamos recuperar la posibilidad de dar todo eso que queremos, somos tantos los que pensamos igual, somos tantos los que queremos ver a los chicos más felices, más capaces y educados, con un horizonte de oportunidades más claro, lo piden de todas las maneras posibles, la sociedad también, podemos quedar perplejos a diario observando los límites de decadencia moral a los que llegamos. Si tenemos más suerte, nuestro sistema educativo tomará caminos que necesitan una revisión seria y profunda, mientras no suceda, acordemos cambios, vivamos los propios valores con la firmeza que necesita ofrecer educación a conciencia, impregnada de valores, esa es la seguridad de los chicos, ya se les ha quitado demasiado, seamos quienes les ayuden a recuperar todo cuanto necesitan aprender.


¿Cómo mejoramos la educación?

Cómo actuaríamos si reconociéramos que la lógica capaz de obrar semejante propósito fuera tan simple, como realmente desear hacerlo. ¿Mejorar la educación es tan simple como desear realmente hacerlo…? En gran medida sí, en uno de los aspectos más importantes, es simplemente desear hacerlo, con toda la labor, a conciencia, que conlleva tal fin.

Asegurar semejante afirmación merece una explicación, o más de una, sin dudas. Y es que no se puede pretender enajenar semejante bien, de la responsabilidad que atañe a cada uno de nosotros, sea cual fuere, el lugar en la sociedad que ocupemos.

Quizás la crítica más severa logre llevarla un interrogante de controvertida respuesta: ¿Por qué como sociedad no exigimos educación? Educación de verdad, de calidad, no horas de escuela. Porque sabemos exigir muchas cosas que son parte del proceso educativo, pero que a veces quedan un tanto disociadas de la educación en sí misma. Reclamar sobre la infraestructura, sobre los sueldos, sobre la asistencia de unos y otros, sobre los comedores, sobre los boletos estudiantiles, sobre los derechos de ambos, y una extensa lista de etcéteras necesarios está muy bien. Pero un reclamo severo sobre la calidad educativa, resumirían a nada la necesidad de protestar por la falta de todos los otros recién mencionados. Más todavía, protestamos rigurosamente por muchos males sociales y económicos que tienen su sólida raíz en la falta de educación, pero aún así no la nombramos mucho, no la cuidamos, ni la anhelamos demasiado. Antes y mejor preferimos garantizar que estaremos cómodos, incluso entretenidos, antes que  bien educados.

El trabajo de la educación formal, maltratado en muchos sentidos, y falto de un camino serio y coherente por donde se vea, se quedó en el olvido. Y éste es un trabajo que pocas personas se animan a tomar con seriedad, una jornada escolar, en un contexto que se ha corrido de su norte original, puede ser tan agotadora, como poco productiva. Y como los frutos no caen lejos del árbol, aquí hay mucho, sino todo que replantear, en el proceso de educar. En este punto, todos los que somos parte, sea cual fuere la escala jerárquica que nos toca, del sistema educativo formal, necesitamos hacer replanteos muy serios. Como he mencionado un par de veces antes, hoy, muchas cosas del sistema educativo formal, así como están no sirven. ¿A quién no le sirven? A la educación, pueden servir muy bien otros intereses, pero a la educación no le sirven.

Está muy claro que resolver, desde su origen, un tema tan delicado y vital como éste, llevará muchísimo tiempo, tiempo ahora que se proyecte en los años venideros. Acá no hay solución de un día para el otro. Sin embargo, lo que es capaz de resolver cada día, cada pequeño espacio que se gana hoy, tiene un valor incalculable. Por eso también, podría afirmar que en muchos sentidos, a la escuela la sostenemos los docentes que estamos cada día frente a nuestros chicos. A los que con pequeñas diferencias, estamos viendo esto mismo con toda claridad, y sabemos que a la vocación tan imprescindible a la hora de pisar el aula, hay que ponerle conocimiento y responsabilidad. No es firmar asistencia, no es hablarle a las paredes, no es sólo pasar el rato. Tampoco es rendirse frente a un sistema educativo que al no presentar demasiadas soluciones, y aún a veces aportar más problemas, hay que acoplar y se acabó. ¿Quién sostendrá la educación si no lo hacemos nosotros, de verdad, con todas nuestras fuerzas, con todo lo que sabemos que encontraremos cara a cara en nuestros alumnos si sabemos llegar a ellos?

La educación de calidad, sólo puede provenir de docentes preparados desde la educación de calidad…supongo que ninguna duda al respecto. Sólo de allí puede devenir el proceso de enseñanza y aprendizaje que enriquezca a ambas partes permanentemente.

Una sólida base formativa, proviene antes que nada del conocimiento de lo humano, de la necesidad de los valores y principios capaces de sostener todo el conocimiento que viene después. Si el primero no ha fallado, entonces el segundo se alcanza en la plenitud de la sensatez y la coherencia. Necesitamos alcanzar ambos, por tanto ambos han de ser las herramientas de trabajo fundamentales de cada educador.

Los padres y en casa, al deber y al compromiso que corresponde desde el amor y la contención del hogar, deben agregarle presencia y acompañamiento al proceso de aprender de los hijos. Otro de los vicios que ha expuesto la sociedad es la contraposición entre los padres y los educadores. Muchos de los enfrentamientos tienen una raíz muy válida, puesto que en muchos casos, ambas partes, no han de asumir su rol de manera efectiva ni comprometida.

La primera fuente de la que los niños y jovencitos han de tomar sus hábitos y sus responsabilidades, es de la familia.

No hay dudas de que la primera educación es la del hogar, y aquí vuelvo sobre la aseveración del inicio, mejorar la educación que tenemos es realmente querer hacerlo. En casa, antes que nada, los primeros valores, la necesidad de demostrar afecto, de contener y guiar. Los padres han de ser los primeros educadores, los únicos capaces de llegar al alma de los pequeños. Y en su guía, en su abrazo, han de proveerlos de todo cuanto necesitan para desempeñarse y desenvolverse con seguridad, con esperanza, al margen de todos los riesgos a los que los expone una sociedad que se ha puesto bastante complicada.

Guiar el aprendizaje de los hijos, requiere presencia, en el hogar y en la escuela, acompañarlos en el hábito del cumplimiento de las tareas, de jerarquizar el aprendizaje de muchas otras cosas que incluso no se enseñan en la escuela. Fomentar la práctica de deportes, asistirlos en su desarrollo espiritual y moral con otros pares, la educación que proviene de la fe, son todos aspectos que deben cuidarse y protegerse en primer lugar, en cada momento, y son bienes que ha de aportar cada familia para cada uno de sus integrantes. Las cosas no llegan solas, nada se hace solo, crecer de tamaño es parte de la naturaleza del hombre, pero todo lo demás requiere tiempo y esfuerzo. Eso es educación, eso es ocuparse de los hijos, es sanar lo que vemos con tanto desagrado en la sociedad.

Volviendo a la educación formal, todos sabemos que las escuelas se han transformado muchas veces en un refugio social, pues bien, que lo sean, pero que provoquen una transformación tal que cada vez necesiten serlo menos. Otra vez tengo que decir que me da vergüenza el estado en el que estamos damos clases a veces, sin sillas, sin mesas, sin puertas, sin ventanas, sin material didáctico, y dejo aquí porque de verdad es espantoso. Sin embargo, necesitamos creer en lo que hacemos, necesitamos la esperanza de saber que los niños que están frente a nosotros, podrán dar a sus propios niños en el futuro, un espacio diferente. Tenemos que asumir el compromiso de que aprendan el valor de saber, de conocer, de amalgamar una serie de valores imprescindibles que se conviertan en sus propias herramientas de trabajo, y en su propia esencia de calidad de vida. Que anhelen saber y conocer, que completen estudios y se desarrollen en todos sus aspectos con la mayor integridad, eso es lo que los hará diferentes, y lo que hará diferente su futuro.

A esto me refiero cuando sostengo que no importa si estamos dando clases bajo un árbol o cómodamente sentados en una infraestructura lujosa, hay una riqueza inherente en la calidad de lo que estamos ofreciendo, que no depende sólo del lugar en el que se imparte el conocimiento. Sino que los diferenciará del resto, por lo que habremos de sembrar y cosechar de valioso, para que desde la verdadera libertad y la conciencia sepan dar lo mejor de sí, primero para sí mismos, y luego para la demás.

Finalmente y para pensar mucho hacia dónde nos dirigimos, hacia dónde estamos llevando todos este proceso, tenemos que asumir que la escuela es sólo uno de los engranajes del sistema educativo, los otros son la familia y la sociedad. Uno se alimenta del otro permanentemente, no cabrían aquí todos los planteos que debemos hacernos al respecto, pero que cada quien puede resolver para sí, tomando un valor nuevo. Dentro del rol que ocupe cada quien en su lugar, en su sociedad, en su trabajo, y descubrir que la educación se cimienta y se revierte desde la primera gran pregunta del principio. En muchos, muchos sentidos mejorar la educación, es sólo desear hacerlo. Todos podemos ser excelentes educadores desde nuestro lugar. Todos necesitamos serlo, en un momento que nos pide antes que nada, un acto de conciencia. Luego un acto de responsabilidad, desde la cual asumir ser parte del cambio más importante que necesitamos, la educación que tenemos y la que queremos tener de aquí en más.


Inclusión educativa, educación inclusiva. Parecido no es igual…

Los cambios más significativos durante los últimos tiempos en materia de educación giraron en torno a la inclusión. En un principio, la acoplación del término tenía como objetivo fundamental contraponerse a la exclusión de alumnos con necesidades especiales. Con el tiempo esta inclusión fue más allá de las raíces para contemplar aspectos que en realidad son tan profundos como el primero.

Esto significó bregar por el derecho de todos los niños y jóvenes a la igualdad de oportunidades de aprendizaje, independientemente de su origen social y cultural, además de las diferencias que obvia y naturalmente, existen en las habilidades y capacidades de cada uno de ellos. Con todos los debates y planteos lógicos que buscan la consecución de un fin tan loable y necesario, han sido así planteados por la UNESCO en diversos congresos, caminos más afines al acceso de la mayor cantidad posible de niños a la educación. Quizás el mayor debate lo ofrece la forma en la que asume cada país, sus políticas en materia de educación en torno al eje “inclusión educativa”. Así lo que en un inicio se pone a rodar como algo sustancial en la vida de las personas, el filtro de la intención política de cada período, termina muchas veces jugando en contra de una educación que se presente promisoria, no para un futuro idealizado o inmaterial, sino para la vida presente y futura real de cada uno de los pequeños que hoy no acceden a una educación de calidad. Sea por mal entender, o por tergiversar el significado real en su origen, de una educación que busca con toda coherencia y derecho inclusión.

La trama de cada sistema educativo se hila entrelazando una gama fundamental de aspectos, entre los principales contamos los contextos culturales y sociales, y aunque poco anunciados, muchos matices en torno a etapas gubernamentales y procesos económicos diferentes. Al respecto, mientras la evolución de los sistemas educativos estén tan ligados a las determinaciones políticas momentáneas, sin un margen importante de autonomía que logre el desarrollo de un proceso educativo a largo plazo, que busque la excelencia y calidad en todos los aspectos, es poco lo que puede cambiar verdaderamente la historia de cada país. Sobre todo los que estamos en vía de desarrollo, que necesitamos soluciones lógicamente más alcanzables desde las virtudes de una sociedad madura y mejor educada.

La vía de la asistencia social y la infinidad de planes y subsidios (mencionados antes aquí) son una obligación del estado y un derecho de las personas en tanto se presentan distintas necesidades. Pero deben cumplir una función transitoria, la de subsanar a corto y mediano plazo la responsabilidad de procurar la inserción a un sistema económico capaz de producir, generar y autoabastecerse. De formar parte de la cadena de intercambio en un mundo que necesita de las mejores habilidades y cualidades que de cada lugar puedan aportarse.

Tan elemental es encontrar el encuadre justo a las necesidades de la educación, que no puede limitarse en ninguna forma, tal es el alcance de entender que un sistema inclusivo, como se ha planteado busque darle un sentido no sólo más amplio, sino más adaptado a la realidad de cada pequeño sector, dentro de cada contexto, intentando atender la mayor cantidad de necesidades posibles y evitando tanto la deserción como la dificultad de acceso de todos a la educación.

Con una primera idea del concepto al cual nos referimos, vale la pena tomar el tiempo de poner todo en la balanza para ofrecer con más aciertos un proceso de enseñanza-aprendizaje más acorde al origen del significado de “inclusión educativa”. En poco más retomamos un ciclo lectivo nuevo, ciclo que se tiñe de los pros y contras lógicos de cada sistema educativo, y una de las cuestiones que hemos tomado muchos docentes como una carga es la de tener que lidiar con una serie de imposiciones que se nos han puesto a título de “inclusión” pero que en realidad no se le parecen en nada, sino que muy por el contrario. Son determinaciones y decisiones poco serias desde el punto de vista formativo, que no sólo perjudican el proceso de enseñar y aprender, sino que atentan contra el derecho legítimo que atañe a ambas partes desde todas las aristas. Incluso he llegado a escuchar de personal jerárquico cosas como “Si no crees en esto, deberías hacer otra cosa. Esta es la norma y hay que cumplirla.” Si bien es común que se produzcan estos encuentros, lo que preocupa es la falta de intención de mejorarlo. Preocupa que tan poco puedan leerse los resultados de una práctica pobre y nociva para la educación.

Aprender y enseñar no se pueden perder de vista, y son en realidad los parámetros fundamentales donde se ha cimentado la verdadera y original educación inclusiva. Tampoco deben olvidarse las serias necesidades de infraestructura, material adecuado, mínimo y necesario de cada establecimiento y de cada uno de los participantes del proceso escolar, ni hablar de cubrir las necesidades vitales y básicas de cada uno de los pequeños. Para no ser repetitiva respecto de todo cuanto pueda referir al respecto, he volcado mucho aquí en otros post…

En primer lugar necesitamos aliviar la presión de sostener algunas cuestiones que muchísimos de nosotros sabemos que provocan un gran daño en el proceso educativo, descontando la frustración que conlleva sostener determinadas prácticas que sólo conducen a que nuestros alumnos aprendan cada vez menos. Más aún, que no logren sostener normas de convivencia que sean apropiadas y saludables, puesto que mucho de la imposición en cuanto a la permanencia de todos en la escuela (cueste lo que cueste, menos educación) invalida los procesos correctivos, desvía la autoridad mínima y necesaria que garantiza la armonía de la convivencia y desvirtúa la posibilidad de alcanzar un aprendizaje efectivo, dada la imposibilidad de sostener con coherencia un clima de estudio apropiado.

Hasta aquí, estoy segura de que los congresos internacionales en los que se ha tratado con muchísima seriedad y altura la inclusión en torno a la educación, no han planteado ni por asomo lo que se ha hecho en algunos sistemas educativos en nombre de la inclusión, sino que muy por el contrario, lo que vamos gestando en algunos aspectos, es tan cuestionable como condenable, puesto que los resultados de lo que hacemos arriban a la orilla opuesta de lo que la inclusión en materia de educación propone en realidad.

Con resultados que con tanta sencillez y simpleza exhiben los errores, que en tema de educación tienen un altísimo costo en todos los sentidos, urge cambiar la dirección en la que marchamos hoy. Está muy claro que las decisiones políticas son las que marcan los primeros trazos en los sistemas educativos, por tanto cada momento político y económico en cada lugar del mundo, ofrece lo que le parece, lo que puede, lo que le conviene…y es evidente que es mucho más fácil ofrecer una educación facilista, de poco esfuerzo, permisiva, fácil de transitar en cuanto a una paupérrima adquisición de contenidos, que supera el semianalfabetismo a las claras, pero que entrega al final del camino un certificado escolar oficial, que de la palabra inclusión se ha olvidado y sólo ha adjuntado serias carencias en cuanto a conocimientos, y una base educativa de un fracaso casi épico.

De nuevo, a las pruebas me remito. No hay que ser adivino para descubrir los conocimientos, el desempeño y las habilidades sociales que han adquirido la mayoría de los chicos al egresar de la escuela. Como resultado final, sólo los habremos incluido en la lista de personas que no han desarrollado sus capacidades, conocimientos ni habilidades para desempeñar trabajos que requieran mínimos conocimientos y desempeño, lo mismo respecto de la seria dificultad de sostener una carrera universitaria, dada la falta de preparación. Ni hablar del estruendo que están haciendo algunas universidades públicas y centros educativos terciarios en la abrupta caída de nivel y exigencias, atendiendo a la poca preparación previa de los estudiantes, que no sólo obliga a la deserción sino que muchísimas veces impide el ingreso a estudios superiores. La solución no es seguir ofreciendo más planes y subsidios con los que perdemos todos, con los que nadie queda incluido en ninguna parte…la cuenta cierra mirando por la ventana, cada vez hay menos que repartir, cada vez las necesidades de todos son mayores. Si la educación entre otras cosas ha de proveer también bienestar, capacidad de solvencia y crecimiento, no se puede educar menos, ni un poquito menos. La educación inclusiva original habla de excelencia…

El llamado de atención, lo tenemos nosotros también, los que educamos. Los que pisamos el aula cada día con la intención de volcar conocimientos con el respeto y la atención que merece cada alumno. Esto es lo que nos hace en cuanto a la vocación que tenemos y necesitamos sostener. Los que vemos cada día el reflejo de una infinidad de necesidades, podemos entender que lo que más necesitan nuestros niños es un sistema educativo que los contenga desde la coherencia, que sostenga en realidad su derecho de aprender, la posibilidad real de mejorar la vida de cada uno de ellos y de que ellos mismos sean en un futuro cercano un bien preciado para sí mismos y para la sociedad. De ninguna manera se pueden excluir valores fundamentales en los procesos escolares, como la capacidad de sostener una convivencia sana, un eje de respeto que incluya calidad que se materialice en lo humano. Que garantice libertad verdadera, libertad que ofrece el conocimiento atendiendo a todos los aspectos que nos hacen persona, únicos e irrepetibles, dueños de pleno derecho de la posibilidad de encontrar conocimiento que nos permita evolucionar verdaderamente desde la dignidad.

Y la dignidad no la da una bandera que ofrece facilismo y comodidad a cambio de permanecer, la dignidad nace con cada uno, permanece y se fortalece en el conocimiento y desarrollo de las habilidades únicas de cada quien. Tenemos que tener mucho cuidado, porque si bien somos el último eslabón en la cadena jerárquica del sistema educativo, somos los que mejor que nadie vemos y proveemos a nuestros pequeñitos de sus necesidades reales, incluyendo muchas veces, y lo sabemos bien, parte de sus necesidades básicas que no llegan por ningún otro lado. Sé que lo digo cada vez, pero hay mucho que revisar y pensar, mucho para mejorar y no dormirnos en una secuencia de directivas que porque están escritas en mil instructivos se supone que las tenemos que cumplir sin pensarlas, sin pensar en los chicos, ni en lo que queda después de seguir sosteniendo un sistema que no atina con grandes aciertos.

Con intención de seguir desmitificando algunas aberraciones de lo que se nos propone a veces a título de “inclusivo” en los sistemas educativos locales, comparto más de lo que en realidad trata en sus valiosos orígenes, desde los congresos internacionales de la UNESCO, lo que nos dará muchísima más seguridad a la hora de replantear cambios, tanto en lo grande a quienes corresponde y en el día a día del aula. niñosEn sus raíz propone a cada uno de los países, el desafío de encontrar la forma de promover e implementar el derecho a la educación como oportunidad concreta, factible y perdurable de crecer social e individualmente y tener una oportunidad real de éxito en la vida. Propone además literalmente: “La Educación como factor responsable de sentar las bases empíricas y conceptuales para forjar una ciudadanía democrática (conociendo y llevando a la práctica los valores, entre otros, la libertad, el pluralismo, la justicia, la solidaridad, la tolerancia, el respeto y la excelencia) mediante la combinación y conciliación de preocupaciones y responsabilidades universales, nacionales y locales. Integración significa entendimiento y respeto por la diversidad y sus múltiples expresiones mediante el hecho de compartir un conjunto común de valores y normas universales” Y también…”La Educación como factor crucial que asegure la integración digna, pro-activa, inteligente y productiva de sociedades nacionales en un mundo globalizado, aprovechando las oportunidades y superando los obstáculos. Esto no implica la aceptación fatalista de las realidades mundiales como imposibles de modificar o la adscripción a valores y normas internacionales “políticamente correctas”, sino por el contrario, el desarrollo de competencias vinculadas con situaciones de la vida real que impulsen el análisis crítico de la realidad como así también la capacidad de entenderla y cambiarla de una manera positiva y propositiva. “

Creo que cualquier comentario que pueda sumar aquí está demás, la claridad con la que trasciende a un nivel muy superior a lo que llevamos aquí como inclusivo deja fuera mucho de lo que sostienen los sistemas educativos actuales. No creo que se proponga algo utópico, sino absolutamente alcanzable, coherente y necesario. Qué tanto ha de convenir a cada uno de los sectores es otra de las cuestiones ya muy comentadas y obvias.

Sin embargo, sabemos que los propósitos originales no se pueden perder, y que mucho más allá de los sistemas educativos, los papeles, los congresos y los debates hay una realidad incuestionable. Cada quien es único y valioso, cada quien goza de todos los derechos que le corresponden por naturaleza, la vocación del que enseña puede reconocer los valores que impulsan a cualquier educador a proteger la dignidad de cada pequeño ofreciendo conocimientos y el desarrollo de habilidades que posibilitan una vida mejor, de colocarlos en un camino de bien y de mostrarles la capacidad inherente de cada uno de ir por más mejorándose a sí mismo permanentemente al igual que a su entorno.

Sigamos mirando siempre hacia allí, seamos capaces de sostener la convicción del que entiende la necesidad de un aprendizaje real, y es capaz de llegar hasta allí con todo el esfuerzo que implica. Con todo el conocimiento que requiere, para eso estamos, eso es lo que hacemos y lo que debemos hacer cada día. Sé que ha traído mucha confusión incorporar un término que se ha desvirtuado de su alcance real. Revirtamos entonces lo que se ha mal entendido, y comprendamos cuanto incluye en realidad la tarea de educar a cada uno de nuestros niños, la responsabilidad que atañe a cada quien dentro del sistema educativo, dentro de la sociedad y de cada familia en particular. Hay mucho por hacer y una esperanza de forjar un mundo mejor para hoy y para un futuro lo más cercano posible, que no se puede perder. Sostengamos la posibilidad de transmitir valores y conocimientos desde un proceso que para cada quien no ha de terminar en toda la vida, aprender y enseñar. Claro que de por sí tal cuestión ha de incluir a todos, y de por sí ha de incluir un abanico de infinitos y delicados aspectos a contemplar y preservar, parte tan legítima como valiosa, de la vida de cada una de las personas que compartimos este mundo.


Una buena actitud para aprender y enseñar

Intentar generar cosas nuevas desde donde entrever cambios, nos enfrenta con mucho. En particular juega un papel fundamental la forma en la que nos dirigimos hacia los otros, puesto que mucho más que con palabras, nos comunicamos con cuanto ponemos en evidencia sobre nosotros mismos y la forma en la que nos perciben los demás.

Es aquí donde necesitamos la actitud correcta que tenemos que encontrar para poder dar todo eso que queremos, y lograr que nuestro mensaje llegue de la manera más clara posible. La necesidad de encontrar mejoras es consecuencia de la capacidad de ver la realidad con la menor cuota de relativismo posible. Ver de verdad implica objetividad, coherencia y una buena cuota de sentido común. Así como educadores o como padres, podremos encontrar el lugar exacto donde hay que poner conocimiento, el lugar exacto en el que hay que desarrollar valores, y el lugar preciso en el que se conjuga todo eso, para traer cambios a un tiempo que sabemos que los necesita.

Junto a la capacidad de ver la realidad, necesitamos con la misma importancia, encontrar una actitud positiva. Nadie puede promover cambios si no asume ser parte de ellos y que será referente de un camino al que se invita a otros. No somos perfectos ni mucho menos, pero los valores y una buena disposición iluminan. Sobre todas las cosas hallar un camino de verdad, de empatía, de buena convivencia, tienen como motor la alegría, el amor por el prójimo, el respeto por lo que se es, la sabiduría del que sabe que no conoce pero presiente lo bueno y apuesta todo a la certeza que ha encontrado.

Así la alegría y una buena actitud, que representan el mejor medio de encontrarse con la vida, son mucho más atractivas y convincentes que lo mismo que criticamos en una sociedad que se muestra agresiva o enojada. Al respecto, quisiera hacer un alto, porque aquí hay algo muy importante y real. Mucho de lo que vivimos a diario, el stress que produce una forma de vida que prácticamente desde todos los ángulos se ha puesto difícil, nos agota, con la consabida capacidad de poner a todo el mundo del mal humor. El enojo para muchos, está a flor de piel y con él la agresión se encuentra a un paso, es un círculo difícil de cortar, pero que necesita trabajo para encontrar cambios. El enojarse es manifestación de cuanto no queremos, de lo que no deseamos o nos disgusta; creo que de manera sana nos mantiene alejados de todo eso que no queremos para nosotros mismos, y a veces para los otros. Cuando ese enojo es consecuencia de una realidad que de verdad no provoca en nosotros los mejores sentimientos, probemos encontrar otra cosa, una respuesta diferente. Muchas veces sólo comprender esto acerca la capacidad de relajarse.

También es vital separar el enojo de la agresión. Que algo nos enoje no nos da derecho a agredir, y para no extenderme tanto aquí, quizás en otro post, es un gran tema para trabajar con los chicos la  importantísima diferencia entre sentirse enojados, por las razones que fueran y la agresión en sí. (Enojarse puede ser…agredir jamás, son cosas muy distintas). Nos quejamos de una sociedad agresiva, que no controla su enojo y malestar muy fundados, pero hay que aprender desde cada uno a no ser parte de una cadena de violencia verbal o física.

Requiere mucha más fortaleza dominar el enojo y la agresión, que arrojarla al aire y ser otro eslabón de una costumbre que por donde se mire es destructiva, para sí mismos, para la familia y para la sociedad. Cuando hay algo que resolver, el aprendizaje lo trae la claridad, el diálogo y también la necesidad de aprender a resguardar y exigir cuanto nos corresponde como sociedad, soportarlo es parte de lo que genera un clima que no resuelve muchos conflictos que pueden tener una salida justa e inteligente.

Volviendo al principio, enseñar, sean valores o conocimientos generales, necesita de una buena actitud positiva, cuando es así nuestros receptores tendrán la apertura necesaria para recibir lo que ofrecemos, y generar un intercambio prometedor. Cuando queremos transmitir algo, sobre todo en temas tan lindos y necesarios como los valores, las palabras necesitan el vehículo de la afinidad entre lo que se está diciendo, y la voluntad real del gesto, de la entonación de las palabras, de lo que expresamos incluso con nuestros movimientos y actitudes.

Nuestro precioso mundo necesita muchos cambios, para que sean verdaderos, deben provenir únicamente del amor, con el matiz que conlleve, sea empatía, caridad, esperanza, alegría, paz, justicia, bondad, fe, optimismo, generosidad…sea cual fuere el valor o la virtud que llevemos necesita antes que nada, coherencia para que seamos creíbles, la integridad necesaria para traerla siempre a nosotros mismos primero, y con la mayor convicción posibles ofrecerla luego a los demás.


La humanidad de los valores humanos

Hablar de valores humanos, no es cosa fácil ni que suceda al pasar, intentar trasladarlos en palabras o en acciones suele ser un poco más difícil, puesto que dependiendo del contexto se exhiben con la naturalidad que tienen en realidad, o por el contrario se perfilan tan lejanos como utópicos. Supongo que una y otra vez mirando a nuestro alrededor, nos preguntamos de qué manera se ha desvinculado la oportunidad de traer justamente lo humano, justamente…lo valioso.

Desde la más pequeña estructura social, a la más compleja organización educativa, política, económica de organismos nacionales e internacionales que ha sentado sus bases en un eje de ética, depositario de los propios valores que nos distinguen como humanidad, en el día a día nos cuesta encontrar ese reflejo de moralidad. De alguna forma parece haberse desvinculado ese eje de ética de cada persona real. La grieta que persiste entre el concepto en sí y la revalorización genuina y tangible de los valores humanos, teniendo en cuenta lo que en realidad significan, se hace evidente en cualquier ámbito que nos desempeñemos.

En sentidos muy beneficiosos nos acostumbramos a lo establecido, a lo ya pensado y estructurado. Formamos parte de un sistema, que ha tomado lineamientos para todo, que ha organizado, instituido e institucionalizado cuanto ha podido. Pero que sin embargo, a veces, parece empeñarse en separarse de lo humano, al dejar de contemplar con el dinamismo necesario los cambios que pide un tiempo que modifica las cosas a una velocidad indescriptible.

Muy de a poco cedimos el derecho y la necesidad de una regla que garantice un eje de moralidad y de ética válidas, tanto para la vida como para la coexistencia, por un paquete que ha olvidado que la función de lo reglamentario, de lo normativo, de lo legislado, es en función del hombre. A veces entre sí las leyes y reglamentos juegan pulseadas de contradicciones. Sabemos también que no es el ser humano para la norma, sino la norma para el ser humano. Hay un universo de distancia entre una cosa y la otra. La primera, nos pone frente a lo diario con la sumisión de lo impuesto, de lo reglamentado y acatado a favor de su original y legítima función, garantizar que los derechos de los seres humanos estén a salvo. Cuando podemos percibir que su lícita finalidad se ha desviado, es que necesitamos validarlos desde la segunda, retomando inequívocamente el camino que vuelva a conducir la moralidad y el bienestar en la vida de todas y cada una de las personas, las grandes y las pequeñas, muy en especial de las pequeñas.

Muchas veces nadamos contra la corriente intentando no romper lineamientos, normativas y regulaciones que no precisamente (ni a propósito tampoco) aportan soluciones. Sino que han de alejarnos de la necesidad real, del objetivo más importante que buscamos alcanzar. Tampoco se trata de resistir las reglas, sino de reivindicarlas desde el lado humano que les otorgó vigencia, de buscar qué soluciones reales aportamos a los problemas y las necesidades de todos los días. Habría intentado una lista que cualquiera confeccionaría, pero además de extensa se torna muy obvia.

Desde el rol jerárquico, la responsabilidad es clara y evidentemente mucho mayor. Puesto que pide además del conocimiento auténtico de las reglas, desde la más simple a la más compleja normativa, y aún desde la mismísima ética, la capacidad de mejorarla en la medida que el entorno lo pide. Lograr amenizar las diferencias no es una cualidad menor, integrarlas para encontrar soluciones y traer de verdad y seriamente ideas para enderezar las cosas, es una obligación de quien ha decidido tomar la responsabilidad de dirigir, buscando una dirección acertada y los medios adecuados para llevar adelante, lo que en realidad pertenece a muchos más.

Hoy nos desempeñamos en un contexto que pide de todas las maneras posibles retomar un camino de garantías reales, de una mirada seria a los valores humanos que han tejido a través de la historia innumerables cambios, y han beneficiado de tantas maneras a muchas culturas. Valores humanos inalienables, alcanzables en infinidad de casos con una facilidad casi absurda, dejamos que se nos vayan de las manos día tras día. Es incontable el tiempo que pasan un millón de necesidades que se pueden resolver en un segundo, trato, de una y mil maneras pero no lo puedo entender. Porque mucho más allá de intereses mezquinos y cosas un poco retorcidas que la misma humanidad no logra esquivar aún… ¿Por qué tantos seres humanos no logramos encaminar mejor algunas cosas? Hay seres increíbles que de verdad donde pasan dejan la huella del que simplemente resolvió haciendo, dando, ofreciendo, siendo bueno en lo suyo, o simplemente mirando alrededor y tendiendo una mano…

Los valores humanos no son de enciclopedia, no están en los libros, ni en las páginas Web, ni en los blogs, ni fuera de nosotros mismos. Los valores humanos son parte de la propia esencia, de la misma cualidad que nos lleva a crear de manera exquisita cada quien lo suyo, cada quien su trabajo, cada quien su día, donde posa su vista y donde presta su oído.

Son miles de maravillas las que nos pertenecen tan legítimamente, tanto las anhelamos y tanto las hemos de querer de vuelta…pero todavía las pedimos a tientas y con excusas, a veces sonrojados, a veces lo más tácitamente posible. ¿Por qué? Si no es más que lo que somos, si no es más que un reflejo de nuestra preciosísima vida y la de cuantos nos rodean…descontando nuestro más valioso y único medio de vida, la naturaleza que nos sostiene.

Hay valores fundamentales que no podemos perder, son humanos, son nuestros, somos nosotros, no necesitan una excusa y una explicación para ser, ni tampoco una cátedra para validarlos. La vida, la nuestra, la del entorno, el bienestar, eso no lo podemos perder, luchar por eso es vital, resguardar eso es esencial. Y en este aspecto han de tallar con la mayor minuciosidad todos los pequeños y grandes temas. Todo lo que hace en el día a día, en cualquier lugar del mundo, un espacio donde lo valioso se preserve, donde las soluciones lleguen, donde las mejoras evidencien cambios…y ninguna evidencia mejor que la realidad. Ninguna más mejorable que la misma, todo se puede hacer, todo se puede cambiar, todo se puede mejorar…

A veces sentimos que necesitamos excusas para hablar de algunas cosas, cuando en realidad es la misma vida, su valor, la integridad que ponemos en ella, lo que no declinamos…No es fácil encajar con las reglas y aceptar que muchas cosas simplemente son así y listo, a vista y conveniencia de alguna oportunidad de momento (léase entre líneas, por favor). Así tanto al hablar de educación, como de cualquier otra cosa, puesto que los valores humanos dan alcance a cuanto el hombre hace en su carrera evolutiva, y a veces no tanto, claro…Empieza a tallar la habilidad de desempeñarnos con más soltura, con más decisión. Como siempre, la responsabilidad es directamente proporcional a la actividad de cada uno, y cada quien sabe bien.

semillas de diente de leonHay un océano de conocimientos y de valores que es vital trasladar, que es vital vivir y enseñar. Y también hay un mar de carencias que esperan ser resueltas, desde el pequeño núcleo de cada familia y cada paso hacia fuera en un sociedad que necesita revisar sus códigos y sus formas de convivir, de impartir educación y de forjar una identidad más altruista. Hay una fortaleza de razones en la raíz de los valores humanos, una raíz desde la que podemos construirlo todo, no es ajena al hombre e impuesta como agregado, es lo que cada ser humano lleva en su esencia, es lo que nos diferencia y nos hace tan especiales. Al traerlos hablamos de nosotros mismos, hablamos de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que pretendemos ser, para nosotros mismos y para los otros.