…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Asegurar el aprendizaje y enseñar a pensar

Asegurar el aprendizaje y enseñar a pensar

Es tema muy antiguo el de la calidad y cantidad de conocimientos que adquieren los chicos en la escuela, sabemos que da hasta para las bromas la poca destreza en cuanto a conocimientos generales que puede demostrar un alumno promedio al egresar de la escuela secundaria.

Como nada marcha sólo en un sentido, la conexión entre lo aprendido, y lo que se ha propuesto enseñar la escuela en general y cada docente en particular debería salir a relucir inmediatamente.

Sin ser culpa de nadie pero sí responsabilidad de todos, se vuelve fundamental revisar de manera sensata cuánto se enseña y cuánto se aprende realmente. A pesar de lo obvio que parece el proceso de evaluar y concluir, muchas veces no es consecuente el camino que se transita en las formas de transmitir conocimiento.

A ciencia cierta, algunas veces los alumnos aprenden a pesar de nuestras clases. No es extraño por ejemplo, que la materia de Fulanito sea imposible de aprobar, y que los chicos lo sepan de antemano. Fulanito puede saber muchísimo de su materia, y también ser una gran persona, pero uno no puede dejar de preguntarse por qué no se las arregla para que los alumnos aprendan lo mucho que desea transmitirles. Descuento el hecho de que para muchos profesores un alto índice de desaprobados en su materia, representa un gran estatus ganado. Nunca lo voy a entender, pienso que se parece más a un alto índice de fracaso en el proceso de enseñar que necesita corregirse.

A saber mucho de una materia, cuestión indispensable, se le debe agregar poder enseñarla, y a  lograr enseñarla se le debe agregar saber medir cuánto realmente aprendieron los destinatarios del mensaje, no como dato estadístico, sino como elemento de cambio, de revisión, de garantía. Muchas veces nos quedamos con lo primero, y por el resto pagan la cuenta los alumnos, quienes con excelentes profesores, no han alcanzado aprendizajes de manera significativa.

Como sociedad en general estamos en un punto crítico que ofrece muchas controversias a la vista, tecnología de alcances impensables, fabulosos… y como contraparte un submundo que no logra acceder a las necesidades básicas, ni hablar de la educación. Se necesita mucho para insertarse no sólo en la sociedad, sino para evaluar y acertar a construir desde la inteligencia.

Nuestros jovencitos de hoy, son los que deberían mejorar el mundo mañana. Para hacerlo bien necesitan saber… Ellos nunca van a perder la esencia de todo cuanto ofrezcamos a diario. No pierden las huellas cuando el camino se muestra seguro y demuestran responsabilidad y compromiso cuando se les habla con claridad.

Así también cuando saben que no saben sufren, cuando entienden que hay un montón de cosas que no están a su alcance por incomprensibles y se sienten fracasar…fracasan, se pierden, se  avergüenzan…

Por eso es una oportunidad única tenerlos delante, por eso no podemos fallarles como docentes. ¿Quiénes somos nosotros para hacerles creer que no pueden cuando no estamos seguros de la calidad de nuestra enseñanza? Nuestro real compromiso es con ellos y cuanto necesiten aprender. Nos guste poco o mucho la responsabilidad de que aprendan es nuestra. Yo me los pongo en el bolsillo o no, yo explico bien o mal, yo paso temas a toda velocidad o no y coopero, o no coopero con ellos. Opero con ellos o los dejo solos…

No asegurar aprendizajes, no ofrecer conocimiento, no desarrollar habilidades es estafarlos.

Estafar su presente en la escuela y su futuro como estudiantes, como personas, como constructores del mundo. ¿Cómo se transita por la vida sin herramientas, sin habilidades, sin conocimientos, sin valores, sin objetividad, sin aprender a discernir, a ser racionales y consecuentes?

El ejercicio y la habilidad de pensar son indispensables. La vida misma necesita agudeza e ingenio para proyectar y encontrar formas de  concreción, la capacidad de analizar, juzgar, comprender e interpretar se ponen en juego a diario. Aprender a pensar es elemental, aunque sea un ejercicio poco cultivado, la cantidad de información recibida parece anular la importancia del proceso lógico que debiera implicar.

Por lo tanto debemos promover y fortalecer la capacidad de pensar y razonar correctamente. Tal fortaleza promueve seguridad a la hora de la puesta en común, de buscar soluciones conjuntas, de exponer las propias ideas con una secuencia lógica comprensible para el resto, y permite comprender la validez de la formas de resolución de los demás.

El mundo, la sociedad, la vida misma, no se construyen al azar, no somos por casualidad seres pensantes, la capacidad de discernir nos distingue, poder reconocer un eje moral sobre el cual construir nuestra humanidad nos hace diferentes y nos pone de cara a la responsabilidad de nuestras acciones y también de nuestra inacción, de nuestra inercia.

Como siempre detenerse a pensar es fundamental, tomar caminos diferentes y asumir el compromiso de educar, más asegurarse de haber educado es la única posibilidad de cambio y de que exista un futuro seguro para todos.