…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Una buena actitud para aprender y enseñar

Una buena actitud para aprender y enseñar

Intentar generar cosas nuevas desde donde entrever cambios, nos enfrenta con mucho. En particular juega un papel fundamental la forma en la que nos dirigimos hacia los otros, puesto que mucho más que con palabras, nos comunicamos con cuanto ponemos en evidencia sobre nosotros mismos y la forma en la que nos perciben los demás.

Es aquí donde necesitamos la actitud correcta que tenemos que encontrar para poder dar todo eso que queremos, y lograr que nuestro mensaje llegue de la manera más clara posible. La necesidad de encontrar mejoras es consecuencia de la capacidad de ver la realidad con la menor cuota de relativismo posible. Ver de verdad implica objetividad, coherencia y una buena cuota de sentido común. Así como educadores o como padres, podremos encontrar el lugar exacto donde hay que poner conocimiento, el lugar exacto en el que hay que desarrollar valores, y el lugar preciso en el que se conjuga todo eso, para traer cambios a un tiempo que sabemos que los necesita.

Junto a la capacidad de ver la realidad, necesitamos con la misma importancia, encontrar una actitud positiva. Nadie puede promover cambios si no asume ser parte de ellos y que será referente de un camino al que se invita a otros. No somos perfectos ni mucho menos, pero los valores y una buena disposición iluminan. Sobre todas las cosas hallar un camino de verdad, de empatía, de buena convivencia, tienen como motor la alegría, el amor por el prójimo, el respeto por lo que se es, la sabiduría del que sabe que no conoce pero presiente lo bueno y apuesta todo a la certeza que ha encontrado.

Así la alegría y una buena actitud, que representan el mejor medio de encontrarse con la vida, son mucho más atractivas y convincentes que lo mismo que criticamos en una sociedad que se muestra agresiva o enojada. Al respecto, quisiera hacer un alto, porque aquí hay algo muy importante y real. Mucho de lo que vivimos a diario, el stress que produce una forma de vida que prácticamente desde todos los ángulos se ha puesto difícil, nos agota, con la consabida capacidad de poner a todo el mundo del mal humor. El enojo para muchos, está a flor de piel y con él la agresión se encuentra a un paso, es un círculo difícil de cortar, pero que necesita trabajo para encontrar cambios. El enojarse es manifestación de cuanto no queremos, de lo que no deseamos o nos disgusta; creo que de manera sana nos mantiene alejados de todo eso que no queremos para nosotros mismos, y a veces para los otros. Cuando ese enojo es consecuencia de una realidad que de verdad no provoca en nosotros los mejores sentimientos, probemos encontrar otra cosa, una respuesta diferente. Muchas veces sólo comprender esto acerca la capacidad de relajarse.

También es vital separar el enojo de la agresión. Que algo nos enoje no nos da derecho a agredir, y para no extenderme tanto aquí, quizás en otro post, es un gran tema para trabajar con los chicos la  importantísima diferencia entre sentirse enojados, por las razones que fueran y la agresión en sí. (Enojarse puede ser…agredir jamás, son cosas muy distintas). Nos quejamos de una sociedad agresiva, que no controla su enojo y malestar muy fundados, pero hay que aprender desde cada uno a no ser parte de una cadena de violencia verbal o física.

Requiere mucha más fortaleza dominar el enojo y la agresión, que arrojarla al aire y ser otro eslabón de una costumbre que por donde se mire es destructiva, para sí mismos, para la familia y para la sociedad. Cuando hay algo que resolver, el aprendizaje lo trae la claridad, el diálogo y también la necesidad de aprender a resguardar y exigir cuanto nos corresponde como sociedad, soportarlo es parte de lo que genera un clima que no resuelve muchos conflictos que pueden tener una salida justa e inteligente.

Volviendo al principio, enseñar, sean valores o conocimientos generales, necesita de una buena actitud positiva, cuando es así nuestros receptores tendrán la apertura necesaria para recibir lo que ofrecemos, y generar un intercambio prometedor. Cuando queremos transmitir algo, sobre todo en temas tan lindos y necesarios como los valores, las palabras necesitan el vehículo de la afinidad entre lo que se está diciendo, y la voluntad real del gesto, de la entonación de las palabras, de lo que expresamos incluso con nuestros movimientos y actitudes.

Nuestro precioso mundo necesita muchos cambios, para que sean verdaderos, deben provenir únicamente del amor, con el matiz que conlleve, sea empatía, caridad, esperanza, alegría, paz, justicia, bondad, fe, optimismo, generosidad…sea cual fuere el valor o la virtud que llevemos necesita antes que nada, coherencia para que seamos creíbles, la integridad necesaria para traerla siempre a nosotros mismos primero, y con la mayor convicción posibles ofrecerla luego a los demás.