…en la escuela necesitamos integrar los valores…

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Cuanto se enseña y cuanto se aprende (II)

Retomando cuestiones a considerar a la hora de revisar los contenidos que realmente han sido aprendidos por nuestros alumnos en su paso por la escuela, quedan pendientes varios aspectos aún, que seguramente cada quien sabrá evaluar dentro del contexto en que se desempeña. El último post Cuanto se enseña y cuanto se aprende I mencionaba la inevitable pregunta de cada comienzo de ciclo ¿Qué sucedió con los contenidos enseñados previamente? A los expuestos podemos sumarles muchos más, que con la mismísima importancia necesitan el tono de la revisión, de calcular mejor de qué manera hemos de presentar a nuestros alumnos nuevos temas, qué manera resulta para ellos más efectiva, más estimulante y más cercana a una realidad tangible para ellos. Involucrarlos como hacedores, como gestores de los cambios y principales vectores de transformaciones en su mundo y para su futuro, los saca de la pasividad del receptor.

Claro, siempre serán receptores de nuevos conocimientos, pero la pasividad los distrae, y sin querer los aleja del descubrimiento, de la curiosidad… y por lo tanto de un aprendizaje más profundo, difícil de olvidar y que siempre los animará a más. Indefectiblemente una cosa lleva a la otra. Indefectiblemente para aprender, hemos de darle espacio a sus preguntas, a su propia curiosidad e interés. Y aquí enseñarles a pensar se vuelve fundamental, invitarlos a buscar razones detrás de cada contenido, puede ser para ellos casi un juego que se transforma en la mejor herramienta de aprendizaje.

Para no perder la posibilidad de que todo esto suceda, entre algunos otros aspectos a tener en cuenta, además de la citada falta de interés, falta de atención, y cuanto puede exponer la correcta lectura de las evaluaciones, podemos mencionar:

Los cursos numerosos: un gran, gran punto a considerar, aquí hay mucho que debería cambiar desde la organización, puesto que personalizar de verdad se hace difícil. Sabemos muy bien que cada alumno tiene sus tiempos, cada uno comprende a su modo y tiene sus propias habilidades y dificultades a flor de piel. Cada uno va conociendo a sus estudiantes y encuentra sus lógicas particularidades. Sin dudas un par de horas de clases se vuelven un tiempo muy breve para intentar llegar a cada uno de los chicos, si nuestras aulas tienen una población de 30 ó 40 estudiantes. A veces es muy difícil para ellos y para nosotros, porque cuando están repletos de preguntas y necesitan ese pequeño y particular espacio, ese tiempo vital que requiere cada uno, suelen quedar cuestiones pendientes para otro “siempre después” que a veces no llega. No importa cuanto caminemos de una punta a la otra del aula, sabemos bien que pueden estar prácticamente todos llamándonos a la vez, requiriendo (con todo derecho, claro..!) esa atención que necesitan.

En este punto de verdad, que la educación formal y la organización escolar deben replantear grandes cambios, es imposible masificar tanto el proceso de enseñar y aprender, siguen siendo demasiados chicos para un solo profesor o maestro, otra cosa sería si se pudiera dedicar más tiempo a cada uno.

Mientras tanto, así como están las cosas, la originalidad y la materia de cada quien deberá proponer alguna forma en la que la pérdida sea mínima. A mí me resulta muchísimo el pizarrón para que todos se queden con la menor cantidad de dudas posibles, allí podemos trabajar todos juntos una y mil veces, intentamos diferentes métodos y procesos. Intercambiamos puntos de vista y dudas, resolvemos y revisamos muchas veces. Aquí hay dos cuestiones fundamentales, una de ellas, es que si bien para compartir en la pizarra uno escribe casi de espaldas, es no “hablarle al pizarrón” ni permanecer ajeno a cuanto sucede detrás. Quiero decir, todavía hay quienes dan sus clases prácticamente de espaldas al curso, bastante ajenos al clima que va tomando la clase con cada contenido. Por las dudas… no es suficiente escribir 4 ó 5 pizarras completas y dar por pasado ningún contenido. Sino utilizarlo como herramienta para transcribir lo que sucede detrás, de compartir la forma en la que razona y resuelve uno u otro. Claro que es a título personal, mis materias son física y matemática. Cada una necesita su propia metodología. También ayuda leer de manera conjunta, intercambiar puntos de vista y hacer una fructífera puesta en común del contenido del día. De paso, los chicos aprenden a expresarse, a intercambiar sus ideas y escuchar al otro. Aquí se pone mucho en juego sobre la forma en la que conviven e interactúan, comprender que todos pueden aprender algo del otro es fundamental y absolutamente enriquecedor. De todas formas y volviendo al principio, siempre es necesario atender la pregunta personal, la duda propia del aspecto que fuere, al responderla también les brindamos seguridad y atención. Sabemos que todos quieren que veamos su trabajo, eso es genial por cierto.

 El hábito del esfuerzo: demás está decir lo importante que es esforzarse y sobreponerse a la falta de ganas o la comodidad. Si bien hay una clara tendencia a facilitar el paso por la escuela y aprobar sin lucir precisamente muchos méritos, los chicos entre los valores incalculables tienen que conocer el esfuerzo. Los chicos tienen que aprender a esforzarse. Tienen que reconocer su capacidad de alcanzar cuanto se propongan a través de su trabajo, para ellos es muy estimulante encontrar en el propio esmero el mérito de haber alcanzado sus metas.

 La falta de fijación de conceptos y algoritmos: otro aspecto fundamental, implica no sólo comprender un tema, sino asimilarlo, fijarlo, trabajarlo lo suficiente como para que el eje principal perdure. Lectura y trabajo, papel y lápiz, práctica y más práctica son elementales. Todos los contenidos están organizados, obviamente, de manera de seguir una secuencia, se entrelazan entre sí de forma en que uno puede asociarse al otro. A veces, uno sustenta a otro, otras veces uno requiere indefectiblemente el conocimiento del otro, otras un contenido le da sentido y coherencia al otro. Entonces queda muy claro que hay mucho más que pasar los temas, hay una referencia cardinal en cada uno que no se puede perder. Hay una relación que es importante comprender y asimilar, no de manera textual, ni siquiera perfecta. Sino de aprehensión de cuestiones que son fundamentales en cada materia, hay cosas que de un vistazo deberían volver a la memoria y el razonamiento de nuestros pequeños estudiantes.

No tiene el menor sentido pensar que cada año hay que empezar todo de nuevo, de hecho nadie lo hace…uno pone sobre supuestos una cantidad de contenidos ya “aprobados”, para poner más encima de ellos….y hay algo aquí que sin dudas no le puede cerrar a nadie, porque sabemos muy bien que de camino es mucho lo que se ha quedado fuera de lo realmente aprendido (a las pruebas me remito). No estoy diciendo que los chicos deben saber de memoria todo lo visto anteriormente, ni recordar absolutamente todos los algoritmos de las operaciones, ni todos los…No, en absoluto, se trata de sostener un eje que garantice que lo esencial se ha quedado, que cuando haga falta volver sobre los pasos de algún contenido previo, no parezca que hablamos de cosas que jamás nadie les ha mencionado. Claro que lograr eso toma trabajo en el aula, y toma trabajo en el hogar. ¿Mucho o poco trabajo? El adecuado, el que precise cada contenido y cada quien. Como siempre, mucho para pensar y para revisar.

 La falta de disciplina: qué mas decir…habremos escuchado hasta el cansancio que en tal o cual curso o escuela es imposible dar clases. Es completamente cierto, tema absolutamente extenso y compartido, sin disciplina, sin coherencia en la convivencia dentro del aula no se puede aprender ni el abecedario. Sin disciplina no hay aprendizaje posible. Es uno de los grandes temas a resolver, sobre todo de manera conjunta, sentarse y hablar, aclarando de antemano de qué manera suceden los días dentro de un establecimiento educativo, es el primero de todos los puntos a tratar. Más que mucho para hablar y encontrar soluciones reales. Entran en juego la cualidad y esencia de la jerarquía, de las instituciones, la misma familia y la sociedad, sumados todos los valores humanos que queremos que aprendan los chicos.

Hay más, mucho más, replantear desde un punto real cuanto ha de enseñarse y aprenderse trae mucho a tener en cuenta, cada quien sabrá qué cosas representan puntos fuertes y débiles. Sólo por nombrar me quedan la constancia, la insistencia, el estímulo permanente, la responsabilidad, la claridad, la recompensa, el buen ánimo, la predisposición, la infinita paciencia… Nadie dice que enseñar sea fácil, apuntando a lo que otros hayan podido aprender. Es tan real la visión de que ambas se toman permanentemente… aprender y enseñar son cosas que no pueden separarse.

En un momento en que realmente lo necesita, hay que traer lo nuevo, y eso nuevo que necesitamos traer requiere la fortaleza del conocimiento, no sólo de las ciencias claro, sino de lo humano, de encontrar en la esencia de las cosas una mirada más real del mundo, también más sensible. Hay tantas maravillas a las que el tiempo les ha quitado la vista, y tanto para retomar desde una escala de valores que encuentre una manera de coexistir más sabia, más alegre, más acertada.

El ser humano tiene una capacidad infinita de aprender, de conocer, de inquirir, y fundamentalmente de dar. La vocación del que enseña la reconoce, e insisto, no es fácil a veces, mucho se ha perdido, por tanto hay mucho que reencontrar y mucho también para construir de nuevo. No es al pasar este tema, puesto que viendo hacia donde van nuestros pequeños y jóvenes, dependiendo de la manera en la que los convoquemos e inspiremos, es evidente que tenemos mucho que replantear. Mientras estén a nuestro cuidado, la responsabilidad y el imperativo moral de encontrar el mejor camino para ellos son nuestros. ¿Quién dice que no podemos hacerlo muchísimo mejor aún…? Sé que encontraremos siempre la forma de enseñarles, educarlos y cuidarlos. Hilando entre contenido y contenido un valor sumado al otro y siendo para ellos todo lo que esperamos que sean, encontraremos no sólo la forma de que aprendan, sino de que lo hagan cada vez mejor.

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Asegurar el aprendizaje y enseñar a pensar

Es tema muy antiguo el de la calidad y cantidad de conocimientos que adquieren los chicos en la escuela, sabemos que da hasta para las bromas la poca destreza en cuanto a conocimientos generales que puede demostrar un alumno promedio al egresar de la escuela secundaria.

Como nada marcha sólo en un sentido, la conexión entre lo aprendido, y lo que se ha propuesto enseñar la escuela en general y cada docente en particular debería salir a relucir inmediatamente.

Sin ser culpa de nadie pero sí responsabilidad de todos, se vuelve fundamental revisar de manera sensata cuánto se enseña y cuánto se aprende realmente. A pesar de lo obvio que parece el proceso de evaluar y concluir, muchas veces no es consecuente el camino que se transita en las formas de transmitir conocimiento.

A ciencia cierta, algunas veces los alumnos aprenden a pesar de nuestras clases. No es extraño por ejemplo, que la materia de Fulanito sea imposible de aprobar, y que los chicos lo sepan de antemano. Fulanito puede saber muchísimo de su materia, y también ser una gran persona, pero uno no puede dejar de preguntarse por qué no se las arregla para que los alumnos aprendan lo mucho que desea transmitirles. Descuento el hecho de que para muchos profesores un alto índice de desaprobados en su materia, representa un gran estatus ganado. Nunca lo voy a entender, pienso que se parece más a un alto índice de fracaso en el proceso de enseñar que necesita corregirse.

A saber mucho de una materia, cuestión indispensable, se le debe agregar poder enseñarla, y a  lograr enseñarla se le debe agregar saber medir cuánto realmente aprendieron los destinatarios del mensaje, no como dato estadístico, sino como elemento de cambio, de revisión, de garantía. Muchas veces nos quedamos con lo primero, y por el resto pagan la cuenta los alumnos, quienes con excelentes profesores, no han alcanzado aprendizajes de manera significativa.

Como sociedad en general estamos en un punto crítico que ofrece muchas controversias a la vista, tecnología de alcances impensables, fabulosos… y como contraparte un submundo que no logra acceder a las necesidades básicas, ni hablar de la educación. Se necesita mucho para insertarse no sólo en la sociedad, sino para evaluar y acertar a construir desde la inteligencia.

Nuestros jovencitos de hoy, son los que deberían mejorar el mundo mañana. Para hacerlo bien necesitan saber… Ellos nunca van a perder la esencia de todo cuanto ofrezcamos a diario. No pierden las huellas cuando el camino se muestra seguro y demuestran responsabilidad y compromiso cuando se les habla con claridad.

Así también cuando saben que no saben sufren, cuando entienden que hay un montón de cosas que no están a su alcance por incomprensibles y se sienten fracasar…fracasan, se pierden, se  avergüenzan…

Por eso es una oportunidad única tenerlos delante, por eso no podemos fallarles como docentes. ¿Quiénes somos nosotros para hacerles creer que no pueden cuando no estamos seguros de la calidad de nuestra enseñanza? Nuestro real compromiso es con ellos y cuanto necesiten aprender. Nos guste poco o mucho la responsabilidad de que aprendan es nuestra. Yo me los pongo en el bolsillo o no, yo explico bien o mal, yo paso temas a toda velocidad o no y coopero, o no coopero con ellos. Opero con ellos o los dejo solos…

No asegurar aprendizajes, no ofrecer conocimiento, no desarrollar habilidades es estafarlos.

Estafar su presente en la escuela y su futuro como estudiantes, como personas, como constructores del mundo. ¿Cómo se transita por la vida sin herramientas, sin habilidades, sin conocimientos, sin valores, sin objetividad, sin aprender a discernir, a ser racionales y consecuentes?

El ejercicio y la habilidad de pensar son indispensables. La vida misma necesita agudeza e ingenio para proyectar y encontrar formas de  concreción, la capacidad de analizar, juzgar, comprender e interpretar se ponen en juego a diario. Aprender a pensar es elemental, aunque sea un ejercicio poco cultivado, la cantidad de información recibida parece anular la importancia del proceso lógico que debiera implicar.

Por lo tanto debemos promover y fortalecer la capacidad de pensar y razonar correctamente. Tal fortaleza promueve seguridad a la hora de la puesta en común, de buscar soluciones conjuntas, de exponer las propias ideas con una secuencia lógica comprensible para el resto, y permite comprender la validez de la formas de resolución de los demás.

El mundo, la sociedad, la vida misma, no se construyen al azar, no somos por casualidad seres pensantes, la capacidad de discernir nos distingue, poder reconocer un eje moral sobre el cual construir nuestra humanidad nos hace diferentes y nos pone de cara a la responsabilidad de nuestras acciones y también de nuestra inacción, de nuestra inercia.

Como siempre detenerse a pensar es fundamental, tomar caminos diferentes y asumir el compromiso de educar, más asegurarse de haber educado es la única posibilidad de cambio y de que exista un futuro seguro para todos.