…en la escuela necesitamos integrar los valores…

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7 maneras simples de enseñar valores humanos en la escuela

Proponerse trasladar valores humanos a la escuela no necesariamente incluye la incorporación de una nueva materia, o la inclusión de actividades puras y exclusivas de cuestiones éticas o morales. Por el contrario, cuando podemos incorporarlos a cualquier materia, en todas y cada una de las clases, es cuando toman la dimensión más valiosa de lo cotidiano, de lo real, trascendiendo un marco puramente teórico para incorporarlos a la realidad de todos los días.

Creo así que vale reflexionar sobre las maneras más simples de llevar los valores humanos a la escuela para enseñarlos, sin perder la esperanza cuando no hay materias ni actividades específicas en la mayoría de las escuelas.

La primera y principal de las cuestiones sobre la que necesitamos reflexionar, es la relación que mantenemos con nuestros alumnos. Ésta necesita una seria reflexión personal, cada maestro, cada profesor ha de asumir un vínculo sano para ambas partes, tanto quien enseña, como quien aprende necesitan un espacio de respeto y confianza mutuos.

En el proceso de aprender y enseñar se exhiben permanentemente todas las cuestiones que de cada una de las partes necesitan atención. Un vínculo sano y valioso entre ambas partes incluye entre otras cuestiones empatía, respeto y confianza como herramientas básicas de comunicación, convivencia y coherencia.

Todas ellas antes de presentar cualquier materia, todas necesitan vincularse a nuestra tarea cada uno de los días, difícilmente sin ellas se pueda enseñar o aprender algo. Más aún, no es un lugar apropiado donde pasar la jornada, un clima que no sea capaz de sostenerlas.

Es necesaria la empatía como el reconocimiento único y fundamental del otro, a través de la empatía somos capaces de salir de nosotros mismos para reconocer la valiosa humanidad del otro, y cuanto como guías y educadores necesitamos encontrar y reconocer para brindar oportunamente la enseñanza apropiada.

El respeto es una consecuencia de la empatía, sólo así será real. En el respeto se funden incondicionalmente una serie de valores y actitudes que exhiben cuanto ha de requerir un profundo aprendizaje. (Más en El respeto…)

La confianza es el único puente que posibilita el proceso de enseñar y aprender, si esperamos que nuestros alumnos aprendan necesitamos que confíen en que podemos enseñarles algo. Y esto también implica enseñarles la disciplina, el orden, la tolerancia, la paciencia, el esfuerzo y la claridad de las reglas.

La fortaleza del vínculo con nuestros alumnos está precisamente reflejada en estos aspectos, en la calidad y en la cualidad de la relación. Y lo hayamos asumido o no aún, somos como educadores parte de los vínculos más importantes que han de tener nuestros pequeños y jóvenes aprendices en su vida. No somos simples transmisores de conocimientos, puesto que no sólo le damos vida a los mismos en nuestro énfasis, en la propia mirada y perspectiva, en el entusiasmo y calidez que propongamos frente a los contenidos, sino que los ponemos en perspectiva para construir con ellos.

Buscamos en el conocimiento humanidad, buscamos vigencia, buscamos proyectar la vida y las habilidades de cada uno a través de lo que ponemos en las pizarras, en los cuadernos, en las palabras. Eso es un educador, puesto que no estamos creamos robots programados, buscamos valores y la proyección de cada una de las vidas que pasan por nuestras manos a través del conocimiento. Eso le da una dimensión real a la tarea de educar, eso es lo que necesitamos que nuestros alumnos reciban. Tal es la importancia de revisar de qué manera nos relacionamos nosotros con ellos, de qué manera nos relacionamos nosotros con el conocimiento, y cómo haremos para que nuestros aprendices reciban ambas cuestiones amalgamadas. Calidad y cualidad… no es sólo conocimiento, no es sólo una relación vacía de humanidad, por el contrario, la riqueza y la profundidad de ambas ha de guiar procesos nuevos y valiosos por donde se vea.

El primer aspecto entonces es quizás el más relevante, puesto que enlaza de muchas maneras los que seguirán. Sin necesidad de explicaciones precisas las otras formas de enseñar valores humanos y exponerlos cada uno de los días implican:

* Enseñar y sugerir permanentemente lo que sí está bien, lo que sí esperamos de los chicos. Es vital confiar en que son capaces de sostener con muchísima coherencia una convivencia más sana, cuando les señalamos el camino. No sólo corregir, sino además de corregir…

* Ser congruentes con lo que decimos y hacemos, tanto sobre las normas establecidas, sobre lo que beneficia el orden, el respeto y la disciplina como con la manera en la que reflejamos nosotros mismos la propia discursiva. Los chicos se asegurarán una y mil veces, de todas las maneras posibles que lo que dijimos es lo que hacemos, en premios, en sanciones, en objetivos cumplidos y en los plazos pautados. Los chicos necesitan claridad, y la contradicción entre una cosa y la otra los desorienta. La congruencia no es más que la palabra llevada a la acción, cuando existe sin lugar a dudas hay confianza, claridad y consistencia.

* Ser precisos con nuestra actitud, nuestras palabras, nuestros gestos y la forma en la que se sienten percibidos por sus docentes es fundamental. Aportamos cosas positivas y enriquecemos y amenizamos el clima de trabajo o somos un lastre, un tiempo que se pierde en calidad y una infinita gama de cualidades nombradas un poco más arriba. Así como nos gusta o nos disgusta la actitud de nuestros alumnos, seamos ejemplo de una actitud más positiva, más clara. La confianza necesita un vínculo ameno, claro y consciente de lo que se expone cada día desde la humanidad de cada uno.

* Valorar el tiempo compartido, invertido y necesario, tanto como parte de la convivencia como vehículo del aprendizaje. El estímulo evidente y claro sobre el buen tiempo trabajado, el buen rato compartido en el que cada quien puede hacer su aporte, y en el que todos pueden enriquecerse permanentemente es el primer paso para aprender el respeto. Para valorar los propios tiempos y los del otro, además de fortalecer la autoestima y proyectar para cada uno más de eso que “estuvo muy bien”. Es una forma ideal de terminar cada clase y proyectar la siguiente.

Los últimas dos maneras de llevar valores a la escuela, van de la mano y se ligan más a la tarea del docente, valen tanto para los contenidos específicos de cada materia como para todo cuanto queremos enseñar a nuestros alumnos, estos son la paciencia y la revisión. La mayoría de nosotros (aunque depende mucho del lugar donde se trabaje) podemos tocar el colmo de la indignación y la incertidumbre preguntándonos dónde iremos a parar con estos jovencitos que no atinan demasiadas veces ni con sus actitudes, ni con sus estudios. La piedra de tropiezo más grande está disputada permanentemente entre la falta de educación desde casa, la falta de límites, la decadencia del sistema educativo que contradictoriamente cercena la educación de muchas maneras, las carencias de todo tipo, y es aquí donde caemos en la cuenta una y otra vez que la crisis de valores es muy seria. En respuesta muchos intentamos cargar con la cuenta y hacer algo al respecto…¿Si vale la pena…? Claro que sí! Un millón de veces. Sabemos que no es trabajo de un día, ni de un rato, hay mucho que se ha puesto tácitamente en contra de la educación en muchos aspectos, es simple hacer el análisis. Sin embargo, sentimos la responsabilidad de ir por más, eso está muy bien y es muy necesario.

Como siempre, “cada maestrito con su librito…” pero lo que lea y escriba cada maestro o profesor en su propio libro de enseñanza y aprendizaje, cambia vidas. Nuestro propio librito debe estar impreso con cariño, con responsabilidad y con respeto, en un exquisito y delicado tono de revisión y paciencia.

Estamos allí para algo, hagamos que valga la pena cada vez, y sin que medie una materia especial y específica, cada día podremos llevar valores humanos a la escuela.

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¿Cómo recuperamos los valores?

La realidad y las formas en las que suceden los acontecimientos de la jornada se condicen con la necesidad generar cambios. Más allá del ámbito del que se trate, son muchas las cosas que piden un eje de razón y de virtud que traslade a lo cotidiano y a todo lo que como humanidad nos corresponde un cambio verdadero.

¿Cómo? Me lo he preguntado un millón de veces… ¿Cómo se cambia o se mejora? La escuela necesita mucho, la sociedad necesita más, sin embargo disponer una forma de acercar a la realidad, y profundizar dentro del contexto diario un eje moral que nos ayude a mejorar, algunas veces pareciera ser una utopía. Sin querer se nos han vuelto algo que necesitamos traer mediante definiciones o alguna historia que los señale, porque las formas sociales actuales los han ido desplazando de su lugar natural.

Más, no resulta fácil forzar la humanidad de nadie tratando de inculcar ciertos valores que debieran venir aprendidos o estimulados, y a nuestro pesar el acontecer diario suele venir teñido de lo que no nos gusta señalar, a nuestra mano nos faltan demasiado los ejemplos de la buena convivencia, donde las buenas ideas y el crecimiento prosperen sin mucho esfuerzo. Sin embargo pareciera haber mucho de costumbre en todo esto, mucho que se va volviendo más una cuestión cultural, y de queja social que una elección de vida. Realmente no apuesto a que alguien disfrute una vida opuesta a la integridad. Sí se ha vuelto una cuestión aprendida, un vicio de queja y malestar que es necesario revertir. Quisiera insistir en que se puede, si acaso se quiere.

Desandar ciertos caminos requiere mucho esfuerzo, sin dudas, aún así no es imposible. Creo que tanto un camino como el otro se hacen andando. Un paso a la vez, y el primero sobre el rumbo a tomar. Un paso a la vez, y la marcha lentamente se suaviza, el entorno si somos hábiles, se transforma en riqueza.

Quizás reconsiderar el punto de vista traiga respuestas, puesto que dar un par paso atrás para abarcar más con la vista, otorgue precisión, pensar más grande y más allá de lo que vemos a la primera y nos hace reaccionar de la misma forma, sea sustancial.

Mis ¿cómo? más reales caen siempre en la misma respuesta, vernos a nosotros mismos. Y ya deja de ser por dar el ejemplo, es la propia opción de vida, es cuánto disfrutamos lo mejor que podemos ser, sin timidez, sin rodeos. Las propias cualidades se exhiben en lo cotidiano o las guardamos puertas adentro, para confortarnos sólo a nosotros mismos, mientras excusamos nuestra falta de acción con una perezosa queja. Mil preguntas y… ¿Cuánto haremos en verdad?

Una sociedad es una suma de muchos nosotros mismos. Nadie cambia el mundo solo, ni de a dos, ni de a diez…Sin fórmulas mágicas cada uno desde su rol sabe bien lo que tiene que hacer. Quizás sea tan simple como eso.

Aquí los valores entran en juego naturalmente, y dejar los egoísmos para mirar desde el lugar del otro…empatizar con el medio, escuchar el reclamo para transformarlo, mostrar formas nuevas, promover los cambios desde adentro, desde cada uno, sin esperar sino forjando…esa es la gran diferencia, no podemos dejar de hacer. Son verbos los que necesitamos promover no adjetivos calificativos ni sustantivos abstractos.

Así necesitamos unirlos, unirnos y unir los valores hasta que vuelvan a fundirse en lo diario…unir las ideas, y los proyectos comunes. Estar dispuestos a mirar la realidad desde la verdad. Las soluciones vienen cuando los problemas pueden plantearse desde la humildad…y de eso se necesita mucho.

Se me ocurren muchos valores que necesitamos traer a la jornada pero en particular aprecio mucho éste porque expone mucho más: la integridad. Porque ofrece calidad a todo lo que hacemos, porque da lo mejor que puede tomar el prójimo, confianza. Nadie es perfecto, por algo las cosas se nos han puesto así, pero validar la integridad como medio de vida, acerca sin titubeos lo mejor a los demás. En la integridad se ponen en juego un abanico de virtudes que necesitamos para nosotros mismos y para construir una vida en comunidad diferente, por ejemplo, trasluce también la honestidad, los cambios verdaderos provienen de la mirada honesta. La realidad va mucho allá de las necesidades propias y de las palabras.  Integridad y honestidad de la mano con la humildad, alcanzan niveles de sabiduría impensables. Sin recetas mágicas la capacidad de cambiar las cosas para mejor se hace palpable en un instante.

Cuando queremos llevar a nuestra tarea, a nuestros alumnos toda una muestra de valores, debemos profundizar los propios y como frente a un espejo ver que valores y actitudes reflejamos nosotros. Revelar como propios la paz, la compasión, la bondad, la gratitud, el perdón, la fe, el amor, la sensibilidad, la nobleza, y tanto más es lo que damos en realidad. Ese es el verdadero aprendizaje que ofrecemos a nuestros chicos. ¿Cuánto más somos capaces de dar? Mucho sin dudas… ¿Cuánto han de tomar ellos? Todo cuanto sepamos dar desde lo que somos y promovemos con cada palabra, con cada gesto, con cada proyecto o idea que seamos capaces de proponer.

La lámina en el aula está bien porque promueve, adorna e inspira. La definición es necesaria porque le da precisión y agudeza a cada valor; el cuento es un ejemplo a imitar, y el juego y la táctica es ejercicio. Pero la vida es acción. Lo bueno es belleza que se ve, se escucha y se siente…

Proveer, promover, motivar, señalar caminos nuevos de mejoras para hoy, que  efectivamente se proyecten al mañana, necesitan de cada pequeño acto más una idea casi genial desde cada  uno, puesto que hay mucho por mejorar. Pero sobre todas las cosas un gran trabajo desde la propia humanidad para evidenciar en acciones eso que queremos enseñar.

¿Cómo se mejora? ¿Cómo se cambia? Transformando ambas preguntas en respuestas.  Mejorando y cambiando. Comenzando por uno mismo, de manera de exhibir desde la propia integridad la forma en la que elegimos deslizarnos por la vida, y ofreciendo todo cuanto como parte de esta inmensa humanidad seamos capaces de dar.