…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Violencia escolar

Violencia escolar: cuando la violencia se traslada a la escuela.

El transcurso del tiempo nos obliga a detenernos en diferentes aspectos conforme la realidad va cambiando, la violencia que se muestra hoy con tanta naturalidad en cualquiera de sus manifestaciones nos abruma muchas veces cuando se trata de los pequeños o los adolescentes.

¿Qué está pasando al respecto en las escuelas? ¿Qué está sucediendo con los límites que se transgreden permanentemente mediante el desorden, la indisciplina, el atropello, el abuso o la agresividad?

La escuela vive violencia a diario…porque la sociedad vive violencia a diario. La forma en la que convivimos en comunidad se tornó descuidada, justificando actitudes y acciones que atentan contra sí misma y la convivencia saludable.

La sociedad va a la escuela, por tanto la escuela vive a diario la violencia que ha generado esta nueva sociedad, que desconoce los límites y que no encuentra su paz como poseedora de derechos y obligaciones legítimos, pues mucho ha tergiversado reclamando equivocadamente mediante la fuerza y el abuso lo que ha perdido y le corresponde legítimamente. Creándose un clima de malestar e incomodidad general que pesa, a veces más, a veces menos, peso que soportamos todos, grandes y pequeños sin comprenderlo ni pedirlo.

Violentados unos, violentos los otros: la violencia busca imponer u obtener algo por la fuerza, caben en la definición todos los aspectos que podamos imaginar, que abarcan lo doméstico, legal, económico, individual y social. Imposible e innecesario detenerse en cada uno, puesto que podemos verlo a diario claramente.

En general la violencia social más grande es la que ha deteriorado los primeros derechos, los mas básicos, el hambre, la falta de trabajo legítimo que dignifica y es tan propio del hombre, en tanto provee, protege, alimenta, educa y proyecta el primer núcleo social que es la familia, ha dado por tierra cualquier intento de progreso sano. Las consecuencias de dichas carencias son las primeras en saltar a la vista.

Cuando no se alimentan las esperanzas, cuando no hay crecimiento posible y no se ve el futuro en progreso, lo humano degenera sin estar listo para revertir aún la situación que lo aflige.

Así la escuela, que acoge a la sociedad entera, a los que llegan y a los que espera impaciente, recibe la misma violencia que hay en el aire, trasladada en mayor o menor medida en cada una de las familias que conviven en la comunidad escolar.

Los mismos alumnos violentos en la escuela son los que reciben tanta o más violencia de la que dan, sea de palabra o de puño, de carencias afectivas o económicas. Algunas veces, sin esperarlo, es la evidencia de un golpe la que nos explica el clima que se vive en algunos hogares. Al respecto resalto el aspecto fundamental de estar atentos y atender las necesidades reales de cada alumno, conforme los vamos conociendo, y este aspecto en particular necesita atenderse de manera impostergable. Nadie crece sano a los golpes.

No hay ninguna duda de la importancia y la urgencia de que alcancen los contenidos curriculares propios de la escuela, pero sabemos con certeza cuánto hay detrás de quienes no lo logran, y  cuál es el camino correcto para que sí puedan hacerlo.

Los chicos muchas veces necesitan y no piden, más aún, muchas veces desconocen un clima de convivencia saludable. Cuando tal ambiente no existe en el hogar, donde hay mucho que solucionar, puede funcionar la escuela como gran familia (que lo es) donde los roles y las formas de interactuar alienten el crecimiento individual, sobre la base de la compañía, la contención, la corrección sana y el incentivo apropiado para cada uno.

Sigue siendo imprescindible enseñar hasta el cansancio que la violencia está mal. Parece muy obvia la afirmación, pero muchas veces algunos de los jovencitos que reciben cualquier clase de violencia, no están seguros de su invalidez, puesto que en casa se presenta como algo natural o correctivo, o que simplemente se utiliza para doblegar o conseguir caprichosamente algo por la fuerza. En este sentido hay un gran trabajo delante puesto que el menor la recibe muchas veces como si por venir de un adulto estuviese bien, e incluso piensa muchas veces que él es el culpable de dichas acciones. La violencia física o verbal provoca una gran baja en la autoestima, y la creencia de poca valía y capacidad, que no son reales. Sin dudas que la violencia genera mucha más violencia. Hablar de la misma, y comprender su dimensión en cualquiera de sus formas los ayuda a aprehender y pretender otras maneras de relacionarse con los otros y consigo mismos.

La única manera posible de que los chicos comprueben la validez de los métodos y otras formas opuestas a la violencia es palparlas en la realidad, en tal sentido debe ofrecerse la escuela como un lugar de vínculos afectivos de reglas claras, transigentes en la capacidad de apreciar lo diferente desde la razón, de alcanzar las metas y objetivos que se proponga cada uno de los alumnos desde la acción, desde la capacidad. Hay mucho violentado en la sociedad, quien convive con adolescentes lo habrá escuchado muchas veces en sus propias palabras. Allí deben aprender a mirar desde la inteligencia, necesitan por sobre todas las cosas aprender a confiar en sí mismos, a apreciar su libertad y bregar por ella de manera sana, pero firme y contundente. Quizás nosotros adultos no hemos aprendido a hacerlo aún, en estos aspectos tendremos que madurar y ayudarlos a ellos a madurarlo a través nuestro, para que su futuro les pertenezca, mucho más allá de lo que les haya tocado vivir hoy.

Lo contrario a la violencia se aprende cuando se vive, cada uno de nosotros puede influir de manera positiva en este camino que debe desandarse para encontrar formas seguras y eficaces. Fundamentalmente enseñamos con el ejemplo y la claridad, en cuanto al respeto y los límites, a convivir en la escuela de manera diferente. No ideal, no fantasiosa, sino real, la razón es real, los valores que imprimimos en los métodos son reales e imprescindibles. El respeto a la integridad propia y del prójimo es fundamental. En esto nos volvemos creíbles y consecuentes como educadores, mostrar el camino sin ambigüedades, señalar los errores y sanar esa violencia que no queremos. Los chicos escuchan, los chicos son muy maleables, necesitan…necesitan tanto..!

Cada profesor o maestro sabe en que forma ha marcado a sus alumnos, y ha de hacerlo en el futuro, hacia allí voy, en busca de lo mejor que tiene cada uno para influir en la vida de los demás…y bendita tarea la nuestra, hacer todo lo posible para que la vida de cada una de las personitas que pasan por nuestras manos, ofreciéndonos todo lo que son, sean en el futuro tan íntegros y capaces como merecen serlo.

Tan amplia es la gama de soluciones que reclama el nivel de violencia que vivimos en general que es ésta una primera mirada al tema, puesto que no comienza ni termina en la escuela, ni siquiera en el hogar, sino se muestra como parte del resultado de un sistema que no ha contemplado al hombre en verdad, sino que se ha distraído de la realidad y ha dejado sin herramientas ni paz lo primero, al ser humano mismo.

Anuncios