…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Cambiar en lugar de resignar. Valores en sociedad.

Cambiar en lugar de resignar. Valores en sociedad

Muchas veces la jornada transcurrida nos deja un sabor a resignación, la labor docente, así como muchas otras salpica permanentemente el panorama de la realidad que se nos ofrece hoy, sin disimular ningún aspecto. Así sin más, el contexto diario decanta todo cuanto transitamos mansamente como sociedad.

Objetivamente la finalidad de nuestra tarea es preparar a nuestros menores para insertarse activamente mañana en una sociedad que hoy transgrede permanentemente los límites de la tolerancia, el respeto, la igualdad de oportunidades, la atención de las necesidades básicas y todos los derechos, que legítimamente corresponden a cada persona.

Pareciera que últimamente la responsabilidad de cambiar viene teñida de excusas, desde quienes como gobernantes tienen la responsabilidad primaria y fundamental de ocuparse mínimamente del bienestar de sus gobernados, hasta nosotros, que de manera equívoca esperamos que la evolución natural produzca cambios que sólo se logran a través de un accionar consecuente, del que todos y cada uno de nosotros debiéramos ser parte.

No es fácil encontrar palabras cuando a ciencia cierta los más perjudicados son los menores, el ciclo de decadencia que se percibe a simple vista, recae sin disimulos en quienes no pueden valerse aún por sí mismos, y no lo lograrán mañana en una sociedad que los deja, no sólo sin educación, sino sin cubrir siquiera las necesidades básicas.

¿Hasta dónde puede llegar la desidia y  la desinteligencia de los que preparados para acertar a resolver, no promueven mucho más que el conflicto entre sí? No lo sé, aunque ciertamente es preocupante. La irresponsabilidad de dejar sin resolver los problemas reales no es un juego.

De cara a la verdad, la reflexión se hace extensiva a todos nosotros, vale preguntarse:

¿Dónde comienza y dónde termina la responsabilidad de cada uno? ¿Por qué hacemos tantas veces oídos sordos al claro pedido de una acción consecuente? ¿De qué manera somos parte de un cambio? ¿Por qué en lugar de ayudar a mejorar nos subimos al malestar o al fastidio y realizamos nuestra tarea desde allí, excusando acciones positivas para caer inercialmente en lo mismo que repudiamos? Actuando como eslabón de una cadena de maltrato, de intolerancia, de resignación, de indiferencia, en una sociedad que a viva voz pide un cambio, un cambio de manera urgente que proyecte mínimas garantías a las generaciones venideras.

Sabiéndolo, pidiéndolo…¿Quién está listo para cambiar…? ¿Qué pedimos cuando cómodamente esperamos que las cosas se cambien solas? ¿Cuántas veces acertamos a  mirar al de al lado como si también fuese nuestra responsabilidad? Pues lo es…en una sociedad todos somos responsables de todos…

Quien más entiende más responsabilidad tiene, todos somos responsables de todos…eso es vivir en sociedad. Eso es lo que no queremos entender, antes mejor separamos, nos peleamos, nos quitamos entre nosotros, creamos muros permanentes, convivimos violentamente en muchos sentidos, como si fuésemos enemigos acérrimos.

Víctimas de una necia obstinación y diestros en el arte de criticar, nos falta inteligencia para acordar, para solidarizarnos, para pedir, para exigir y controlar a quienes deberíamos. Para construir nosotros mismos, proponer, colaborar, ayudar, proteger, nosotros cimentamos lo que deseamos como sociedad, nosotros nos proyectamos a nosotros mismos como comunidad. Deberíamos aprender a comunicarnos como sociedad primero en ese tono, bajar una velocidad a la jornada y transitarla con más luces.

Una sociedad dividida se paraliza, se hace completamente vulnerable, se vacía de proyectos porque sólo soporta el peso de una convivencia que no es sana, que no es inteligente, que no encuentra soluciones conjuntas ni individuales, descargando siempre culpas en el resto.  Ya no se sabe quién empezó qué, pero las diferencias se profundizan, en la medida que los problemas se hacen mayores. Víctimas y victimarios juegan ambos roles sin darse cuenta, esa es la prueba más clara de la intolerancia con que convivimos. Hace falta mucho trabajo para cambiar una sociedad, el eje siempre el mismo: todos somos responsables de todos…

Los valores que tanto apreciamos, que tanto deseamos promover e inculcar deben verse reflejados en nosotros. Si nosotros no proyectamos ese entusiasmo por llevarlos a la vida real, en todos los ámbitos, nuestras palabras no valen nada. Los valores se vacían si no echan raíces en un contexto real, no se comprenden, no crecen, no permanecen, no se los persigue, no alientan, no edifican, no enseñan, no acercan, no dicen nada si no les damos vida.

Francamente hasta que punto queremos cambiar lo que vemos, otra vez ¿Quién está dispuesto a cambiar? Es tan cómodo criticar desaciertos ajenos. ¿Y los propios? ¿Quién está dispuesto a dejar su huella? Pequeña, humilde, el granito de arena que debe aportar cada uno desde su lugar…

Necesariamente tenemos que accionar a corto y a la largo plazo, mirar con más empatía a nuestro alrededor, moderar el paso para asegurarlo, para ser más precisos, para ofrecer jornadas más valiosas y satisfactorias. Los cambios reales se producen cuando todos los provocamos, cuando todos trabajamos en ellos, la responsabilidad y el compromiso son las herramientas fundamentales de consecución. La inteligencia y los valores más elevados que necesitamos recuperar nos indicarán el camino.

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