…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Libertad

La libertad

Uno de los bienes más preciados que poseemos es la libertad. Sobre ella se sustentan y desarrollan una gran cantidad de valores. El hombre como libre artífice de su destino es capaz de realizarse y conocerse en el sentido más profundo, o perecer simbólicamente hablando, siendo siervo de la misma libertad.

Paradoja que trasciende en la simple explicación de que para muchos, la libertad no es una cualidad inherente al ser humano, sino una forma de ser. Y no se ES libre hasta tanto no se deja de ser esclavo de la propia libertad, en tanto que abusamos de ella, haciendo peligrar su mismísima esencia.

Se pueden diferenciar las dos concepciones, puesto que ejercer la libertad “para algo” que implica una causa, se distingue sustancialmente de hacer “porque somos libres” dando acción a nuestros antojos como consecuencia irrevocable de una libertad mal entendida, como un fin en sí mismo y no como un medio. Es decir, la libertad es piedra fundamental e inalienable para hacer, vivir, pensar, crecer, etc. En contraposición de hacer porque somos libres. La primera busca colmar y trascender, persigue una finalidad subyacente. La segunda está vacía de sentido y contenido, intentando ser una finalidad en sí misma.

Bien comprendida la libertad implica opción, elección, y la capacidad de elección, es producto de la capacidad de analizar a la luz del razonamiento, la mayor cantidad de opciones que se puedan conocer o imaginar, preferir una sobre todas y actuar consecuentemente con ella.

Para ser capaces de elegir necesitamos conocer. La libertad de elegir encuentra la mejor respuesta sólo cuando somos capaces de conocer verdaderamente la mayor cantidad de opciones posibles. Cuando comprendimos esto podemos ver que la verdadera libertad, sólo se alcanza cuando se construye sobre una base de moralidad, cuando este valor tan preciado y buscado se toma del resto de los valores, sin ambigüedades.

Nunca debemos olvidar  que con la posibilidad de elegir no viene la capacidad de elegir. Tenemos que saber que para elegir con responsabilidad, para subirnos a esa libertad que tanto queremos, hemos de comprender no sólo cuáles son las opciones sino cuáles son las consecuencias de ser y hacer de determinada manera.

El hombre es libre cuando sabe, y cuando haciendo uso de sus facultades elige lo que hace y lo que no, comprendiendo tácitamente lo bueno y lo malo, o correcto e incorrecto de su elección. Cuando entiende que las mismas elecciones se perpetúan y proyectan en sí mismo, descubriendo su íntima esencia y elevándolo a su máxima expresión.

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