…en la escuela necesitamos integrar los valores…

NOTAS AL MARGEN

Guía para elaborar tareas desde casa, para los alumnos.

Aspectos valiosos a tener en cuenta en la confección de actividades durante la cuarentena.

¿Cómo comenzar..? Dado que hace unos días que le doy vueltas a la misma pregunta, intuyo que rendirme a la falta de respuesta será mas oportuno. Y es que si no estábamos preparados para esto… mucho menos lo estamos para preparar actividades y tareas en un contexto que nos preocupa y a veces nos quita capacidad de concentración. Sin embargo, nuestra cuarentena, la obligación de permanecer en los hogares, es ahora por lo que el desafío de acompañar y por qué no, contener un poco a nuestros estudiantes demanda un esfuerzo extra.

Me animo a decir que nunca hubiéramos imaginado una situación como la que hoy se vive en el mundo. La misma nos pone de cara a una infinidad de cuestionamientos, pensamientos y sentimientos. Lo mejor que sabemos hoy, es que la responsabilidad de cumplir las indicaciones que nos dan, serán decisivas en la evolución de los sucesos.  Y aunque me siento absolutamente diminuta como para hacer alguna clase de comentario al respecto, sólo te animo, estimado colega, a que apuestes de manera positiva a dar lo mejor de ti para acompañar a los estudiantes que tengas a cargo.

Muy posiblemente ya estés organizado para brindar algún apoyo extra a tus alumnos y cuentes con alguna plataforma o espacio en la que compartas habitualmente contenido con tus estudiantes. Si no es así, podrás encontrar cuando indagues, muchísimos servicios que se brindan a tal fin. Así que no me referiré a qué vehículo utilizar sino a algunos aspectos vitales a tener en cuenta a la hora de elaborar las actividades que propongas.

El primer y más importante de todos los aspectos, es comunicarte de manera amena. Si los adultos estamos angustiados, imaginemos los chicos. Sobre todo en los hogares en los que la sobreinformación o la circulación de toda clase de información (muchas veces falsa) roe la cabeza y el ánimo de sus adultos. Aquí juega un rol fundamental el lenguaje y la cercanía, incluida la calma, que transmitas a tus alumnos. Ofrecer una actividad que dice “Hola chicos, hagan esto…del punto 1 al 8 y me lo mandan el viernes” no ayuda mucho.

Tenemos clarísimo lo que les cuesta estudiar estando en la escuela, no hay que dejar volar mucho la imaginación para adivinar sus caras si están haciéndolo todo solos desde casa,  en un contexto abrumador. Por tanto, un par de palabras que hagan alusión a valores indispensables para este momento, que los anime a estudiar y sobreponerse al estrés que también los alcanza a ellos; serán ese ánimo y esa mirada de contención que les damos cuando estamos frente a frente.

Equilibra la cantidad de trabajo que das. A veces, de verdad… se nos va la mano. Todos en algún momento u otro a la hora de dar tarea, poco menos que esperamos la confección de una tesis. De esa manera los chicos tardan un minuto en desanimarse, descontando las quejas de la familia, que entre abuelos, padres y hermanos no hacen tiempo de terminar la tarea de todas las materias, de cada día (¿ lo han escuchado..?).

La cantidad de trabajo que pidas que realicen debe ser acorde a la edad, el contexto que sabes y conoces de tus alumnos, las habilidades que entiendes que han podido desarrollar, y el material o la ayuda a la que tengan acceso.

Intenta ser medido y justo, ni demasiada tarea, ni muy poca. No sobreexijas ni subestimes, ya sé que es demasiado pedir, pero sabemos hacerlo; sé que sabemos hacerlo, más que nada que nos asista la coherencia y el buen ánimo. Es la única manera de poner a funcionar la delicada misión de lograr aprendizajes oportunos, en un contexto diferente y complicado. Claro que no se trata de mantener a rajatabla cuanto contenido debamos dar, entendemos sobradamente qué es importante en este momento. Sin embargo, no podemos olvidar el rol que desempeñamos frente a ellos, no salir de casa no implica aislarlos de su espacio de estudio, al contrario, es una forma excepcional de sostener el vínculo con sus pares y docentes. Si hay un momento en que nos necesitan es cuando las cosas se ponen difíciles para todos. Somos parte de un engranaje social, que necesita más que nunca hacer funcionar un espacio de intercambio, aprendizaje y contención.

Sé exageradamente claro. Seguro que no hacía falta mencionarlo, pero insistamos, la claridad es fundamental. Si los chicos no entienden qué debían hacer, qué debían buscar, qué había que elaborar; resultará un ida y vuelta de preguntas y respuestas. Mejor una sola vez, lo más claro posible. Lo que nos lleva de paso a otro punto fundamental.

Deja espacios abiertos. Cuando sea posible, anima a tus alumnos a que construyan su propia manera de hacer la devolución de algún contenido. Díselos claramente, ofrece actividades o temas opcionales, dales oportunidad de enriquecer lo que propones o simplemente que puedan optar por algún aspecto  que les resulte particularmente curioso o valioso a modo personal.

Incluye material de apoyo. En este momento es un aspecto esencial, muchas veces nuestros alumnos no tienen las herramientas suficientes para encontrarse con el material apropiado. Mandarlos simplemente a que “averigüen en la web” puede ser para ellos tan agotador como frustrante. Si si, valiosísima herramienta, indispensable sin dudas. Pero tengamos en cuenta que nuestros criterios y conocimientos difieren de los suyos, no les resulta tan fácil elegir de entre miles de resultados justo el que pretendemos nosotros. De allí surje la importancia de ofrecer algún material de apoyo, documento, o explicación. Si es posible, intentemos también conectar con un bien tan grande como los libros, algo habrá en casa, sin ninguna duda. Todo es válido y necesario, aumentar las opciones dará riqueza y más oportunidades de mejorar las devoluciones.

Invítalos a pensar y a razonar más que a buscar información. Es genial salirse del esquema de preguntas y respuestas, intenta despertar su curiosidad. Contáctate con lo que piensan y sienten sobre algún aspecto de relevancia. Si bien la buena información es fundamental, lo que hacemos con ella la eleva al nivel de aprendizaje valioso y útil. Ayúdalos a razonar creando espacios para ello y eligiendo correctamente los temas que merecen la pena una atención especial o una mirada distinta.

Alienta el uso responsable de internet. Ponte al día con las indicaciones dadas por los organismos encargados en tu país. Habrás escuchado al respecto que se nos pide ser racionales en la utilización de un recurso tan valioso. Por ejemplo, se nos recomienda evitar la descarga de contenidos enormes e innecesarios. Utilizar las redes fijas disponibles para realizar comunicaciones de voz. Evitar, cada vez que sea posible, las videollamadas. No viralizar cuanta cadena se nos aparece en las redes sociales. Intentar mantener dentro del grupo familiar un esquema de utilización del servicio, etc. Recuerda que es un momento en el cual todos demandamos su uso, desde la actividad laboral, el estudio, el entretenimiento y las comunicaciones familiares. Explícaselo a tus estudiantes.

Una y otra vez saca lo mejor de ti. Si hay momentos para poner a flor de piel todos nuestros valores, éste, es uno de ellos. Los necesitamos frescos y vívidos para nosotros mismos y para los demás. Hoy más que nunca. Apelemos a la calma, a la racionalidad. Necesitamos ser dóciles y humildes para acatar cuanta indicación se nos provea de las autoridades correspondientes. La responsabilidad que nos alcanza, es infinita, estamos parados en mil lugares a la vez, como padres, como hijos, como hermanos, como vecinos, como profesores, como sociedad… Hoy todo nos alcanza y por qué no, también nos preocupa. Pero querido lector, que no nos supere. Desde un inicio nos hemos parado sobre cuanto ha de sostener nuestra frágil humanidad, nuestros valores, nuestra fe, nuestras certezas. Tal como he escrito a un costadito en el blog, que en tu hogar, no falte la esperanza, y más que nunca la oración. Que nos alcance un poco de esa sabiduría que olvidamos, para mantenernos fieles a nuestras convicciones. Que aprendamos a mirar mejor a los otros y ser tan altruistas como solidarios.

Que encuentres también en esta ocasión claridad y firmeza para estrechar ese vínculo tan personal y único con tus estudiantes. Que Dios te bendiga mucho, te de fuerzas y buen ánimo para ayudar a todos los que te rodean.

 


Los valores, las normas y las sanciones en la escuela.

Educar implica muchas cosas, es evidente que la escuela no sólo entrega un paquete de contenidos anuales, sino que su intención debería reflejar mucho más. La convivencia escolar pone de manifiesto a diario temas sobre los cuales se hace necesario reflexionar una y otra vez. Tal es el caso de las normas escolares, los conflictos, las transgresiones, la sanción y la aplicación de las mismas. Sé que al respecto hemos compartido varios post, aún así sigo pensando que nunca será suficiente. En éste, y sin ánimo de molestar u ofender a nadie, me gustaría poner sobre la mesa algunos temas más que deberían, a mi entender, funcionar de otra manera.

Sobreentendemos todos que una escuela es una institución cuya finalidad es educar con todo lo que la palabra implica. Y que como institución funda su funcionamiento en un conjunto de reglas y normas; resultado de valores éticos y morales indispensables para la convivencia común. Una comunidad escolar que no respeta ni hace respetar sus propias reglas no sólo no puede sostener una convivencia adecuada, sino que deja de educar, omitiendo cumplir su función. Una de las piedras de tropiezo fundamentales sigue siendo la acepción dada a la palabra “inclusión” permitiendo el paso de todos por la escuela de cualquier manera, y a cualquier precio. Un derroche de derechos muy mal comprendidos, vacíos por completo de la aprehensión de las obligaciones y deberes correspondientes.

Todos los alumnos tienen el mismo derecho de educarse y la misma obligación de respetar y guardar las normas. Hay una verticalidad y un orden necesario e indispensable en la jerarquía que no se puede perder, porque es garantía de institución. El personal docente, y sobre todo el directivo que no es capaz ni competente para determinar y resolver, está ocupando un sitio que no le corresponde, dado que no aporta lo que debe. Casi al margen, entre todas las pérdidas que ha sufrido la educación desde hace muchos años, se encuentra la de los salarios docentes que no asoman siquiera a la realidad del trabajo y el esfuerzo que demandan.  Así los cargos jerárquicos se han convertido muchas veces en deseables sólo porque otorgan acceso a una remuneración más alta, y a una posterior jubilación un poco más digna. Pero muchas veces no son el resultado de la vocación, eso se nota, y eso hace daño a toda la comunidad escolar. Entre otras cosas sigo sin entender como algunos directivos tienen en su puerta un horario bastante acotado con los días y horas que están en la escuela, pero nos dejan a cargo de todas las responsabilidades todo el tiempo que no están, que es claramente mucho.

Hasta donde sabemos y esperamos el personal directivo, debería ser el primero en llegar y el último en irse. Descontadas las ocasiones que otra clase de tareas lo demanden, se entiende la ausencia, pero y el resto..? Son los que casi nunca están cuando pasa algo (y sabemos que en una escuela algo pasa a cada rato), los que no conocen bien ni a los alumnos ni a los docentes, ni al personal auxiliar. No aplican con claridad las normas, tienen una teoría fantástica y una memoria admirable para recitar estatutos, pero les falta mil recorridos por los pasillos y las aulas, mil “buenos días” a la entrada y muchos más “hasta mañana”. Le temen a la sanción, supongo porque muy posiblemente se sienten también en falta. CUANDO LAS SANCIONES NO SE APLICAN, CUANDO NUNCA PASA NADA, CUANDO LAS DISCULPAS SON INFINITAS Y ETERNAS, PERDEMOS TODOS.

Pierden los que jamás se educarán porque son los dueños de la escuela, de las interrupciones, del derecho a cursar cada año 2 o 3 veces, de echar a perder horas y horas de clases sin aprender jamás, sin revisar siquiera la propia conducta. También pierden los que van a la escuela a aprender y se ven obligados por sus compañeros a perder el tiempo, se los agota, se los molesta y no se los defiende. Perdemos los docentes, la calidad del trabajo se lapida y se vuelve inconsistente.

Todos pierden, una escuela sin norma, sin un fin de verdad altruista, no sirve para nada. La escuela es la escuela, los tiempos cambian sí, pero no exageremos, educar es educar, sin miedo, sin excusas. Por las dudas, para los que todavía lo dudan, no es estar en contra de los chicos, por el contrario, es estar muy a su favor, de eso se trata la educación; y eso es lo que se va a buscar a la escuela. Si algún distraído tiene la ilusión estar buscando otra cosa, pues que sea educación lo que encuentre, y educación de calidad.

La norma no es más que la expresión a conciencia de un eje mínimo de moralidad, será de la mejor manera posible, pero indispensablemente perseverante. La tolerancia y la paciencia nada tienen que ver la negligencia, ni con el descuido, ni con la desidia e indolencia. Poner las cosas en su lugar es síntoma de capacidad, vocación y preparación, lograr que las cosas funcionen para todos dentro de la escuela es asistir a la prueba fehaciente de idoneidad de quienes llevan adelante una escuela. Estará demás decir que corregir no es maltratar, ni gritar, ni humillar, sino poner en evidencia las transgresiones, recibiendo a tiempo la sanción y enseñando la reparación correspondiente. A la claridad de todo lo que NO, le aporta una riqueza increíble todo lo que SI.

Hay mucho trabajo por hacer, y a ninguno le toca su tarea con facilidad. Tarde o temprano daremos cuenta de lo que hacemos, la primera consecuencia de nuestro trabajo, se evidencia cuando nos enfrentamos cara a cara con la misma sociedad, lo que gestamos desde pequeños, lo que enseñamos verdaderamente, los chicos piden a gritos contención, un camino de coherencia y credibilidad.

Ya lo sabemos, mucho lo hemos reflexionado, la escuela lo recibe todo, y debe hacerlo verdaderamente con vocación, con amor. Todo ha cambiado y cambia vertiginosamente, somos nosotros los que tenemos que estar preparados para dar a cada quien lo que necesita. Eso es escuela, toda la inclusión, con toda la adquisición de conocimientos, con toda la interiorización de la normas mínimas de convivencia, con todo el respeto y la vocación por la humanidad de lo que recibimos a diario y la responsabilidad que asumimos al aceptar nuestras respectivas tareas. Que nos de miedo no educar, no al revés, los chicos también necesitan encontrarse con su propia dignidad, con sus obligaciones, con su tiempo de aprender, y su derecho a recibir educación de calidad, ese es su derecho real, en cambio no lo es hacer y decir cualquier cosa, en cualquier parte y de cualquier manera.

Una y otra vez, somos los adultos responsables, cada cual haga con excelencia su tarea, eso se convoca en una escuela, que el amor y el respeto por la dignidad que debemos resguardar en nuestros pequeños nos guíe, que aprendamos a planificar la forma en la que realizaremos cambios y mejoras reales en la forma de convivir en la escuela. Hábitos que luego de adultos, aporten buenas cualidades a la vida en sociedad. Cada escuela es una casa, y en ella se ponen de manifiesto para hoy y para mañana, los propios méritos y la fecundidad de la labor realizada, devolvamos la magnitud real a la tarea de enseñar y al valor que tiene para los chicos asistir a una escuela a educarse de verdad.


Los conflictos en el sistema educativo

Cada principio de año salen a relucir todas las cuestiones pendientes, las que son propias del sistema educativo no son la excepción. Más aún, son tan antiguas las falencias del sistema, que inevitablemente cada año se pierde tiempo en intentar “resolver” las mismas cuestiones, salario e infraestructura son los ejes principales. Nunca se resuelven, sino que se acuerdan con más o menos conformidad de parte de unos y otros. Sabemos muy bien lo lejos que estamos de un sistema educativo ideal, o siquiera realmente mejorado.

Se tiñe cada año del mismo color debido a la informidad de una sociedad que parece no estar muy segura de lo que busca, muchísimo menos de lo que encuentra a medida que los acontecimientos se suceden; puesto que aún funciona sin medir demasiado objetivos, causas y consecuencias. Un día los reclamos, al otro las medidas adicionales a los reclamos, como los paros; y al otro los acuerdos sin más. Un tiempito más y parece que aquí no paso nada. Un año, otro, y otro, pero seguimos sin comenzar a resolver de verdad. La culpa será de que siguen siendo más fuertes los intereses parciales que la conciencia de la necesidad del bien común, de un plan de verdad, un proyecto a mediano y largo plazo que exige cambios de calidad ahora, hoy mismo. Tomará muchos años sin dudas, pasará mucho tiempo hasta que se concreten los primeros logros, pero valdrá la pena, es un proyecto ambicioso pero necesario. Cuando suceda será sin perder ni ganar ninguna de las partes, todos ganamos… o todos perdemos, esa es la conciencia del bien común. No es una utopía, es un camino que no conocemos, pero que deberíamos aprender a transitar.

Sin dudas hoy podemos coincidir en que nadie defiende la educación perjudicándola, que nadie está gestionando mejoras si no mejora. Sigue siendo la educación lo más vulnerable, puesto que en medio de una lista de reclamos y devoluciones completamente válidas, se terminan perjudicando siempre los chicos.

Por las dudas, los valores que convocaron este blog surgieron como una necesidad evidente y apremiante de trasladar a la escuela. Los mismos una y otra vez han puesto en evidencia los mismos reclamos, por lo tanto, no se trata de estar en contra de los mismos, sino de cambiar las formas para ambas partes.

Será que siempre la vía de reclamo incluye perjudicar al otro? Y en educación…ni más ni menos…no se nos ocurre otra cosa? De parte del estado igual, quienes nos representan, quienes gestionan para todos y cada uno de nosotros el sustento, el crecimiento, la paz, el mínimo orden para que esto funcione…Cuántas veces se tropieza con la misma piedra?

Indefectiblemente para que la educación mejore hay que invertir, hay que cambiar en serio, hay que crecer. Es completamente cierto que los sueldos docentes son una calamidad, adicionado un sistema que no funciona, y nos deja sin cobrar muchas veces durante meses y meses, nadie puede dar educación de calidad corriendo todo el día con 12 o 15 cursos además del trabajo extra para el que necesitaríamos un día que dure mucho más que 24 hs. Ni hablar de la infraestructura, porque mejor ni hablar, es vergonzoso, sino roza lo inhumano muchas veces. Pero seamos realistas que este no es un tema nuevo. No nacimos ayer, vamos..! Pero en algún momento hay que ocuparse EN SERIO, DE VERDAD. Sino nos exponemos a lo mismo cada inicio de clases, y cada ciclo lectivo entero.

La educación en su sentido más amplio y profundo y la justicia, no pueden fallar, son dos pilares fundamentales en cualquier lugar del mundo. Basta un segundo para ver cuales son nuestros dos grandes flagelos. Somos muchos docentes los que tímidamente sentimos vergüenza por ambas partes desde hace muchos años. No nos sentimos representados ni por los sindicatos, ni por los gobiernos. No es el modo de dirigir un sistema educativo, no puede ser siempre la educación lo más vulnerable que tiene un país que aspira a crecer, sobre todo humanamente. Más allá de las horas de estudio, la calidad del sistema necesita revisar muchas cosas. La escuela necesita evolucionar, pero no lo hará sin una sociedad y una dirigencia que la acompañe. A las buenas intenciones hay que darles forma y vida cuanto antes.

Los reclamos sindicales (permítanme insistir: válidos todos) necesitan también una vía distinta, si el reclamo es justo no hay necesidad de perjudicar a quienes más queremos defender. No hay dudas de que los chicos tienen que estar en la escuela, todos estamos equivocados cuando creemos que los cambios y mejoras se gestionan así. No podemos abandonar a los chicos, y el estado no puede abandonar un sistema de educación que necesita tantísimo más que un presupuesto mucho más digno. Hay que pulir todas las cosas, los salarios docentes, la preparación de los mismos, la infraestructura escolar, y la responsabilidad de la calidad del trabajo de la comunidad educativa entera. En la forma en que se presentan todos estos aspectos, el trabajo docente tiene un alcance excesivamente limitado.

Realmente deseaba que el primer encuentro aquí del ciclo, hubiese sido otro, pero dada la prolongación de un conflicto que se ve extraño de todos lados, deseaba compartir este punto de vista. Agradezco también los comentarios que han dejado al respecto, entiendo bien cada disgusto, y de alguna manera lo comparto, sólo preferí no publicarlos para no iniciar un debate y discusión, no es el ánimo del blog importunar ni ofender a nadie, sino tomar las reflexiones como tales y obrar cada quien según su conciencia.

Dios mediante encontremos pronto una solución para beneficiar verdaderamente a todas las partes que alcanza este conflicto. Pero más que nada, nos despierte la realidad de que las que se escuchan, no son todas voces, de un lado y del otro hay tanto, tanto para cambiar que no hay tiempo que perder. Bajo todo el ruido de los reclamos y discusiones hay un silencio que espera el tiempo de aula, las horas de educación, el ejemplo de los valores a los que aspiramos, la paz  y la conciliación inteligente que necesitan ver los chicos de parte de sus adultos responsables, los representantes de los docentes por un lado, y un estado que debe ocuparse de representarlos a ellos y a sus docentes también. No debería ser una guerra entre ambos que desautoriza e ilegitima a las dos partes, sino la unidad en el bien del fin que se persigue, sino es así, es porque estamos faltando a la verdad.


Navidad…Navidad..!

Sólo por exagerar un poco (un poquito nada más…) parece que fue hace unas cuantas semanas que subí una imagen aludiendo al nuevo año 2016, casi inexplicable que me encuentre aquí finalizándolo juntos…

En lo personal fue un año de muchísimo trabajo así que siento, en primer lugar, que me hubiera gustado compartir más cosas, de hecho las he comenzado en varias oportunidades, sin tener tiempo de concretarlas. De todos modos, sé que más allá de los cambios en el calendario, habrá ocasión de compartirlas, y eso es genial.

A propósito de calendario, los viejos amigos habrán notado que me trae cada año la Navidad, ya saben cuánto me encanta y disfruto junto a mi familia. Intento valorarla con el espíritu y la alegría real que amerita, como la expresión más elevada del Amor Verdadero, Amor hecho Hombre, y al cual se nos convoca con tanta mansedumbre y dulzura. Una vez más los invito a vivirla con la misma alegría, mucho más allá de las corridas, las compras enormes como si fuera a acabarse el mundo, y las comidas interminables. Que no se nos olvide que es otra cosa, se trata del cumpleaños de Nuestro pequeño y dulce Niño Jesús, y del mismísimo Amor expresado en Su abrazo gigante hasta el final. Recordemos que Su Amor nos alcanza a todos, reservemos un rato a corazón abierto para recibirlo a Él, y que de la misma manera lo convoquemos para nuestros niños, ese es el regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos.

La relación que tenga cada uno de nosotros con Dios, con Nuestro Jesús o Su Mamá es tan única como el tiempo que necesita fortalecerla. Dedicamos tanto tiempo a tantas cosas y evocamos con tanta ligereza otras, que nunca nos avergüencen las cosas del alma, antes mejor pongamos las cosas en su lugar. No nos lleva a ninguna parte ser eternamente los reyes de las justificaciones, aprendamos de los frutos del Amor la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz y una infinidad de virtudes que son lo que más necesitamos en realidad.

Ojalá esta Navidad logremos darle verdadera vida al Pesebre en nuestro corazón, y nos enamoremos de La Pequeña Familia que allí nos espera.

¡¡Que todas las bendiciones los acompañen siempre. Feliz, muy Feliz Navidad…!!

pesebre07

 

Sí, es ciertamente un clásico estresarse mucho para las fiestas, que quiénes con quiénes de la familia, la corrida, compras y más compras, gastos de lo que no se tiene para cumplir, comida por doquier y poco tiempo, si acaso algunos segundos para frenar y tomar conciencia de la celebración. La Navidad es una fiesta, un agasajo desde el alma, es excepcional vivirlo como tal, sonreír y disfrutar con todo el corazón. No importa lo que digan o piensen los demás, esas son las pocas cosas reales que se pueden atesorar, y para quien las sepa ver, las más hermosas que podemos compartir.


Conectados

Desde el punto de vista de las comunicaciones estamos parados en un mundo nuevo, no sólo ha cambiado la forma de comunicarnos sino las razones por las que lo hacemos. Sin querer encontramos entre las primeras consecuencias, que lo que se ha modificado sustancialmente también, es la percepción de nuestro entorno, y la manera en la que nos implicamos o no, en todas las cosas.

La cantidad de información que obtenemos, en promedio, ha crecido exponencialmente, incluso muchas veces recibimos simultáneamente una gama infinita de mensajes. Si bien la calidad de la información recibida no suele ser compleja ni difícil de asimilar, nos pone en una situación singular caracterizada por la pasividad, enfriamos la reacción, perdemos en gran medida el valor real del mensaje, si acaso realmente lo tiene, y evitamos procesos e interacciones más acertados, sean de convivencia, de resolución o de asimilación.

Muy posiblemente como educadores, lo que más nos conmueve es la generación de jovencitos que ha sincronizado su vida con esta nueva manera de recibir sus vivencias (casi diría de evitarlas, por el tiempo que permanecen en su informatizado mundo) dado que simultáneamente a lo que acontece en su día a día, realizan la transmisión de lo acontecido, en una mezcla de atención diferida, con una actitud pasiva frente a lo que se presenta, entremezclándose el actor, el espectador y el relator de cada suceso. Pueden contar lo que están haciendo, dónde lo están haciendo, con quienes están e incluso cómo, sin embargo y contradictoriamente no es mucho lo que realmente están, ni hacen, ni conviven, tampoco disfrutan de tantas vivencias con la profundidad que amerita el tiempo compartido, e incluso a solas. Hay una excesiva disponibilidad para comunicar en tiempo real, y una escasa atención verdadera, cada momento se vive más para la selfie que para atesorar, es poco lo que se habla mirándose a los ojos. Hay que reconocer también que gente de mucha más edad se ha adaptado perfectamente a ese estado de conexión permanente.

Particularmente y entre muchas otras cuestiones, la que más hay que cuidar es el valor real de lo que transmitimos y recibimos, estar comunicamos de la forma en que lo estamos puede ser absolutamente genial y valioso, o completamente vacío y una excesiva pérdida de tiempo. Tiempo perdido que se denota en cuanto no sabemos o hacemos, en lo poco que compartimos momentos verdaderos y de calidad con los nuestros, o en nuestras respectivas tareas, incluso el invaluable espacio del silencio y de encontrarnos con cuestiones esenciales que se nos pasan por alto cada día.

En el lugar opuesto, hay un desafío añadido para nosotros, competir desde la conexión más trascendente y enriquecedora, esa que necesitamos recuperar: conectar a la humana. Con todos, en todas partes, desde la buena educación y la cordialidad, levantar los ojos de las pantallas y mirar al otro, al que pasa por nuestro lado, al que viaja en el mismo transporte, al que comparte una jornada laboral o nos vende el pan, a nuestros compañeros de ruta, a todos…

Socialmente la riqueza más grande que podemos evidenciar es la forma en la que nos tratamos como comunidad, nos escandalizamos cuando vemos en las noticias diciendo: “…pobre aquel que pasó tal cosa…” o “…tal y cual otra…y otras tantas…” pero cuando pasa a nuestro lado no lo vemos, cuando alguien que pasa a nuestro lado necesita algo…no estamos, no escuchamos. Obviamente no queremos pensar que no nos importa, entonces ¿Será que estábamos distraídos? Porque de estas distracciones daremos cuenta más de una vez, porque no nos cuidamos entre nosotros. Tampoco queremos descubrir las razones, pero las mismas necesitan una rápida y real atención, quizás salida de un tiempo nuevo, del que tome vivir a conciencia, siendo consecuentes y coherentes de verdad, con lo que somos, con lo que queremos y con lo que hacemos.

¿Y cómo son las relaciones en familia? ¿Qué tan conectados estamos con los nuestros? ¿Sabemos de verdad disfrutar un tiempo nuestro de verdad, de intimidad familiar?

Otra de las relaciones que necesitamos revisar en sus formas es cómo conectamos con nuestros alumnos en la escuela. Si la comunicación on line vía redes sociales es como lo describimos arriba, tenemos que encontrar la forma de crear nuestra conexión en vivo y de absoluta exclusividad. Nadie más que ellos y nosotros, antes que los contenidos, antes que los conocimientos, antes que el reloj y la pizarra están las personas. El saludo cara a cara, el interés mutuo, la calidez de la presencia y el tiempo que compartiremos seguidamente. El vínculo entre quien enseña y quien aprende no es una cuestión al pasar. No somos un delivery de conocimientos específicos. Muy por el contrario, nos guste o no, estamos creando un vínculo exquisito, fundamentalmente de relaciones humanas, que luego de lo aprendido en el hogar, se proyectará sin límites en la vida de cada uno. Recordemos siempre que el tiempo de aprender es en ambos sentidos, y que la habilidad de encontrar a tiempo una manera especial y única de conectar es principalmente nuestra. Aquí la calidad de la educación surgirá únicamente de la cualidad de la conexión que logremos establecer entre nuestros alumnos y nosotros.

Está demás hablar de los valores, porque es aquí donde los valores hablarán por sí mismos. Hay una grieta gigante en los vínculos, en todos, y la superficialidad que le ha otorgado el permanecer conectados no precisamente a la realidad, no precisamente al otro. Coincidiremos en que no es lo mismo escribir ” ja ja” que reír juntos, tampoco escribir “abrazo” que abrazar. “¿Cómo estás?” mirando a los ojos necesita muchas menos palabras cara a cara que por escrito y… sí sí, una belleza las redes cuando no queda otra, pero no es lo común…

Entre los mejores y verdaderos, hay vínculos que no necesitan mucha más conexión que la del corazón, sin importar cuales fueren las razones, el valor de los vínculos más reales supera las redes, las palabras y el tiempo, después de todo es lo que somos.

La vida es mucho más que buena, y necesita de nosotros una receptividad mucho más amplia, es una inmensa oportunidad además de un regalo que sin querer desperdiciamos insistentemente en poco. Sin embargo, cuando lo recibimos con la disposición adecuada, descubre que el valor que atesora es de la más delicadísima perfección. Tenemos que aprehender una manera de conectarnos diferente, una conexión real. Redimensionar los vínculos verdaderos, en el hogar primero y cuanto se presenta en cada jornada, en cada tarea. Hay tanta riqueza, tanta belleza y tanta capacidad de cambiar y mejorar que dejamos pasar, viendo la oportunidad sólo cuando está a la distancia y no podemos hacer mucho, pero esquivándola cuando se trata de nuestro prójimo inmediato.

No necesitamos mas revoluciones en la velocidad de transmisión de datos, lo que verdaderamente necesitamos es una revolución dentro, buscando a la mayor velocidad posible todo lo bueno que podamos sacar para compartir, para hacer, para crecer y dar. Estar comunicados es genial, pero no sólo se sobrevive al silencio sino que es fundamental, para que no se nos pierda la conexión con el alma, porque no habrá proveedor de internet que encuentre eso que sólo nosotros, y únicamente Dios mediante, podremos hallar.

Es muy fácil distraernos, nos basta un enorme circo montado en una pequeña pantalla para olvidarnos de la infinidad de cuanto está esperando por nosotros, somos seres de relación, de relaciones más tangibles, no un hueco receptivo de un alud de palabras e imágenes que poco se relacionan con lo que buscamos, lo que hacemos y queremos. No nos baste aprender a vincularnos de una manera diferente, sino que enseñemos a nuestros hijos y nuestros jovencitos a hacerlo también.

Sería una pena no descubrir la belleza de establecer relaciones mucho más humanas y trascendentes, de valores reales y tangibles, no de palabras en el vacío. La necesidad de aprender, el tiempo real de estudio, el tiempo real de estar, el de hacer las tareas que nos tocan a conciencia, con una atención menos diferida, no sólo nos daría más satisfacciones por los resultados obtenidos, sino también menos stress. Es demasiada exigencia el nivel de atención que se nos propone, porque se vacía de la capacidad de acción, de encontrar soluciones y cambios reales. Con un poco de sentido común, no se trata simplemente del tiempo que no necesitamos perder, sino del maravilloso tiempo que podemos encontrar.


Para incluirte mejor…

Es tanto cuanto escuchamos y decimos sobre la educación inclusiva que un paso atrás y con un poco más de perspectiva, reconocemos tantas interpretaciones como veces escuchamos la palabra inclusión. Por aquí también hemos ocupado un buen rato en reflexionar sobre las diferentes dimensiones en las que se concibe, y también en su real significado desde el origen de su concepción.

La educación inclusiva ha puesto en palabras concretas, un aspecto indispensable de la educación: la absoluta legitimidad del derecho a educarse de cada quien, según sus capacidades y necesidades, en un contexto cultural propio. Pero más que nada, como parte indiscutible de la dignidad humana que cada pequeño sostiene para sí, y que como verdadera responsabilidad habremos de revelar en la integración verdadera.

Una sola manera existe de incluir, y es reconociendo la propia individualidad y otorgando desde la calidad, las herramientas necesarias a cada niño y jovencito para desplegar al máximo sus cualidades y habilidades. Sin embargo, no basta el reconocimiento de la existencia de por sí y las capacidades individuales, sino la vocación verdadera de ayudarlos a encontrar más. Sin dudas, es un proceso de intercambio permanente, casi un desafío a las propias capacidades de quien educa…”¿Cómo podré ayudarte a alcanzar todo el conocimiento posible?”

Es entonces que reconocemos que necesitamos más que los conocimientos, más que la aprehensión de las propias normas y currículas, necesitamos flexibilidad para encontrar las formas conforme cambian los tiempos, las necesidades, las caritas, y el contexto en todas sus dimensiones. Así, hay pequeños valores que necesitamos retomar y que se traducen naturalmente en hechos. Es entonces que todo cuanto hacemos cada día, proviene del fruto de cuanto podríamos decirles desde la auténtica vocación de enseñar…

“Para incluirte mejor tomaré como punto de partida la verdad, y reconociendo juntos la realidad, encontraremos la manera de alcanzar no sólo lo que debes aprender, sino todo lo que necesites saber para lograrlo.

Para incluirte mejor tomaré el tiempo necesario para conocerte, y te invitaré a conocerme como un acto de respeto y reconocimiento mutuos, solo así valoraremos el significado un espacio tan único, como el tiempo de aprender.

Para incluirte mejor no te aburriré dejándote fuera de la comprensión de los contenidos, pero no me evitarás con tu indiferencia, deberás comprender esto muy bien. Quiero tus ojos y tus oídos puestos en mí cada vez que sea necesario. Te necesito atento, despierto, ávido de desafiarme con preguntas y listo para exponer tus habilidades.

Para incluirte mejor, podrás sentirte seguro, puesto que voy decirte “no” las veces que sea necesario, y te daré explicaciones al respecto sólo si es oportuno. Sé que hay cosas que aún no puedes comprender, pero estaré ahí para que encuentres cada uno de los límites. El resto llegará a su tiempo y será fruto de tu propia comprensión.

Para incluirte mejor te enseñaré a estudiar dándote suficientes trabajos y tareas, con práctica aprenderás a valorar tu tiempo, a disfrutarlo y a organizarte.

Para incluirte mejor, te desaprobaré todas las veces que sea necesario. No eres una calificación, pero ésta reflejará tus avances, será una herramienta valiosa para ambos. Prometo no mentirte, te diré cuando estás listo y cuánto es suficiente, porque sé de cuanto eres capaz.

Para incluirte mejor, te incentivaré cuanto sea necesario, aplaudiré tus logros, en definitiva los disfruto como si fueran míos, un día reconoceremos que ambos lo hicimos juntos, atesoraremos eso, ya lo verás…

Para incluirte mejor intentaré ver a través de tus errores también los míos, así no quedarán dudas de que ambos podemos mejorar, tu aprenderás mejor, yo aprenderé a mejorar mi forma de enseñar.

Para incluirte mejor, más que nada voy enseñarte a pensar y a razonar, también utilizaré todas las herramientas tecnológicas de que disponga, pero doy por sentado de que sin lo primero, lo segundo será perder el tiempo.

Para incluirte mejor, aprenderemos a ver desde distintos ángulos, pondremos en perspectiva una y otra vez todo el conocimiento que pase por nuestras manos, y tomaremos de él sólo para seguir construyendo, te necesito activo, te necesito ahí, te prefiero inquieto que absorto en un mundo que entretiene, manteniendo tus capacidades, tus gustos, y tus sueños demasiado tiempo al margen.

Para incluirte mejor sé hacer parte de mí tus carencias, te las devolveré satisfechas lo mejor que pueda, esperando que hagas igual con todos los que pasan por tu lado. Te lo recordaré una y otra vez, aprenderás mejor que todo, que cuanto pueda ofrecerte en conocimientos, es apenas nada para interactuar en el mundo, porque el valor más grande deberá aportarlo la forma en la que, Dios mediante, temples tu alma.

Conozco bastante tu risa, reconozco las dudas de tus silencios, para incluirte mejor prefiero encontrar en tus ávidos ojos pequeños, tus ganas de volar alto. No voy a pedirte que olvides tus sueños, ni tu origen, prefiero darte más para que vuelvas a ellos enriquecido, y aportes lo tuyo con seguridad, con alegría, con empeño, todas las veces que lo desees.

Para incluirte mejor, sentirás indudablemente cuánto podrás contar conmigo, mas estamos juntos todos los días y entiendo tu forma de cuestionarlo todo. A conciencia, tampoco has heredado un mundo resuelto, pero deberás estar listo para él, porque no quiero saber lo que el mundo puede hacer de ti, sino cuanto tú eres capaz de cambiar el mundo.”


Para educar necesitamos límites

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

Creo que no hay duda al respecto, uno hace y dice lo que saca de adentro, cuanto expresamos proviene de la sumatoria de lo expresado anteriormente y muchísimo más, pero basta en éste para ilustrar la importancia de hacer alcanzable una educación verdadera, basada en los valores humanos primero, sin los que no hay la más pequeña posibilidad de alcanzar conocimientos.

Muy posiblemente coincidamos todos, en que en cada lugar se percibe la educación escolar de una manera diferente, cada escuela es una casa. Por más que todos dependamos del mismo sistema educativo, en cada escuela han de leerse e interpretarse las normativas, las currículas y los instructivos de manera parecida pero con diferencias subyacentes muy propias, que dependen en gran medida de la comunidad escolar, y eso está muy bien. Precisando un poco, eso está muy bien cuando realmente se apropia de las necesidades de la comunidad escolar y logra satisfacerlas. Claro, no me refiero a satisfacer caprichos, sino satisfacer las necesidades reales, poniendo educación donde no la hay.

Nuevamente vale destacar sobre los demás, el problema de la disciplina y la violencia en la escuela, no es necesario extendernos demasiado respecto de lo que se ha dejado a un lado para ostentar inclusión e igualdad, prácticamente sin traer ninguna de las dos en realidad. (En referencia al tema Inclusión educativa… )

El desafío más grande radica en encontrar el medio que otorgue congruencia entre el espacio para aprender y el aprendizaje efectivo. Y a la hora de gestionar las reglas y normas de convivencia, verdaderamente estamos desarmados frente a nuestros alumnos. Muchas veces no sólo es una dificultad la apatía que caracteriza de manera natural algunas etapas de desarrollo, sino la que deviene de una situación de marginalidad social y económica, incluso sea que provenga de una sumatoria de todas éstas. Cual fuere la razón, perdimos lo más valioso, el respeto, la armonía de la convivencia que promueve siempre buenas cosas, porque efectivamente un clima cordial siempre trae algo mejor. Porque da lugar a cuanto cada uno puede aportar de positivo, sean preguntas, respuestas, o un buen rato de compartir lo que surja de positivo, incluso también el silencio de la grata compañía y reconocimiento de los otros.

Como fruto de la manera en la que se han desarrollado los últimos tiempos, encontramos claramente que hay una situación social que nos supera, y como es la sociedad la que va a la escuela, lisa y llanamente ha de depositar en ella todas sus falencias, todas sus necesidades, los sueños, las derrotas, las frustraciones, la violencia excesiva…aquí nace el hoyo más grande y perjudicial, el del todo vale, el de la permisividad, el de la falta de autoridad. Detrás de los cuales desfilan casi haciendo alarde, un semianalfabetismo que preocupa, una violencia física y verbal en los chicos que realmente asusta, y una falta de límites que ellos mismos han sabido devolvernos con creces, cada uno de los días en el aula de clases y fuera de la escuela también. Hay mucho para hacer, no cabe ninguna duda…

Si hay una sincera voluntad de brindar educación a nuestros pequeños, van a tener que permitirnos educar de verdad, porque estamos perdiendo seriamente el terreno de la siembra, y perjudicando profundamente la posibilidad de que alcancen conocimientos.

Si no podemos hablar en clases para enseñar se complica muchísimo que los chicos aprendan. Como siempre el daño más grande lo recibe la educación pública, no hay vuelta que así como se corrompe la política, se corrompe todo su ámbito de influencia. Sería genial alejar un poco la educación de cada momento político, porque pierde racionalidad y coherencia, además de la posibilidad de sostener un plan flexible pero serio a corto y largo plazo, la educación necesita ser independiente de los intereses de cualquiera y en este sentido, debería ser intocable…incorruptible. Y evidentemente nuestro sistema educativo está corrupto puesto que ha alterado su finalidad original, se ha deteriorado. Está vendiendo certificados y perdiendo conocimiento por facilismo a cambio de poder y permanencia, ya no educa de verdad. Pero lo que es más triste, es que se nos dificulta cada día más a nosotros, los del aula, los de abajo de todo, sostener educación con un poquito más de coherencia, es muy difícil y por penoso que resulte decirlo, muy agotador.

No cabe conocimiento donde no hay disciplina, no se aprende donde no hay orden, no se convive sana ni alegremente donde la violencia verbal o física está la orden del día, necesitamos darle vigencia a un sistema que contemple primero la racionalidad a la hora de convivir. Esto no necesariamente significa concentrarse en el castigo por lo malo, sino en dar claridad a lo bueno, no importa si viene impreso en una norma o proviene de la aprehensión genuina de los valores. Tampoco significa que hay que saltear la sanción, porque así como dos más dos es cuatro, está claramente demostrado que una sanción imprime un límite, y los límites son imprescindibles en términos de derechos y obligaciones para convivir en comunidad, ni que hablar para aprender…

Tomemos tiempo para traer a conciencia las dos consecuencias más claras de la falta de límites y autoridad:

La violencia excesiva, esa que no encuentra un freno, que necesita contención real porque no sabe dónde cesar. Contener no significa sólo abarcar o abrazar, contener la violencia no es soportarla ni sostenerla, contener la violencia es saber decir NO, saber decir BASTA, saber decir HASTA AQUÍ.

Y por increíble que parezca, eso es lo que más valoran los chicos, tanto los autores de la violencia que no saben cuándo, ni cómo parar, como los que la reciben y la soportan sumisamente. Nos guste o no, los chicos también aprenden en la escuela a comportarse, y para eso es necesario exigir una norma y un reglamento acorde. La convivencia en la escuela es una pequeña práctica de la norma social, implica antes que nada sacar a relucir valores plasmados en normas éticas y morales. Y vale la pena reiterarlo, donde no hay orden no hay lugar para el conocimiento. La consecuencia evidente y clara es que los chicos no aprenden, y como falla el sistema esquivando cuestiones que no sabe o no quiere solucionar, trae a colación la necesidad de una aprobación ficticia. No hay méritos, no hay aprendizaje, no hay esfuerzo, no hay educación, no hay calidad, no hay inclusión, mucho menos igualdad.

Donde no hay igualdad no hay justicia, ni en lo pequeño ni en lo grande, donde no hay educación no hay oportunidades ni progreso. Donde no hay calidad no hay posibilidad de cambio, ni prosperidad, ni crecimiento, y en este punto podría volver a empezar exactamente en el mismo lugar…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que guardamos dentro…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de lo que hemos vivido y aprendido…

Cuanto expresamos con palabras y con gestos proviene de cuanto queremos para ahora y para después…

¿Qué expresan hoy nuestros chicos? ¿Qué expresamos hoy individual y socialmente?

De alguna manera necesitamos recuperar la posibilidad de dar todo eso que queremos, somos tantos los que pensamos igual, somos tantos los que queremos ver a los chicos más felices, más capaces y educados, con un horizonte de oportunidades más claro, lo piden de todas las maneras posibles, la sociedad también, podemos quedar perplejos a diario observando los límites de decadencia moral a los que llegamos. Si tenemos más suerte, nuestro sistema educativo tomará caminos que necesitan una revisión seria y profunda, mientras no suceda, acordemos cambios, vivamos los propios valores con la firmeza que necesita ofrecer educación a conciencia, impregnada de valores, esa es la seguridad de los chicos, ya se les ha quitado demasiado, seamos quienes les ayuden a recuperar todo cuanto necesitan aprender.


¿Cómo mejoramos la educación?

Cómo actuaríamos si reconociéramos que la lógica capaz de obrar semejante propósito fuera tan simple, como realmente desear hacerlo. ¿Mejorar la educación es tan simple como desear realmente hacerlo…? En gran medida sí, en uno de los aspectos más importantes, es simplemente desear hacerlo, con toda la labor, a conciencia, que conlleva tal fin.

Asegurar semejante afirmación merece una explicación, o más de una, sin dudas. Y es que no se puede pretender enajenar semejante bien, de la responsabilidad que atañe a cada uno de nosotros, sea cual fuere, el lugar en la sociedad que ocupemos.

Quizás la crítica más severa logre llevarla un interrogante de controvertida respuesta: ¿Por qué como sociedad no exigimos educación? Educación de verdad, de calidad, no horas de escuela. Porque sabemos exigir muchas cosas que son parte del proceso educativo, pero que a veces quedan un tanto disociadas de la educación en sí misma. Reclamar sobre la infraestructura, sobre los sueldos, sobre la asistencia de unos y otros, sobre los comedores, sobre los boletos estudiantiles, sobre los derechos de ambos, y una extensa lista de etcéteras necesarios está muy bien. Pero un reclamo severo sobre la calidad educativa, resumirían a nada la necesidad de protestar por la falta de todos los otros recién mencionados. Más todavía, protestamos rigurosamente por muchos males sociales y económicos que tienen su sólida raíz en la falta de educación, pero aún así no la nombramos mucho, no la cuidamos, ni la anhelamos demasiado. Antes y mejor preferimos garantizar que estaremos cómodos, incluso entretenidos, antes que  bien educados.

El trabajo de la educación formal, maltratado en muchos sentidos, y falto de un camino serio y coherente por donde se vea, se quedó en el olvido. Y éste es un trabajo que pocas personas se animan a tomar con seriedad, una jornada escolar, en un contexto que se ha corrido de su norte original, puede ser tan agotadora, como poco productiva. Y como los frutos no caen lejos del árbol, aquí hay mucho, sino todo que replantear, en el proceso de educar. En este punto, todos los que somos parte, sea cual fuere la escala jerárquica que nos toca, del sistema educativo formal, necesitamos hacer replanteos muy serios. Como he mencionado un par de veces antes, hoy, muchas cosas del sistema educativo formal, así como están no sirven. ¿A quién no le sirven? A la educación, pueden servir muy bien otros intereses, pero a la educación no le sirven.

Está muy claro que resolver, desde su origen, un tema tan delicado y vital como éste, llevará muchísimo tiempo, tiempo ahora que se proyecte en los años venideros. Acá no hay solución de un día para el otro. Sin embargo, lo que es capaz de resolver cada día, cada pequeño espacio que se gana hoy, tiene un valor incalculable. Por eso también, podría afirmar que en muchos sentidos, a la escuela la sostenemos los docentes que estamos cada día frente a nuestros chicos. A los que con pequeñas diferencias, estamos viendo esto mismo con toda claridad, y sabemos que a la vocación tan imprescindible a la hora de pisar el aula, hay que ponerle conocimiento y responsabilidad. No es firmar asistencia, no es hablarle a las paredes, no es sólo pasar el rato. Tampoco es rendirse frente a un sistema educativo que al no presentar demasiadas soluciones, y aún a veces aportar más problemas, hay que acoplar y se acabó. ¿Quién sostendrá la educación si no lo hacemos nosotros, de verdad, con todas nuestras fuerzas, con todo lo que sabemos que encontraremos cara a cara en nuestros alumnos si sabemos llegar a ellos?

La educación de calidad, sólo puede provenir de docentes preparados desde la educación de calidad…supongo que ninguna duda al respecto. Sólo de allí puede devenir el proceso de enseñanza y aprendizaje que enriquezca a ambas partes permanentemente.

Una sólida base formativa, proviene antes que nada del conocimiento de lo humano, de la necesidad de los valores y principios capaces de sostener todo el conocimiento que viene después. Si el primero no ha fallado, entonces el segundo se alcanza en la plenitud de la sensatez y la coherencia. Necesitamos alcanzar ambos, por tanto ambos han de ser las herramientas de trabajo fundamentales de cada educador.

Los padres y en casa, al deber y al compromiso que corresponde desde el amor y la contención del hogar, deben agregarle presencia y acompañamiento al proceso de aprender de los hijos. Otro de los vicios que ha expuesto la sociedad es la contraposición entre los padres y los educadores. Muchos de los enfrentamientos tienen una raíz muy válida, puesto que en muchos casos, ambas partes, no han de asumir su rol de manera efectiva ni comprometida.

La primera fuente de la que los niños y jovencitos han de tomar sus hábitos y sus responsabilidades, es de la familia.

No hay dudas de que la primera educación es la del hogar, y aquí vuelvo sobre la aseveración del inicio, mejorar la educación que tenemos es realmente querer hacerlo. En casa, antes que nada, los primeros valores, la necesidad de demostrar afecto, de contener y guiar. Los padres han de ser los primeros educadores, los únicos capaces de llegar al alma de los pequeños. Y en su guía, en su abrazo, han de proveerlos de todo cuanto necesitan para desempeñarse y desenvolverse con seguridad, con esperanza, al margen de todos los riesgos a los que los expone una sociedad que se ha puesto bastante complicada.

Guiar el aprendizaje de los hijos, requiere presencia, en el hogar y en la escuela, acompañarlos en el hábito del cumplimiento de las tareas, de jerarquizar el aprendizaje de muchas otras cosas que incluso no se enseñan en la escuela. Fomentar la práctica de deportes, asistirlos en su desarrollo espiritual y moral con otros pares, la educación que proviene de la fe, son todos aspectos que deben cuidarse y protegerse en primer lugar, en cada momento, y son bienes que ha de aportar cada familia para cada uno de sus integrantes. Las cosas no llegan solas, nada se hace solo, crecer de tamaño es parte de la naturaleza del hombre, pero todo lo demás requiere tiempo y esfuerzo. Eso es educación, eso es ocuparse de los hijos, es sanar lo que vemos con tanto desagrado en la sociedad.

Volviendo a la educación formal, todos sabemos que las escuelas se han transformado muchas veces en un refugio social, pues bien, que lo sean, pero que provoquen una transformación tal que cada vez necesiten serlo menos. Otra vez tengo que decir que me da vergüenza el estado en el que estamos damos clases a veces, sin sillas, sin mesas, sin puertas, sin ventanas, sin material didáctico, y dejo aquí porque de verdad es espantoso. Sin embargo, necesitamos creer en lo que hacemos, necesitamos la esperanza de saber que los niños que están frente a nosotros, podrán dar a sus propios niños en el futuro, un espacio diferente. Tenemos que asumir el compromiso de que aprendan el valor de saber, de conocer, de amalgamar una serie de valores imprescindibles que se conviertan en sus propias herramientas de trabajo, y en su propia esencia de calidad de vida. Que anhelen saber y conocer, que completen estudios y se desarrollen en todos sus aspectos con la mayor integridad, eso es lo que los hará diferentes, y lo que hará diferente su futuro.

A esto me refiero cuando sostengo que no importa si estamos dando clases bajo un árbol o cómodamente sentados en una infraestructura lujosa, hay una riqueza inherente en la calidad de lo que estamos ofreciendo, que no depende sólo del lugar en el que se imparte el conocimiento. Sino que los diferenciará del resto, por lo que habremos de sembrar y cosechar de valioso, para que desde la verdadera libertad y la conciencia sepan dar lo mejor de sí, primero para sí mismos, y luego para la demás.

Finalmente y para pensar mucho hacia dónde nos dirigimos, hacia dónde estamos llevando todos este proceso, tenemos que asumir que la escuela es sólo uno de los engranajes del sistema educativo, los otros son la familia y la sociedad. Uno se alimenta del otro permanentemente, no cabrían aquí todos los planteos que debemos hacernos al respecto, pero que cada quien puede resolver para sí, tomando un valor nuevo. Dentro del rol que ocupe cada quien en su lugar, en su sociedad, en su trabajo, y descubrir que la educación se cimienta y se revierte desde la primera gran pregunta del principio. En muchos, muchos sentidos mejorar la educación, es sólo desear hacerlo. Todos podemos ser excelentes educadores desde nuestro lugar. Todos necesitamos serlo, en un momento que nos pide antes que nada, un acto de conciencia. Luego un acto de responsabilidad, desde la cual asumir ser parte del cambio más importante que necesitamos, la educación que tenemos y la que queremos tener de aquí en más.


Inclusión educativa, educación inclusiva. Parecido no es igual…

Los cambios más significativos durante los últimos tiempos en materia de educación giraron en torno a la inclusión. En un principio, la acoplación del término tenía como objetivo fundamental contraponerse a la exclusión de alumnos con necesidades especiales. Con el tiempo esta inclusión fue más allá de las raíces para contemplar aspectos que en realidad son tan profundos como el primero.

Esto significó bregar por el derecho de todos los niños y jóvenes a la igualdad de oportunidades de aprendizaje, independientemente de su origen social y cultural, además de las diferencias que obvia y naturalmente, existen en las habilidades y capacidades de cada uno de ellos. Con todos los debates y planteos lógicos que buscan la consecución de un fin tan loable y necesario, han sido así planteados por la UNESCO en diversos congresos, caminos más afines al acceso de la mayor cantidad posible de niños a la educación. Quizás el mayor debate lo ofrece la forma en la que asume cada país, sus políticas en materia de educación en torno al eje “inclusión educativa”. Así lo que en un inicio se pone a rodar como algo sustancial en la vida de las personas, el filtro de la intención política de cada período, termina muchas veces jugando en contra de una educación que se presente promisoria, no para un futuro idealizado o inmaterial, sino para la vida presente y futura real de cada uno de los pequeños que hoy no acceden a una educación de calidad. Sea por mal entender, o por tergiversar el significado real en su origen, de una educación que busca con toda coherencia y derecho inclusión.

La trama de cada sistema educativo se hila entrelazando una gama fundamental de aspectos, entre los principales contamos los contextos culturales y sociales, y aunque poco anunciados, muchos matices en torno a etapas gubernamentales y procesos económicos diferentes. Al respecto, mientras la evolución de los sistemas educativos estén tan ligados a las determinaciones políticas momentáneas, sin un margen importante de autonomía que logre el desarrollo de un proceso educativo a largo plazo, que busque la excelencia y calidad en todos los aspectos, es poco lo que puede cambiar verdaderamente la historia de cada país. Sobre todo los que estamos en vía de desarrollo, que necesitamos soluciones lógicamente más alcanzables desde las virtudes de una sociedad madura y mejor educada.

La vía de la asistencia social y la infinidad de planes y subsidios (mencionados antes aquí) son una obligación del estado y un derecho de las personas en tanto se presentan distintas necesidades. Pero deben cumplir una función transitoria, la de subsanar a corto y mediano plazo la responsabilidad de procurar la inserción a un sistema económico capaz de producir, generar y autoabastecerse. De formar parte de la cadena de intercambio en un mundo que necesita de las mejores habilidades y cualidades que de cada lugar puedan aportarse.

Tan elemental es encontrar el encuadre justo a las necesidades de la educación, que no puede limitarse en ninguna forma, tal es el alcance de entender que un sistema inclusivo, como se ha planteado busque darle un sentido no sólo más amplio, sino más adaptado a la realidad de cada pequeño sector, dentro de cada contexto, intentando atender la mayor cantidad de necesidades posibles y evitando tanto la deserción como la dificultad de acceso de todos a la educación.

Con una primera idea del concepto al cual nos referimos, vale la pena tomar el tiempo de poner todo en la balanza para ofrecer con más aciertos un proceso de enseñanza-aprendizaje más acorde al origen del significado de “inclusión educativa”. En poco más retomamos un ciclo lectivo nuevo, ciclo que se tiñe de los pros y contras lógicos de cada sistema educativo, y una de las cuestiones que hemos tomado muchos docentes como una carga es la de tener que lidiar con una serie de imposiciones que se nos han puesto a título de “inclusión” pero que en realidad no se le parecen en nada, sino que muy por el contrario. Son determinaciones y decisiones poco serias desde el punto de vista formativo, que no sólo perjudican el proceso de enseñar y aprender, sino que atentan contra el derecho legítimo que atañe a ambas partes desde todas las aristas. Incluso he llegado a escuchar de personal jerárquico cosas como “Si no crees en esto, deberías hacer otra cosa. Esta es la norma y hay que cumplirla.” Si bien es común que se produzcan estos encuentros, lo que preocupa es la falta de intención de mejorarlo. Preocupa que tan poco puedan leerse los resultados de una práctica pobre y nociva para la educación.

Aprender y enseñar no se pueden perder de vista, y son en realidad los parámetros fundamentales donde se ha cimentado la verdadera y original educación inclusiva. Tampoco deben olvidarse las serias necesidades de infraestructura, material adecuado, mínimo y necesario de cada establecimiento y de cada uno de los participantes del proceso escolar, ni hablar de cubrir las necesidades vitales y básicas de cada uno de los pequeños. Para no ser repetitiva respecto de todo cuanto pueda referir al respecto, he volcado mucho aquí en otros post…

En primer lugar necesitamos aliviar la presión de sostener algunas cuestiones que muchísimos de nosotros sabemos que provocan un gran daño en el proceso educativo, descontando la frustración que conlleva sostener determinadas prácticas que sólo conducen a que nuestros alumnos aprendan cada vez menos. Más aún, que no logren sostener normas de convivencia que sean apropiadas y saludables, puesto que mucho de la imposición en cuanto a la permanencia de todos en la escuela (cueste lo que cueste, menos educación) invalida los procesos correctivos, desvía la autoridad mínima y necesaria que garantiza la armonía de la convivencia y desvirtúa la posibilidad de alcanzar un aprendizaje efectivo, dada la imposibilidad de sostener con coherencia un clima de estudio apropiado.

Hasta aquí, estoy segura de que los congresos internacionales en los que se ha tratado con muchísima seriedad y altura la inclusión en torno a la educación, no han planteado ni por asomo lo que se ha hecho en algunos sistemas educativos en nombre de la inclusión, sino que muy por el contrario, lo que vamos gestando en algunos aspectos, es tan cuestionable como condenable, puesto que los resultados de lo que hacemos arriban a la orilla opuesta de lo que la inclusión en materia de educación propone en realidad.

Con resultados que con tanta sencillez y simpleza exhiben los errores, que en tema de educación tienen un altísimo costo en todos los sentidos, urge cambiar la dirección en la que marchamos hoy. Está muy claro que las decisiones políticas son las que marcan los primeros trazos en los sistemas educativos, por tanto cada momento político y económico en cada lugar del mundo, ofrece lo que le parece, lo que puede, lo que le conviene…y es evidente que es mucho más fácil ofrecer una educación facilista, de poco esfuerzo, permisiva, fácil de transitar en cuanto a una paupérrima adquisición de contenidos, que supera el semianalfabetismo a las claras, pero que entrega al final del camino un certificado escolar oficial, que de la palabra inclusión se ha olvidado y sólo ha adjuntado serias carencias en cuanto a conocimientos, y una base educativa de un fracaso casi épico.

De nuevo, a las pruebas me remito. No hay que ser adivino para descubrir los conocimientos, el desempeño y las habilidades sociales que han adquirido la mayoría de los chicos al egresar de la escuela. Como resultado final, sólo los habremos incluido en la lista de personas que no han desarrollado sus capacidades, conocimientos ni habilidades para desempeñar trabajos que requieran mínimos conocimientos y desempeño, lo mismo respecto de la seria dificultad de sostener una carrera universitaria, dada la falta de preparación. Ni hablar del estruendo que están haciendo algunas universidades públicas y centros educativos terciarios en la abrupta caída de nivel y exigencias, atendiendo a la poca preparación previa de los estudiantes, que no sólo obliga a la deserción sino que muchísimas veces impide el ingreso a estudios superiores. La solución no es seguir ofreciendo más planes y subsidios con los que perdemos todos, con los que nadie queda incluido en ninguna parte…la cuenta cierra mirando por la ventana, cada vez hay menos que repartir, cada vez las necesidades de todos son mayores. Si la educación entre otras cosas ha de proveer también bienestar, capacidad de solvencia y crecimiento, no se puede educar menos, ni un poquito menos. La educación inclusiva original habla de excelencia…

El llamado de atención, lo tenemos nosotros también, los que educamos. Los que pisamos el aula cada día con la intención de volcar conocimientos con el respeto y la atención que merece cada alumno. Esto es lo que nos hace en cuanto a la vocación que tenemos y necesitamos sostener. Los que vemos cada día el reflejo de una infinidad de necesidades, podemos entender que lo que más necesitan nuestros niños es un sistema educativo que los contenga desde la coherencia, que sostenga en realidad su derecho de aprender, la posibilidad real de mejorar la vida de cada uno de ellos y de que ellos mismos sean en un futuro cercano un bien preciado para sí mismos y para la sociedad. De ninguna manera se pueden excluir valores fundamentales en los procesos escolares, como la capacidad de sostener una convivencia sana, un eje de respeto que incluya calidad que se materialice en lo humano. Que garantice libertad verdadera, libertad que ofrece el conocimiento atendiendo a todos los aspectos que nos hacen persona, únicos e irrepetibles, dueños de pleno derecho de la posibilidad de encontrar conocimiento que nos permita evolucionar verdaderamente desde la dignidad.

Y la dignidad no la da una bandera que ofrece facilismo y comodidad a cambio de permanecer, la dignidad nace con cada uno, permanece y se fortalece en el conocimiento y desarrollo de las habilidades únicas de cada quien. Tenemos que tener mucho cuidado, porque si bien somos el último eslabón en la cadena jerárquica del sistema educativo, somos los que mejor que nadie vemos y proveemos a nuestros pequeñitos de sus necesidades reales, incluyendo muchas veces, y lo sabemos bien, parte de sus necesidades básicas que no llegan por ningún otro lado. Sé que lo digo cada vez, pero hay mucho que revisar y pensar, mucho para mejorar y no dormirnos en una secuencia de directivas que porque están escritas en mil instructivos se supone que las tenemos que cumplir sin pensarlas, sin pensar en los chicos, ni en lo que queda después de seguir sosteniendo un sistema que no atina con grandes aciertos.

Con intención de seguir desmitificando algunas aberraciones de lo que se nos propone a veces a título de “inclusivo” en los sistemas educativos locales, comparto más de lo que en realidad trata en sus valiosos orígenes, desde los congresos internacionales de la UNESCO, lo que nos dará muchísima más seguridad a la hora de replantear cambios, tanto en lo grande a quienes corresponde y en el día a día del aula. niñosEn sus raíz propone a cada uno de los países, el desafío de encontrar la forma de promover e implementar el derecho a la educación como oportunidad concreta, factible y perdurable de crecer social e individualmente y tener una oportunidad real de éxito en la vida. Propone además literalmente: “La Educación como factor responsable de sentar las bases empíricas y conceptuales para forjar una ciudadanía democrática (conociendo y llevando a la práctica los valores, entre otros, la libertad, el pluralismo, la justicia, la solidaridad, la tolerancia, el respeto y la excelencia) mediante la combinación y conciliación de preocupaciones y responsabilidades universales, nacionales y locales. Integración significa entendimiento y respeto por la diversidad y sus múltiples expresiones mediante el hecho de compartir un conjunto común de valores y normas universales” Y también…”La Educación como factor crucial que asegure la integración digna, pro-activa, inteligente y productiva de sociedades nacionales en un mundo globalizado, aprovechando las oportunidades y superando los obstáculos. Esto no implica la aceptación fatalista de las realidades mundiales como imposibles de modificar o la adscripción a valores y normas internacionales “políticamente correctas”, sino por el contrario, el desarrollo de competencias vinculadas con situaciones de la vida real que impulsen el análisis crítico de la realidad como así también la capacidad de entenderla y cambiarla de una manera positiva y propositiva. “

Creo que cualquier comentario que pueda sumar aquí está demás, la claridad con la que trasciende a un nivel muy superior a lo que llevamos aquí como inclusivo deja fuera mucho de lo que sostienen los sistemas educativos actuales. No creo que se proponga algo utópico, sino absolutamente alcanzable, coherente y necesario. Qué tanto ha de convenir a cada uno de los sectores es otra de las cuestiones ya muy comentadas y obvias.

Sin embargo, sabemos que los propósitos originales no se pueden perder, y que mucho más allá de los sistemas educativos, los papeles, los congresos y los debates hay una realidad incuestionable. Cada quien es único y valioso, cada quien goza de todos los derechos que le corresponden por naturaleza, la vocación del que enseña puede reconocer los valores que impulsan a cualquier educador a proteger la dignidad de cada pequeño ofreciendo conocimientos y el desarrollo de habilidades que posibilitan una vida mejor, de colocarlos en un camino de bien y de mostrarles la capacidad inherente de cada uno de ir por más mejorándose a sí mismo permanentemente al igual que a su entorno.

Sigamos mirando siempre hacia allí, seamos capaces de sostener la convicción del que entiende la necesidad de un aprendizaje real, y es capaz de llegar hasta allí con todo el esfuerzo que implica. Con todo el conocimiento que requiere, para eso estamos, eso es lo que hacemos y lo que debemos hacer cada día. Sé que ha traído mucha confusión incorporar un término que se ha desvirtuado de su alcance real. Revirtamos entonces lo que se ha mal entendido, y comprendamos cuanto incluye en realidad la tarea de educar a cada uno de nuestros niños, la responsabilidad que atañe a cada quien dentro del sistema educativo, dentro de la sociedad y de cada familia en particular. Hay mucho por hacer y una esperanza de forjar un mundo mejor para hoy y para un futuro lo más cercano posible, que no se puede perder. Sostengamos la posibilidad de transmitir valores y conocimientos desde un proceso que para cada quien no ha de terminar en toda la vida, aprender y enseñar. Claro que de por sí tal cuestión ha de incluir a todos, y de por sí ha de incluir un abanico de infinitos y delicados aspectos a contemplar y preservar, parte tan legítima como valiosa, de la vida de cada una de las personas que compartimos este mundo.


Una buena actitud para aprender y enseñar

Intentar generar cosas nuevas desde donde entrever cambios, nos enfrenta con mucho. En particular juega un papel fundamental la forma en la que nos dirigimos hacia los otros, puesto que mucho más que con palabras, nos comunicamos con cuanto ponemos en evidencia sobre nosotros mismos y la forma en la que nos perciben los demás.

Es aquí donde necesitamos la actitud correcta que tenemos que encontrar para poder dar todo eso que queremos, y lograr que nuestro mensaje llegue de la manera más clara posible. La necesidad de encontrar mejoras es consecuencia de la capacidad de ver la realidad con la menor cuota de relativismo posible. Ver de verdad implica objetividad, coherencia y una buena cuota de sentido común. Así como educadores o como padres, podremos encontrar el lugar exacto donde hay que poner conocimiento, el lugar exacto en el que hay que desarrollar valores, y el lugar preciso en el que se conjuga todo eso, para traer cambios a un tiempo que sabemos que los necesita.

Junto a la capacidad de ver la realidad, necesitamos con la misma importancia, encontrar una actitud positiva. Nadie puede promover cambios si no asume ser parte de ellos y que será referente de un camino al que se invita a otros. No somos perfectos ni mucho menos, pero los valores y una buena disposición iluminan. Sobre todas las cosas hallar un camino de verdad, de empatía, de buena convivencia, tienen como motor la alegría, el amor por el prójimo, el respeto por lo que se es, la sabiduría del que sabe que no conoce pero presiente lo bueno y apuesta todo a la certeza que ha encontrado.

Así la alegría y una buena actitud, que representan el mejor medio de encontrarse con la vida, son mucho más atractivas y convincentes que lo mismo que criticamos en una sociedad que se muestra agresiva o enojada. Al respecto, quisiera hacer un alto, porque aquí hay algo muy importante y real. Mucho de lo que vivimos a diario, el stress que produce una forma de vida que prácticamente desde todos los ángulos se ha puesto difícil, nos agota, con la consabida capacidad de poner a todo el mundo del mal humor. El enojo para muchos, está a flor de piel y con él la agresión se encuentra a un paso, es un círculo difícil de cortar, pero que necesita trabajo para encontrar cambios. El enojarse es manifestación de cuanto no queremos, de lo que no deseamos o nos disgusta; creo que de manera sana nos mantiene alejados de todo eso que no queremos para nosotros mismos, y a veces para los otros. Cuando ese enojo es consecuencia de una realidad que de verdad no provoca en nosotros los mejores sentimientos, probemos encontrar otra cosa, una respuesta diferente. Muchas veces sólo comprender esto acerca la capacidad de relajarse.

También es vital separar el enojo de la agresión. Que algo nos enoje no nos da derecho a agredir, y para no extenderme tanto aquí, quizás en otro post, es un gran tema para trabajar con los chicos la  importantísima diferencia entre sentirse enojados, por las razones que fueran y la agresión en sí. (Enojarse puede ser…agredir jamás, son cosas muy distintas). Nos quejamos de una sociedad agresiva, que no controla su enojo y malestar muy fundados, pero hay que aprender desde cada uno a no ser parte de una cadena de violencia verbal o física.

Requiere mucha más fortaleza dominar el enojo y la agresión, que arrojarla al aire y ser otro eslabón de una costumbre que por donde se mire es destructiva, para sí mismos, para la familia y para la sociedad. Cuando hay algo que resolver, el aprendizaje lo trae la claridad, el diálogo y también la necesidad de aprender a resguardar y exigir cuanto nos corresponde como sociedad, soportarlo es parte de lo que genera un clima que no resuelve muchos conflictos que pueden tener una salida justa e inteligente.

Volviendo al principio, enseñar, sean valores o conocimientos generales, necesita de una buena actitud positiva, cuando es así nuestros receptores tendrán la apertura necesaria para recibir lo que ofrecemos, y generar un intercambio prometedor. Cuando queremos transmitir algo, sobre todo en temas tan lindos y necesarios como los valores, las palabras necesitan el vehículo de la afinidad entre lo que se está diciendo, y la voluntad real del gesto, de la entonación de las palabras, de lo que expresamos incluso con nuestros movimientos y actitudes.

Nuestro precioso mundo necesita muchos cambios, para que sean verdaderos, deben provenir únicamente del amor, con el matiz que conlleve, sea empatía, caridad, esperanza, alegría, paz, justicia, bondad, fe, optimismo, generosidad…sea cual fuere el valor o la virtud que llevemos necesita antes que nada, coherencia para que seamos creíbles, la integridad necesaria para traerla siempre a nosotros mismos primero, y con la mayor convicción posibles ofrecerla luego a los demás.


Cuanto se enseña y cuanto se aprende (II)

Retomando cuestiones a considerar a la hora de revisar los contenidos que realmente han sido aprendidos por nuestros alumnos en su paso por la escuela, quedan pendientes varios aspectos aún, que seguramente cada quien sabrá evaluar dentro del contexto en que se desempeña. El último post Cuanto se enseña y cuanto se aprende I mencionaba la inevitable pregunta de cada comienzo de ciclo ¿Qué sucedió con los contenidos enseñados previamente? A los expuestos podemos sumarles muchos más, que con la mismísima importancia necesitan el tono de la revisión, de calcular mejor de qué manera hemos de presentar a nuestros alumnos nuevos temas, qué manera resulta para ellos más efectiva, más estimulante y más cercana a una realidad tangible para ellos. Involucrarlos como hacedores, como gestores de los cambios y principales vectores de transformaciones en su mundo y para su futuro, los saca de la pasividad del receptor.

Claro, siempre serán receptores de nuevos conocimientos, pero la pasividad los distrae, y sin querer los aleja del descubrimiento, de la curiosidad… y por lo tanto de un aprendizaje más profundo, difícil de olvidar y que siempre los animará a más. Indefectiblemente una cosa lleva a la otra. Indefectiblemente para aprender, hemos de darle espacio a sus preguntas, a su propia curiosidad e interés. Y aquí enseñarles a pensar se vuelve fundamental, invitarlos a buscar razones detrás de cada contenido, puede ser para ellos casi un juego que se transforma en la mejor herramienta de aprendizaje.

Para no perder la posibilidad de que todo esto suceda, entre algunos otros aspectos a tener en cuenta, además de la citada falta de interés, falta de atención, y cuanto puede exponer la correcta lectura de las evaluaciones, podemos mencionar:

Los cursos numerosos: un gran, gran punto a considerar, aquí hay mucho que debería cambiar desde la organización, puesto que personalizar de verdad se hace difícil. Sabemos muy bien que cada alumno tiene sus tiempos, cada uno comprende a su modo y tiene sus propias habilidades y dificultades a flor de piel. Cada uno va conociendo a sus estudiantes y encuentra sus lógicas particularidades. Sin dudas un par de horas de clases se vuelven un tiempo muy breve para intentar llegar a cada uno de los chicos, si nuestras aulas tienen una población de 30 ó 40 estudiantes. A veces es muy difícil para ellos y para nosotros, porque cuando están repletos de preguntas y necesitan ese pequeño y particular espacio, ese tiempo vital que requiere cada uno, suelen quedar cuestiones pendientes para otro “siempre después” que a veces no llega. No importa cuanto caminemos de una punta a la otra del aula, sabemos bien que pueden estar prácticamente todos llamándonos a la vez, requiriendo (con todo derecho, claro..!) esa atención que necesitan.

En este punto de verdad, que la educación formal y la organización escolar deben replantear grandes cambios, es imposible masificar tanto el proceso de enseñar y aprender, siguen siendo demasiados chicos para un solo profesor o maestro, otra cosa sería si se pudiera dedicar más tiempo a cada uno.

Mientras tanto, así como están las cosas, la originalidad y la materia de cada quien deberá proponer alguna forma en la que la pérdida sea mínima. A mí me resulta muchísimo el pizarrón para que todos se queden con la menor cantidad de dudas posibles, allí podemos trabajar todos juntos una y mil veces, intentamos diferentes métodos y procesos. Intercambiamos puntos de vista y dudas, resolvemos y revisamos muchas veces. Aquí hay dos cuestiones fundamentales, una de ellas, es que si bien para compartir en la pizarra uno escribe casi de espaldas, es no “hablarle al pizarrón” ni permanecer ajeno a cuanto sucede detrás. Quiero decir, todavía hay quienes dan sus clases prácticamente de espaldas al curso, bastante ajenos al clima que va tomando la clase con cada contenido. Por las dudas… no es suficiente escribir 4 ó 5 pizarras completas y dar por pasado ningún contenido. Sino utilizarlo como herramienta para transcribir lo que sucede detrás, de compartir la forma en la que razona y resuelve uno u otro. Claro que es a título personal, mis materias son física y matemática. Cada una necesita su propia metodología. También ayuda leer de manera conjunta, intercambiar puntos de vista y hacer una fructífera puesta en común del contenido del día. De paso, los chicos aprenden a expresarse, a intercambiar sus ideas y escuchar al otro. Aquí se pone mucho en juego sobre la forma en la que conviven e interactúan, comprender que todos pueden aprender algo del otro es fundamental y absolutamente enriquecedor. De todas formas y volviendo al principio, siempre es necesario atender la pregunta personal, la duda propia del aspecto que fuere, al responderla también les brindamos seguridad y atención. Sabemos que todos quieren que veamos su trabajo, eso es genial por cierto.

 El hábito del esfuerzo: demás está decir lo importante que es esforzarse y sobreponerse a la falta de ganas o la comodidad. Si bien hay una clara tendencia a facilitar el paso por la escuela y aprobar sin lucir precisamente muchos méritos, los chicos entre los valores incalculables tienen que conocer el esfuerzo. Los chicos tienen que aprender a esforzarse. Tienen que reconocer su capacidad de alcanzar cuanto se propongan a través de su trabajo, para ellos es muy estimulante encontrar en el propio esmero el mérito de haber alcanzado sus metas.

 La falta de fijación de conceptos y algoritmos: otro aspecto fundamental, implica no sólo comprender un tema, sino asimilarlo, fijarlo, trabajarlo lo suficiente como para que el eje principal perdure. Lectura y trabajo, papel y lápiz, práctica y más práctica son elementales. Todos los contenidos están organizados, obviamente, de manera de seguir una secuencia, se entrelazan entre sí de forma en que uno puede asociarse al otro. A veces, uno sustenta a otro, otras veces uno requiere indefectiblemente el conocimiento del otro, otras un contenido le da sentido y coherencia al otro. Entonces queda muy claro que hay mucho más que pasar los temas, hay una referencia cardinal en cada uno que no se puede perder. Hay una relación que es importante comprender y asimilar, no de manera textual, ni siquiera perfecta. Sino de aprehensión de cuestiones que son fundamentales en cada materia, hay cosas que de un vistazo deberían volver a la memoria y el razonamiento de nuestros pequeños estudiantes.

No tiene el menor sentido pensar que cada año hay que empezar todo de nuevo, de hecho nadie lo hace…uno pone sobre supuestos una cantidad de contenidos ya “aprobados”, para poner más encima de ellos….y hay algo aquí que sin dudas no le puede cerrar a nadie, porque sabemos muy bien que de camino es mucho lo que se ha quedado fuera de lo realmente aprendido (a las pruebas me remito). No estoy diciendo que los chicos deben saber de memoria todo lo visto anteriormente, ni recordar absolutamente todos los algoritmos de las operaciones, ni todos los…No, en absoluto, se trata de sostener un eje que garantice que lo esencial se ha quedado, que cuando haga falta volver sobre los pasos de algún contenido previo, no parezca que hablamos de cosas que jamás nadie les ha mencionado. Claro que lograr eso toma trabajo en el aula, y toma trabajo en el hogar. ¿Mucho o poco trabajo? El adecuado, el que precise cada contenido y cada quien. Como siempre, mucho para pensar y para revisar.

 La falta de disciplina: qué mas decir…habremos escuchado hasta el cansancio que en tal o cual curso o escuela es imposible dar clases. Es completamente cierto, tema absolutamente extenso y compartido, sin disciplina, sin coherencia en la convivencia dentro del aula no se puede aprender ni el abecedario. Sin disciplina no hay aprendizaje posible. Es uno de los grandes temas a resolver, sobre todo de manera conjunta, sentarse y hablar, aclarando de antemano de qué manera suceden los días dentro de un establecimiento educativo, es el primero de todos los puntos a tratar. Más que mucho para hablar y encontrar soluciones reales. Entran en juego la cualidad y esencia de la jerarquía, de las instituciones, la misma familia y la sociedad, sumados todos los valores humanos que queremos que aprendan los chicos.

Hay más, mucho más, replantear desde un punto real cuanto ha de enseñarse y aprenderse trae mucho a tener en cuenta, cada quien sabrá qué cosas representan puntos fuertes y débiles. Sólo por nombrar me quedan la constancia, la insistencia, el estímulo permanente, la responsabilidad, la claridad, la recompensa, el buen ánimo, la predisposición, la infinita paciencia… Nadie dice que enseñar sea fácil, apuntando a lo que otros hayan podido aprender. Es tan real la visión de que ambas se toman permanentemente… aprender y enseñar son cosas que no pueden separarse.

En un momento en que realmente lo necesita, hay que traer lo nuevo, y eso nuevo que necesitamos traer requiere la fortaleza del conocimiento, no sólo de las ciencias claro, sino de lo humano, de encontrar en la esencia de las cosas una mirada más real del mundo, también más sensible. Hay tantas maravillas a las que el tiempo les ha quitado la vista, y tanto para retomar desde una escala de valores que encuentre una manera de coexistir más sabia, más alegre, más acertada.

El ser humano tiene una capacidad infinita de aprender, de conocer, de inquirir, y fundamentalmente de dar. La vocación del que enseña la reconoce, e insisto, no es fácil a veces, mucho se ha perdido, por tanto hay mucho que reencontrar y mucho también para construir de nuevo. No es al pasar este tema, puesto que viendo hacia donde van nuestros pequeños y jóvenes, dependiendo de la manera en la que los convoquemos e inspiremos, es evidente que tenemos mucho que replantear. Mientras estén a nuestro cuidado, la responsabilidad y el imperativo moral de encontrar el mejor camino para ellos son nuestros. ¿Quién dice que no podemos hacerlo muchísimo mejor aún…? Sé que encontraremos siempre la forma de enseñarles, educarlos y cuidarlos. Hilando entre contenido y contenido un valor sumado al otro y siendo para ellos todo lo que esperamos que sean, encontraremos no sólo la forma de que aprendan, sino de que lo hagan cada vez mejor.


Cuanto se enseña y cuanto se aprende (I)

Una de las preguntas que ronda una y otra vez en el aula cada vez que comenzamos un ciclo lectivo, es dónde ha quedado lo enseñado el año anterior, sin disimulos lo aprendido se ha vuelto evidentemente poco. Sin dudas cada nivel, cada año y cada edad trae lo suyo. En un momento de tantos cambios y avances, no es posible dejar contenidos a un lado, ni siquiera en un segundo lugar, intentando arbitrar una escolaridad en masa, como se nos ha presentado últimamente la tarea. En el proceso de enseñar y aprender se ponen en juego una multiplicidad de factores que inciden directamente en el desempeño y aprendizaje de nuestros alumnos.

El aspecto que hace a la aprehensión de los conocimientos es tan vital como ofrecer un eje de valores en el cual cada uno encuentre un camino, modele su propia humanidad y crezca en conocimientos. Al último se refiere en particular éste y el próximo post. Aquí entran en juego muchos elementos a tener en cuenta, a mi entender, todos revisten la misma importancia, por tanto el orden en el que los comparta aquí es irrelevante, incluso unos y otros se entrecruzan permanentemente, pero vale mucho la pena repensar aspectos que se lucen a diario en el aula, y conducen de una manera u otra a no alcanzar el aprendizaje esperado. Así se nos presentan a diario aspectos a los que si bien nos acostumbramos, quizás comprender mejor sus alcances tiendan a buscar alguna solución que podamos proponer de manera real. Ese pequeño estímulo, esa palabra o dinámica oportuna que repare un poco lo que obstruye el aprendizaje, la atención y dedicación de nuestros alumnos. Y se luce quizás antes que nada…

La falta de interés: Inoportuna como siempre, se puede, pero es muy difícil aprender algo que a uno no le interesa. La competencia, en general con un mundo de tecnología y sobre estímulos, inclusive en simultáneo, es un poco cruel a la hora de tener que enseñar algo “a la antigua”, de proponer lecturas, de abrir un libro, de  escribir correctamente, o simplemente seguir estoicamente un proceso lógico (¡Sencillamente todo un desafío!).

Realmente nuestros métodos pueden resultarles arcaicos a nuestros chicos, pero sabemos que valen un millón de veces la pena, puesto que bien reconocemos que la base del conocimiento no se puede perder. Muy por el contrario, a la hora de necesitar cambios, habremos todos de recurrir infaliblemente al uso de la razón, al lenguaje de la comunicación, que debe ser tan claro como preciso a la hora de seguir cualquier razonamiento. Sea de manera oral o escrita, de manera coloquial o de estructura simbólica y puramente lógica.

Sin ninguna duda las herramientas tecnológicas, incluso los celulares claro, pueden servir como herramienta en el aula, de hecho, dependiendo de sus características son absolutamente maravillosos para aprender, y son una fuente de atracción para los alumnos, pero no ha de pasar todo por allí. Por el contrario, y representan la mayor parte de las veces una gran distracción permanente. Hay muchísimo que requiere otra clase de atención, y un trabajo diferente. Definitivamente cada cosa ha de cumplir su función, y la cumple con excelencia sólo en el lugar que le corresponde.

La falta de interés sólo puede resolverse de una manera: provocando el efecto contrario.  Y aquí hay mucho de la preparación que cada quien tenga (además de ganas…) para poder de alguna manera vincularlo a todo lo que sí les interesa a los chicos, trayendo a la realidad cuestiones tangibles, cosas que planteen nuevos desafíos, incluso, para los viejos problemas.

Una atención ausente: A la orden del día, la falta de atención, tan estrechamente ligada a lo anterior. Obviamente la falta de interés quita la atención de cualquier asunto. Casi todas las veces está ligada a ese sobre estímulo antedicho. Otras, relacionada con los problemas que los chicos cargan de casa, o por los cambios lógicos en las distintas etapas de crecimiento. Otras tantas, por el simple hecho de no haber logrado el ejercicio de la concentración a la hora de aprehender los conocimientos. Y también por qué no, una presentación de los temas un poco desatendida, en la cual cada quien deberá hacer el alto que corresponda y ponerse lo más creativo posible.

Cada una tiene una forma de encaminarse, todas son absolutamente válidas y requieren el esfuerzo de encauzar una solución, de arbitrar los medios suficientes para lograr ese pequeño tiempo de escucha, que implique seriamente un proceso cognitivo real, no de memorización, sino de atención, de planteos, de cuestionamientos y puesta en común. Es un rato, porque no dura mucho más que un rato, invaluable. Lo que aquí se ha tomado, se queda, y da sus frutos una y mil veces. Ni hablar si el educador participa activamente del proceso, del redescubrir, de ir por más cada vez. Actitud que es absolutamente contagiosa para los chicos, puesto que no sólo se involucran como receptores, sino que se sienten capaces de encontrar respuestas y compartirlas. Eso es aprendizaje real, eso no lo olvidan jamás.

 La evaluación es una herramienta de cambio: Y aunque en este primer apartado del tema sólo será una referencia a las evaluaciones de contenido, aquí  podríamos detenernos por horas, porque realmente el proceso de evaluar debe ser absolutamente enriquecedor. Quizás aún nos falta redescubrir sus alcances y no limitarse a trasladar los resultados a una libreta, calificando en un número, y quizás de manera un poco arbitraria, el resultado de una prueba escrita oportuna, y a veces no tanto…

La evaluación sin dudas es una herramienta de cambio, de valoración para el docente fundamentalmente, es imprescindible aprender a utilizarla.

Sean cuales fueren los parámetros que se tomen, en promedio sobre un curso que arroja pésimos resultados en una evaluación, puede leerse algo vital que necesita revisar quien enseña. No significa necesariamente esto impartir mal las clases, sino que hay mucho que recomponer. No es fácil precisamente pararse frente a un curso, lograr silencio, atención y buena predisposición de nuestros alumnos, que por maravillosos que sean, traen a cuestas un trajín importante de la calle y de casa también.

En los resultados de la evaluación, puede verse eficientemente: si el alumno simple y sencillamente no ha estudiado o si no sabe cómo estudiar, si el alumno no ha comprendido realmente el tema, si no tiene el menor interés en realizar sus actividades, si sólo busca complacer a sus padres o al docente, si compite permanentemente con sus compañeros por las notas, si sabe y se desenvuelve realmente con soltura porque estudia y ha comprendido, si hay muy poco incentivo a sus espaldas, si está muy cansado (y pasa con frecuencia), si lo intenta pero no puede acceder al material que requieren sus estudios, si no está cómodo, si inventa por no fracasar pero no tiene conocimientos reales porque no utiliza,  ya sea porque no sabe o no quiere, los métodos más adecuados para él.

También hay que saber leer en los resultados, si el docente desarrollo maravillosamente el tema, o no lo explicó bien. Si lo pasó a toda velocidad o ha tomado el tiempo necesario, si permanentemente da por sabidos temas que en realidad no lo están e insiste en que ya “deberían” tenerlos aprendidos. O sencillamente… si la evaluación ha sido un castigo por actos de indisciplina de los alumnos, sucede a menudo. Muchas veces, ante la escasez de herramientas correctivas, se apela a las que no son adecuadas, puesto que no sólo no cumple aquí su función sino que la mayor parte de las veces interfiere en la buena evolución de las clases y los contenidos.

Quiero decir con todo esto, si no se ve que la evaluación es una herramienta…estamos viendo para otro lado. Lo importante aquí es que cada situación que ponga en evidencia, tiene su solución adecuada y oportuna. No tiene el menor sentido recostarse cómodamente en la posibilidad de que todos aprueban o desaprueban porque sí, y masificar los resultados porque es poco lo que evoluciona la clase, nada lo que se nivela, y menos lo que se aprende.

La evaluación es una herramienta de cambio, de revisión, de profunda reflexión sobre lo que se queda en una clase, sobre la forma en la que transcurren las mismas, la forma en la que se enseñan los temas y la manera en la que éstos se aprenden, entre otras… ¿Han aprendido nuestros chicos a aprender…? ¿Se aprende todo de la misma manera…? ¿Es válido evaluar a todos de la misma forma…?

 Tanto las preguntas como las respuestas que tentemos dar son casi infinitas, nuestra piedra de tropiezo, y con la que nos hemos casi hasta encariñado, la de simplemente aceptar que nuestros alumnos no terminarán de aprender nunca algunas cosas, podemos correrla a un lado, y buscar lo nuevo. Buscar esas cosas que de alguna manera pueden resolverse y corregirse dentro del propio sistema educativo, para alcanzar mejor, en menos tiempo y de manera más efectiva una cantidad más generosa de aprendizajes.

Los chicos tienen derecho a equivocarse, claro y por supuesto que sí, es parte del proceso de aprender. Los grandes también tenemos el mismo derecho, y ha de ser parte también del mismo proceso de enseñar, pero el turno de revisar es nuestro. Por tanto la cuestión no es, no si nos hemos de equivocar ambos, sino que ninguno lo haga con tanta persistencia y resignación, cuando observar mejor un poco determinados aspectos, posiblemente no sea tan complicado y traiga un poco de claridad.

El tema sigue, y por no extender tanto el mismo post, lo he divido en dos partes, hasta aquí la primera, en la próxima quedarán vinculados otros aspectos que aún podemos involucrar y son parte del día a día en la escuela. Cualquiera de nosotros podría mencionarlos porque los conocemos muy bien, aquí la diferencia la hace encontrar cada quien, la oportunidad de ofrecer a sus alumnos justo eso que necesitan.

Mientras tanto, mucho para pensar y como siempre, lo ameno atrae, un buen rato, más que nada, con los ojos puestos en lo que a los chicos les gusta ver, pero desde el ángulo que necesitamos que aprendan, puede lograr grandes cambios en la forma no sólo de aprender, sino en nuestra dinámica de enseñar.

Entre tantas cosas que nos gustarían ver resueltas y mucho más humanas en este mundo, nos ilumina encontrar personas que han podido desarrollar las mejores cualidades, en referencia a los valores humanos y también en sabiduría, en conocimiento. Si lográramos que todos los niños, con su natural inocencia, más allá de sus rasgos tan propios, tengan la posibilidad de desarrollar ambos aspectos, otra cosa sería su futuro y también este mundo, hacia allí con amor y paciencia es donde debemos encaminarlos.

Continúa en  Cuanto se enseña y cuanto se aprende II


Argentina

Si hay un valor para apreciar, porque dice mucho sobre quien se es, es el respeto y el amor por la tierra que lo recibe a uno al nacer, por el lugar en el que ni más, ni menos… vive cada quien su existencia. Soy argentina, amo mucho este lugar, creo simplemente que es hermoso. Al igual que espero que cada uno desde los distintos países hermanos, tengan el mismo sentimiento y parecer respecto de los suyos.

Creo que coincidiremos al afirmar que pocos valores se pueden desarrollar en un lugar en el que no hay respeto por las propias raíces, por la propia gente, por la propia cultura, por el destino común que une a las personas que comparten el suelo, mucho más allá de que todos pisemos la misma Tierra…

El mismo respeto y cariño al que me refiero, me animan a tomar una posición respecto de lo que hoy se exhibe en mi país. Recuerdo muy bien que cuando comencé a compartir reflexiones a través de este pequeñísimo espacio, mencioné la “lenta decadencia a la que parece que estuviéramos obligados a acostumbrarnos” ha pasado un tiempo y necesito corregirme, para ser precisa, dejó de ser lenta para transformarse en veloz, aunque persevera la insistencia de obligarnos a acostumbrarnos. A suerte y verdad, Argentina se ha convertido en un sinnúmero de controversias, de acefalía, de decadencia, y muy vestida de los colores nacionales que me han tocado, le atribuyo sin dudas el camino penoso que ha tomado a un gobierno que va por todo, atropellando día a día la verdad, llevándose por delante cuanto obstáculo encuentra si es en contra de satisfacer caprichos, en una carrera torpe y corrupta por donde se vea. Lo que sucede aquí en muchos sentidos ya no sólo es ilegal, sino inhumano. El poder y los intereses han quitado cualquier capacidad de encontrar salud en la jerarquía, en la justicia, en las instituciones o en la vida de los todos los millones que habitamos el país. Una dirigencia que enferma de odios y carencias a su gente hace mucho daño, una dirigencia que no escucha ni mira la realidad, es un castigo para todos.

Me considero muy apolítica, no es un descargo egoísta volcar mi desilusión en estas líneas, es la preocupación por lo que se ve, por lo que viene. Tampoco es ser alarmista, ni exagerada, las cosas se han puesto simple y sencillamente muy difíciles por aquí. Muchas veces apelo a las explicaciones de los que saben, de los que entienden más, buscando entender el porqué de tantas cosas, y cuáles son las mejores maneras de cambiar y mejorar lo que se ve. No hay vuelta que lo que más preocupa es siempre lo mismo, lo que vendrá luego…es absolutamente matemático. Y volviendo a los orígenes del blog, si hay algo que ha crecido exponencialmente en este tiempo es la facilidad con que los chicos venden o consumen drogas y/o carecen de los recursos necesarios para estar bien alimentados (hágase la equivalencia correspondiente respecto del material de estudios).

También es preocupante la cantidad de alumnos que abandonan o nunca llegan a la escuela a pesar de un “Modelo inclusivo” (aunque permisivo y abusivo, lo que degenera sin mucho esfuerzo de razonamiento en una parte de lo que vemos…). Así se perfila por aquí el modelo de igualdad, un modelo que para todos y todas, como redunda permanentemente el mismo, ha traído a la puerta: Una sociedad partida al medio, que vive discutiendo una realidad a medias. Y una dirigencia que ajena total y completamente a la realidad de todos los días, sacude más problemas, más carencias, más inseguridades e incertidumbre a quienes menos las necesitan. Llegamos al punto en el que los subsidios han reemplazado al trabajo, al progreso y a la educación, otra vez invito a sacar conclusiones de un futuro cuando no se genera, cuando no se produce y cuando no se educa…e invito análogamente a pensar a título de “Cuando los subsidios son paupérrimos”.

La pincelada es breve para postear semejante título, pero invita a la reflexión, porque si bien es un cuadro grotesco, no hay más que darle la vuelta al cálculo para comprender la importancia de educar, de fortalecer a través de la enseñanza, de transmitir valores, valores vivos, de los valientes, de los que llevan la seguridad que se opone a la sumisión del que no sabe y del que no puede porque no está preparado. Desde aquí es donde necesitamos siempre estar listos, desde la fortaleza de la fe, el conocimiento y lo humano, porque sino el mayor costo terminan pagándolo los más débiles.

En esto se convierte el futuro, y el presente también, cuando saber hace la diferencia, en una gran cadena que no admite abusos, ni atropellos, ni vende sus valores, ni pierde su dignidad frente a la beneficencia mal entendida. Este es un momento muy particular para muchos países, y entiendo que le hemos dado demasiado poder a quienes en realidad no lo tienen. Ciertamente, uno debería poder defenderse del estado cuando es necesario, pero hay formas de no declinar, hay maneras de resguardar las cosas más importantes para no sacrificar nuestro cada día de hoy, y también el de mañana cuando llegue.

A nadie le gusta, lo sé, pero la adversidad fortalece, y muchas veces la adversidad llega cuando no supimos ver a tiempo, o valorar a tiempo, cosas que dejamos para después. Es tan particular el momento que hoy, todos, sea cual sea la profesión u ocupación, tenemos que educar, es un momento en el que todos y cada uno tenemos que tomar las herramientas y trabajar en serio, de verdad, mucho… más que mucho por cambiar y mejorar lo que más nos importa: la vida en un futuro muy cercano. Todos los gobiernos se apoyan en una actitud social que los respalda, y esa actitud social es el fruto de lo que la sociedad ha aprendido y dejado de aprender (más para pensar…).

Resulta muy breve también el espacio para hablar de la libertad, ni hablar de la dignidad, por unos pesos de subsidio. Si los valores no están en venta, la gente mucho menos, sin embargo se les ha vendido un plan y se les ha puesto a trabajar de silencio. Con apenas unas migas de pan y un pequeño circo han conformado a quienes nunca le han dado la oportunidad de la dignidad del trabajo. El trabajo genuino dignifica a las personas y a las familias, y también es posibilidad real de progreso. Ayudar, socorrer y solventar son obligaciones del estado, pero no con el costo de recortar el presente y el futuro.

Igual sucede con los estudiantes, hay un mensaje muy errado detrás de todo esto, y la prueba de un fracaso estrepitoso en la educación argentina, demostrada un par de meses atrás. Nos hemos quedado con pocos estudiantes en todos los niveles. Asisten muchos chicos, de hecho no hay suficiente capacidad de matrícula en relación a la cantidad de alumnos que deberían estar concurriendo a la escuela, pero son muy pocos los que estudian. Son muy permisivas las reglas, muy escasos los contenidos y una insistencia de nivelar para abajo permanente, en pos de la necesidad de aprobar “de paso” sin méritos, ni capacidad de sostener un proceso de enseñanza y aprendizaje real.

Eso no es ayudar a los chicos, eso es privarlos de la educación, ni más ni menos, se enoje quien se enoje. Y vamos señores que si lo que conmueve es la necesidad, la caridad bien entendida otorga lo urgente, lo necesario y lo que viene demás, incluida una sólida educación. Basta de correr con verdades a medias desde una dirigencia que sonríe entregando para la foto una net con una mano, mientras que con la otra se les quita la capacidad de usarla. Educar es educar, si hablamos de igualdad y necesidades, sería fantástico que todos los chicos tuvieran por empezar, una silla donde sentarse en la escuela y una pancita bien dispuesta a aprender después de un buen desayuno. Por mi parte ya no quiero más libros, ni facilidades de certificados escolares, quiero más estudiantes, y así nos los están quitando.

Respecto de muchas cosas sé que me quedo muy corta de palabras y de hechos, mencionarlo todo llevaría un espacio increíble, el país es enorme, y somos muchas personas, con necesidades diferentes. Los que más hacen, los que más trabajan, incluso los que más necesidades tienen viven en el silencio, y hay gente increíble haciendo más que mucho sin que nadie lo pida, a veces con nada o con poco lo hacen todo. Hay gente realmente maravillosa aquí, y en todas partes…

Siempre pienso que quisiera saber más cosas, para entender más, para ayudar. Sé que hay una bondad increíble en las personas que me rodean, en la familia, en el trabajo, en las aulas, y un poco más lejos también…y da mucha pena e impotencia ver cómo se priva de cosas esenciales a las personas, sin ningún miramiento, sin ninguna explicación. Casi siempre, en medio de falsedades e indiferencia de quienes dirigen este país, mal rumbo sin dudas, y al parecer ninguna intención de cambiarlo.

Decidí compartir todo esto, porque sé que queremos otra cosa para después, y para que después venga algo distinto, hay que empezar ahora. Creo que cuando algo nos hace caer, la mejor forma es hacerlo parados, y la única forma de caer parados es intentar no perder la integridad. Porque aunque los gobiernos no lo crean pasan, terminan, y nosotros quedamos…entre otras cosas, la mejor manera es poder mirarnos unos a otros a la cara, sin enfrentamientos entre la propia sociedad, es la única manera de construir, es la única manera de seguir. Para tener los gobiernos que queremos, tenemos que ser la sociedad que queremos, más sana, más reflexiva, más educada, menos oprimida y permisiva.

Revertir algunas cosas dará un trabajo increíble, supongo que no habrá problema con eso, cuando realmente lo queramos. Muchos de nosotros, y los he leído… ya sentimos vergüenza ajena por lo que pasa. Parece de cuento que en las noticias internacionales se describa la realidad mejor que aquí, donde el ánimo ridículo de callar sólo empeora las cosas, a estas alturas ya preocupa que nadie en funciones tenga el tino de poner el freno.

Eso es tan ridículo como penoso por cierto, sobre todo para los que vivimos el día con los pies en la realidad de la jornada, cuando salimos a comprar el pan, cuando queremos sentirnos seguros en viaje a la jornada laboral o a casa, cuando nos esforzamos por hacer llegar al hogar todo lo necesario… hay mucho, ni más ni menos la vida de las personas transcurre a las luces y desaciertos de quienes toman las riendas para administrar, para desarrollar, para progresar. Si no hay quien mire la realidad en todos los aspectos, no hay mucho que decir. Un gobierno de negadores seriales de la realidad no sólo es obsoleto, sino que empeora mucho las cosas. Eso no lo necesita nadie, mucho menos un país en el que urgen las necesidades básicas. Estamos lejos de tener tiempo para perder, porque no hay nada para tirar para arriba que sobre. Por el contrario, es hora de que al menos dejen el vuelto de todo lo que se han llevado y miren un poco mejor la verdad.

Por nuestra parte, cambiar es cambiar, hay muchas formas de salir. Mejorar siempre es ahora, y más que nunca aprender y crecer como país es saber unirnos, sobre todo desde los valores, desde el conocimiento y la integridad. Nosotros no estamos de paso, los que están de paso son los gobiernos, que ninguno de ellos se de el lujo de hacernos perder todo eso. Es hora de crecer, de aprender, de consensuar de manera de hacer evidente qué queremos para hoy que se refleje con todas las luces tan cerca como mañana, por sobre todas las cosas de manera de salvaguardar lo que más amamos, y ofrecer un lugar de paz y progreso para cada uno de nuestros hijos.

Me disculpo por la extensión, lejos ha sido el post más largo que compartí, pero quisiera por todos los medios que quede claro, que siempre habrá quien intenta aprovecharse de otros, pero el perjuicio será inversamente proporcional a la educación y a los valores que como personas hayamos adquirido. En esto se honra la virtud tanto individual como socialmente, cuidarnos unos a otros, educarnos unos a otros, y tener la suficiente claridad para reconocer el error y exigir cuanto humanamente o dignamente nos corresponde.

                                                                                                                                       Andrea


Finalizando el año…

A una velocidad cada vez mayor, nos encontramos con un ciclo que termina y en vísperas de uno nuevo. Me encuentra aquí esta vez, desearles de la manera más simple y con mi mayor aprecio un buen fin de año para todos.

Mucho más que estimados colegas, los siento queridos amigos de la profesión, queridas personas, queridos maestros y profesores que reflejan el afán, a través de sus palabras y sus búsquedas, de encontrar en la educación un camino de paz, de verdad, de amor, que proyecte más luces y más inteligencia sobre esta sociedad que lo necesita tanto. Si seguimos buscando y encontrando en cada pequeño gesto un poco más de todo eso, mil veces habrá valido la pena.

Las palabras son frágiles cuando no se impregnan de valores y de verdades. Pero son fuertes, casi invencibles, cuando saben cuanto hacen, cuanto señalan y cuanto educan. Ya estamos muy seguros que el conocimiento necesita la fortaleza de los valores. Eso es una afirmación que nadie puede refutar. Y la leo a través de ustedes, incluso aunque no escriban nada. Se los sabe y se los presiente por aquí. Es muy grato y alentador saber que cada uno desde su lugar aporta su granito de arena, en la medida de sus mejores posibilidades. Gracias también por enseñarme, por demostrar que sí se puede dar mucho más, mis respetos y mi admiración por ello. Tengo mucho por aprender y aprendo de cada uno.

Sinceramente deseo que pasen una muy hermosa Navidad, particularmente es una fiesta que me gusta mucho, cuál sino la que nos trae un mensaje de amor y paz, que ciertamente necesitamos. Que este fin de año los encuentre bien, y el que comienza sea siempre mejor.

Todas las bendiciones para ustedes. ¡Felices fiestas de todo corazón!

Andrea

Felices Fiestas


Mucho más que intentarlo…en una sociedad que necesita mejorar

Sin querer se me hace inevitable filtrar lo cotidiano. En mi favor no creo que esté mal, qué es la educación sino una mirada a la realidad de todos los días aspirando a ser mejor, a encontrar la verdad, a enfocarse en lo que nos mejora, nos hace grandes y por qué no, más virtuosos.

Hilar casi imperceptiblemente un mundo mejor es tan simple que cuesta creerlo, las razones para hacerlo sobran un millón de veces, y son tan matemáticas las consecuencias como el resultado de cualquier cálculo simple. Pero cambiar, sin dudas, es mucho más que intentarlo, mucho más que dar pasos en círculos, es dar una mano que toma con fuerza y jamás vuelve vacía. Es ofrecer palabras que se transforman coherentemente en acciones. Es mirar con la suficiente objetividad para encontrar en los otros, la misma cualidad que en uno mismo. Y encontrar en un acierto definitivo que no se puede partir gratuitamente la sociedad, que no podemos dividirnos o ignorarnos al punto que lo hacemos, que no existe una sociedad de uno, o de dos, o de mil que piensan de una forma o de otra, sino que es una sola, la forma en la que seamos capaces de entenderlo construye la diferencia en la forma de convivir.

La tolerancia como capacidad y el consenso como habilidad son las únicas llaves capaces de generar cambios verdaderos. La educación se vuelve fundamental en sus formas y en contenido, y los valores siempre serán el único vehículo capaz de amalgamar una comunidad, de ofrecer cambios, de construir en paz…

Si no dejamos de gritarnos unos a otros, de ofendernos unos a otros, y también de permitir el maltrato por definición, por jerarquía o de función, estamos perdidos, y basta mirar un rato por la ventana para darnos cuenta de la decadencia a la que asomamos por falta de convicción.

Mucho más que intentarlo es dominar con todas las fuerzas la necesidad de responder agravios, es dejar de defender el ego y comprender que a cada quien, le llega su momento de aprender, y que el silencio, un millón de veces, puede ser una maravillosa enseñanza. El malestar social que nos abruma a veces, es consecuencia de no tener la capacidad de dominarse y  devolver multiplicada la violencia y el maltrato al que nos acostumbramos.

Me cuesta creer incluso, en las redes sociales, los duelos de agravios e insultos que se exponen, con o sin groserías, no puedo comprender la necesidad de hacerlo y  además festejarlo. Para todos son momentos incómodos, son tiempos en los que el poder, la ambición y la corrupción en el más amplio de los sentidos, han hecho estragos con la política, con la decencia y con la sociedad. No hay discusión al respecto. Pero sí la hay en torno a la responsabilidad social que nos atañe, insisto en que todos nosotros somos los generadores de los cambios.

Mucho más que intentarlo es aspirar sin limitarse, es abandonar lo trivial, lo llano, lo tibio y ofrecer entusiastas lo que menos se ve y lo que más se desea. Es cumplir y exigir, es dar y recibir, es decir y hacer…Es enseñar que cada uno puede, y dar de manera de hacer evidente que se es sólo parte de una cadena, en la cual un eslabón enlaza al otro…ninguno es el último, evidenciando que no hay quien reciba sin tener la capacidad de volver a dar.

Mucho más que intentarlo también implica creer, creer de verdad, se nos confunde fácil el respeto con la sumisión, y aunque encontramos en conjunto mil razones altruistas y certeras nos cuesta ser consecuentes, nos cuesta reivindicar y exigir. Cuando estemos lo suficientemente unidos y dispuestos a escucharnos vamos a lograrlo. El bien común es eso, si no hay intereses egoístas de por medio, no hay mucho que separar…

Esperar que cambien todos los demás para cambiar después nosotros es falaz, y nos precipita inevitablemente al camino del que tratamos de salir. Todos vemos lo mismo, y queremos cosas parecidas. La duda nos detiene, y la inercia de la comodidad de la queja vacía de acciones nos aleja de los cambios.

Hay muchas cosas que no tienen segunda oportunidad, hay cuestiones que no tienen posibilidad de una segunda vuelta, de muchas de esas cosas penden los aspectos más preciados de la vida de las personas, ni hablar de los que más necesitan de nuestro cuidado, y dependen absolutamente por mucho que nos pese, de todos y cada uno de nosotros. Porque de la responsabilidad social de los pequeñitos todos tendremos que rendir cuentas, quien puede verlo, descubre que el imperativo moral de tratar de hacer algo es inexcusable.

No hay que quedar dormidos en el lamento, no hay que caer en la queja descuidada e indolente, sino tratar de encontrar de la manera más noble y simple, la capacidad de cambiar, mucho más allá de tratar e intentarlo. La diferencia entre quienes cambiaron el mundo y quienes se quedaron mirando, fue la fuerza que transformó sus convicciones en acciones verdaderas. Tenemos un mundo maravilloso y una vida, la de cada uno, que lo es mucho más. Entre todos a veces transformamos eso que nos pertenece, y eso que somos en una u otra cosa, todo lo bueno que hay, es lo que muchas veces nublamos con lo que pretendemos no querer. Ninguno de nosotros es ajeno a un mundo que necesita cambios y mucho más que un sálvese quien pueda. En lo pequeño y en lo grande, seamos y hagamos como todo eso que queremos ver…


Cuidar y preservar la vida

Valores primordiales… las cosas de todos los días, esas que sistematizamos para nosotros y a veces para nuestros pequeños también. Pensarlas mejor y tomar caminos nuevos, es tomar conciencia del valor que tiene la vida. No es un detalle en la forma de transitarla, es la forma en la que nos vinculamos con nosotros mismos, con los demás y con la tierra que caminamos.

Si hay algo capaz de capturar nuestros sentidos en un instante es la naturaleza. Tan perfecta como sabia resguarda nuestro bien más preciado, la vida. Siendo la única capaz de sostener la nuestra y alimentarnos en todos los aspectos, no le damos el valor que tiene, ni a nuestra casa más grande: nuestro planeta, ni a nuestro cuerpo, que alberga lo más sagrado de nuestra existencia.

Es un tema muy de moda, es quizás poca la conciencia que prima al respecto. Valoramos muchas otras cosas, pero hacemos caso omiso a las necesidades primordiales que tenemos. Nuestro cuerpo también necesita especial atención a la hora de alimentarse, de ejercitarse, de descansar y de vivir en contacto más tiempo con la naturaleza. Es una gran responsabilidad la de cuidarlo. Nuestro cuerpo es un milagro de maravillas que somos absolutamente incapaces de reproducir, y que podemos disfrutar sabiamente si somos inteligentes y un poco más sensatos.

comer sanoNo es un detalle menor cuanto hacemos al respecto; en términos de primera persona y también hacia nuestros pequeños y su cuidado. Pocas veces tomamos conciencia del punto que necesita una inflexión en estos aspectos. Quizás con un poco de retrospectiva y agudeza podemos tomar conciencia que lo que ponemos en nuestra mesa cada día y la actividad que damos a nuestro físico construyen un estado de bienestar o incomodidad según cuanto hagamos al respecto. No hablo de cuerpos ideales (no creo que los haya) cada uno es diferente y único en muchos sentidos, en este aspecto enfatizo la frase que dice ” Te ves grandioso justo como eres“, sin dudas es así. Sin embargo hay más, más conciencia de esa que cada tanto llama reclamando un bien olvidado. El bienestar, la satisfacción de cuidarnos y cuidar con más amor, la vida que se nos ha dado.

Como padres y educadores necesitamos acertar ingeniosamente en el cuidado de nuestros niños y jovencitos, enseñándoles la importancia de saber alimentarse y cuidarse correctamente. Si bien para los adultos tenemos una amplia variedad de “vuelta a lo natural” (que por lo general retomamos cuando nuestro estado general pesa) necesitamos poner esa atención en los más pequeños. De manera que su crecimiento y próxima madurez sean realmente sanos.

Por cuestiones muy culturales las nuevas generaciones en promedio comen bastante mal y se alimentan muy poco. Sin dudas estamos distinguiendo comer, de alimentarse. La contextura de un cuerpo saludable en términos de alimentación y actividad física, es tan importante como el resto de las cosas que queremos aprendan para sí nuestros pequeños. Y sin dudas, la primera de la que hemos de ocuparnos, obviando claramente las razones.

los niños y la alimentacionEn general los excesos de azúcar, grasas, alimentos refinados y artificiales, representan el mayor porcentaje de ingesta diaria. Dejando a un lado alimentos que son indispensables para la salud de nuestras pequeñas células, y para el bienestar general en términos de energía y vitalidad. El buen humor, la alegría, la fortaleza, la voluntad, incluso un buen descanso están estrechamente relacionados con la forma en la que alimentamos nuestro cuerpo.

piramide nutricionalHoy día en promedio el peso de la mayoría de los adultos no es el adecuado, lo que acarrea más de una dificultad, tanto los excesos como las carencias ponen a oscilar el bienestar del que somos dueños cuando lo pensamos un poco mejor.

Como adultos también hay dos aspectos que priman, el primero es que somos quienes reflejamos a nuestros pequeños el estado de salud que queremos enseñar. El segundo, es que más allá de la edad que tengamos es fundamental sentirnos saludables y vitales. La madurez es otra de las etapas maravillosas de la vida. ¿Por qué no nos ocupamos de que sea más sana para vivirla mejor? Realmente creo que no asumimos la responsabilidad de cuidarnos, de valorar realmente y en este aspecto la vida que se nos ha dado. Aunque sin dudas es un tema muy cultural, también en este aspecto, el amor y respeto por la misma debieran ponernos a reflexionar mejor y encontrar actitudes más positivas.

Hay bastante que repensar al respecto, y animarse a dar el primer paso para aproximarnos más a la vida que nos gustaría llevar. Buscar, aprender, qué lo más adecuado para cada quien, ponernos metas más positivas y altruistas para con nosotros mismos. Alimentarnos bien, hacer ejercicio… Son la forma de ratificar qué cosas damos como mayor bien a nuestros pequeños. Nuestra existencia es un bien que debemos cuidar con el mayor agradecimiento y sabiduría posibles.

correrLa capacidad de valorar estos temas implica muchas más cosas para lo pequeños y aún para los grandes, cuidar lo que se hace y lo que se ingiere como alimento. Y lo que deja de hacerse en pos de una actitud de vida más consciente, sin tóxicos, sin drogas, ni cosas que dañen en cualquiera de los niveles el bienestar; en conjunto, hablamos de la propia integridad.

Quizás debiéramos darle más atención al tema, y hacerlo extensivo al planeta en el que vivimos, absolutamente y sin dudas depende de cada uno de nosotros. Primero a aprender… A reconocer cada quien, que tan lejos o cerca estamos de cuidar nuestra propia vida, y cuánto hacemos en los mismos términos, para cuidar y proyectar sanamente la vida de nuestros pequeñitos.


Más tiempo para los vínculos

Otra veloz mirada al reloj que ajeno a todo exhibe la rapidez con la que transcurre el día, tácitamente demuestra todo cuanto hoy (nuevamente) no alcanzamos a hacer. Mañana quizás, un mañana que posiblemente será tan breve como el día de hoy y algo convincente guiará nuestros pendientes hasta otro día, quizás…

A todos nos quedan pequeñas cosas y asuntos importantes para después, cierto. Una jornada laboral transcurre rápido, sin dudas hay más que queda por hacer, y cediendo a lo que más nos falta, al tiempo que más necesitamos, estamos nosotros y el tiempo que más necesitan los nuestros.

Sin querer dejamos lo más necesario para siempre después, siempre: un día…

Indiscutiblemente es necesario trabajar, genial tener proyectos, ideal tener una dirección hacia la cual dirigir el esfuerzo, no me refiero a eso… Sino a mensurar que muchos de los males propios y sociales, los vacíos dentro de la familia, dentro de la escuela, dentro del aula, y en cada contexto, son los que han deshumanizado las tareas, pospuesto el tiempo de los vínculos, evitado las reflexiones y las finalidades reales. Posiblemente te preguntes aquí a qué me refiero con las finalidades reales, devuelvo la pregunta, si acaso cuenta tiempo para que la respondas ¿Cuáles son las finalidades reales?

Sé bien cuanto hay que trabajar, sé cuanto cuesta todo en cuestiones económicas y el tiempo que ponemos el cuerpo, para si acaso tenemos suerte, llegar a fin de mes y alimentar una familia. Sin embargo hay un tiempo que no puede faltar, una situación económica o de función que no nos puede exceder porque necesita más que nada de nosotros: los nuestros y nuestros pequeños…

Estamos inmersos en un momento social en el que repletos de amigos en las redes sociales nos relacionamos con personas que ni siquiera hemos conocido personalmente, lo que posiblemente nada tenga de  malo, más que la falta de satisfacción de ser y compartir más allá de lo virtual. En un contexto que sin querer superficializa aspectos que son más ricos en realidad.

Se nos van perdiendo los vínculos persona a persona, que son los del abrazo, los de la sonrisa con todos sus gestos, los de mirar a los ojos y ver el alma. Los de la expresividad de las palabras que pueden escucharse y leerse a la vez en los labios. Perdemos la entonación de las oraciones, la calidez que se transfiere en los sonidos, la suavidad de los gestos, las pausas, los silencios…el contacto.

Enfriar las relaciones en un contexto virtual es separar al ser humano de su esencia, la familia, los afectos, los amigos necesitan más presencia real. Más aún, el tiempo propio de adentro, el tiempo de la reflexión, el tiempo del alma es tan estrecho a veces y tan invisible que no posee ni un segundo al día.

A la vez encuentro más jovencitos que esperan en casa un tiempo que no siempre llega, no llegan palabras, no llegan abrazos, no llega el tiempo compartido en silencio, tampoco el de la reflexión, cada día los escucho pedir lo mismo: atención.

Hay una realidad que todos queremos mejorar, nuestro contexto necesita madurar y sanar muchas cosas, el más importante es éste: el de las relaciones, el de las necesidades que hemos callado en pos de un tiempo que se muestra escaso para encontrar lo más humano. Para fortalecer los vínculos, para cuidar lo bueno e indispensable.

El día no cambiará su duración para que podamos hacerlo, somos nosotros los que necesitamos mirar de otra forma, y elegir mejor que cosas quedarán para mañana, quizás…

Absolutamente de acuerdo con las tecnologías en favor del hombre, las formas de comunicarnos han cambiado y mejorado, eso está muy bien. Pero hay algo en la forma de relacionarnos que no puede perderse. La lista de lo que nos perdemos es muy extensa para escribirlo todo, creo que cualquiera de nosotros podría confeccionarla.

A cambio, que tus días sean más humanos, que abraces más. Que compartas lágrimas y risas hasta cansarte, que escuches la lluvia caer con quienes te rodean.

Que abraces a tus hijos con toda tu alma, y mires en sus ojos que están buscando en los tuyos su propio reflejo.

Que encuentres tiempo para rezar y para amar con todo tu ser.

Que disfrutes sin más, una mesa con los tuyos y encuentres tiempo para el diálogo, para lo ameno, para lo simple…

Que a tus alumnos les demuestres que antes que nada son las personas. Todo lo demás viene después.

Que puedas así sin más hacer, sin pedir permiso al tiempo, esas cosas que tanto anhelas…

Y recuerdes siempre que cambiar las cosas para mejor conlleva inevitablemente humanizar lo que creíamos que podría esperar, pero que en realidad representa la única fortaleza capaz de revertir una realidad que nos espera tan tangibles como personalmente indispensables.


Tiempo de dar y construir…

Más de una vez nos hemos quedado embelesados en medio de la naturaleza, en un mundo exquisito que a cielo abierto y sin muros deleita de manera absoluta todos nuestros sentidos. Mirando tanta perfección en derredor…un millón de cosas podrá decirnos…un millón de veces exhibirá cuánto espera de nosotros, un millón de analogías como partes únicas de un quehacer indeclinable…

Al igual que la belleza del océano, su fuerza increíble, su calma o su ímpetu, la majestuosidad de su presencia…no serían nada sin cada una de sus pequeñas partes. ¿Qué sucedería si sus gotas de agua excusaran su presencia por considerarla insignificante? ¿Qué sería de su magnificencia…? ¿Quién resguardaría la vida que lo anima y sostiene…? ¿Dónde hallaríamos tanta hermosura…?

Exactamente así con la capacidad que tenemos de obrar, de colaborar unos con otros, de no omitir cada pequeña ayuda que sabemos podemos ofrecer. De ser parte de ese océano que es la necesidad de darnos los unos por los otros, en lo pequeño y en lo grande. En lo que es para hoy o para mañana.

Mirar hacia arriba, hacia adentro y cada ángulo de nuestro entorno, es lo primero que necesitamos hacer…y dar… Esa es la mayor fuerza, belleza y magnificencia que se nos propone como humanidad, el más grande amor que pueda unirnos y sostenernos unos a otros…

Ser parte integrante como constructores, como colaboradores es lo opuesto a eximirse de una responsabilidad que por naturaleza nos ha llamado. Todos nos necesitamos, no hay tiempo para excusarse, es tiempo de dar y tiempo de hacer…


¿Cómo recuperamos los valores?

La realidad y las formas en las que suceden los acontecimientos de la jornada se condicen con la necesidad generar cambios. Más allá del ámbito del que se trate, son muchas las cosas que piden un eje de razón y de virtud que traslade a lo cotidiano y a todo lo que como humanidad nos corresponde un cambio verdadero.

¿Cómo? Me lo he preguntado un millón de veces… ¿Cómo se cambia o se mejora? La escuela necesita mucho, la sociedad necesita más, sin embargo disponer una forma de acercar a la realidad, y profundizar dentro del contexto diario un eje moral que nos ayude a mejorar, algunas veces pareciera ser una utopía. Sin querer se nos han vuelto algo que necesitamos traer mediante definiciones o alguna historia que los señale, porque las formas sociales actuales los han ido desplazando de su lugar natural.

Más, no resulta fácil forzar la humanidad de nadie tratando de inculcar ciertos valores que debieran venir aprendidos o estimulados, y a nuestro pesar el acontecer diario suele venir teñido de lo que no nos gusta señalar, a nuestra mano nos faltan demasiado los ejemplos de la buena convivencia, donde las buenas ideas y el crecimiento prosperen sin mucho esfuerzo. Sin embargo pareciera haber mucho de costumbre en todo esto, mucho que se va volviendo más una cuestión cultural, y de queja social que una elección de vida. Realmente no apuesto a que alguien disfrute una vida opuesta a la integridad. Sí se ha vuelto una cuestión aprendida, un vicio de queja y malestar que es necesario revertir. Quisiera insistir en que se puede, si acaso se quiere.

Desandar ciertos caminos requiere mucho esfuerzo, sin dudas, aún así no es imposible. Creo que tanto un camino como el otro se hacen andando. Un paso a la vez, y el primero sobre el rumbo a tomar. Un paso a la vez, y la marcha lentamente se suaviza, el entorno si somos hábiles, se transforma en riqueza.

Quizás reconsiderar el punto de vista traiga respuestas, puesto que dar un par paso atrás para abarcar más con la vista, otorgue precisión, pensar más grande y más allá de lo que vemos a la primera y nos hace reaccionar de la misma forma, sea sustancial.

Mis ¿cómo? más reales caen siempre en la misma respuesta, vernos a nosotros mismos. Y ya deja de ser por dar el ejemplo, es la propia opción de vida, es cuánto disfrutamos lo mejor que podemos ser, sin timidez, sin rodeos. Las propias cualidades se exhiben en lo cotidiano o las guardamos puertas adentro, para confortarnos sólo a nosotros mismos, mientras excusamos nuestra falta de acción con una perezosa queja. Mil preguntas y… ¿Cuánto haremos en verdad?

Una sociedad es una suma de muchos nosotros mismos. Nadie cambia el mundo solo, ni de a dos, ni de a diez…Sin fórmulas mágicas cada uno desde su rol sabe bien lo que tiene que hacer. Quizás sea tan simple como eso.

Aquí los valores entran en juego naturalmente, y dejar los egoísmos para mirar desde el lugar del otro…empatizar con el medio, escuchar el reclamo para transformarlo, mostrar formas nuevas, promover los cambios desde adentro, desde cada uno, sin esperar sino forjando…esa es la gran diferencia, no podemos dejar de hacer. Son verbos los que necesitamos promover no adjetivos calificativos ni sustantivos abstractos.

Así necesitamos unirlos, unirnos y unir los valores hasta que vuelvan a fundirse en lo diario…unir las ideas, y los proyectos comunes. Estar dispuestos a mirar la realidad desde la verdad. Las soluciones vienen cuando los problemas pueden plantearse desde la humildad…y de eso se necesita mucho.

Se me ocurren muchos valores que necesitamos traer a la jornada pero en particular aprecio mucho éste porque expone mucho más: la integridad. Porque ofrece calidad a todo lo que hacemos, porque da lo mejor que puede tomar el prójimo, confianza. Nadie es perfecto, por algo las cosas se nos han puesto así, pero validar la integridad como medio de vida, acerca sin titubeos lo mejor a los demás. En la integridad se ponen en juego un abanico de virtudes que necesitamos para nosotros mismos y para construir una vida en comunidad diferente, por ejemplo, trasluce también la honestidad, los cambios verdaderos provienen de la mirada honesta. La realidad va mucho allá de las necesidades propias y de las palabras.  Integridad y honestidad de la mano con la humildad, alcanzan niveles de sabiduría impensables. Sin recetas mágicas la capacidad de cambiar las cosas para mejor se hace palpable en un instante.

Cuando queremos llevar a nuestra tarea, a nuestros alumnos toda una muestra de valores, debemos profundizar los propios y como frente a un espejo ver que valores y actitudes reflejamos nosotros. Revelar como propios la paz, la compasión, la bondad, la gratitud, el perdón, la fe, el amor, la sensibilidad, la nobleza, y tanto más es lo que damos en realidad. Ese es el verdadero aprendizaje que ofrecemos a nuestros chicos. ¿Cuánto más somos capaces de dar? Mucho sin dudas… ¿Cuánto han de tomar ellos? Todo cuanto sepamos dar desde lo que somos y promovemos con cada palabra, con cada gesto, con cada proyecto o idea que seamos capaces de proponer.

La lámina en el aula está bien porque promueve, adorna e inspira. La definición es necesaria porque le da precisión y agudeza a cada valor; el cuento es un ejemplo a imitar, y el juego y la táctica es ejercicio. Pero la vida es acción. Lo bueno es belleza que se ve, se escucha y se siente…

Proveer, promover, motivar, señalar caminos nuevos de mejoras para hoy, que  efectivamente se proyecten al mañana, necesitan de cada pequeño acto más una idea casi genial desde cada  uno, puesto que hay mucho por mejorar. Pero sobre todas las cosas un gran trabajo desde la propia humanidad para evidenciar en acciones eso que queremos enseñar.

¿Cómo se mejora? ¿Cómo se cambia? Transformando ambas preguntas en respuestas.  Mejorando y cambiando. Comenzando por uno mismo, de manera de exhibir desde la propia integridad la forma en la que elegimos deslizarnos por la vida, y ofreciendo todo cuanto como parte de esta inmensa humanidad seamos capaces de dar.


Promover la paz es lo opuesto a promover la violencia. La escuela dentro de la sociedad

Ciertamente la valoración del título es un poco obvia, sin embargo delinea un concepto que es fundamental considerar a la hora de proponer cambios. Un poco en las vísperas de comenzar un nuevo ciclo en la escuela y preparar proyectos institucionales nuevos, entendemos que mucho más que una variedad de contenidos curriculares necesitan una forma de contención, una forma de resolución de todo lo que la nueva sociedad lleva a la escuela. Sin poner aún un pie en el aula, sabemos que es lo que más nos preocupa y nos agota: las nuevas formas de violencia que transgreden todos los espacios.

Comenzamos a ver que más allá del lugar que ocupe, la calle, la escuela, un deporte, el hogar, la política, la sociedad toda…esta violencia sólo está buscando una excusa y un medio para manifestarse. Es este el punto que se va volviendo fundamental. La violencia aprendida, aprehendida y naturalizada, desafortunadamente se volvió común. El basta de violencia NO SE VE, todos los días la cantidad de información que se recibe al respecto, la crudeza con la que se expone y se analiza, logran que se naturalice lo que debiera evitarse. Tomamos la postura de observar pasmados, y a veces repetir y repetir lo mismo, en lugar de sancionar, promover y proveer elementos que puedan generar otras cosas. Casi sin darnos cuenta estamos permitiendo que suceda todo lo que repudiamos. Cuántas veces luego de escuchar terribles manifestaciones de violencia escolar nos decimos entre colegas “Basta de difundirlo que los chicos lo copian”… Sabemos que la violencia también se aprende, y que la violencia genera más violencia, sin querer…así se promueve, no se evita, se disemina, es como sembrar semillas por doquier de cosas que son inaceptables.

Podría pensarse “ocultar la violencia no la resuelve”, ciertamente; pero exponerla y esparcirla como moneda corriente mucho menos…No estoy cuestionando exponer lo que acontece, aunque sí las formas, sí la cantidad de veces que se escucha y se repite. Los análisis que se dedican y todo lo que se omite en cuanto a lo que sí esta bien y es bueno, lo que necesitamos escuchar para crecer y progresar, para desandar esa violencia.

Así del lado opuesto, nos falta lo otro, nos faltan las palabras de paz, palabras y acciones que generen un medio pacífico, de una coexistencia respetuosa, que contemple lo más amable de la propia humanidad y la del prójimo. Alimentar la cotidianeidad de ideas precisas en cuanto a las cosas buenas, infunde un cambio de por sí. Es imprescindible generar desde los pensamientos, las palabras y las ideas, las acciones y los proyectos una convivencia en paz.

Uno de los grandes emisores de pensamientos y novedades son los medios de comunicación, donde lo escuchamos absolutamente todo, una, dos o veinte veces en el día escuchamos lo mismo, pincelados con imágenes (a veces indescriptibles e intolerables) y desde distintas ópticas. Todo pasa en un día, casi todo lo que vemos genera y naturaliza toda esa violencia de la que tratamos de desvincularnos. En lo personal, me gustan los análisis respecto de cuanto acontece cuando son inteligentes y promueven el acuerdo, el trabajo, la educación y el bienestar de la sociedad desde las convicciones sanas. Hay mucho que elaborar al respecto, y en este punto todos somos parte. Pero debiéramos dejar de ser espectadores, ciertamente cada uno aporta su granito de arena cada día.

Sentarse a ver como suceden las cosas y decir “eso está muy mal”, no vale de nada. Es hasta peligroso e inhumano, cada uno debe calzar a su hora en el lugar donde mejor se desempeñe y trabajar por lo que vale. Por lo que SI queremos. El tiempo de pensar y hacer…¿Dónde lo dejamos si no es así…? Aclarar las reglas de antemano es perfecto, pero traslado el concepto a la escuela. Aquí también todo sucede, y como en un abanico se abren todas las gamas de pensamiento, también se distienden sin prejuicios las formas nuevas que no queremos para los chicos. Pero ¿De qué vale que repita “No hagan esto” “No hagan lo otro” “No hagan aquello”, sin proponer jamás lo que sí…? ¿Qué es lo único en lo que pensarán a pesar de que pedí que NO lo hicieran? Tener una caja llena de todo lo que no se debe pero una vacía de lo que sería genial…

Por esto mismo es importante insistir en todo que sí queremos ver, sobre las ideas que nos gustan, sobre la convivencia que sí queremos. Hablar de los valores de manera positiva y llevarlos a la acción engendra bienestar hoy y lo proyecta al mañana. Una idea genial lleva a la otra, lo bueno también se contagia, y se aprende. Vivirlo…palparlo es fundamental…

Una de las mejores tendencias es ponerlos a los alumnos a proponer ideas al respecto, a generar proyectos y normas de paz, a que manifiesten sus propios gustos de convivencia desde la reconciliación. Es mucho lo que se pierde cuando no hay capacidad de integrar, de proponer.

Es hora de intentar cosas nuevas, y trabajar desde la vereda de lo que queremos como sociedad, claramente la escuela lo necesita y nosotros cada uno desde la propia humanidad también. Quizás así logremos enriquecer eso que necesitamos promover como educadores, una sociedad que logre vivir en paz.


Valores con límites, menos violencia en las escuelas

Los límites son indispensables, la claridad en las consecuencias de cada accionar es el engranaje que permite avanzar hacia el crecimiento de los alumnos. Como íntegra poseedora de capacitación en contenidos, en objetivos y en sus formas, la autoridad escolar es la que protege y preserva. Enriquecer ambas sí, desvirtuarlas no es un buen camino. Pretender esquivar los límites y la autoridad, es dejar fuera la educación…

Permanentemente la violencia que se manifiesta en las escuelas hace eco pidiendo soluciones que no llegan. Otra vez las novedades al respecto muestran una violencia excesiva, otra vez los docentes son los depositarios de temas desatendidos, y de una inserción y escolaridad extrañas que han dejado un poco de lado la educación. Las opciones parecieran ser pocas en esta nueva sociedad que vemos surgir ante la falta de posibilidades: la calle o la escuela. Ninguna duda, los chicos tienen que estar en la escuela, es lo que implica lo que dañó la finalidad, la confusión respecto de los límites y los mecanismos que separan lo correcto de lo inaceptable han alcanzado un punto que necesita un retorno urgente. Así como claramente la violencia que se ve en los colegios es la mismísima proyección de la violencia que ha generado esta sociedad, delineada en otro artículo Violencia escolar.Cuando la violencia se traslada a la escuela, aquí se expone el quiebre que implica a nivel institucional y de garantía de aprendizaje, la falta de coherencia en esta nueva estructura escolar que se nos propone.

La prisa de la inclusión y los favores en pos de proponer un paso por la escuela para todos separó caprichosamente métodos y herramientas educativas legítimas, de corrección disciplinaria o de aprehensión de conocimientos para adquirir una vía escolar que se parece más a una constancia de participación y asistencia, que a un certificado de capacitación educativa. Cuánto vale realmente un título secundario hoy, e incluso uno terciario dejan serias dudas. Ningún argumento sobre la necesidad de la inclusión en la educación, todos los niños deben ir a la escuela, ¡Claro que sí! La pregunta es ¿a qué? Desvirtuar los métodos correctivos respecto de la disciplina y los contenidos sólo para mantener a los alumnos en la escuela es insano. Y lo es para toda la comunidad escolar, y lo es para las familias, quienes tácitamente reciben la educación de la escuela en casa. Para los alumnos en gran medida dejó de tener un costo acceder a la educación, en tanto dejaron de esforzarse en estudiar y aprobar contenidos, desde la óptica del aprendizaje, hasta las normas básicas de convivencia.

Muy a menudo escuchamos “Usted no me puede decir a mi lo que tengo que hacer” “No me puede amonestar” “Voy a volver con mis padres y verá…” y toda clase de frases que atentan no sólo contra la integridad física y moral de los educadores, sino contra la de los propios educandos, quienes de boca en boca comienzan a trasladar nuevas formas de permanecer en la escuela. Sin normas, sin reglamentos, sin límites, sin coherencia en esa convivencia diaria y un aprendizaje que nunca llega. Por qué se nos ha desprovisto de las herramientas correctivas, no lo entiendo. Incluir sí, excluir los límites no.

Desvirtuar la educación como única posibilidad de progreso es lapidar el futuro. Si la escuela no capacita en conocimiento y en habilidades sociales en su proceso de integración y convivencia en comunidad, estamos equivocando seriamente el camino. ¿Dónde se colocan los valores cuando no hay límites? ¿Dónde se colocan los propios contenidos cuando no hay límites ni coherencia en los métodos evaluativos y los resultados que exponen con tanta claridad? Dejar el problema para más adelante no está solo lejos de ser una buena opción, sino que crea un gran problema que difícilmente tenga solución después.

El que se para frente a un aula puede comprender exactamente hasta dónde puede proyectarse un comportamiento que no corresponde, y como se disuelve la oportunidad de alcanzar aprendizajes significativos. Muchas veces el docente termina convirtiéndose en un árbitro de herramientas primitivas, en el que pasa un par de horas, sin aprovechar prácticamente nada el tiempo respecto de los contenidos. Sucede demasiado, lo vemos a diario, inexplicablemente la mayoría de los alumnos deben aprobar.

Personalmente me gusta mucho hablar con los chicos sobre todos estos temas, pero no me tiembla el pulso si se hace necesario poner amonestaciones o sancionar, y contrariamente a cualquier reacción previsible, sucede generalmente que saben pedir disculpas y reconocer el error, más, la sanción previene positivamente una próxima vez. En este lugar, es dónde encuentro que el mayor error es no corregir de manera legítima. Puesto que los alumnos son muy capaces de reconocer, cuando el medio es el apropiado, lo que está bien y lo que está mal. Si poner límites con seguridad, y de manera intransigente les marca un camino en que se sienten seguros… ¿Por qué no se nos permite hacerlo?

Hay un gran error conceptual respecto de la permanencia de los alumnos en la escuela, sea por falta de adquisición de contenidos o de adquisición de habilidades sociales y vínculos afectivos sanos. Se perdió la salud en la jerarquía, puesto que parecieran tener la autoridad los alumnos, y no es más que la que les hemos otorgado… para que no se encaprichen y se vayan…para que no se enojen y nos maltraten…para evitar que una amenaza se convierta en realidad. ¿Que pasó entonces? ¿qué sucedió en el camino? Antes los alumnos aprendían porque sino repetían, se  portaban bien porque 25 amonestaciones los dejaban en la calle, y que no lleven un llamado de atención a casa por temor al castigo de los padres.

¿Por qué nos corrimos de nuestro lugar? Los chicos han ocupado un espacio que nosotros hemos cedido. Un espacio que necesitamos recuperar para ellos, piden límites porque los necesitan, pequeños o más grandes proyectan sus formas en nosotros adultos, de quienes esperan señales de contención, de coherencia, de protección. Cada una de sus acciones trae implícita una pregunta, sobre hasta dónde…sobre lo correcto, sobre lo válido. Nuestra respuesta es ese linde, esa línea divisoria que creamos con cada uno de los límites y las consecuencias que mostramos en cada acción.

Quizás de a un paso a la vez, deben recomponerse los roles dentro la familia también, puesto que los padres no sólo son los primeros educadores, sino los primordiales, han de ser el principal cardinal de los valores, de la forma de transitar por la vida, y de relacionarse con los demás. La humildad que necesitamos como progenitores para reconocer los errores, es la misma que necesitamos para retomar el camino de guías. Atender, hablar, escuchar, acompañar y poner límites son parte de la tarea familiar.

De la misma manera se proyectan los roles en la escuela. ¿Cómo  los protegemos sin delimitar el terreno? ¿Cómo les hablamos si no les enseñamos a escuchar? ¿Cómo prevenimos el peligro si no podemos corregir? No fallan ellos, les fallamos nosotros. Basta de transigir con las formas violentas en la escuela, sean físicas o verbales, la agresión y la falta de contención de las mismas son el peor de los males en un lugar donde cada alumno comienza a proyectar sus primeros trazos como ser humano, tanto individual, como socialmente.

Hay una gran crisis de autoridad, de medidas justas y claras a revisar de manera urgente, los adultos tenemos en frente un gran llamado de atención, y la responsabilidad intransferible de proponer y disponer formas válidas para todos. Los límites también exponen valores fundamentales, los límites preservan la integridad de cada individuo en todas sus formas. Excedemos las explicaciones muchas veces cuando nuestros receptores no están listos para comprenderlas, lo que conlleva cuestionar aspectos para los que los chicos no están listos todavía.  La última palabra al respecto debe tenerla quien enseña, quien se ha instruido al respecto, y quien de manera responsable y afectuosa ejerce la autoridad para resguardar, proteger, proveer y educar.


Los padres y la escuela

Hay caminos que necesitan para encontrar soluciones, un trabajo conjunto, de un lado y de otro olvidamos que familia y escuela deben integrarse para cumplir su finalidad. Los papás se han alejado en gran medida, hay mucho en medio, desconfianza, falta de comunicación, falta de medios y tiempo, poca participación y esa falta de certidumbre que los lleva a cuestionarlo todo, dejando a los chicos sin un mensaje claro, en medio de ambigüedades que no terminan de cerrar conceptos con firmeza y precisión.

Tiempo atrás la relación entre padres y maestros o profesores no era la misma, claramente el tiempo ha cambiado mucho las cosas…de hecho cambiaron todas las relaciones, los padres y los hijos, la familia en general, mucho diametralmente opuesto nos mostró su nuevo perfil, deslizando sutilmente cosas que hubiéramos deseado y cosas que no.

Exactamente lo mismo ha sucedido dentro de la escuela donde las relaciones también han cambiado mucho entre alumnos y sus pares, entre alumnos y docentes, entre docentes y sus pares, análogamente entre las autoridades y cada uno de los integrantes de la comunidad escolar.

Así sin más, creo que es mucho lo que estamos perdiendo en función de los chicos, sin querer caemos una y otra vez en el juego de la crítica mutua y perdemos la esencia del objetivo que llevamos como emblema: educar, proteger, enseñar, preparar, alentar, abrazar, corregir y aplaudir cada uno desde su rol a hijos o alumnos. Padres o profesores juntos del mismo lado. Ninguno puede sin el otro.

Del lado de la profe, son pocas las palabras que tocan la satisfacción que es ver crecer a los chicos, y el empeño y el amor que somos capaces de poner en ello. Ninguna duda que cometemos errores, ninguna duda de que no somos perfectos. Cada uno lleva su vocación (si acaso la ha encontrado) como puede, lo que por cierto no resta ningún mérito. Desde este lado tenemos que ocuparnos de corregir mucho y aprender mucho, sin dudas, los tiempos corren más rápido que nuestros pasos.

Igual de importante es transmitir lo mejor posible, eso que se escucha de los alumnos y que sólo puede provenir de sus padres, es increíble que más allá de las cosas que puedan sobrarles o faltarles, el mayor reclamo que hacen es tiempo. Los chicos necesitan la mirada y la compañía de sus padres, de ambos, juntos o separados, necesitan saber que sus miradas están posadas en ellos, sienten cuando es así, encuentran mejor sus límites, desarrollan mejor sus capacidades, hacen lo imposible por ver sonreír y dar satisfacciones a sus papás… cuando se sienten amados. El amor se demuestra, el amor se expresa y es la piedra fundamental sobre la que cualquier pequeñito funda su existencia. Lo extiendo a los pequeñitos, a los menos pequeñitos, a los adolescentes y a los más grandes…

Más allá de los formalismos y la norma, de lo escolástico o pedagógico y de la educación en pro del avance, necesitamos invertir en sanar nuestras relaciones empezando por la familia,  la familia es la escuela, los padres nos conceden la alegría de poder enseñar a sus hijos. Nosotros escuela queremos contar con el hogar, con que cada paso que damos hacia adelante se consolida en casa. No estamos separados, necesitamos uno del otro permanentemente. Lo que se construye en casa no debe destruirse en la escuela y lo que construye en la escuela no debe destruirse en casa.

La tarea de avanzar es conjunta, la de ambas cimentadas en el respeto, el afecto, la cordialidad y la comunicación. Educar nunca será tarea fácil, tanto para los padres como para los docentes, puesto que poner en acciones todo eso que pretendemos para los demás en palabras suele quedar para después, a conciencia… ¿Daremos el ejemplo que pretendemos?

Eduquemos juntos, demos cada paso desde el rol que corresponde a padres y docentes desde la integración, desde la coherencia que conlleva la tarea de cada uno, para que los chicos reciban un mensaje claro, que les asegure desde el amor y el estímulo, capacidad para adquirir lo nuevo.

Seguramente podemos encontrar maneras de tender un puente donde amenizar las diferencias, sobredimensionadas cuando en realidad son muy pocas. Insisto en que hay tanto por hacer, tanto por mejorar, basta tender una mano entre nosotros para poder ofrecer a nuestros pequeñitos un contexto mejor, más cálido en sus formas, más rico y más profundo.

Que las cosas están difíciles no hay duda, todos lo sentimos, a todos nos pesa, sin embargo no tengo dudas de cuán capaces somos de transformarlo…


Violencia escolar: cuando la violencia se traslada a la escuela.

El transcurso del tiempo nos obliga a detenernos en diferentes aspectos conforme la realidad va cambiando, la violencia que se muestra hoy con tanta naturalidad en cualquiera de sus manifestaciones nos abruma muchas veces cuando se trata de los pequeños o los adolescentes.

¿Qué está pasando al respecto en las escuelas? ¿Qué está sucediendo con los límites que se transgreden permanentemente mediante el desorden, la indisciplina, el atropello, el abuso o la agresividad?

La escuela vive violencia a diario…porque la sociedad vive violencia a diario. La forma en la que convivimos en comunidad se tornó descuidada, justificando actitudes y acciones que atentan contra sí misma y la convivencia saludable.

La sociedad va a la escuela, por tanto la escuela vive a diario la violencia que ha generado esta nueva sociedad, que desconoce los límites y que no encuentra su paz como poseedora de derechos y obligaciones legítimos, pues mucho ha tergiversado reclamando equivocadamente mediante la fuerza y el abuso lo que ha perdido y le corresponde legítimamente. Creándose un clima de malestar e incomodidad general que pesa, a veces más, a veces menos, peso que soportamos todos, grandes y pequeños sin comprenderlo ni pedirlo.

Violentados unos, violentos los otros: la violencia busca imponer u obtener algo por la fuerza, caben en la definición todos los aspectos que podamos imaginar, que abarcan lo doméstico, legal, económico, individual y social. Imposible e innecesario detenerse en cada uno, puesto que podemos verlo a diario claramente.

En general la violencia social más grande es la que ha deteriorado los primeros derechos, los mas básicos, el hambre, la falta de trabajo legítimo que dignifica y es tan propio del hombre, en tanto provee, protege, alimenta, educa y proyecta el primer núcleo social que es la familia, ha dado por tierra cualquier intento de progreso sano. Las consecuencias de dichas carencias son las primeras en saltar a la vista.

Cuando no se alimentan las esperanzas, cuando no hay crecimiento posible y no se ve el futuro en progreso, lo humano degenera sin estar listo para revertir aún la situación que lo aflige.

Así la escuela, que acoge a la sociedad entera, a los que llegan y a los que espera impaciente, recibe la misma violencia que hay en el aire, trasladada en mayor o menor medida en cada una de las familias que conviven en la comunidad escolar.

Los mismos alumnos violentos en la escuela son los que reciben tanta o más violencia de la que dan, sea de palabra o de puño, de carencias afectivas o económicas. Algunas veces, sin esperarlo, es la evidencia de un golpe la que nos explica el clima que se vive en algunos hogares. Al respecto resalto el aspecto fundamental de estar atentos y atender las necesidades reales de cada alumno, conforme los vamos conociendo, y este aspecto en particular necesita atenderse de manera impostergable. Nadie crece sano a los golpes.

No hay ninguna duda de la importancia y la urgencia de que alcancen los contenidos curriculares propios de la escuela, pero sabemos con certeza cuánto hay detrás de quienes no lo logran, y  cuál es el camino correcto para que sí puedan hacerlo.

Los chicos muchas veces necesitan y no piden, más aún, muchas veces desconocen un clima de convivencia saludable. Cuando tal ambiente no existe en el hogar, donde hay mucho que solucionar, puede funcionar la escuela como gran familia (que lo es) donde los roles y las formas de interactuar alienten el crecimiento individual, sobre la base de la compañía, la contención, la corrección sana y el incentivo apropiado para cada uno.

Sigue siendo imprescindible enseñar hasta el cansancio que la violencia está mal. Parece muy obvia la afirmación, pero muchas veces algunos de los jovencitos que reciben cualquier clase de violencia, no están seguros de su invalidez, puesto que en casa se presenta como algo natural o correctivo, o que simplemente se utiliza para doblegar o conseguir caprichosamente algo por la fuerza. En este sentido hay un gran trabajo delante puesto que el menor la recibe muchas veces como si por venir de un adulto estuviese bien, e incluso piensa muchas veces que él es el culpable de dichas acciones. La violencia física o verbal provoca una gran baja en la autoestima, y la creencia de poca valía y capacidad, que no son reales. Sin dudas que la violencia genera mucha más violencia. Hablar de la misma, y comprender su dimensión en cualquiera de sus formas los ayuda a aprehender y pretender otras maneras de relacionarse con los otros y consigo mismos.

La única manera posible de que los chicos comprueben la validez de los métodos y otras formas opuestas a la violencia es palparlas en la realidad, en tal sentido debe ofrecerse la escuela como un lugar de vínculos afectivos de reglas claras, transigentes en la capacidad de apreciar lo diferente desde la razón, de alcanzar las metas y objetivos que se proponga cada uno de los alumnos desde la acción, desde la capacidad. Hay mucho violentado en la sociedad, quien convive con adolescentes lo habrá escuchado muchas veces en sus propias palabras. Allí deben aprender a mirar desde la inteligencia, necesitan por sobre todas las cosas aprender a confiar en sí mismos, a apreciar su libertad y bregar por ella de manera sana, pero firme y contundente. Quizás nosotros adultos no hemos aprendido a hacerlo aún, en estos aspectos tendremos que madurar y ayudarlos a ellos a madurarlo a través nuestro, para que su futuro les pertenezca, mucho más allá de lo que les haya tocado vivir hoy.

Lo contrario a la violencia se aprende cuando se vive, cada uno de nosotros puede influir de manera positiva en este camino que debe desandarse para encontrar formas seguras y eficaces. Fundamentalmente enseñamos con el ejemplo y la claridad, en cuanto al respeto y los límites, a convivir en la escuela de manera diferente. No ideal, no fantasiosa, sino real, la razón es real, los valores que imprimimos en los métodos son reales e imprescindibles. El respeto a la integridad propia y del prójimo es fundamental. En esto nos volvemos creíbles y consecuentes como educadores, mostrar el camino sin ambigüedades, señalar los errores y sanar esa violencia que no queremos. Los chicos escuchan, los chicos son muy maleables, necesitan…necesitan tanto..!

Cada profesor o maestro sabe en que forma ha marcado a sus alumnos, y ha de hacerlo en el futuro, hacia allí voy, en busca de lo mejor que tiene cada uno para influir en la vida de los demás…y bendita tarea la nuestra, hacer todo lo posible para que la vida de cada una de las personitas que pasan por nuestras manos, ofreciéndonos todo lo que son, sean en el futuro tan íntegros y capaces como merecen serlo.

Tan amplia es la gama de soluciones que reclama el nivel de violencia que vivimos en general que es ésta una primera mirada al tema, puesto que no comienza ni termina en la escuela, ni siquiera en el hogar, sino se muestra como parte del resultado de un sistema que no ha contemplado al hombre en verdad, sino que se ha distraído de la realidad y ha dejado sin herramientas ni paz lo primero, al ser humano mismo.


Cambiar en lugar de resignar. Valores en sociedad

Muchas veces la jornada transcurrida nos deja un sabor a resignación, la labor docente, así como muchas otras salpica permanentemente el panorama de la realidad que se nos ofrece hoy, sin disimular ningún aspecto. Así sin más, el contexto diario decanta todo cuanto transitamos mansamente como sociedad.

Objetivamente la finalidad de nuestra tarea es preparar a nuestros menores para insertarse activamente mañana en una sociedad que hoy transgrede permanentemente los límites de la tolerancia, el respeto, la igualdad de oportunidades, la atención de las necesidades básicas y todos los derechos, que legítimamente corresponden a cada persona.

Pareciera que últimamente la responsabilidad de cambiar viene teñida de excusas, desde quienes como gobernantes tienen la responsabilidad primaria y fundamental de ocuparse mínimamente del bienestar de sus gobernados, hasta nosotros, que de manera equívoca esperamos que la evolución natural produzca cambios que sólo se logran a través de un accionar consecuente, del que todos y cada uno de nosotros debiéramos ser parte.

No es fácil encontrar palabras cuando a ciencia cierta los más perjudicados son los menores, el ciclo de decadencia que se percibe a simple vista, recae sin disimulos en quienes no pueden valerse aún por sí mismos, y no lo lograrán mañana en una sociedad que los deja, no sólo sin educación, sino sin cubrir siquiera las necesidades básicas.

¿Hasta dónde puede llegar la desidia y  la desinteligencia de los que preparados para acertar a resolver, no promueven mucho más que el conflicto entre sí? No lo sé, aunque ciertamente es preocupante. La irresponsabilidad de dejar sin resolver los problemas reales no es un juego.

De cara a la verdad, la reflexión se hace extensiva a todos nosotros, vale preguntarse:

¿Dónde comienza y dónde termina la responsabilidad de cada uno? ¿Por qué hacemos tantas veces oídos sordos al claro pedido de una acción consecuente? ¿De qué manera somos parte de un cambio? ¿Por qué en lugar de ayudar a mejorar nos subimos al malestar o al fastidio y realizamos nuestra tarea desde allí, excusando acciones positivas para caer inercialmente en lo mismo que repudiamos? Actuando como eslabón de una cadena de maltrato, de intolerancia, de resignación, de indiferencia, en una sociedad que a viva voz pide un cambio, un cambio de manera urgente que proyecte mínimas garantías a las generaciones venideras.

Sabiéndolo, pidiéndolo…¿Quién está listo para cambiar…? ¿Qué pedimos cuando cómodamente esperamos que las cosas se cambien solas? ¿Cuántas veces acertamos a  mirar al de al lado como si también fuese nuestra responsabilidad? Pues lo es…en una sociedad todos somos responsables de todos…

Quien más entiende más responsabilidad tiene, todos somos responsables de todos…eso es vivir en sociedad. Eso es lo que no queremos entender, antes mejor separamos, nos peleamos, nos quitamos entre nosotros, creamos muros permanentes, convivimos violentamente en muchos sentidos, como si fuésemos enemigos acérrimos.

Víctimas de una necia obstinación y diestros en el arte de criticar, nos falta inteligencia para acordar, para solidarizarnos, para pedir, para exigir y controlar a quienes deberíamos. Para construir nosotros mismos, proponer, colaborar, ayudar, proteger, nosotros cimentamos lo que deseamos como sociedad, nosotros nos proyectamos a nosotros mismos como comunidad. Deberíamos aprender a comunicarnos como sociedad primero en ese tono, bajar una velocidad a la jornada y transitarla con más luces.

Una sociedad dividida se paraliza, se hace completamente vulnerable, se vacía de proyectos porque sólo soporta el peso de una convivencia que no es sana, que no es inteligente, que no encuentra soluciones conjuntas ni individuales, descargando siempre culpas en el resto.  Ya no se sabe quién empezó qué, pero las diferencias se profundizan, en la medida que los problemas se hacen mayores. Víctimas y victimarios juegan ambos roles sin darse cuenta, esa es la prueba más clara de la intolerancia con que convivimos. Hace falta mucho trabajo para cambiar una sociedad, el eje siempre el mismo: todos somos responsables de todos…

Los valores que tanto apreciamos, que tanto deseamos promover e inculcar deben verse reflejados en nosotros. Si nosotros no proyectamos ese entusiasmo por llevarlos a la vida real, en todos los ámbitos, nuestras palabras no valen nada. Los valores se vacían si no echan raíces en un contexto real, no se comprenden, no crecen, no permanecen, no se los persigue, no alientan, no edifican, no enseñan, no acercan, no dicen nada si no les damos vida.

Francamente hasta que punto queremos cambiar lo que vemos, otra vez ¿Quién está dispuesto a cambiar? Es tan cómodo criticar desaciertos ajenos. ¿Y los propios? ¿Quién está dispuesto a dejar su huella? Pequeña, humilde, el granito de arena que debe aportar cada uno desde su lugar…

Necesariamente tenemos que accionar a corto y a la largo plazo, mirar con más empatía a nuestro alrededor, moderar el paso para asegurarlo, para ser más precisos, para ofrecer jornadas más valiosas y satisfactorias. Los cambios reales se producen cuando todos los provocamos, cuando todos trabajamos en ellos, la responsabilidad y el compromiso son las herramientas fundamentales de consecución. La inteligencia y los valores más elevados que necesitamos recuperar nos indicarán el camino.