…en la escuela necesitamos integrar los valores…

Entradas etiquetadas como “agresiones en la escuela

Valores con límites, menos violencia en las escuelas

Los límites son indispensables, la claridad en las consecuencias de cada accionar es el engranaje que permite avanzar hacia el crecimiento de los alumnos. Como íntegra poseedora de capacitación en contenidos, en objetivos y en sus formas, la autoridad escolar es la que protege y preserva. Enriquecer ambas sí, desvirtuarlas no es un buen camino. Pretender esquivar los límites y la autoridad, es dejar fuera la educación…

Permanentemente la violencia que se manifiesta en las escuelas hace eco pidiendo soluciones que no llegan. Otra vez las novedades al respecto muestran una violencia excesiva, otra vez los docentes son los depositarios de temas desatendidos, y de una inserción y escolaridad extrañas que han dejado un poco de lado la educación. Las opciones parecieran ser pocas en esta nueva sociedad que vemos surgir ante la falta de posibilidades: la calle o la escuela. Ninguna duda, los chicos tienen que estar en la escuela, es lo que implica lo que dañó la finalidad, la confusión respecto de los límites y los mecanismos que separan lo correcto de lo inaceptable han alcanzado un punto que necesita un retorno urgente. Así como claramente la violencia que se ve en los colegios es la mismísima proyección de la violencia que ha generado esta sociedad, delineada en otro artículo Violencia escolar.Cuando la violencia se traslada a la escuela, aquí se expone el quiebre que implica a nivel institucional y de garantía de aprendizaje, la falta de coherencia en esta nueva estructura escolar que se nos propone.

La prisa de la inclusión y los favores en pos de proponer un paso por la escuela para todos separó caprichosamente métodos y herramientas educativas legítimas, de corrección disciplinaria o de aprehensión de conocimientos para adquirir una vía escolar que se parece más a una constancia de participación y asistencia, que a un certificado de capacitación educativa. Cuánto vale realmente un título secundario hoy, e incluso uno terciario dejan serias dudas. Ningún argumento sobre la necesidad de la inclusión en la educación, todos los niños deben ir a la escuela, ¡Claro que sí! La pregunta es ¿a qué? Desvirtuar los métodos correctivos respecto de la disciplina y los contenidos sólo para mantener a los alumnos en la escuela es insano. Y lo es para toda la comunidad escolar, y lo es para las familias, quienes tácitamente reciben la educación de la escuela en casa. Para los alumnos en gran medida dejó de tener un costo acceder a la educación, en tanto dejaron de esforzarse en estudiar y aprobar contenidos, desde la óptica del aprendizaje, hasta las normas básicas de convivencia.

Muy a menudo escuchamos “Usted no me puede decir a mi lo que tengo que hacer” “No me puede amonestar” “Voy a volver con mis padres y verá…” y toda clase de frases que atentan no sólo contra la integridad física y moral de los educadores, sino contra la de los propios educandos, quienes de boca en boca comienzan a trasladar nuevas formas de permanecer en la escuela. Sin normas, sin reglamentos, sin límites, sin coherencia en esa convivencia diaria y un aprendizaje que nunca llega. Por qué se nos ha desprovisto de las herramientas correctivas, no lo entiendo. Incluir sí, excluir los límites no.

Desvirtuar la educación como única posibilidad de progreso es lapidar el futuro. Si la escuela no capacita en conocimiento y en habilidades sociales en su proceso de integración y convivencia en comunidad, estamos equivocando seriamente el camino. ¿Dónde se colocan los valores cuando no hay límites? ¿Dónde se colocan los propios contenidos cuando no hay límites ni coherencia en los métodos evaluativos y los resultados que exponen con tanta claridad? Dejar el problema para más adelante no está solo lejos de ser una buena opción, sino que crea un gran problema que difícilmente tenga solución después.

El que se para frente a un aula puede comprender exactamente hasta dónde puede proyectarse un comportamiento que no corresponde, y como se disuelve la oportunidad de alcanzar aprendizajes significativos. Muchas veces el docente termina convirtiéndose en un árbitro de herramientas primitivas, en el que pasa un par de horas, sin aprovechar prácticamente nada el tiempo respecto de los contenidos. Sucede demasiado, lo vemos a diario, inexplicablemente la mayoría de los alumnos deben aprobar.

Personalmente me gusta mucho hablar con los chicos sobre todos estos temas, pero no me tiembla el pulso si se hace necesario poner amonestaciones o sancionar, y contrariamente a cualquier reacción previsible, sucede generalmente que saben pedir disculpas y reconocer el error, más, la sanción previene positivamente una próxima vez. En este lugar, es dónde encuentro que el mayor error es no corregir de manera legítima. Puesto que los alumnos son muy capaces de reconocer, cuando el medio es el apropiado, lo que está bien y lo que está mal. Si poner límites con seguridad, y de manera intransigente les marca un camino en que se sienten seguros… ¿Por qué no se nos permite hacerlo?

Hay un gran error conceptual respecto de la permanencia de los alumnos en la escuela, sea por falta de adquisición de contenidos o de adquisición de habilidades sociales y vínculos afectivos sanos. Se perdió la salud en la jerarquía, puesto que parecieran tener la autoridad los alumnos, y no es más que la que les hemos otorgado… para que no se encaprichen y se vayan…para que no se enojen y nos maltraten…para evitar que una amenaza se convierta en realidad. ¿Que pasó entonces? ¿qué sucedió en el camino? Antes los alumnos aprendían porque sino repetían, se  portaban bien porque 25 amonestaciones los dejaban en la calle, y que no lleven un llamado de atención a casa por temor al castigo de los padres.

¿Por qué nos corrimos de nuestro lugar? Los chicos han ocupado un espacio que nosotros hemos cedido. Un espacio que necesitamos recuperar para ellos, piden límites porque los necesitan, pequeños o más grandes proyectan sus formas en nosotros adultos, de quienes esperan señales de contención, de coherencia, de protección. Cada una de sus acciones trae implícita una pregunta, sobre hasta dónde…sobre lo correcto, sobre lo válido. Nuestra respuesta es ese linde, esa línea divisoria que creamos con cada uno de los límites y las consecuencias que mostramos en cada acción.

Quizás de a un paso a la vez, deben recomponerse los roles dentro la familia también, puesto que los padres no sólo son los primeros educadores, sino los primordiales, han de ser el principal cardinal de los valores, de la forma de transitar por la vida, y de relacionarse con los demás. La humildad que necesitamos como progenitores para reconocer los errores, es la misma que necesitamos para retomar el camino de guías. Atender, hablar, escuchar, acompañar y poner límites son parte de la tarea familiar.

De la misma manera se proyectan los roles en la escuela. ¿Cómo  los protegemos sin delimitar el terreno? ¿Cómo les hablamos si no les enseñamos a escuchar? ¿Cómo prevenimos el peligro si no podemos corregir? No fallan ellos, les fallamos nosotros. Basta de transigir con las formas violentas en la escuela, sean físicas o verbales, la agresión y la falta de contención de las mismas son el peor de los males en un lugar donde cada alumno comienza a proyectar sus primeros trazos como ser humano, tanto individual, como socialmente.

Hay una gran crisis de autoridad, de medidas justas y claras a revisar de manera urgente, los adultos tenemos en frente un gran llamado de atención, y la responsabilidad intransferible de proponer y disponer formas válidas para todos. Los límites también exponen valores fundamentales, los límites preservan la integridad de cada individuo en todas sus formas. Excedemos las explicaciones muchas veces cuando nuestros receptores no están listos para comprenderlas, lo que conlleva cuestionar aspectos para los que los chicos no están listos todavía.  La última palabra al respecto debe tenerla quien enseña, quien se ha instruido al respecto, y quien de manera responsable y afectuosa ejerce la autoridad para resguardar, proteger, proveer y educar.

Anuncios