…en la escuela necesitamos integrar los valores…

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Enseñar valores humanos en la escuela

¿Cómo se relaciona la educación con la enseñanza de valores?

Como sabemos todos convive permanentemente un gran desacuerdo entre los que defienden la inclusión de los valores humanos y los que no dentro de la enseñanza escolar en cualquiera de los niveles.

Para analizar ambas posiciones propongo encontrar la relación objetiva entre la educación y la enseñanza de valores, por lo cual se hace necesario revisar cuál es la finalidad de la educación y qué significa educar.

Creo en primer lugar que se sostiene un gran esfuerzo por enseñar y se retira la vista de lo aprendido realmente. En ese sentido la educación ha perdido un referente irreemplazable, porque que es necesario considerar cambios, a partir de los resultados obtenidos en quienes es depositado un gran trabajo, los alumnos. Y últimamente los alumnos no aprenden lo suficiente, ni ganan las habilidades necesarias. Entiendo que si no hay modificación en el haber de conocimientos y habilidades, no hubo aprendizaje por más esfuerzo que se haya hecho por enseñar. Y la educación de por sí debe mostrar tal resultado positivo, para no carecer de sentido ni significado.

La gran pregunta es ¿Ha logrado la educación con sus métodos y alcances tradicionales cumplir finalmente su objetivo?

Reviso entonces tal finalidad que es básicamente que los alumnos aprendan, desarrollen habilidades, ganen en capacidades y alcancen un desarrollo y formación integral como seres humanos, incluyendo los aspectos: físico, intelectual, afectivo, social y moral. Quién no recuerda a la hora de hacer el profesorado, de cuántas maneras se nos ha enseñado esto mismo, desde la óptica de la filosofía y la psicopedagogía atendiendo a toda la problemática educativa que se presenta aún en las escuelas, con un enorme margen de problemas ganados a través de los cambios sociales.

Así de amplia es la finalidad que persigue la educación, responder a la humana necesidad de conocer, aprender, descubrir, saber, preguntar, mejorar, aspirar y alcanzar. Para lo cual estamos los educadores, para guiar todo este aprendizaje y adquisición de habilidades.

¿Y cómo que los valores humanos  no son necesarios? ¿Cómo puede alcanzarse todo esto sin conocer las virtudes, las cualidades y capacidades más elementales que hacen a cada ser humano factible acceder a su desarrollo integral?

¿Cómo puede la educación  separarse de la enseñanza moral que hace al individuo y que sostiene y fundamenta la misma educación?

Tal es el estado en el que la encontramos, pidiéndole prestado información al conocimiento y trasladándoselo a los alumnos, sosteniendo así un bonito sistema de información y no un sistema de educación verdadero.

Cuando logramos como educadores integrar seriamente una cantidad de valores, interactuando desde los mismos, se completa naturalmente incluso  la forma de enseñar, y la forma de aprender realmente. Cambia la manera de brindar y enseñar contenidos en particular, y también cambia la actitud en la que se recibe y se produce el aprendizaje.

No podemos dejar de cuidar la calidad en la forma de dar nuestras clases y enseñar el conocimiento que esperamos aprehendan para sí nuestros alumnos, entendiendo nosotros que hay mucho más que el contenido en sí e invitando a descubrir todo lo que el mismo proyecta.

Qué es educar entonces, sino enseñar y asegurarse de que tal aprendizaje se haya producido.

Puede fragmentarse el conocimiento en general para su estudio, matemática, historia,  literatura, filosofía, incluso los valores éticos y morales, pero a la hora de construir la formación integral, todos deben ser entregados  con la misma importancia.

Volviendo al principio: ¿cuál es la relación de la educación con la enseñanza de valores humanos?. Desde donde se ve son la misma cosa, una no puede, ni debe, existir sin la otra.

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¿Por qué es importante enseñar valores humanos?

¿Por qué es tan necesario enseñar hoy valores en la escuela? ¿Qué es lo que percibimos a simple vista y nos conmueve y preocupa con tanta fuerza? ¿Qué cambió tanto y tan rápido en los últimos años que nos lleva a replantearnos seriamente una forma urgente de acudir a la enseñanza de valores? ¿Qué es educar finalmente? ¿Puede separarse la educación de la mera capacitación y transmisión de conocimientos sin perder su esencia?

Una pregunta lleva a la otra a toda velocidad, y la lista de cuestionamientos a los que damos clases se nos hace interminable, con toda seguridad podemos quedarnos atónitos preguntando simplemente ¿Qué es lo que pasó? ¿De qué manera podemos lograr que los alumnos alcancen sin tantas dificultades los contenidos? ¿Cuál es la forma de incentivarlos? ¿Cómo podemos mejorar la convivencia en el aula  de clases y la forma de relacionarnos entre todos? ¿Cuál es la nueva manera de vincularnos con las familias?
Ninguna de las preguntas tiene una respuesta ligera, todas son parte de una reflexión  profunda, pasando por lo social y lo individual, incluyendo desde el contexto político hasta el económico, sumado al aspecto de que como seres humanos hemos perdido la vista de cuanto ha de señalarnos un norte hacia el cual dirigir nuestros pasos sin perder la esencia de las cosas, los aspectos más importantes, los que han de fortalecer los valores, la propia moral y un eje de virtud. Valga el debate y la explicación que ha de encontrar cada una de las preguntas. La más cierta de todas es la premura que nos impulsa a intentar resguardar lo que queda al respecto e intentar devolver y acrecentar los valores.

Como docentes es un gran desafío llevarlos entre los libros, puesto que no está previsto en ninguna parte de los contenidos curriculares que debemos enseñar. Sin embargo el vacío tanto conceptual como de interés por parte de los alumnos ha de ser cada vez mayor. Realmente es muy poco lo que les interesa en cuanto a lo que deben aprender en cada materia, cada vez aprenden menos de cada una de ellas, cada vez se los desliza con mayor ligereza por la escuela, desvirtuando en todos los sentidos la necesidad de que realmente salgan preparados de la escuela. Hay un mundo afuera que no sólo los espera, sino que los necesita con la capacitación necesaria, en contenidos y también en virtudes.

A todo esto sabemos reconocer que muchas de las falencias han de venir de casa, y adoptando la parte que nos toca, de todos nosotros como educadores. Tratamos de transmitir una currícula que pocas veces podemos cumplir, nuestras clases lentamente van empobreciéndose en explicaciones, en exigencia, en disposición y en sostener una estructura de valores en las que nuestros alumnos logren identificarse y entusiasmarse.¡Ya quisiera uno que aprendan con tanta ligereza y facilidad! Muchas veces nuestros chicos están desarmados, desanimados, poco los incentiva, poco conocen de sí mismos. No de cómo han vivido, sino de lo que son capaces. Vacíos de virtudes y valores, muchas veces de afecto y contención también…Tal es la prisa, tal es el espacio que cuesta ser reconocido dentro de la educación verdadera. Nuestros alumnos tienen a disposición mucha información y poco y nada de formación, y en plena era de la comunicación nos comunicamos bastante poco con ellos, aunque les hablemos mucho.

Educar en valores quizás no garantiza la aprehensión de los mismos, puesto que hay una innata tendencia en cada ser humano, que soy incapaz de explicar, que hace que para cada uno se demore su tiempo la profunda comprensión, aceptación y vivencia de los mismos.
Sin embargo jamás deja de ser imprescindible señalar el camino y permitir que se desarrolle la  convicción que deviene únicamente de la propia experiencia.

Las principales e inequívocas señales de la necesidad de educar en valores son principalmente las que tienen que ver con la apatía generalizada de los adolescentes y la pérdida de respeto por sí mismos, la vida misma no pareciera tener valor a través de sus ojos. No se saben valiosos ni capaces, demuestran permanentemente una gran necesidad de afecto y atención. Pienso que son estos los aspectos que más nos preocupan a la hora de interactuar con nuestros alumnos. Como casi todos los que respiramos el aula, no creo que educar sea informar, ni cumplir a tiempo una cantidad de contenidos solamente, hay mucho más que requiere atención y nos hace desviar permanentemente la mirada de los temas del programa. No tener miedo de enfrentar el desafío de proponerlos y enseñarlos es darle forma definitiva a una educación integral y mejorar indudablemente el presente y el futuro de nuestros alumnos, así como de la sociedad en general.